SI TE VI NO ME ACUERDO

  • ¿Recién han inaugurado este café- juguería verdad?
  • Sí, hace tres semanas.
  • Qué bien. Por favor me traes un jugo de melón con fresa y un sándwich de pollo sin nada de cremas sólo ponle ensalada.
  • En seguida.

Por la ventana  vi que bajaba de su carro. Mi corazón estaba a dos mil por hora, mis manos se congelaron. Tal vez va a cobrar a uno de sus clientes en esta zona, pero hoy es Domingo. ¡Chamáquina! que no entre, que no entre.

  • Aquí tiene su jugo y sándwich.
  • Gracias.

Al cruzar la entrada se sacó los lentes de sol, miró hacia la mesa donde yo estaba sentada y se acercó bien campante con una sonrisota. Felizmente, yo estaba con unas gafas enormes (mis favoritas) y el pelo suelto, no traía ni una gota de maquillaje. ¡Diablos! me hubiese puesto labial al menos…

  • Te van a poner otra papeleta por estacionarte así.
  • Hola.

Disimuladamente tomé un gran sorbo de jugo, si acabo más rápido me iré más rápido ¿no?

  • ¿Qué tal? A los años…

Me dio un beso en la mejilla, hizo como quien quiere dar un abrazo. Usaba el mismo perfume de hace dos años. Su galantería seguía intacta. Noté que se le había caído un poco el pelo, traía la barba más tupida (descuidada), las patitas de gallo más acentuadas, parece que ha engordado un poco y aún conserva el reloj que le regalé por su cumpleaños.

  • ¿Por qué estás desayunando sola?
  • Tenía hambre y vine para acá ¿Tiene algo de malo desayunar sola?
  • No, claro que no. No te molestes ¿Crees que pueda acompañarte?

Ay pero qué momento más incómodo caray. Si digo que no va a pensar que le  tengo algún resentimiento. Y si digo que sí creerá que somos amigos… pero este tipo sí que es bien fresco.

  • Sí, normal.
  • Señorita, por favor, un café bien cargado.
  • ¿Y tú qué haces por aquí?
  • Estaba pasando por esta calle y vi tu auto estacionado, mal estacionado. La verdad me sorprendió mucho porque hace más de un año, creo, que no te veía, ni a ti ni a tu auto…
  • ¿Ni a mí ni a mi auto? Eres un stalker en potencia.

Sabía que era el inicio de su típico floro. Dicho y hecho. Empezó con los trucos de siempre: sonrisas coquetas, miradas profundas.

  • La verdad es que vi tu auto y dudé en estacionarme. Es más, pasé de frente y en la otra cuadra giré y me dije: Voy a saludarla, ojalá no esté con nadie sino voy a quedar como un idiota.
  • Como lo que eres… sorry es broma.

No, no era broma y él lo sabe.

  • Oh… tienes toda la razón soy un idiota, pero en fin, ahora estoy tratando de hacer bien las cosas. Por eso es que hace unos meses te llamé, pero no me contestaste y me dio miedo insistir, lo menos que quiero es incomodarte.
  • Aquí tiene su café señor, aquí está el azúcar.

Mientras la mesera le alcanzaba la taza de café el seguía con sus viejos trucos.

  • ¿Para qué me llamaste? No entiendo…
  • Te llamé para disculparme una vez más por lo canalla que me porté. Tú fuiste tan buena conmigo y yo una cagada contigo.
  • Oye ya fue. Olvídalo. Más de dos años… O sea, sí fuiste una cagada pero ya fue.
  • Sí dos años pero igual necesitaba pedirte perdón y que tú me perdones. Déjame decirte que pensé mucho en ti. Tú fuiste la única mujer a la que quise de verdad. Hubiese querido que las cosas sean distintas.
  • ¡Ay por favor! Cállate. No digas más estupideces.
  • Ya, está bien. No te molestes… ¡Te cuento! voy a ser papá otra vez.

Mierda. Qué radical cambio de conversación. Éste cree que somos amigos. ¿Qué le pasa? No le des cuerda a este loco.

  • ¿En serio? ¡Qué bien! Felicidades.
  • Estoy nervioso. Imagínate después de doce años otra vez a cambiar pañales.

A mí qué me cuentas….qué me importa que tengas uno, dos, tres o cien hijos. Ahora entiendo por qué se te han acentuado las patas de gallo, se te ha caído el pelo y se te ve descuidado.

  • mmm…. Toda una aventura en pañales.
  • Sí ¿Tú en qué estás?
  • Todo muy bien, gracias.
  • ¡Qué bueno! Se te ve muy bien aunque estés con esos lentes enormes. Tú siempre hermosa.

Ok paga la cuenta y sal de ahí antes que siga con sus simplonadas.

  • Oye me tengo que ir. Que te siga yendo bien.
  • Pero aún no has acabado tu sándwich.
  • Ya no deseo. Tomé muy rápido el jugo. Cuídate.
  • Cuídate también. Me encantó verte y conversar un ratito.

Mientras pagaba la cuenta, noté que él me seguía sonriendo. Salí de la juguería sintiéndome regia y agradecida con la vida por haberme alejado de ese simplón y por ser libre. Observé mi auto mal estacionado, para variar, eso me dio risa. Subí, respiré profundamente, me vi linda en el espejo con todo y mis imperfecciones (por lo menos aún no se acentúan las patas de gallo). Es verdad, apenas lo vi bajar de su carro se me aceleró el corazón, pero cuando se acercó a mí, empezó a hablar y salieron a relucir sus viejos trucos que ahora veo baratos… disque queriendo disculparse conmigo después de dos años ¡Qué flojera! había olvidado que tan cínico podía ser. Le di todo el volumen a la radio.

 

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