ELLA

Ella nació en Pichunchuco, un pueblito en Santiago de Chuco (La Libertad), desde muy pequeña trabajó en el campo. De adolescente, ya en Chimbote, trabajó en una fábrica hasta que se casó a los dieciocho años (algo normal en los años cincuenta). Nunca le gustó depender del dinero que su esposo le daba para los gastos de la casa, pero con dos bebés no podía continuar trabajando en la fábrica.

Su esposo era pescador y a veces en su trabajo demoraban en pagarle. Un día ella no tuvo dinero para comprar un tarro de leche para sus bebés, fue a una bodega a fiar y el dueño se negó rotundamente. Eso fue el detonante para que ella comenzara a ahorrar lo poquito que le sobraba. Ella ya no quería seguir dependiendo de su esposo económicamente, quería sus propios ingresos; además, ya no le alcanzaba el dinero.

Con lo poquito que pudo ir ahorrando, comenzó a comprar abarrotes para venderlos en su casa. Tuvo que decirle a su esposo que el negocio era de su abuelita, que aprovechando la ubicación de su casa (en una esquina) tendría más ventas. Si ella le hubiera contado que ese pequeño negocio era suyo, él no hubiera estado de acuerdo con que su mujer trabajara, pues creía que lo que ganaba era suficiente (creencia común en los años sesenta). Él creyó lo que ella le dijo sin imaginarse que la venta de estos abarrotes se convertiría en una fructífera bodega.

Pocos años después, su esposo tuvo un accidente cuando se encontraba de pesca teniendo que abandonar el trabajo. Con seis hijos pequeños y con un negocio que iba creciendo, ella tomó las riendas de su familia. Tuvo que confesar a su esposo que el negocio era suyo, él se alegró bastante por la iniciativa que su mujer tuvo años atrás y comenzó a trabajar junto a ella. Para entonces ya contaba con varios trabajadores que se ocupaban de los quehaceres del hogar y del negocio. A todos ellos los quería y trataba como si fueran familiares, lamentablemente muchos de ellos se aprovecharon de su generosidad y confianza.

Sus hijos siguieron creciendo de la mano del negocio. Ya no sólo tenían una gran tienda de abarrotes, ahora también eran proveedores de víveres  y distribuidores de cervezas.

Ella era estricta con sus hijos en cuanto a horarios de llegada de las fiestas, pero muy permisiva en todo lo demás.

Con el tiempo, aprovechando la ubicación de su casa, se dedicó a dar pensión a los trabajadores del hospital y comisaría cercanos; además de conservar su bodega.

Ella trabajó muy duro para darle lo mejor a sus seis hijos. Y eso fue, precisamente, lo que les dio: oportunidades, educación, valores, integridad y un buen ejemplo.

Ella es la columna vertebral de mi familia y le agradezco inmensamente que me haya dado una madre tan virtuosa y emprendedora como ella, que haya tratado a mi papá como a un hijo más y que siempre haya un pan para mí en su casa.

Ella es mi mamá Betty, una mujer recontra trabajadora, abnegada y admirable.