AÑOS DE TERROR

No tengo el honor de conocer Ayacucho. Sé por parte de mi hermana, amistades, fotos que he visto y por la novela “Amor Serrano” que es una región hermosa con paisajes inmejorables (como toda la serranía peruana) marcada por una triste y terrible historia que dejó el terrorismo (miles de muertes, desapariciones y todo tipo de vejaciones).

Hace algunos años, tomé conciencia de lo sucedido en Ayacucho al leer “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo. Me quedé atónita y le hice preguntas a mi hermana mayor (que por cuestiones laborales ha visitado lugares recónditos de Ayacucho y tienes amigos de esa región). Ella me contó todo lo que sabía de esta época del terrorismo por noticias que vio, escuchó, leyó y por los propios testimonios que sus amigos ayacuchanos le narraron: “Cuando estuve en Huamanga pude percibir la tristeza tan honda en los ojos de sus pobladores” me dijo.

A raíz de mi última lectura: “La Distancia que nos separa” de Renato Cisneros recordé lo años de terror que padeció Ayacucho. En una parte de la novela el autor cuenta el episodio de la explosión de una bomba en la puerta de su casa de Monterrico quedando un letrero en la puerta con las iniciales  “MRTA” (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru). Dejando notar que este atentado había sido ocasionado por ese grupo terrorista. Su papá el general “Gaucho” Cisneros dijo a su familia: “Esto es obra de Montesinos, los terroristas no amenazan”.

Coincidentemente esta semana en TV Perú han transmitido diariamente una película peruana, es así que el día viernes pude ver “La casa rosada”.  Una película que muestra claramente el abuso que padecieron los ayacuchanos en esos años de terror, con una imágenes tan fuertes que me hacía voltear la cabeza a otro lado…

Me llena de indignación (creo que como a todos los peruanos que nos detenemos a pensar en lo sucedido en Ayacucho) el que hayan sido los militares los que mataron a más gente e infundieron mayor miedo a los pobladores que los mismos terroristas. No quiero decir que los terrucos sean mansas palomas o que no hayan acabado con la vida de más de un inocente, sino que es el gobierno que con la pantalla de “acabar con el terrorismo” torturaban y mataban a cualquier persona por la simple sospecha de que eran miembros de esos grupos. Evidencian casos que al no encontrar ninguna prueba que implique a “X” persona con estos grupos terroristas, eran los mismos militares los que “sembraban” pruebas para de esta manera cobrar vidas y salir a decir: Estamos enfrentándonos a los terroristas y estamos acabando con ellos.  Ni que decir de los policías y soldados que eran enviados a esta región, entraban a las casas de los campesinos y tomaban a sus mujeres por el simple hecho de creerse que eran los que tenían el poder… de alguna forma creo que lo tenían al ser confundidos, por sus actos, como terroristas.

Triste realidad.

 

 

 

MIS VIEJOS AMORES

A todos nos da por recordar de vez en cuando el pasado… Esta semana, en una conversación con mis compañeras de trabajo recordábamos a nuestros viejos amores que hicieron de nosotras las mujeres que ahora somos. Nos dejaron un poco de ellos y se llevaron, también, una parte nuestra (algunos más que otros).

No recuerdo donde leí que durante nuestra vida tendremos de tres a cinco parejas sentimentales serias. Con cada una seremos felices y al terminar nos romperán el corazón, no querremos saber nada del amor hasta volver a enamorarnos y así sucesivamente…

A lo largo de mi vida me he sentido atraída por varios chicos. Algunos ni cuenta se dieron, otros no me dieron bola, otros me dieron amistad, otros me dieron ilusión, otros me dieron amor; no obstante, todos ellos me dieron qué contar. Creo que he estado enamorada tres veces, pero mientras voy escribiendo estas líneas me detengo a pensar y puedo reconocer que sólo una vez estuve enamorada (perdida, loca y profundamente). Qué bacán poder reconocerlo ahora porque, si bien es cierto, se acabó hace mucho, nadie nos quitará lo bailado. Qué contradictorio, me parece bacán lo que acabo de reconocer, aunque no quisiera volver a estar “perdida, loca y profundamente” enamorada, quiero estarlo: tranquila y sanamente. Cero amores tóxicos.

Enfocándome en el título de esta publicación, mis viejos amores me han dejado recuerdos materiales y anécdotas (las risas y sonrisas que me provocaron no me permitirían negarlo). Ah, pero también me dejaron kilos de desilusiones… En su momento me deshice de muchas cosas y otras han tenido que esperar años para ser desterradas de mi habitación y esto no tiene nada que ver con los sentimientos que le haya tenido a la persona que me los regaló, sólo olvidé purgar mi dormitorio. Por su parte, ellos también se quedaron con cositas mías (regalitos, detalles y algunos hurtos…) sobretodo, se quedaron con buenos recuerdos vivenciales, estoy segura de ello porque en su tiempo (cuando creí estar enamorada de ellos) fui la mejor versión de mí (hasta ese momento claro).

Estoy recordando a “G”, cuando lo conocí era un melómano empedernido, con él escuché bastante rock peruano y punk. Me pasó una gran lista de canciones, en mi play list siguen estando “La liga del sueño”, “6 Voltios” y “Panda”. Me regaló un osito que terminé conservando por casi diez años sin ningún sentimiento en especial, simplemente me gustaba que forme parte de mi colección de peluches. Una década después regalé todos esos peluches a un albergue.

Recuerdo con mucho cariño a “D”, lo conocí en un concierto, a los dos días me envió una tarjeta hecha por él mismo (no lo recordaba hasta que un día, hace unos meses, revisando mis diarios ahí estaba). Tenía bastante habilidad con las manos y tocando guitarra, además le gustaba la trova a morir. De todos los cantautores que me hizo escuchar, mi preferido es Arjona. De él conservo, en mis diarios aún, sus tarjetas y cartitas, una canción que compuso con mi nombre en acróstico con todo y notas musicales!! y, por supuesto, en mi play list todas las canciones de Arjona.

Cuando se acabó lo de “F” me deshice rápidamente de todo conservando sólo un vestido rojo que me gustaba mucho y el play list de Sabina que a él le encantaba y que terminó gustándome.

Qué irónico, me dieron ganas de agradecerles por su amor que en algún momento sé que fue real. Gracias por cada uno de los días que me regalaron y que me permitieron regalarles. Gracias por compartir momentos buenos y malos, por los paseos, los viajes, las cartas, las canciones, los besos, las noches, las comidas, los sueños, las risas, los tragos, las películas; pero también gracias por las mentiras, los desaires, la indiferencia, las lágrimas, las discusiones, los engaños, la traición.

Sin ustedes no tendría la seguridad de ser una buena mujer que sabe lo que quiere y lo que se merece, que sabe respetar y se respeta, que sabe amar y se ama, y que se reinventa las veces que sean necesarias.

Gracias viejos amores por hacerme más sabia y más fuerte.

 

Zu

 

UNA HISTORIA SIN FINAL

Estaba caminando con mi mamá por el malecón admirando el atardecer. Me gusta mucho el mar (como buena porteña que soy), es inspirador y relajante ver y escuchar las pequeñas olas. En eso, lo vi entre la gente, jalé a mi mamá a un lado ahí está, mamá.

Se me ocurrió pedir prestado baño en un restaurante cruzando la pista. Llevaba conmigo una bolsa con trajes de baño que recién había comprado (pensando en el próximo viaje a Cartagena que haría con Katty y Laura a fin de mes) y mi cartera de cuero color camel. Necesitaba arreglarme el cabello, colocarme un poco de rímel y pintarme los labios. Me molesta tener que reconocer que quería, a pesar de todo, chocarme con él y que me vea guapa.

Ingresé por una mampara al restaurante, la encargada del lugar me dijo: señorita la puerta es por allá (señaló un camino a la derecha).  Me disculpé y le pedí prestado baño. Los servicios higiénicos se encontraban en la segunda planta,  mientras subía las escaleras de madera, contigua a la mampara, pude notar por una ventanita que Alex estaba trabajando en el restaurante contiguo (estaba atendiendo las mesas de afuera). ¿Por qué estará trabajando de mesero? ¿Y su negocio? Pensé.

 La encargada del restaurante se dio cuenta que me quedé absorta en la ventana y me dijo:

  • Le voy a decir a Joaquín que alguien quiere verlo – con una sonrisita falsa.
  • ¿Quién es Joaquín?
  • El muchacho al que estás mirando ¿es bien atractivo verdad? – caminó hasta la puerta del local.

Me pregunté por qué estaría usando el nombre de su hermano menor. Sólo atiné a decirle a la encargada del lugar que por favor no le dijera nada.

  • Sólo quiero probarme esta ropa de baño y me iré rápido.
  • Le diré que alguien le quiere mostrar su bikini.
  • ¿Qué dices? No, no hagas eso. Ni siquiera lo conozco.
  • ¡Joaquín!- Gritó la nefasta desde la puerta- alguien quiere que veas como le queda el bikini.
  • ¿En serio está pasando esto? – no podía creer lo infantil de esta tipa.

Él vino al llamado de la tonta esa. Estaba con el pelo largo (para lo que solía usarlo en el tiempo que estuvimos juntos), era el look de Juanes en su disco “Un día normal”. Estaba pálido y a pesar que sonrió (con esa sonrisa tan suya: a media caña) se le notaba incómodo. No era para menos.

Yo me quedé estática en el descanso de la escalera. Desde la primera grada él me saludó: hola Marcela. No tuve otra que bajar cogiéndome del pasamano de madera recién barnizado. Estaba nerviosa y palteada, pero traté de disimular haciéndome la fresh mientras descendía.

Su hermano entró al local detrás de él. Escuché cuando Alex le dijo: anda avanzando a la casa, yo voy en un rato. Joaquín me saludó con la mano y con un hola a secas, y salió.

Me comentó que ya había terminado su turno y que si podíamos conversar un rato. Iluso,  no se imaginó que yo me iría rápidamente de ahí. Al final no pude ni entrar al baño y mucho menos arreglarme.

Felizmente, al salir del restaurante, vi a mi mamá conversar amenamente con una pareja de amigos con quienes se había encontrado, así que me dio chance de ir detrás de Joaquín. No estaba segura para qué. Le di el alcance una cuadra más allá en una tienda de tablas de surf.

  • Joaco ¿cómo estás?
  • Bien – tenía en sus manos una Evolutiva.
  • Está bonita ¿te la comprarás?
  • Ojalá Alex me la regale por mi cumpleaños, ya le he dicho que quiero ésta.

Me contó que Alex había sufrido un accidente hace unos meses en su moto, estaba mal de salud y su negocio había quebrado. Sentí pena al enterarme de eso porque a pesar de su engaño compartí dos años de mi vida con él. No he olvidado lo sucedido, pero tampoco le deseo nada malo.

Decidí regresar al restaurante. De repente aún encontraba a Alex por ahí. De repente necesitaba con quien conversar y yo dándole la espalda. De repente estaba escrito el que tengamos que habernos encontrado en esas circunstancias… De repente soy una tonta al estar dándole una oportunidad a alguien que me defraudó.

Fue el destino o lo que sea, pero ahí estaba Alex, cerca al restaurante, en el muelle fumando un cigarrillo apoyado  en una baranda. Me acerqué.

  • Hola.
  • Hola – volteó a responderme el saludo y continuó admirando esos colores tenues entre celestes y anaranjados, momento en que el sol se va ocultando en el mar. Se me ocurrió que era una digna escena de una película de Drew Barrymore donde una pareja se reencuentra y se pide mil disculpas.
  • Siento mucho lo de tu accidente y lo de tu negocio.
  • Siento mucho haberte lastimado, creo que todo lo que me pasa es una forma en que la vida me pasa una factura por mis actos.
  • Se llama karma – no quise sonar acusatoria sólo definí el concepto que él había dado.
  • Me fracturé cuatro costillas, el omoplato y la clavícula izquierda. Mientras estuve internado hice una infección que se volvió sepsis. Los médicos dijeron que fue grave – se acabó el cigarro y encendió otro rápidamente. Me quedé lela.
  • Estuve internado tres semanas y dos meses con descanso y, bueno, el negocio se fue a la mierda. Hasta ahora siento dolor al respirar profundo o agitarme.
  • Lo bueno es que ya te recuperaste y estás trabajando, poco a poco irá mejorando tu situación – me dieron ganas de preguntarle si estaba con alguien cuando sucedió el accidente.
  • Gracias por haber regresado y estar aquí conmigo en este momento. La verdad es que me siento muy deprimido.
  • Debes poner de tu parte, todo mejorará. Alex ¿puedo preguntarte algo?
  • Sí, claro.
  • ¿Ibas solo en la moto el día del accidente?
  • No – hizo una pausa. Iba con Olga.

Olga es la mujer con la que me engañó y por la que, obviamente, terminamos. Habíamos llevado un par de cursos juntas en segundo ciclo,  luego supe que se cambió de carrera. Todos en la universidad saben de la reputación de Olga. En fin…

<PONLE UN FINAL A ESTA HISTORIA>

MI AMIGA LUVA

Estudié Inglés por catorce meses en el UK. Después, para obtener una mejor certificación, estudié en el centro de idiomas de la UNS, pero no llegué a dar el examen internacional. Puedo decir que en el Writing y en el Reading me va bien, no obstante en el Listening y en el Speaking no. Tal vez sea porque como soy desorejada (para cantar y escuchar) en mi idioma natal cuanto más en otro idioma.

En el tiempo que viví en New Jersey, estudié Inglés en el Bergen Comunity College. El examen de ubicación constó de cien preguntas escritas y una entrevista. Estoy segura que el examen lo di como para un 92, tal vez 94, pero en la entrevista se me dificultó entender lo que me preguntaban…respondí escuetamente, incluso (como la entrevista fue delante de otras personas que también estaban pasando el examen de ubicación) un señor puertorriqueño intervino en la traducción de una pregunta que me hizo uno de los profesores. Alcancé el nivel Intermedio I, el Listening y Speaking habían bajado mi calificación…

El primer día de clases estaba ansiosa porque mis primos me habían contado que ningún profesor hablaba otro idioma que no sea Inglés. Tras caminar cinco cuadras desde la estación del bus, llegué temprano a la escuela. Al ingresar al aula me sentí como si estuviera en “Salvado por la Campana” (la decoración del aula era como la que se mostraba en series noventeras, la primera que vino a mi mente fue ésta, recordé a “Zack Morris” y “Screech”). Me senté en la segunda fila a lado de la pared. En el salón, sólo estábamos: la profesora (mujer de aproximadamente cincuenta y cinco años, de pelo negro, delgada y de tez blanca), una chica de dieciocho años cubierta con un velo de color marrón y yo. Nos sonreímos y nos saludamos con un: hello… me llamó la atención el mapa de varios colores de Estados Unidos de América que ocupaba la mitad del muro que estaba a mi derecha. Al poco rato comenzaron a llegar los demás alumnos. A mi lado se sentó una mujer mayor, le calculo sesenta y cinco años (tal vez un poco más), rubísima (llevaba el pelo recogido), de ojos azules, aproximadamente de metro sesenta y ocho de estatura, delgada y con un semblante serio.

Todos en el salón estábamos en silencio hasta que la teacher escribió en la pizarra: Mrs. Marsha. Nos saludó parcamente: Good morning everybody. My name is Marsha. Los alumnos escuchábamos atentos, tratando de entender algo de lo que la profesora estaba hablando. Nos contó que era newyorquina  por eso su acento era un poco diferente a los de New Jersey (donde hablan un poco más rápido), la verdad yo no distingo el acento de estos dos estados. Me bastaba con comprender dos o tres palabras en una oración para entender, más o menos, lo que la profesora nos narraba. Contó, también, que salía muy temprano de su casa, tomaba el tren y regresaba muy de noche (mientras nos describía su día a día señalaba los tres bultos que estaban encima del escritorio), por ello es que debía traer su almuerzo más una maleta con rueditas donde cargaba libros y algún abrigo, además de su cartera.

La profesora no sabía ni una palabra en Español, los alumnos en el Bergen son de tantos países diversos que es imposible que el profesor sepa tantos idiomas. Nos teníamos que comunicar como sea, incluso usando señas.

La primera lección parecía muy fácil, descripción de las personas, si era alto, bajo, delgado, gordo, peso promedio y adjetivos calificativos. Aprendí algunos adjetivos como “outgoing” que no sabía su significado  y reforcé la gramática.

En el break mi compañera voltea y sin emitir ningún gesto me preguntó mi nombre. Liz. And your name? Luva. Lo escribió en un papel: “Liujvor”. Tenía un acento inconfundible. Antes creía que el acento de los brasileños era inconfundible hasta que escuché hablar a un portugués, desbaratándome tal idea. No obstante, el acento de Luva sí que era inconfundible. Era rusa y pronunciaba la R divertidamente y creyó, por alguna extraña razón, que yo era pakistaní. No! I am peruvian, I am from Peru, South America you know? Y Luva como quien trata de recordar un número de teléfono oh yeah, near to Ecuador… Ella no sabía ni una sola palabra en Español, al igual que la profesora y  mis compañeros de otros continentes.

Felizmente, tenía compañeros con los cuales podía hablar en español, con los que más hablaba era con dos colombianos súper chéveres: Vanessa y Jerson (de Medallo y Bogo). Nos preguntábamos constantemente: ¿qué ha dicho la profesora? También había una compañera chilena que cuando se presentó me dijo: yo soy una chilena buena, una coreana (con la que no hablé ni una palabra), tres mexicanas un poco malas leches (muy diferentes a otros mexicanos que conozco que son buenísima onda), una peruana (se dejaba llamar “Perú” por las mexicanas), una libanesa (chica muy dulce y amable), un venezolano (están por todos lados…), un argentino (vestía todos los días de negro), una turca (hablaba muy poco y sonreía tímidamente), una pakistaní (fue la primera que vi al entrar al salón el primer día de clases, siempre estaba con una sonrisa) y una marroquí (tenía una belleza excepcional).

El primer día se rompió la punta de mi lápiz y le pedí prestado uno a Luva; al devolvérselo, me lo regaló. Cada vez que Luva llegaba al aula, saludaba con un: hello beauty y sonreía amablemente. Tratábamos de practicar Inglés con temas intrascendentes como: qué fue nuestro almuerzo, qué hicimos en la tarde y en la noche, etc. Le conté que la selección de mi país había clasificado  después de treinta y seis años al mundial que se realizaba en su país. Ella me dijo, o bueno yo entendí, por sus palabras y gestos, que en Rusia el fútbol no es un deporte popular como lo es el Rugby. Me gustaba conversar con ella, saber más de mi compañera de carpeta aunque era difícil y divertido sostener una conversación en un idioma que ninguna de las dos lo hablábamos correctamente.

Mi amiga me contó que llevaba cinco años en Estados Unidos, hablaba y entendía el idioma más o menos, pero escribía las palabras como las pronunciaba, o sea, mal escritas. Siempre se sorprendía cuando Mrs. Marsha nos devolvía los exámenes, donde yo obtenía 100 o 98 puntos, mientras que ella a las justas llegaba a 80. Sin embargo, ella hablaba mejor y más que yo. Cuando no sabía cómo explicarme algo, cogía su celular y recurría al traductor.  Yo también  acudía al traductor de Google y con gestos y palabras sencillas ambas tratábamos de hacernos entender.

Luva tenía muchas ganas de hablar correctamente el Inglés por eso participaba constantemente en clase, ponía ejemplos para  que la profesora le corrigiera. Cada vez que ella terminaba de dar un ejemplo decía en voz alta: Liz your turn. Y yo en voz baja respondía: No Luva thank you. Ella replicaba: Come on, don´t worry, do it! Caramba, me ponía en aprietos produciendo risas en todo el salón sobre todo en las “nacas” mexicanas (unas chicas muy burlonas), no me quedaba otra que dar un ejemplo también. Ella me hacía hablar en Inglés. Por supuesto que lo hacía con la mejor intención del mundo, pero para una chica tímida como yo, era un momento súper incómodo.

Llegó a decirme: tú eres inteligente, escribes bien pero debes practicar más hablando inglés, yo sólo trato de ayudarte, no te enfades. Qué linda y amable my friend. Un día llegó con unas revistas cristianas y unos poemas, obviamente en Inglés. Take for you, me dijo. Oh thank you Luva, you are so kind. This is garbage for me, to read it will help you. Garbage? Seriously? Qué gracioso. El fin de semana había hecho limpieza en su casa rescatando de la basura esos textos para mí. Cuando les conté a mis primos se destornillaban de risa. Qué buen gesto Luva, aún los conservo.

Se emocionaba al recordar su juventud, me contó que de joven había viajado por toda Rusia en moto con su enamorado. Me recomendaba, constantemente, que debía viajar y conocer otros lugares por eso se puso muy contenta cuando le  conté que me iba de vacaciones a California por una semana. I love the beach, California is so hot, me dijo. Un día Lunes, a los pocos días que regresé de mis vacaciones en el Oeste, ella llegó bronceadísima a clase, se había ido a Jersey shore (las playas de New Jersey), me enseñó fotos en bikini con su perro en la orilla.

El último día de clase, Luva estaba ansiosa esperando la visita de su hija y de su nieto que llegarían en verano. Cuando le pregunté por qué no viajaba ella a Rusia se puso seria y sólo dijo: No, no… quedaba claro que existían razones poderosas para que ella no regresara a su país. Anyway…

Grandes recuerdos y gran aprecio hacia Luva, una mujer amable, de carácter fuerte, de espíritu joven y aventurero.

STRESS

Hace unas semanas pasé por un momento stresante que creo que fue el motivo por el cual se me quitara el sueño a las cuatro de la mañana.

A varios de nosotros nos stresan diferentes cosas. Por ejemplo a mis padres les stresa saber que tienen que hacer documentos (de cualquier índole) siempre me los pasan de taquito. “Claro que la abogada los haga, a ella le gustan los trámites”.

A mí lo que me estresa es saber que tengo que discutir con alguien. Soy muy mala en las discusiones. Y no es que “tengo que discutir con alguien” porque se me ocurrió, sino que a veces pasan cosas como algún error en el trabajo o algún desacuerdo con alguien y es necesario enfrentarlo. Algunas veces los temas pueden ser serios o trascendentales (más cuando está en juego una suma de dinero como fue en mi caso).

En el momento de la discusión olvido decir muchas cosas (de por sí soy bien olvidadiza) y cuando ya pasó “el momento” se me ocurren frases célebres 🤦‍♀️… ¿Por qué seré así? ¿Les ha pasado eso?

Soy abogada, pero no soy pendenciera. Tal vez por lo mismo que no soy litigante. ¿O será al contrario? ¿No soy litigante porque no soy pendenciera? En fin…

La discusión con esa persona (de la que hablé líneas arriba y afectó mi sueño) no fue tan mal, se solucionó rápidamente, pero el hecho de saber que tendríamos que discutir me stresó. Hablando de discusiones, viene a mi mente la que tuve con una ex compañera de trabajo, que con voz despectiva me llamó “pacharaca” (entiéndase holgazana) por no quedarme más allá de mi horario de trabajo. No era mi culpa terminar con mis pedientes a tiempo y que ella no haya terminado lo suyo. Soy renuente a quedarme horas extras sin motivo y paga justificados. Aquella vez llegué llorando a mi casa, no quise regresar a la oficina al día siguiente para no tener que verle la cara a esa persona. Soy psicosomática, no obstante enfrento las cosas que me tocan pasar, al día siguiente tuve que volver con mi mejor cara al trabajo. Por más que ignoraba a esa víbora ponzoñosa, me sonreía y hablaba con normalidad. En ese momento no lo sabía, pero las personas que tratan de esa forma es porque ellas son tratadas de la misma manera por alguien más. Qué tóxico aquello que un día te insulta y al día siguiente está como si nada sonriéndote. O sea, si te caigo mal, bacán, pero no seas hipócrita. Si me vas a odiar, ódiame bien.

Volviendo al tema de hoy, hace poco una amiga mía pasó por un cuadro de stress fuerte. Se le acumuló los problemas del trabajo con la tesis al punto de salirle erupciones en la piel causándole no sólo dolor físico sino, también, deprimiéndola al ver su rostro afectado. Al cabo de varios días de descanso mejoró, pero vamos al punto de qué tanto puede influir el stress en el bienestar físico y emocional.

Tengo otra amiga que cuando está muy preocupada o saturada con asuntos del trabajo se le empieza a caer el pelo de manera exagerada. Esto la ha llevado varias veces a visitar a dermatólogos y la respuesta siempre es la misma (después de recibir la receta de tópicos y vitaminas): “procura no estresarte”. Como si fuera fácil manejar el stress…

Conozco a personas que adelgazan con cuadros de stress, otras suben de peso. En mi caso, mi gastritis se manifiesta, se me quita el sueño, me salen granitos y últimamente he visto que me han salido manchitas en el rostro tipo pecas (¿o eso será por la edad? 🙄).

Para mí y creo que para la mayoría de personas, es muy importante mi tranquilidad, mi paz, mi estabilidad emocional (que me ha costado tiempo, dolores de cabeza y de corazón conseguir). Me tranquiliza muchísimo decirle a nuestro Señor que se haga su voluntad y por arte de magia me siento más liviana. También procuro decirme a mí misma, como afirma Mónica Rodríguez Restrepo: “Estoy en mi camino, honro mi camino, camino mi camino” de tal manera que no me abrume la vida 🙂.

¿Y a ustedes qué les stressa?

¿Cuándo pasan por situaciones de stress se ve reflejado en su físico?

¿Cómo manejan el stress?

Nos leemos.

Un abrazo.

Zu

PROCRASTINACIÓN ALÉJATE DE MÍ

Hace casi ocho meses decidí escribir un blog y publicar una vez por semana: un relato, una opinión, una reflexión tal vez… también me propuse leer dos o tres libros por mes (todo lo que no leí antes).

Durante este tiempo he cumplido con mi propósito principal: escribir a diario (durante horas, media hora o tan sólo unos minutos), algunas veces escribo dos hojas, una hoja, media hoja o un párrafo.

Ha habido días en los que no he escrito nada más que mensajes en whatsapp, ni he leído nada más que lo que me interesa en redes sociales. Como hace unas semanas que me fui de vacaciones a un lugar precioso, y sólo leí en el aeropuerto mientras esperaba la hora de abordar. Quise e intenté continuar leyendo, pero el compartir videos y fotos de mi viaje con amigos y familiares me tomaba más tiempo del que había dispuesto y cuando me daba cuenta me estaba cayendo de sueño.

En estas dos últimas semanas he sucumbido a uno de mis mayores placeres: las series de televisión. Yo casi no veo tele, salvo, ahora, una novela brasileña y “Reportaje al Perú”. Después de las cuatro temporadas de “Outlander” y “Pose” no he estado enganchada con ninguna serie hasta que gracias a la cinéfila de mi hermana me he pegado con una serie recontra popular y que por lo mismo no me llamaba la atención verla cuando estaba al aire: “Juego de Tronos”. En dos semanas ya voy por la tercera temporada y estoy siguiendo a todos sus actores en Instagram 😀.

Debido a que en mis ratos libres ando pegadaza con GOT, es que no termino la lectura de “Los perros hambrientos” y tampoco he comenzado ni continuado algún relato. Ahora, heme aquí contando el motivo por el cual no he escrito un post para esta semana: procrastinación.

Mi problema es que tengo ganas de hacer lo que me he comprometido conmigo misma y lo que más me gusta hacer, pero me dejo llevar por otros placeres 🤗.

Y, bueno, contándoles el por qué no he preparado un relato o artículo para hoy, ya voy escribiendo más de trescientas palabras ☺️.

Trataré de acabar cuanto antes “Juego de tronos” para continuar leyendo y escribiendo ¿o debería, tal vez, ponerme horarios para escribir, leer y ver tele? 🙄

Un abrazo. Hasta la próxima.

Zu.

EL SAN PEDRITO QUE YO RECUERDO

Todos los peruanos sabemos que el 29 de Junio es feriado por San Pedro y San Pablo. No obstante, no existe chimbotano al que le pregunten qué se celebra el 28 y 29 de Junio y no responda: San Pedrito (en el puerto es feriado ambos días).

Para nosotros siempre ha sido motivo de reencuentro con amigos y familiares que regresan de otras ciudades aprovechando el feriado. Les cuento que en la época en que yo vivía en Trujillo esperaba con ansias esta fecha para regresar a Chimbote. Era fijo reunirme con mis amigos del colegio, salir a dar vueltas por el centro de la ciudad, ir a algún concierto y terminar en una discoteca bien ebrios. Actualmente, semanas antes de San Pedrito venimos planeando la reunión (insistiendo a los que viven en otras ciudades a que se den una escapada de fin de semana), lástima que no todos los años podamos reunirnos en esta fecha.

Hasta hace unos catorce años, la feria artesanal era en la avenida Pardo, en la calle. Los ambulantes armaban sus puestos en las veredas, los dueños de las casas les cobraban un tipo de alquiler por “obstruir” el paso a su vivienda y utilizar sus puertas y ventanas… Era bonito caminar en una aglomeración  (todos los años lo mismo, pero ese era el encanto ¿no?). Claro está que los amigos de los ajeno no se hacían esperar… a más de una persona que conozco les han robado en San Pedrito, incluida yo, a unas cuadras de la plaza de Armas; perdí mi chullo, tres anillos de acero y cinco soles (primera y única vez que me han asaltado en Chimbote).

Lo más bonito que recuerdo era cuando no existía el boulevard “Isla Blanca” y los juegos mecánicos y circos llegaban a ese lugar. Cerquísima a mi casa. Era un ambiente de júbilo constante. Mis primos iban todos los días al circo, uno de ellos se metía por debajo de la carpa y hasta participaba con los elefantes jajaja. Fue para un San Pedrito la primera vez que fui a un concierto, tenía once años. El concierto fue de Gianmarco afuera de la iglesia San Pedro. Fui con mi hermana y sus amigos. También, fue para un San Pedrito que vi por última vez a Pedro Suarez Vertiz, antes de que se alejara de los escenarios.

Este año, el alcalde de turno tuvo la gran idea de comenzar con los trabajos de remodelación del malecón, del boulevard y de la plaza 28 de Julio justo para estas fechas perjudicando la esencia de la fiesta que es celebrar en el centro de la ciudad. Resolvió que la feria se lleve a cabo a las afueras del estadio, no obstante los comerciantes se pusieron en pie de lucha revocando absurda disposición.

Desde hace unos cuantos años llevan a cabo la feria artesanal en el “Vivero Forestal”. Honestamente, creo que se perdió la esencia de la feria artesanal, que era a las afueras de la iglesia San Pedro, alrededor de cinco cuadras de la avenida Pardo. Sí, efectivamente, los comerciantes ambulantes continúan trabajando en dicha avenida, pero no es como antes… no sé si yo sea la única que piense eso.

Me quedo con los recuerdos de mis San Pedritos donde  participábamos en el desfile de bandas y batallones (concurso de colegios). Con semanas de anticipación ensayábamos arduamente después de clases porque los cinco finalistas desfilarían para Fiestas Patrias. Nuestro querido instructor de nuestro queridísimo colegio Santa Rosa de Lima le ponía la pimienta a esos ensayos, y por supuesto que por varios años nuestro colegio resultó  ganador. Valía la pena quedarse después de clases a ensayar, ir los sábados a seguir ensayando e incluso estar esperando desde las 8 de la mañana que comience el desfile (sin chompa en pleno invierno).

Recuerdos como los que debíamos caminar con cuidado entre tanta gente (en Pardo) por miedo a que nos hurten o a que nos toqueteen, pero siempre entre risas con amigos. A estar pelándome de frío, pero feliz escuchando algún concierto. Recibir la visita de familiares queridos. Con los exámenes finales de la universidad a puertas, pero bien entretenida con mis amigos del colegio.

Este San Pedrito con la alegría de haber pasado a Semifinales de la Copa América.

La fiesta de San Pedrito está en el corazón de todos los chimbotanos, no hay más.

¿Qué fiestas patronales celebran en sus ciudades natales?

 

¿Regresan a su ciudad para la fiesta patronal?

 

Cuéntenme, nos leemos.

Zu.

SI ES ORO NO SE OXIDA, SI ES AMOR NO SE ACABA

La historia de Susan y Esteifer es de novela, con final feliz incluido.

Se conocen desde niños porque vivían en la misma calle. Casi casi uno frente al otro. Los papás de Susan no la dejaban salir a jugar con los niños que vivían cerca a su casa, por eso fue hasta la adolescencia que se hicieron amigos. Comenzaron a conversar por el famoso Messenger (principios de los 2000). Cuando ella cumplió dieciséis años aceptó salir con él a escondidas. Siempre a escondidas.

Esteifer le propuso ser enamorados, a lo que Susan respondió con un rotundo sí. Ella estaba fascinada con los ojos color caramelo de él y sus cabellos color miel. A él le gustaba pensar que ella era la chica más atractiva  que conocía. Y francamente lo era. Lo cierto es que conforme pasaban los meses de relación, ellos se enamoraban perdidamente. Bien dicen que a los dieciséis lo que se siente siempre es real.

Los enamorados solían verse los sábados por la tarde. Susan salía de su casa con la excusa que iría a la cabina de internet (en la esquina de su casa). Se podía quedar como máximo dos horas. Ahí era el punto de encuentro. Algunas veces podía engañar a sus papás que se reuniría con unas amigas del colegio para ir a “Happyland” y de esa forma poder ir a caminar por el centro de Trujillo con su enamorado. Pero esta excusa poco funcionaba porque sus padres siempre fueron muy rigurosos con ella en cuanto a horarios y salidas se tratase. Las pocas veces que la dejaron ir a fiestas o algún evento, la recogían poco después de comenzar.

Gracias a que Susan, al igual que el año anterior, se preparaba en una academia para el ingreso a la universidad es que encontraron una manera más de poder verse. La mayoría de colegiales trujillanos iban a academias desde antes del último año de secundaria. Esteifer la recogía a la salida de sus clases y caminaban juntos unas cuadras (antes de llegar al paradero de la OR en la avenida España).

Con el inicio de la universidad, iniciaron también las peleas porque a Susan no la dejaban salir y él no podía llegar a  casa de ella por nada del mundo. La mamá de Susan siempre recalcaba que no consentiría a ningún enamorado de sus hijos en su casa.

Los tortolitos no encontraban excusas para poder verse lo que les llevó a  terminar por  un tiempo en el cual, ambos, conocieron y salieron con otras personas. Al cabo de varios meses decidieron regresar y vivir su amor a plenitud pese a la negativa de los padres de ella. Por el contrario, los padres de Esteifer estimaban mucho a Susan, sabían lo buena chica que era.

Transcurrieron los años, ella terminó la universidad, él abrió una empresa. Los padres de ella seguían sin saber que su única hija mujer tenía una relación de más de ocho años con el  vecino. Ellos escuchaban las bromas que sus hermanos y primos le hacían sobre el vecino de en frente: Esteifer, pero no le daban importancia.

Susan continuó avanzando en su profesión. Él quería casarse con ella y hacer las cosas bien (según su criterio). Ella nunca quiso casarse porque no creía en esa institución religiosa, siempre apostó por la convivencia. Nuevamente discutieron. Él parecía la novia y ella el novio en cuanto a romanticismos y detalles se tratase, tal vez porque ella se crió con dos hermanos varones…

A Esteifer no le parecía bien continuar con una relación de más de una docena de años sin casarse. Le dolió mucho la negativa de ella, pero a Susan nada le haría cambiar de idea. Finalmente, ella le hizo entender que lo importante es el compromiso existente entre ellos y que lo que ella quería era convivir, saber si funcionan como pareja o no, no dilatar más el tiempo. A Esteifer le costó entenderlo, pero era eso o nada.

Susan terminó el  postgrado y los planes de convivencia que tenían eran cada vez más sólidos. Se embarazaron y recién Esteifer pudo llegar a casa de ella; sí, después de  casi quince años de enamorados.

Tanto se opusieron los padres de ella a su compromiso con Esteifer, que él terminó mudándose a casa de Susan. Ironías de la vida…

Con el nacimiento de su primogénito han conformado una hermosa familia. Siguen  disfrutando del amor que han sabido proteger y alimentar en el transcurso de tantos años.

Bien dicen que si es oro no se oxida, si es amor no se acaba.

¡Qué viva el amor entre ellos!

CARTA A MI PADRE

 

A Julio Germán, mi padre, mi mejor amigo, mi confidente, mi brújula, mi amor, mi estrella que brilla en el cielo.

 

El que lo ha dado siempre todo para que no nos faltara nada.

El que prepara los mejores desayunos domingueros.

El que me dejaba picar las carnecitas de su plato.

El que me levantaba del suelo cuando era una niña.

El que me cargaba apache al bajar las escaleras.

El que me consolaba cuando lloraba, secaba mis  lágrimas y curaba mi  corazón.

El que me contaba un cuento antes de dormir.

El que me decía que ojalá lo que me esté doliendo le doliera a él, pero a mí no.

El que lloró conmigo en el hospital cuando estuvieron a punto de internarme a los nueve años.

El que me habló de los hombres en la adolescencia.

El que cuenta unos chistes monses, pero me hace reír como nadie.

El que iría hasta el mismísimo infierno para encontrarme.

El que me riñe y se disculpa al mismo tiempo.

El que lloró de alegría el día de mi graduación.

El que siempre me ha dicho “piensa en grande y tus sueños crecerán”.

El que siempre está orgulloso de mí, a pesar de todo.

El que me ama ciegamente.

El que me dijo “si quieres escribir, pues escribe”.

El que soportó la prueba más grande que se pueden imaginar.

El que tiene un “zoológico de amigos”.

El del “avísame cuando llegues”.

El de las frases célebres.

El de las rimas, las canciones y la guitarra.

El de la ternura de un niño.

El más renegón.

Mi versión en masculino.

El orgulloso arequipeño.

El hombre de mi vida.

 

Gracias por quererme desde que me viste por primera vez.

Gracias por haberte esforzado cada día por ser el mejor padre posible.

Gracias por no haber tirado nunca la toalla pese a que no te faltaron las ganas cuando me enseñabas algo y yo demoraba en aprender.

Gracias por enseñarme el placer de la lectura.

Gracias por viajar conmigo a través del mapamundi y las enciclopedias.

Gracias papito por haberme escuchado y haber tomado en serio las cosas que decía, desde muy chiquita, a pesar que eran incoherencias.

Gracias por haber hecho valer mi opinión desde muy pequeña.

Gracias por hacerme sentir de niña que yo era la que te enseñaba las cosas.

Gracias por transmitirme tus gustos musicales, por ti es que creo que debí haber vivido en los años setentas.

Gracias por compartir conmigo tus recuerdos y anécdotas más preciados de tus años maravillosos en la universidad.

Gracias por ser mi ejemplo a seguir.

Gracias por guiarme, sonreírme y animarme.

Gracias por llenarme todos los días, desde que tengo memoria,  de halagos y piropos haciéndome sentir no sólo hermosa, sino especial.

Gracias porque sin ti no sería quien soy hoy, ni seré la persona que espero llegar a ser.

 

Papi te prometo siempre ser tu chiquitita. Y tú siempre serás mi héroe, mi héroe inmortal.

 

Te amo inmensamente.

 

 

Zu.