Corte de pelo

Las últimas semanas en Estados Unidos noté que mi cabello había crecido considerablemente. Claudia, a menudo, me decía lo largo y liso que lo traía (como si lo hubiese planchado). Muy diferente a cómo lo traía en Perú: mediano y voluminoso. Mi conclusión es que el agua en Perú no le asienta a mi cabello.

A los pocos días de llegar a Lima, tenía tantas ganas de comer Makis que convencí a mi hermana de ir a cenar a las 6 de la tarde. En el grupo de Whatsapp de nuestros primos solemos pasar fotos y videos en tiempo real. Es así que mi hermana mandó un video de nuestra cena japonesa y de nosotras degustando de ella. Cuando vi el video, noté que mi cabello estaba bien largo, mucho más de lo que creía tenerlo.

Solía sentirme cool con el cabello largo, liso y sedoso. Me gustaba pensar que así lo usaban las hippies de los años setentas. Pero al ver el video que mi hermana grabó…nada que ver, parecía “Samara” (la protagonista de la película “El Aro”) o “la pelos” de la película “Efectos Secundarios”. No, no, no.

Al día siguiente fui a buscar un salón de belleza que pueda hacer algo con mi problemita. Mi hermana me advirtió que el precio de corte de pelo oscila entre treinta y cinco y cuarenta soles, el doble de lo que cuesta en Chimbote. Pero no podía esperar a viajar para poder hacer algo con mi aspecto de chica de película de terror.

Para suerte mía, a una cuadra del edificio donde vivimos hay un salón con puertas de vidrio que justo tenía pegado en la mampara sus promociones, entre ellas el corte de pelo a veinte soles. Bien. Es una señal, pensé. Ingresamos y la estilista me preguntó qué tipo de corte era el que quería. Pues mmm no sé, está bien largo (mientras veía en diferentes ángulos mi cabello largo y recto). Para mi consuelo veía mi cabello y recordaba el look de Jennifer Aniston (debo confesar que siempre que voy a cortarme el pelo tengo  en mente algún look de Jen) y a mi parecer ese corte ella lo había  llevado hace casi dos décadas. Felizmente no me gustan las modas.

Entonces le dije a la estilista: lo quiero hasta el hombro y redondo adelante. Perfecto, toma asiento. Y empezó a cortar… No exagero al decir que cortó más de la mitad de mi cabello. Quedé totalmente diferente y por supuesto seguía con la idea de que ese corte de pelo también se parecía a uno que Jennifer ya había llevado y le quedaba, como dicen los españoles, de campeonato.

¿Qué te parece? ¿Te gusta? Sí, está chiquitito. Me dijiste al hombro. Sí, pero está arriba del hombro pero está bien. Mientras me peinaba y observaba en los espejos mi nuevo look, pensé en los dos perfumes que llevé a Estados Unidos, regalos de mi ex, que tiré al tacho de basura antes de acabarlos. Me sentí tan bien y liberada cuando boté esos dos frascos, con un peso menos de encima. Ahora volvía a repetir esa sensación, tal vez porque con tanto pelo que me cortaron tenía, literal, un peso menos de encima.

Creo que me queda muy bien este corte de cabello. Me veo más cachetona pero me gusta. Lástima que el agua no demora en hacer de las suyas.

 

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