LA COCINA Y YO

Como ya les he contado en otro post, desde hace poco más de tres meses, al mudarme sola, yo misma preparo mis sagrados alimentos (por lo menos cinco días a la semana). Cuando estaba en la universidad, también viví sola, pero eran mis papás los que pagaban todos mis gastos así que desayunaba todo tipo de leche y cereales de preparación instantánea, almorzaba menú todos los días y cenaba lo que se me antojaba. Gracias papis 🤗.

Desde que tengo memoria hasta hace dos años atrás creía que me gustaba cocinar y si no lo hacía seguido era porque vivía en una pequeña habitación en Trujillo en donde, obviamente, no se podía cocinar; y en casa siempre hubo quien lo haga: mi mamá Betty o “la Concho” (Q.E.P.D.)

Vengo de una familia en la que a las mujeres no les gusta cocinar y no lo hacen. Así que es de esperarse que yo siga la misma línea. Desde mi abuelita que aprendió a cocinar pasadas sus cuatro décadas, cuando ya tenía nietos y lo hizo por necesidad; hasta sus nietas que para que les cuento…

El que mi abuelita cocine delicioso no está en tela de juicio porque, al fin y al cabo, la práctica hace al maestro; sin embargo estoy segura que si le hubieran dado a escoger, ella hubiera preferido continuar con su negocio de proveeduría de víveres a las embarcaciones que abrir un pequeño restaurante.

La emprendedora innata de mi abuelita contó siempre con el apoyo de señoras que hacían los quehaceres del hogar. Según cuentan sus seis hijos, estas señoras cocinaban lo que ellos le pedían…

Si bien es cierto, la necesidad te hace aprender a cocinar, pero eso no quiere decir que te guste hacerlo.

Así tenemos a mi tía Amada, que cocina muy rico, prepara platos bien elaborados y memorables como “La Sangrecita”; sin embargo una vez me dijo que cocina porque no le queda de otra.

Mi tía Naty alguna vez tuvo que hacer las labores del hogar y era pulcra en ello; no obstante hace tiempo que colgó los mandiles porque, simplemente, no le gusta cocinar.

Mi tía Lola si está de humor para cocinar, lo hace; y si no, pues no. Pero eso sí, lo que prepare le sale buenazo (saludos tía 😁).

Mi tía Esther prepara, de vez en cuando, algunas frituras para sus hijas, eso es todo.

Y mi mamá… bueno mi mamá es un caso muy curioso porque al ser nutricionista la mayoría de personas asume que le gusta cocinar, que prepara un sin número de recetas, que es un as en la cocina 🤭.

Ella de todas las hijas de mi abuelita es la que más se reveló con entrarle a la cocina. Sin duda alguna, sabe de dietas, de porciones, de requerimientos, de recetas nutritivas (y económicas a decir verdad); sin embargo no le gusta cocinar.

Son pocos los recuerdos que tengo de mi mamá en la cocina (o sea cocinando). Ella ama su profesión, mas no le gusta cocinar. Nunca ha sido una ama de casa y siempre se lo hemos respetado.

A raíz de la enfermedad de mi papá comenzó a preparar las dietas para él y por ahí alguna cosita más…Pero eso sí señores, ella compra los insumos de la mejor calidad, prepara un ceviche delicioso, sus ensaladas están llenas de colores, la avena que prepara sabe a galletitas recién horneadas y de nadie he probado la leche como ella lo sirve (sí, el simple hecho de verter leche y agua en una taza, curioso, pero a nadie le queda como a ella).

Por todo lo dicho, yo, ingenuamente, creía que era la excepción de las mujeres de mi familia. Creía que a mí sí me gustaba cocinar porque como veía a mi papá feliz en la cocina preparándonos los desayunos, experimentando con diferentes ingredientes y formas de preparar tal o cual plato (oh sus mandiocas… 🧡🤭), asumí que a mí también me gustaba. Además, las pocas veces que yo preparaba algo, mi papá decía que estaba riquísimo (creí que tenía dotes para la cocina). Por esos tiempos, recuerdo, haber querido tener la oportunidad de cocinar más recetas, pero por un tema de horarios hubo muy pocas oportunidades para ello.

Cuando regresé de mi estadía de tres meses en Estados Unidos en donde me re-conocí en muchos aspectos. Uno de ellos fue el de reconocer que no me gusta cocinar y todo lo que conlleva, tal vez algunos postres o desayunos de vez en cuando, pero eso es todo.

Ahora que no puedo darme el “lujo” de comer afuera todos los días, me veo en la necesidad de cocinar en las noches (preparo mi desayuno y almuerzo del día siguiente) o últimamente, los domingos dejo la comida lista para varios días en tuppers.

Las primeras semanas, viviendo sola, me la pasé comiendo “Pollo a la plancha” con bastante ensaladas, arroz o fideos y una vez por semana comía conserva de atún.

Después de la llamada de atención de mi señora madre porque lo que estaba comiendo no cumplía con mis requerimientos diarios. Es que he empezado a innovar en la cocina 😁.

Ahora acompaño el pollo al vapor o a la plancha con algún tubérculo (papa o camote) o menestras (lentejas, alverjas, frijoles o pallar) y ensaladas 👍. Además, he aprendido a preparar unas recetas facilísimas: “Papa a la Huancaína”, “Locro de zapallo”, “Tallarines rojos”, “Tallarines a la huancaína” y “Panqueques” (si gustan puedo compartir mis recetas con ustedes, qué gracioso 🤭).

Estoy feliz porque aunque no me guste cocinar, es chévere saber preparar un plato que no sea sólo “Pollo a la plancha”. Admito que es cansado el preparar, cocinar y después lavar los trastes; no obstante, darle a mi organismo lo que necesita no tiene precio 😉.

Ahora que mi mamá me ve desenvolviéndome bien en la cocina (por así decirlo), se sorprende y está feliz porque he aprendido a alimentarme, dice. Imagino que será un alivio ver a tu hija, la que prefería comer yogurt con hojuelas a preparar cualquier cosa, preparando desayunos, almuerzos y hasta cenas jajaja. Y ahora en plena cuarentena, en momentos tan difíciles para el mundo entero, es muy grato compartir con ella, hablando de recetas y preparándolas.

Sólo espero, algún día, preparar un desayuno dominguero como los que prepara mi papá (no daré la receta).

Besos, abrazos y los mejores deseos para todos.

Zu.

UNA VUELTA MÁS AL SOL

Hace quince días pensaba en viajar sola por mi cumpleaños a algún lugar cerca a Lima, pero quería viajar sola porque es algo que siento que me debo. Ya mañana celebraría con mi madre que vendría a ver a su consentida y de paso a mí 😁.

En la coyuntura en la que nos encontramos es necesario quedarnos en casa y evitar lugares concurridos, sobretodo los que vivimos en Lima en donde hay más de 58 casos detectados. Es curioso, ahora que estamos en cuarentena me dan unas ganotas de ir a la playa, unas ganotas de ir a Chimbote. ¿Por qué seremos así las personas? Al prohibirnos algo, tenemos más ganas de hacerlo… 🤦‍♀️

Este será un cumpleaños diferente. El primero que lo paso lejos de mis padres y en cuarentena 🙄.

Al soplar las velitas del pastel, como todo el mundo sabe, se pide un deseo. El cual no lo puedes decir en voz alta porque no se cumple (según leyendas urbanas). A pesar de ello, varios años he pedido deseos que hasta la fecha no se han cumplido, así que este año me ha apetecido romper con lo establecido y pedir. Pedir a lo grande.

Pido un año emocionante, lleno de proyectos que den miedo emprender y lograrlos con una sonrisa de satisfacción.

Pido pisar muchos aeropuertos. Pido aguantar ocho horas con tacones. Pido películas que me arranquen lágrimas. Pido una noche con los “viajerazos” donde haya varias botellas de vino Nietto, piqueos y nuestro soundtrack de fondo.

Pido que a las personas que amo se les cumpla todos sus sueños y metas. Pido muchas fiestas de las bonitas donde hayan carcajadas y memorias.

Pido un piloto y copiloto que ponga canciones de The Cure como de Sabina y que de cuerda a mi imaginación 😁.

Pido soñar con mi papá más seguido. Pido que este gobierno de mierda haga caso a los niños de Cerro de Pasco infectados con plomo y que el Covid-19 sea controlado y no cobre más vidas.

Felices treinta y dos mi misma. Te mereces la luna y las estrellas, y te las vas a bajar tú solita 🤗.

Zu

DESVARÍOS DE UNA MENTE CON RECUERDOS

Recostada en el sofá, mi celular indica 5.58 de la tarde.

Mañana otra vez lunes. Otra vez despertarse temprano. Otra vez preparar la lonchera. Otra vez el mismo recorrido. Otra vez hacer lo mismo de la semana anterior. Pero, bueno, todo sea por un objetivo. Miro, a través de la ventana como el sol va tornándose anaranjado. Me gusta mucho ese color. El atardecer. Viene a mi mente el atardecer en Besique. Siento una ligera nostalgia.

Ahora se cola a mis pensamientos el atardecer en Tortugas. Lindos recuerdos. En fin… siempre había pensado que todo en la vida es recíproco. Si alguien te cae bien, tú le caes bien a esa persona. Si quieres a alguien, ese alguien también te quiere. Si piensas en alguien, ese alguien también está pensando en ti. Si sientes antipatía por alguien, la otra persona siente lo mismo por ti. Creía en esto firmemente. Ingenua ¿no? Sí, tal vez, un poco. En mi defensa puedo afirmar que esta creencia funcionaba a un 95%. Lo comprobé muchas veces y no sólo conmigo. Como cuando a una de tus amigas no le simpatiza tu enamorado, es un hecho que a él tampoco le simpatiza tu amiga.

Sin embargo, esta teoría ha perdido un poco de credibilidad para mí toda vez que he comprobado que no siempre la persona en la que estás pensando, está pensando en ti. Sonó patético, lo sé, pero es verdad. Es más, no siempre a la persona que te gusta le vas a gustar. Y está bien.

Continúo en el sofá. Giro ligeramente a la izquierda. Con los pies arriba y mi cabeza colgando en el aire pienso en la posibilidad de la telepatía. Me ha funcionado varias veces. Quería que él me llamara. Me concentraba en ello y por arte de magia sonaba:

show me, show me, show me how you do that trick

the one that makes me scream she said

the one that makes me laugh she said

threw her arms around my neck

Era la canción que puse para las llamadas de él. Ok eso es otra historia. Ahora, por más que me concentro, miro el celular y nada, ni un mensaje y mucho menos una llamada. Debe ser que la telepatía sólo funciona cuando están en la misma sintonía.

Al estar en esta posición viendo cómo el sol se va ocultando, me da por pensar en atardeceres y ausencias. Mis ojos han visto lindos atardeceres en el campo, así como en pleno tráfico de la Costa Verde simplemente porque conducía teniendo fe en la telepatía.

Suena el intercomunicador. Lo ignoro. Es relajante estar en esta posición. Llega un mensaje a mi celular: ¿Estás en tu casa? Estoy afuera.

MUDANZA

Mientras acomodaba mis cosas para la mudanza, me topé con varias separatas de Derecho del Consumidor y Derecho Tributario. Qué curioso que hace pocos años me gustaban esos temas y hoy, esas separatas, se encuentran refundidas junto con mis cuadernos universitarios. Encontré, también, el libro del último diplomado que hice: Violencia contra la mujer (que aún no termino de leer), el libro de Derecho Laboral que mi hermana Katty me prestó y exigió que lea (este libro lo llevé a pasear a Estados Unidos 🤭), la libretita que mi ex novio me regaló la última vez que nos vimos cuya dedicatoria da cuenta de su verborrea 🤦‍♀️. En fin, lo más valioso que hallé en mi dormitorio de casa de mis padres fueron mis agendas de los últimos años, las que contienen: los pensamientos que escribí, las letras de canciones que copié, las fechas que apunté, las iniciales que subrayé, las contraseñas que anoté (porque suelo olvidarlas ni bien las cambio). Esa soy yo: cursi, exagerada, de pocas palabras habladas y más escritas, y que ya no aguanta cosas a nadie (no sé porque salió esto último, pero es lo que hay).

Mis agendas las dejé encima de mi escritorio, así cada vez que regrese pueda dar una vuelta por el pasado y tal vez encontrar algo provechoso para el presente. Mis diarios quedaron bien guardados para que mi mamá no vaya a sucumbir al chisme uno de estos días 🤭. Tiré a la basura varias cositas entre vouchers de pago y cremas que ya habían vencido. Y separé algunas prendas de vestir para donación.

Me dio nostalgia estar en la puerta de mi habitación y verla tan “ordenada” y verde (se me ocurrió cambiar de color a las paredes y saqué las fotos y pósteres que estaban pegados, ahora mi habitación se ve muy verde y no hay cuándo la pinte). Como la mayoría de la gente, me gustaría continuar en la comodidad de mi casa; no obstante, he aprendido que cada persona tiene que vivir su vida, y eso es lo que estoy haciendo.

Hubo una época larga en la que tuve tendencia a la depresión, o tal vez aún la tenga, lo cierto es que hace tiempo no le veo la cara a la tristeza. Pensé que este proceso de mudanza, sería, quizás, un poco más fuerte (por llamarlo de alguna forma). Pensé que me costaría arreglármelas viviendo sola. Pero, será que siempre he sido solitaria y que la he pasado bien estando sola o rodeada de otras personas que me he acostumbrado rápido a mi nueva vida en solitario.

Al empacar mis cosas, lo único que me estresaba era pensar en la movilidad que las trasladaría de la agencia de transportes a mi departamento porque las iba a enviar por encomienda. Cabe decir que, una semana atrás, Laura me ayudó a llevar dos maletas y unas bolsas. Sin embargo, esta vez llevaría mi cama y escritorio… Felizmente, el día que llegaron, mi hermana estaba libre y me acompañó. Saliendo del edificio donde vive tomamos un taxi, station wagon, quien nos cobró la mitad de la tarifa. Nos pareció de lo más extraño. El conductor, un joven de treinta y dos años, aproximadamente, resultó ser el más conversador del mundo. En cuarenta minutos de viaje, nos contó sobre su divorcio, la relación tan buena que tiene con su hija adolescente, anécdotas nocturnas de pasajeros… Él fue quien nos ayudó a subir las cosas al departamento. Le terminé pagando casi el doble de lo pactado y le pedí su número para una próxima carrera. Cuando se fue pensé que Dios siempre pone personas buenas en mi vida (y me aleja de las no tan buenas).

Realmente estuve preocupada y estresada por el tema del traslado de mis cosas que no me quedó tiempo de pensar en la vida que dejaba atrás y ahora que tengo tiempo y lo pienso, no ha cambiado mucho mi vida (sólo que ahora cocino), es como cuando estaba en la universidad y vivía sola en un dormitorio en Trujillo sólo que ahora no voy tan seguido a casa por la distancia y los gastos.

Zu

LOS FANTASMA EN EL CLOSET

En reunión de amigos o en alguna conversación más privada se abordan temas de trabajo, algunas anécdotas, gustos en común, últimos sucesos de nuestras vidas, entre otros temas… pero siempre se terminan colando temas referidos a nuestras parejas o a nuestras ex parejas y más si en estas reuniones hay alcohol de por medio (para esto es inevitable no mencionar los nombres o sobre nombres de los susodichos 🙄).

Es incómodo escuchar bromas que hacen tus amigos o cuando comparten algún detalle picante que haga estallar la risa hilarante del grupo y llega el momento en qué preguntan acerca de tu pareja y no poder compartir esos detalles que los demás están compartiendo o cambiar el pronombre a utilizar (en vez de utilizar él, decir ella, o viceversa). Por miedo al qué dirán, a la discriminación, al reproche…


En todas partes del mundo, personas LGBT sufren de discriminación, algunas desde su niñez, otros al llegar a la adultez. Lo cierto es que experimentan tratos injustos e incluso se llega hasta la violencia. A menudo vemos en noticias que homofóbicos violentan a a estas personas. Y también las vemos reclamando por conseguir una igualdad de sus derechos.

Por otro lado, hay un grupo de personas LGBT que son, por decirlo de alguna forma, las que discriminan a heterosexuales que nos podemos acercar sólo por amistad. Son como una especie de guetto. Un círculo cerrado. Nos miran mal o nos excluyen simplemente porque no somos gays. Esto también es una forma de discriminación. No porque mi amigo sea gay yo también deba serlo, obvio, pero hay algunas personas cerradas de mente que no piensan lo mismo.


Para cambiar nuestras actitudes se requiere de tiempo, esfuerzo y perseverancia. Luchemos por la igualdad haciendo el cambio en nuestro entorno, sin discriminación, aceptando y respetando a cada quien como somos.

LOS VIAJES SE VIVEN TRES VECES

Esa ilusión de escoger un lugar al cual viajar para celebrar alguna ocasión especial, por disfrutar, desconectarte o simplemente conocer. Y cuando por fin decidimos a dónde iremos comenzamos a indagar sobre el lugar, sobre sus sitios turísticos, sobre las distancias, sobre su moneda, etc. No podría olvidar mis vacaciones planeadas. Por eso me sorprendió que una compañera haya comprado unos pasajes aéreos con meses de anticipación y lo olvidó completamente. Si no fuese porque su celular, dos horas antes de abordar, recibió un mensaje recordatorio. Obviamente, perdió el vuelo porque no había pedido permiso en la oficina.

En los últimos años, los cumpleaños de mis papás se han convertido en la fecha especial y obligatoria para viajar (cumplen años en fechas seguidas). Con anticipación de meses atrás, mi mamá escoge el destino al que viajaremos sin haber averiguado nada sobre el lugar, sólo se basa en que, como dice ella en tono irónico: “me llama ese lugar” 🤭. Prácticamente, después de comprar los pasajes recién averiguamos sobre los sitios turísticos a visitar.

Creo que no importa a dónde viajar, lo único que importa es viajar, conocer lugares, probar otros sabores, experimentar nuevas cosas y sobre todo observar y admirar la cultura y costumbres de cada lugar.

Recuerdo el viaje que hicimos a Ciudad de México 🇲🇽. Elegimos ese destino sólo porque mi mamá quería que los mariachis le canten “Las Mañanitas” en Plaza Garibaldi 😁. Hicimos el itinerario con la ilusión de conocer todos los lugares que a través de las telenovelas y películas conocíamos. Semanas atrás consulté con una amiga y con su novio mexicano qué lugares podríamos visitar, para suerte nuestra, el papá de él tiene una agencia de viajes, lo cual fue de gran ayuda.

Al llegar a CDMX, nos detuvieron en Aduanas y nos llevaron a una habitación pequeña en donde abrieron nuestras maletas. Eran tres oficiales. Fue algo rutinario, no encontraron nada más que mi ropa desordenada (soy pésima haciendo maletas). Los oficiales fueron muy amistosos, nos preguntaron ¿cuál era el motivo su nuestro viaje? Mi mamá le respondió: mañana es mi cumpleaños, iremos a Plaza Garibaldi 😁 . Los tres oficiales presentes soltaron uns risa y uno de ello dijo, con la más buena onda del mundo:

– ¡Qué padre! ¿Le gustan los mariachis?

– Sí. Si pueden ir mañana, vayan. Ahí vamos a estar.

– Órale, entonces vamos a ir.

Jajaja desde nuestra llegada el acento y la hospitalidad de los mexicanos fueron reconfortantes. Nos hospedamos en un hotel céntrico. Recuerdo que la primera noche salimos a cenar y conocer un poco la ciudad. Caminaríamos ocho cuadras, aproximadamente, hasta que llegamos al Palacio de Bellas Artes, al frente hay un restaurante en un edifico antiguo, comimos en el segundo piso. Pedimos unas sopas, tipo crema de zapallo, pero no nos gustó, tenían muchos condimentos y aceite…

Al día siguiente hicimos el City Tour. Mi mamá estaba feliz de conocer la basílica de Guadalupe. Yo no soy católica, pero me gusta conocer las iglesias de los lugares a los que voy por ver su arquitectura. Incluso, a pedido de mi mamá, nos tomamos fotos con la imagen en tamaño real de la “la morenita”. Compró varios rosarios para sus amistades, los que hizo bendecir. Es impresionante la fe que tienen los mexicanos en ella (reflexioné en que esa devoción es como la que los arequipeños sienten con la virgen de Chapi). Visitamos el monumento del Ángel de la Independencia (recordé haberlo visto en varias novelas). Al llegar al Zócalo me embargó una nostalgia porque la Plaza de la Constitución está sumamente descuidada. Aquella mañana la plaza (que es su plaza mayor, lo que para nosotros es nuestra plaza de armas) estaba llena de ambulantes, era un total desorden. Además se podía observar, lo que nuestro guía nos estaba explicando, que como Ciudad de México está rodeada de agua, cada año (¿o eran diez años?) disminuye siete centímetros. Había partes dentro de la Catedral en la que se veía como, prácticamente, los muros se están hundiendo. Triste.

Ese día por la noche, fuimos a Plaza Garibaldi. Era fin de semana, así que la plaza estaba llena y como era primavera, se sentía un poco de calor. A mi mamá le llamó la atención que todos los mariachis estaban sin sombrero, menos los veracruzanos (así creo que se llaman los mariachis que visten con la ropa más ligera de color blanco) tal vez porque como su ropa es super ligera pueden aguantar usar sombrero. Después de caminar por la plaza que estaba full (me acordé de la película “la niña de la mochila azul” en donde el niño sueña con cantar en Plaza Garibaldi 🤭) decidimos entrar a un antro, era un local de tres pisos, de escaleras de madera, bastante colorido y lleno de turistas. Había varios grupos de mariachis ofreciendo cantarte una canción por algunos pesos (no recuerdo el tarifario). Mientras pedimos algo de comer y bebidas, mi mamá buscaba a algún mariachi que lleve un sombrero puesto 🤭.

– ¿Joven por qué no tiene sombrero?

– porque hace calor doña.

– Pero en Perú los mariachis usan sombrero hasta en verano.

Todo el grupo soltó una carcajada. Uno de ellos se puso de pie y les dijo a los que estaban más lejos.

– Oigan acá la doña dice que en Perú los mariachis usan sombrero hasta en verano. – Con un acento del norte (creo) súper gracioso.

Fueron los veracruzanos los que le cantaron las mañanitas a mi madre y así cumplió el sueño que tenía que le canten esta canción en Plaza Garibaldi. Además fue la primera vez que escuchamos “El mariachi loco” ahora cada vez que la escuchamos decimos al unísono: ¡el mariachi loco! 😅 Nuevamente la comida no nos gustó. Me dio pena que dejemos más de la mitad de plato. Tiempo después alguien me dijo que cuando pruebas la comida mexicana bien la amas o bien la odias. Lo cierto es que cuando la volví a probar en Estados Unidos, me pareció riquísima, tal vez porque como dice mi tía Lola, cambian algunos ingredientes o especias y eso hace que la comida no sea tan picosa y/o grasosa.

Al día siguiente fuimos a Teotihuacán. Recorrimos la ciudadela, subimos las pirámides y no pude evitar hacer la comparación con las ruinas que hay en Perú. Sólo diré que la energía que se siente en Cusco en indescriptible. No sé por qué el guía no nos hizo mención sobre el globo aerostático qur sobrevuela Teotihuacán 🤔.

Al tercer día visitamos la “Casa Azul”, la casa museo de Frida Kahlo en Coyoacán. Caminamos por sus calles (por alguna razón me parecía que estaba caminando por las calles de Arequipa), sus mercados y plazas. Vimos a las catrinas de tamaño real y nos dijeron que la mejor época para visitar Cdmx es para el día de los muertos, aparentemente es todo una acontecimiento esta celebración. Almorzamos en un restaurante fonda “El Morral” nuestra guía dijo que era de los mejores en la ciudad y debe serlo por los precios que pagamos, no obstante, no cumplió con nuestras expectativas. Ese día, también, visitamos Xochimilco, una experiencia linda. Mi mamá estaba feliz porque un episodio de “Rosa salvaje” se grabó ahí 😅. Debe ser super divertido celebrar un cumpleaños ahí con pachanga incluida.

Al día siguiente tomamos un camión (aquí lo conocemos como micro) a Chapultepec (no sé por qué el primer recuerdo que tuve al pisar el Bosque de Chapultepec fue “Carrusel de niños”). Es bien grande, congrega a personas de todas las edades. Subimos hasta el mirador, la vista ahí es genial. Chapultepec es a Ciudad de México como el Parque de la Amistad es a Surco; o como El Vivero Forestal es a Chimbote 🤭.

Estaba olvidando mencionar que más de un taxista al saber que veníamos de Perú nos decían: por favor llévensela a Laura Bozo 🤦‍♀️. Al regresar, desde el avión, pude corroborar lo que los guías nos explicaron: Cdmx está rodeado de agua.

Por ahí leí que los viajes se viven tres veces: cuando lo soñamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos.

Guardo mucho cariño a ese viaje porque fue mi primer viaje al extranjero, por los lugares que me sonaban familiares y que por fin conocía y aunque no me gustó la comida tengo que regresar. Es una promesa. Viva México.

Zu

LIGUE DE OFICINA

Y ahí estábamos, frente a frente, mirándonos como si no hubiese pasado nada entre nosotros. Lo cierto es que habíamos hecho el amor el día anterior en su oficina. Nadie se dio cuenta de lo que pasó y tampoco nadie se ha dado cuenta que entre él y yo existe un coqueteo, un affaire, una atracción, un gileo. O sea, es simple: él me gusta, yo le gusto (es obvio), pero no puede haber nada entre los dos.

Él está comprometido, su novia trabaja en la misma empresa que nosotros, vaya suerte. La verdad es que tampoco quisiera que haya algo entre él y yo. Para tire está bien, pero para nada más. Pienso que no podría estar con alguien de quien se dice que ha engañado a su novia con más de una compañera… lo mismo haría conmigo.

No me detuve a pensar cómo es que pasó, sólo seguí su juego. Fue sexo y estuvo bueno. Sus manos grandes me inquietaban, su voz ronca me excitaba, sus ojos locos que se volvían tiernos cuando se acercaba a mí me gustaban.

Todos en la empresa sabemos que Gonzalo va a casarse con la secretaria del jefe de Logística. Nunca los he visto juntos dentro de la empresa, ni siquiera en la hora del almuerzo; sin embargo a la hora de salida se van juntos, tal vez sea su manera de evitar comentarios. En fin, a pesar que Gonzalo es un poco serio y enojón, es coqueto. Lo he visto coquetear con más de una mujer, entre compañeras y clientas, dicen que ha tenido algo con una de las abogadas de Asesoría Legal.

Gonzalo y yo trabajamos en diferentes áreas, no sé bien en qué momento comenzamos a conversar más e incluso a bromearnos en doble sentido. Creo que todo empezó hace unas semanas al entregarme un oficio, sus dedos rozaron los míos, esa escena se repitió una vez más. Lo miré y le dije con una escueta sonrisa ¿qué te pasa? Él, por supuesto, muy fresco respondió: nada ¿por qué? Fue ahí donde me percaté de sus manos grandes, blancas y grandes. Ok si él quiere jugar, pues jugaremos, pensé. Debo confesar que al fijarme en el tamaño de sus manos, más de una vez lo imaginé tocándome y supuse que todo en él debía ser proporcional. Empezó a darme mucha curiosidad el tema de la proporcionalidad en Gonzalo, es decir, comencé a observarlo, debe estar en treinta y seis años, sobrepasa el metro ochenta, no llega a noventa kilos, es notorio que no practica deporte alguno y debe calzar cuarenta y tres o tal vez más.

Nuestras conversaciones por whatsapp se tornaron más fluidas, el reaccionaba a los memes que publico en mis estados, yo comentaba las canciones que él sube a sus estados, y cosas así. En el trabajo, comencé a mirarlo como él me miraba, a sonreírle como él me sonreía. Quería saber hasta dónde llegaría este gileo.

En vista de que si seguían así las cosas, iba a aparecer en mí algún remordimiento por estar coqueteando con el novio de otra mujer. Decidí terminar con eso y sacarme la espina de una buena vez. Fui a la oficina de Gonzalo, menos mal estaba solo. Hola, se sorprendió un poco al verme, pero su mirada coqueta intervino en el acto.

  • Hola ¿qué haces? ¿Estás ocupado?.-me incliné un poco hacia él que seguía sentado.
  • Estoy terminando unos informes que me pidieron.- posó su mirada en mis ojos.- Tienes los ojos más negros que he visto.- Gonzalo es el típico florero.
  • Y tú tienes las manos más grandes que yo he visto.- dando rienda suelta a mi coquetería.

Ambos sonreímos. Él se puso de pie y echó seguro a la puerta. Yo me quedé apoyada en su escritorio. Gonzalo sabía muy bien para qué había ido a su oficina y yo tenía la certeza de que él no se negaría a nada. Desde que sus dedos rozaron los míos, hace semanas, lo que hay entre los dos se convirtió en una cuestión de piel que se tenía que concretar.

Caminó despacio hacia mí sin quitarme los ojos de encima. Puso sus manos en mi cintura, se inclinó un poco. Yo incliné mi cabeza hacia un costado mientras cogía su corbata. Ambos sonreíamos.

  • Me gustas mucho, tu piel morena me encanta, tus ojos negros son fascinantes.- Lo decía mientras acariciaba suavemente mis mejillas.

Lo jalé de la corbata trayéndolo hacia mí y le susurré al oído muéstrame lo que esas manos grandes pueden hacer. Nos besamos y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, a explorarme, a excitarme.

Le quité la corbata y desabotoné la camisa. Él desabotonó con cuidado mi blusa de seda. Dejamos nuestras ropas en una de las sillas.

Comencé a besarle el cuello mientras él se desabotonaba el pantalón. Miré la hora en mi reloj: cinco y veintiocho, pensé que en media hora él se iría con su novia. Justo en ese momento sonó el teléfono, era su jefe pidiéndole que le presente el informe mensual antes de las seis de la tarde. Sí ingeniero, no se preocupe, antes de las seis subo a dejarle el informe.

Se volvió hacia mí. Pensando en la hora, lo besé fuerte, nos besamos fuerte, con ganas acumuladas. Levantó con cuidado mi falda. Lo toqué y acaricié. Pensé en la proporcionalidad de sus manos con su miembro. Me dio media vuelta contra el escritorio y sin sacarme el bikini me hizo suya.

No estuvo nada mal, pero pudo ser mejor. Mi reloj marcaba las cinco y cuarenta y dos cuando volteé hacia él.

  • Me gustas mucho Violeta.
  • Me tengo que ir. Termina tu informe.– mientras me acomodaba la falda.
  • Sí, ya me falta poco.
  • Bueno pues Gonza. – me estaba abotonando la blusa. – conversamos después.
  • Claro que sí. En la noche por whatsapp.
  • Jajajaja ok. – se acercó a mí dándome un beso tierno en la boca.
  • Salí de su oficina sintiendo que todos me veían, pero la verdad es que no había nadie por el pasillo.

CARTA A MI YO DE 20

A mis casi treinta y dos años pienso en mi yo de veinte y recuerdo la vida, ilusiones y sueños que tenía en ese entonces. Algunos de esos sueños, se han cumplido totalmente, otros a medias y otros dejaron de importarme.

Me invitaría un trago, sería un Mojito de fresa, sin duda. Iríamos a un bar cerca a Monserrate, tal vez en Larco o en Húsares, y conversaríamos un buen rato. A veces extraño Trujillo, a mis amigos a los que veía todos los días. Que feliz fui en la ciudad de la eterna primavera y cuántas veces he regresado.

Me preguntaría por los cursos que estoy llevando en la facultad. Me recomendaría con qué docente llevar cada curso (tuve excelentes profesores aunque también hubieron unos fantoches). Me diría tantas cosas como:

– Aprovecha que no tienes responsabilidades, ahorra todo lo que puedas y viaja. No importa tanto a dónde, pero viaja cada vez que puedas.

– Lee más. Proponte leer, por lo menos, un libro al mes.

– No te dejes llevar por la procrastinación. Sé que las redes sociales están en todo su apogeo y hay varias series en cable que te gustan mucho, sin embargo no debes perder tanto tiempo mirando tele y chateando.

– Se disciplinada con la escritura. Dedícale tiempo, es importante que practiques y no lo dejes de hacer.

– Haz más deporte.

– No seas tímida y métete a todos los cursos y talleres que te interesen. Tus papás te apoyarán en cada cosa que emprendas.

– Pon mayor atención a tus clases de Inglés, te será de gran ayuda cuando viajes a USA.

– No regreses con ese chico. Si se acabó una vez, se volverá a acabar.

– Si tienes dudas con respecto a una persona, aléjate porque estás en lo cierto. Confía en ti, en tu intuición. Expresa lo que piensas.

– Te vas a enamorar y te van a romper el corazón. No te asustes, te repondrás y se convertirá sólo en un recuerdo del cual no te arrepentirás porque lo habrás dado todo y esa será tu satisfacción.

– Sonríe más que el tiempo pasa tan rápido. No pierdas ninguna oportunidad de estar alegre y ser feliz.

– Está bien equivocarse, así aprenderás. Ten paciencia y confía en ti.

– Tus sueños se van a cumplir, debes ser persistente.

– Comparte todo el tiempo posible con tus papás, abrázalos y mímalos bastante que son el mejor regalo que la vida te pudo haber dado.

– Nunca dudes que el Señor te escucha porque él todo lo sabe y cuando estés profundamente triste, él será tu refugio.

Finalmente, me diría: estarás orgullosa de la gran mujer que te convertirás a los treinta.

Alas y buen viento 🍀😊

Zu

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

“El fin justifica los medios” dice Maquiavelo. ¿Será esto así? La mayoría de las personas hemos utilizado alguna vez esta frase y, también, la hemos hecho nuestra en más de una oportunidad.

Como cuando debes pasar un curso a como dé lugar: estudiar hasta la madrugada, pedirle apoyo a alguien a quien tal vez no le hablas mucho, hacer “ayuda memoria” (que tire la primera piedra quien nunca ha copiado en un examen), sacrificar alguna actividad (no ir a una fiesta, no comer por estudiar, etc). O tal vez pagar para obtener un beneficio: tener un permiso, evitar que te pongan una multa, etc (nuevamente, que tire la primera piedra quien nunca ha coimeado). No obstante, hay ciertos límites (cada quien tiene los suyos) que dependerán de nuestros valores y forma de ser.

Debería ser nuestra meta lograr cada objetivo trazado en pro de nuestro crecimiento profesional y personal, pero qué ocurre cuando para lograr cada objetivo se atenta contra nuestros propios principios. Por ejemplo: el perjudicar a otras personas. O ¿será que si hacemos cosas reprochables, como el perjudicar a otras personas, es porque no tenemos principios ni valores? ¿Y si la persona a la que se perjudica es supuestamente un amigo?

Particularmente, creo que está perfecto tener nuestras metas claras y trabajar muy duro para alcanzarlas. Sin embargo, sé que existen muchas personas que teniendo sus metas bien definidas, les importa un pepino perjudicar a otros con tal de llevar a cabo sus planes.

En cuanto al perjudicar a un amigo, yo creo que es imposible perjudicar, adrede, a un amigo. Y si esto ocurre es, simplemente, porque no es un amigo de verdad.

Considero negativo todo esto porque se va creando el karma. Supongo que lograr tus objetivos a costa de perjudicar a otras personas será fácil cuando no tienes principios ni valores definidos. De cualquier forma, es triste que existan personas que van por el mundo creando enemistades (pensé en colocar: perdiendo amistades, pero lo cierto es que un amigo no perjudica).

Sea como sea, pienso que ya es mala leche perjudicar, intencionalmente (sea cual sea nuestro fin a alcanzar), a cualquier persona; mucho más si con esa persona tenemos algún tipo de cercanía. Ahí no hay valores, no hay principios, no hay escrúpulos.

Entonces, para mí, el fin no justifica los medios si es que para ello debo perjudicar a alguien. Iría contra mis principios.

Buena suerte a todos.

Saludos.

Zu

P. D. valgan las redundancias 😊