LA RESACA DE TODO LO VIVIDO 2

Habíamos dejado la historia en que Liz se encontraba con Emilio en una Heladería cerca de la Avenida Bolognesi. Era martes. Ellos se habían conocido en una disco el sábado pasado.

– No vayas a pensar que siempre bebo como el sábado, pero la verdad es que no recuerdo de qué hablamos esa noche. Como te dije por teléfono, no me acuerdo de ti.

-Jajaja yo tampoco me acuerdo muy bien, sinceramente. Sólo recuerdo que sonó Persiana Americana y tú estabas bailando solita a un costado de tu mesa. Llamaste mi atención. Me acerqué a sacarte a bailar y me dijiste: esta es mi canción.

-¡No te creo! ¡Qué roche! – sentí el calor en mis mejillas y solté una carcajada.

-¿Esa es tu canción? – Emilio se reía y yo podía ver sus perfectos dientes. ¿Habrá usado brackets? Tiene bonita sonrisa.

-Me gusta mucho Soda Stereo – sonreí y me mordí el labio inferior. Estaba algo avergonzada por los efectos de mi última borrachera.

-A mí también me gusta el Rock en español.

-¿Y hablamos algo más esa noche? – Qué fea borracha. No acordarse qué habló y qué hizo. No vuelvo a tomar así.

-No me acuerdo. Yo también estaba mal esa noche. Creo que bailamos un rato, luego Mario y Víctor se acercaron a saludar a tu amiga Mayra a la mesa donde tú estabas. Me acuerdo que me llamaron para presentármela.

-¿O sea me dejaste bailando sola?

-No, no, imposible. No pude haberte dejado sola. No sé cómo pero recuerdo verte conversar con un chico en esa mesa.

-¿Con quién? – En serio, no vuelvo a tomar de esa manera…

-Quién habrá sido. Estaba en tu mesa y se notaba que eran bien amigos.

-Ahh debe ser Juan Carlos o Jimmy, mis amigos.

-No sé en qué momento te pedí tu número – Emilio tenía su dedo índice derecho en su sien y sonreía con ironía.

-¿Y cómo así te lo di? Porque te juro que yo no le doy así nomás mi número a alguien – Siempre digna, claro.

-Entonces tuve suerte – me miró con unos ojos tiernos y sólo atiné a sonreír y seguir comiendo mi helado.

Esa noche Emilio me contó a qué se dedicaba en Los Ángeles. Era manager en un restaurante y tenía un proyecto con un amigo mexicano de poner un restaurante en Rodeo Drive. Por las series que he visto desde niña, sé que Rodeo Drive queda en Beberly Hills y, obviamente, implica un huevo de plata invertir en esa zona. ¿Me estará tomando el pelo este chico? En fin, se iluminaba al hablar de sus planes. Era su sueño de hace años y según me contó poco a poco se estaba concretando. Me gusta mucho cuando la gente se entusiasma al hablar de sus proyectos. Bien por él. Bueno, recién lo conozco, si será cierto todo lo que me cuenta sólo sé que se ilumina al hablar de aquello.

Al terminar de comer el helado, caminamos por la Avenida Bolognesi. Emilio es bien agradable. Pausado al conversar. Posee una risa contagiante y fresca. Me contó anécdotas de chibolo con sus primos. Esa noche conversamos bastante sentados en una banca en esa avenida. Era una noche fresca de inicios de Diciembre. Él habló más que yo. Me pareció una persona abierta y bastante amigable.

Insistió en acompañarme a mi casa. Por un momento pensé en invitarlo a pasar y tal vez ver alguna película, pero… mi problema es que mucho pienso las cosas ¡Caray!

En el transcurso de esa semana continuamos hablando por whatsapp de lo cotidiano, yo le enviaba memes, él me enviaba audios riéndose. El viernes me llamó.

-Hola Liz ¿qué tal?

-¡Hola! Bien. ¿Y tú?

-Muy bien. Te llamaba para invitarte a mi lugar favorito de Chimbote.

-¿A dónde? Qué intriga… – abrí los ojos lo más que pude.

-Besique.

-Jajaja pensé que sería una propuesta indecente – sonaba a broma, pero no lo era.

-Jajaja maybe … el próximo viernes estoy viajando a Lima y el sábado sale mi vuelo de regreso a L.A y quiero ir a la playa.

-Uy entonces este fin de semana empieza tu despedida.

-Quedé con Mario y otros patas. ¿Te animas?

-¡Ya! Le diré a Roxana y a Mayra.

-Ok. Paso por tu casa a la una y media.

Al contarles a mis amigas las conversaciones con Emilio, se rieron de lo rápido que este chico empezó a gustarme y me trajeron de vuelta a la realidad: “Se suponía que la pasarías bien un rato, sí te acuerdas que vive  en otro país y tal vez no lo vuelves a ver nunca ¿cierto?” dijo Roxana. “Ni te ilusiones porque debe ser igual que Mario, un pendejo de aquellos” dijo Mayra. “Sí, ni que fuese una chibola. Ya está. Van o no ¿mañana?” dije yo.

La verdad es que las dos se negaron a ir. Me costó mucho convencerlas… gracias chicas.

Éramos siete en la Amarok del primo de Emilio, que ese día, por unanimidad, escogimos como “el amigo elegido”. Llegamos a Besique al promediar dos de la tarde. Qué bonita es la playa en esta época del año. Almorzamos en el restaurante “Mustang Ranch”.  Entre risas y mariscos Emilio y yo flirteábamos.

Las canciones que sonaban eran Rock y Reggae de los 90´s. Emilio con su primo fueron a nadar un rato. El resto que nos quedamos estábamos tan a gusto con la música y la cháchara que sin darnos cuenta nos terminamos la caja de cerveza que habíamos pedido al llegar.

Cuando Emilio regresó de nadar tomó un vaso de cerveza y fumó un cigarro. Yo trataba de no quedármele viendo, o mejor dicho, no quedármele viendo con cara de babosa. Al rato, me dijo para ir a caminar por la playa. Por fin, pensé que no me lo diría nunca.

Caminamos por Besique 1, la parte de Besique que es poco transitada y en esas fechas mucho menos. En el camino vimos a una pareja de novios haciendo su sesión de fotos pre-boda. Recordé que hace como siete meses yo hice una sesión de esas en Moro. El mar en esa parte de la playa es más movido, así que caminamos por la orilla con cuidado.

Emilio pensaba que aunque en California las playas son preciosas, con casas y ranchos cerca a la playa; Besique tenía su encanto. Liz pensaba que el verano pasado caminó por esa misma orilla con el hombre que la dejó plantada, casi casi en el altar hace unos meses.

-Y ¿cuándo regresas a Perú?

-Trato de venir cada dos años…

-Mmm ah ya.

-Tú deberías ir a Estados Unidos, si vas anda a California y visítame.

-Puede ser, quisiera conocer San Francisco. Si voy te aviso. Yehh ya tengo un amigo en California – Traté de bromear.

-Te puedo dar posada –  sonrió.

-Te tomo la palabra – sonreí también.

Seguimos caminando, en eso Emilio se detuvo y me cogió de la mano derecha. Tus ojos se ven bien claritos, parecen un par de caramelos. Dijo eso y me cogió de ambas mejillas. No pude evitar reír con ese comentario, él también rió y nos besamos.

Nos recostamos en la arena y nos seguimos besando, despacio y con ganas. Él encima de mí. A buena hora que vine con vestido. Vino a mi mente la cara de mi ex novio. Qué ladilla ese tipo, trata de arruinarme los mejores momentos. Lo odio.

Despojé mentalmente de sus ropas a Emilio. Siento su mano recorrer mis caderas y mis pechos por encima del vestido. Le desabotono la bermuda. Cómo no te he conocido antes, dijo. Me sentí especial. Me miraba con ojos de certeza aunque no creí cierto lo que me decía. Pensé que sería un floro de esos que se dicen cuando quieres tirar. En fin, vivimos el “momento”. Fue grandioso. Cuando terminamos nos quedamos echados unos minutos viendo la puesta del sol.

-Trataré de venir el próximo año – sonaba a una promesa.

-Ojalá puedas – traté de sonar lo más neutra posible.

-Parece que no quisieras que venga – sonó preocupado.

-No es eso, pero entiendo que es difícil por el trabajo. Además están los proyectos que me comentaste.

-Sí, por supuesto. Pero quiero verte – levantó la cabeza y me quedó viendo fijamente a los ojos.

Me puso nerviosa esa reacción. Le di un piquito y le pedí volver al restaurante. De regreso, Emilio me tomó de la mano y sutilmente se la solté. O sea, es un churro y es bastante lindo, pero, honestamente, dudo que nos volvamos a ver. Tal vez conversemos algunas veces por whatsapp, pero eso es todo.

No digo, mi problema es que mucho pienso las cosas.

Cuando regresamos al restaurante Mayra estaba bailando con el primo de Emilio, que era el único sobrio, y Roxana bailaba con Mario. El otro amigo de ellos estaba en la mesa mirando su celular.

Justo cuando llegamos a la mesa donde estaban nuestros amigos, empezó a sonar Persiana Americana. Y dicen que las casualidades no existen…

Miré a Emilio y le dije, con una sonrisa enorme: Mi canción.

Él dijo: nuestra canción – guiñándome el ojo.

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31 VUELTAS AL SOL

El día de ayer cumplí con dar una vuelta más al sol. Treinta y uno. No es poca cosa eh…

Varias veces han dicho de mí que soy una fresca, una despreocupada, una gruñona, una sobrada, una irresponsable… Han dicho tantas cosas y la verdad es que no me conocen bien. Me conocen de oídas nomás.

No tienen ni idea de los planes que tengo y lo que trabajo para alcanzarlos. No tienen ni idea de los muchos días grises y malos pensamientos que me llevaron a reconocerme y a tener la tranquilidad que ahora gozo. No tienen ni idea de lo que he conseguido. No tienen ni idea que a veces no tener ni un sol en el monedero, literal, pero hacer lo que te complace, lo es todo. No tienen ni idea de lo genial que es hacer lo que más te gusta sin mirar la hora.

No resisto las ganas de citar a mi querida Frida Kahlo: “Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco”. En esta ocasión, yo escribiré de mí misma porque soy a quien mejor conozco, y quien mejor me conoce.

Soy sensible, enojona, llorona, un poco resentida, desconfiada con la gente que no conozco bien. Tengo poca tolerancia a la frustración (estoy aprendiendo a lidiar con mis demonios). A veces soy callada y otras puedo ser conversadora. Trato que mi comportamiento esté alineado con mis creencias. Soy algo tímida. Si estoy triste no puedo sonreír. A veces soy observadora, otras veces soy la más despistada. No sé contar chistes ni bailar Marinera. A menudo cambio la letra a las canciones (escucho una cosa por otra, como un tipo de dislexia del oído). Me pongo bloqueador en el rostro hasta en invierno. No le tengo miedo a la muerte.

Siempre es más fácil hablar de tus defectos que de tus virtudes. Además, creo tener más de lo primero. No obstante, resulta que también soy sincera, generosa, amable, confiable y confiada, casi nunca digo mentiras, no engaño. Evito hacer lo que no quiero que hagan conmigo.

Quisiera llegar a tener tres hijos y quisiera que a mi esposo le guste viajar y leer; así podría acompañarme en cada viaje y leer lo que escribo. Qué locura pensar en eso cuando no se tiene ni enamorado…

Mi estación favorita es el otoño. Amo la playa, pero no me gusta el verano hasta después de las cuatro de la tarde. Amo viajar. Amo conocer nuevos sitios, nuevas culturas y escuchar experiencias de vida de otras personas. Amo conducir mi auto (como ya se los he contado en otro post), pero odio a los choferes que invaden carril sin hacer señalizaciones, imprudentes. Amo reír y llorar con un libro. Amo los nervios que me produce el sentarme frente a una hoja en blanco la cual debo escribir. Amo reír con anécdotas de familiares y amigos. Amo ser libre. Amo profundamente los recuerdos de mi papá.

Me gusta el yogurt de fresa con hojuelas o galletas de soda. Me gusta remojar el pan en el milo con leche tibia. Me gustan los pasteles, especialmente la torta de chocolate. Me gustan las pastas. Me encanta el ceviche y todos los mariscos (como buena porteña que soy). Me gusta el arroz con leche helado. Me gusta el Mojito de fresa. Me gusta una buena conversación entre amigos. Me gusta la reciprocidad. Me gusta ver películas en pijama, mis géneros favoritos son: comedia romántica, drama y suspenso. Me gusta volver a ver mis series favoritas. Me gusta ver el cielo y observar las figuras de las nubes. Me gusta la lluvia. Me gusta caminar por los muelles. Me gusta el atardecer. Me gusta el rock de los 70´s y la música de los años 90´s. Me gusta mi soledad. Me gusta ver a mis amigas felices iniciando sus propias familias. Me gustan los perros, llevo años queriendo tener un perrito calato peruano (hasta tengo ya su nombre). Me gusta estar enamorada y consentir a esa persona especial, pero me gusta mucho más consentirme a mí misma. Me gusta correr riesgos, he emprendido varios negocios que no resultaron como lo esperé, pero al menos siento la satisfacción de no haberme quedado con esa espinita de intentarlo. Siempre trato de hacer lo que me propongo y lo que pienso aunque al final, como dicen los mexicanos, me dé en la madre.

No me gusta repetirle las cosas a alguien. No me gustan las groserías aunque yo digo algunas lisuras. No me gusta lo que considero común. No me gusta las mentiras. No me gusta la sopa de Sémola. No me gusta la oscuridad total. Detesto las desigualdades en cualquier ámbito. Detesto el machismo. Odio la deslealtad.

Me entristece ver ancianos mendigando. Me indigna y entristece ver a niños vendiendo y mendigando, sobretodo a primeras horas de la mañana o a altas horas de la noche. Dónde diablos están sus padres… Me entristece que algunas personas, pese a todo lo vivido, no aprendan su lección.

Me rompe el corazón las historias de personas jóvenes con enfermedades terminales y cómo ésta las va deteriorando. Me rompe el corazón ver llorar a mi madre y a mi hermana.

En este último año reconocí en mí:

  1. Ausencia de instinto maternal, carencia de paciencia con los niños (me gustan sí, pero de lejitos).
  2. No me gusta cocinar. Es raro, siempre creí que sí me gustaba, pero no. Me disgusta que el olor de las comidas se quede impregnado en mi ropa, cabello y manos. Aunque, algunas veces, confieso se me da por experimentar algo en la cocina y hasta lo disfruto.
  3. Nunca he sido disciplinada en nada. Cosa que estoy cambiando al escribir un relato o artículo una vez por semana en este blog.
  4. No me gusta lavar ollas. Pero me encantó la experiencia de una semana de dishwasher en NJ.
  5. La lectura y escritura son más que un hobby, son mi pasión. El sumergirse en distintas y diversas historias me fascina, me motiva y me llena.

Creo que nunca es tarde para pedir perdón. Así que perdón a todas las personas a las que fallé. A todos aquellos a los que herí o con los que no actué de la mejor forma. Perdón a todas esas personas que perdí con el tiempo por tonterías y ya nada es como antes.

El último año ha sido muy importante y especial para mí. Aprendí a quererme y consentirme. Me he recuperado a mí misma y estoy en reconstrucción. Me gusta vivir bien y así es como trato de vivir todos los días. No se necesita despilfarrar. Sólo se necesita: conocerse, darse tiempo y espacio; y, claro, complacerse. Y como todo en esta vida, a algunos nos toma más tiempo que a otros el conocernos y reconocernos…

Finalmente, agradezco a Dios por no darme todo lo que le he pedido. De esa forma he crecido llegando a conocerme totalmente, sobre todo a reconocerme. Agradezco el cariño sincero de mi familia y mejores amigos. Y agradezco a todas las personas que me estiman y me hacen sentir su buena vibra.

Cada cosa, cada lágrima, cada risa, cada paso y cada caída en estos treinta y un años me han hecho ser la mujer segura, soñadora, sincera e íntegra que ahora soy.

Hoy siento que lo puedo todo, todo lo que me proponga.

Si llegaste hasta aquí, gracias por leerme.

Un abrazo grande.

Zu.

MUJER, TE QUIERO LIBRE

El ocho de Marzo es una fecha para evaluar las condiciones en las que vivimos las mujeres en cada país, en cada ciudad. Para exigir al Estado que garantice y difunda los Derechos de las mujeres, incluidos los derechos sexuales. Para tomar conciencia de la desigualdad de género existente y el incremento de la violencia contra la mujer.

Casualmente, en la última semana, ha sido difundido en todos los medios de comunicación un caso de violencia contra la mujer. La verdad es que, lamentablemente, a diario vemos noticias sobre feminicidios y agresiones a mujeres. Pero el caso al que me quiero remitir es la denuncia interpuesta por una periodista al congresista Lezcano por Acoso Sexual sufrido a través de mensajes de whatsapp. He escuchado a varias personas opinar sobre ello. La mayoría considera que el congresista es un “viejo mañoso” y acosador que está utilizando una coartada muy tonta (decir que los mensajes fueron escritos por un vigilante).

Me llamó la atención escuchar una conversación entre dos típicos peruanos machistas. Decían que la culpable de tal acoso es la periodista: “Cómo se explica que la periodista y el congresista conversen en Febrero (mensajes que se han hecho públicos donde la periodista lo llama “Amigo”) cuando supuestamente los mensajes de whatsapp en donde existe acoso (el congresista le pide que le muestre los pechos) son del mes de Diciembre. Por qué recién denuncia. Ella sabe que él es casado por qué le escribe a esa hora (pasado las doce de la noche). Una mujer que te escribe a esa hora es porque quiere otra cosa”.

Estos dos machistas aseveran, categóricamente, que si este congresista acosó por mensajes a la periodista, entonces ella no debió haber seguido hablándole y respondiendo conversaciones posteriores. Además, se preguntan por qué la periodista no sale a dar la cara en los medios, por qué no hace pública su identidad “el que no la debe, no la teme”. Señores: hacer pública su identidad en una denuncia queda al libre albedrío de cada mujer.

Lo que sé de este caso, es lo que todos los peruanos nos hemos enterado a través de los medios de comunicación. No sé el motivo exacto por el cual la periodista decidió denunciar en Marzo. Pero si algo puedo afirmar, y de alguna manera responder a esos machistas, es que el hecho de que una mujer se sienta ofendida y acosada, y aun así continuar hablando y respondiendo mensajes de un morboso es, en la gran mayoría de los casos, por temor. En esta coyuntura, siendo él: congresista de la República puede joder a esta mujer, así en los mensajes de whtasapp ella lo trate de “amigo”.

Muchas mujeres pasamos situaciones donde existe hostigamiento laboral, configurándose el delito de acoso sexual laboral. Creo yo que las mujeres podemos actuar de dos formas ante estas situaciones:

  1. Poner el pare al chistoso que nos acosa y ubicarlo en una. Dependerá de cada mujer el sacarlo o mantenerlo en su vida, así como el acusar y denunciar (depende de que tan agredida te sientas).
  2. Pasar por alto estas acciones acosadoras hasta que llega un punto donde no se pueda más y estallas: gritas, acusas, te alejas, sacas de tu vida al acosador o denuncias (dependerá de que tan agredida te sientas).

Por supuesto que soy partidaria de la primera opción, no obstante reconozco que si una mujer calla (soportando muchas veces estos actos) es por temor. La mayoría de las veces estos actos vienen de hombres que están, laboralmente, en posiciones arriba de nosotras, y tantas veces necesitamos el trabajo que pasamos por alto los chistes y mensajes en doble sentido, las bromas pesadas, los “halagos”, los acercamientos innecesarios. Tengamos presente que estos actos son formas de violencia contra la mujer.

También reconozco que ese temor es por falta de confianza en nosotras mismas, por vergüenza al qué dirán, a que se burlen tal vez…

Hace algunos años pasé por algo similar. Un abogado de mayor jerarquía que yo en la empresa donde laboraba me fastidiaba con comentarios sobre mi aspecto, tales como: Qué bonita estás hoy. Estás muy guapa. Ese vestido te queda bien…. Yo le daba por su lado hasta que llegó un día que me hartó y le grité, y hasta insulté delante de otros colegas. Sé que eso no estuvo correcto (el insultar). Con eso corté todo tipo de comunicación con esa persona. Al poco tiempo dejé ese trabajo porque el ambiente no me era agradable. Sabía, además, que si le contaba al jefe no serviría de mucho, era la palabra de este colega que llevaba más de diez años trabajando en la empresa, contra la mía que llevaba menos de un año. Asimismo, no había forma de probar el hostigamiento, lo incómoda que me hacía sentir sus “halagos”. No había mensajes ni testigos. Sólo mi palabra.

Ahora, con los años vividos y la experiencia ganada, pienso que si regresara en el tiempo le pondría el pare a ese hombre en la primera oportunidad que me hubiese sentido incómoda y hostigada con sus comentarios sexistas. Creo que me dejo entender que esos comentarios sexistas estaban compuestos no sólo por los “halagos” que me decía sino, también, por la forma en que los decía…

No hay cosa más tediosa que escuchar esos comentarios de parte de una persona que no despierta en ti más que tirria.

Estoy segura que, así como yo, hay varias mujeres que han pasado por algo similar o, tal vez, lo están pasando. Demoré meses en levantar la voz y, bueno, insulté (saqué el “Fua” como se dice…). Me sentí muy bien después de eso. Aunque vuelvo a repetir: no es correcto insultar. No obstante, en mi defensa y en defensa de todas las mujeres, sostengo que en situaciones desesperadas se requieren de medidas desesperadas.

Pienso que en un país tan machista como lo es Perú, las mujeres necesitamos apoyarnos entre nosotras mismas, empoderarnos y convencernos de que la única forma de contraatacar a la violencia contra las mujeres es exigiendo respeto empezando por el respeto a nosotras mismas. A no permitir estas situaciones. A no callar. A dejar de lado la vergüenza y defendernos. No hay más.

Sueño con que un día las leyes de nuestro país sobre igualdad de oportunidades, seguridad en el trabajo y acoso sexual no se queden en letra muerta. Que las mujeres nos sintamos protegidas por la ley, de esta manera no tendremos miedo a denunciar por temor a represalias, por vergüenza…

Tengo la utopía que la protección que recibimos las mujeres por parte del Estado sea como sucede en, por ejemplo, Estados Unidos. Donde existe el siguiente orden en cuanto a la protección y garantía de los derechos:

  1. Los niños.
  2. Las mujeres.
  3. Los adultos mayores.
  4. Las mascotas.
  5. El hombre.

En ese país no se pone en tela de juicio los testimonios de mujeres hostigadas sexualmente. Ojalá y no se quede en utopía.

Un abrazo a todas las mujeres. Tengamos presente que cuando una aprende a valorarse y respetarse a sí misma, deja de tener miedo. Si exigimos valoración y respeto debemos empezar por valorarnos y respetarnos a nosotras mismas. Luchar por nosotras, por nuestra libertad en todos los sentidos.

Aunque nos cueste, no callemos!

Podremos demorarnos, pero no callemos!

Zu

LA RESACA DE TODO LO VIVIDO I

Como dice Mayra: ya no estamos para esos trotes. Los treinta se van sintiendo. El alcohol parece que hace efecto más rápido y permanece más tiempo en nuestra sangre.

El punto es que estoy intoxicada por tanta cebada fermentada de anoche y por los recuerdos de los últimos cinco años… La pasé muy bien, reímos, cantamos, bailamos, eso lo sé porque recuerdo, vagamente, estarme riendo mientras bailaba, pero no recuerdo con quiénes estuve. O sea, estuve con Mayra y Roxana, pero había más gente ¿quiénes serían?

Hoy en la tarde me llamó un chico. No sabía quién rayos era él. Resulta que anoche yo le di mi número, pero si yo nunca doy mi número real a chicos que conozco en bares. Al parecer debe ser bien guapo para que le haya dado mi número, al menos en mi borrachera debe haberme parecido guapo. Su nombre es Emilio. Empezamos a conversar y atando cabos, resulta que este chico es amigo de un amigo de Mayra. Me contó que vive en Los Ángeles hace más de diez años, había llegado a Chimbote hace un par de semanas y se quedaría un par de semanas más.

Ni bien colgué, llamé a Mayra a pedir referencias de este chico. No lo conocía, tampoco. Me dijo que estuvo peor que yo, que ni se acordaba cómo había llegado a su casa. Fuimos a dejarte con Roxana y Juan Carlos, pero ella no recordaba nada… le pedí que llamara a Mario, su amigo, y le preguntara por Emilio. El dolor de cabeza me mataba.

Hace un rato Mayra me llamó y confirmó lo que el tal Emilio me había contado. Era promo del colegio de Mario, estaría sólo un par de semanas más en Chimbote y lo principal: ¡era soltero y sin hijos! Cosa que en estos tiempos va sorprendiendo porque cada vez es más difícil conocer a alguien de treinta y tantos que no tenga hijos. Amiga tienes dos semanas para hacerla linda, me dijo Mayra riéndose. Por qué será que mis amigas siempre andan tratando de ligarme con alguien…bueno la verdad es que sonaba interesante desde todos los puntos: atractivo (cruzo los dedos), sin hijos, vive en el extranjero, pase lo que pase no lo volveré a ver. Si es que el patita llama, genial. Esta noche me voy a dormir con las canciones de Bakanos.

A la mañana siguiente, el susodicho me mandó un whatsapp deseándome un buen inicio de semana. What?!– pensé. Pero le respondí deseándole un buen lunes. Me sorprendió más que en el almuerzo me enviara la foto de su plato de lentejas. Quiere conversar. Obviamente le respondí: se nota que es Lunes… y continuamos conversando hasta la noche. Honestamente, apenas podía responderle lo hacía, era agradable conversar con él. Quedamos en ir a comer helados el martes. En su foto de perfil, un selfie, se le veía muy muy bien, igual estaba un poco nerviosa porque no me acordaba de él la noche en que nos conocimos y peor por el estado de embriaguez en el yo estuve. Que le habré dicho.

Nos encontramos en la heladería. ¡Vaya! sí que es guapo. Un poco flaquito, pero bronceado y alto como me gustan… ¿Y si yo no le gusto? ¡Qué importa! se va en dos semanas y nunca más nos volveremos a ver.

  • Liz pensé que no venías, ya te iba a escribir – tenía el celular en la mano y una sonrisa luminosa.
  • Hola, disculpa tuve que dejar unos documentos en notaría y por eso la demora – nos dimos un beso en la mejilla y entramos a la heladería.

Mientras comíamos helados de frutas, le conté que trabajaba en un Estudio de Abogados y que hace seis meses me habían dejado, prácticamente, plantada en el altar.

  • ¿Cómo así? ¿En el altar vestida de blanco?
  • No, te cuento, fue horrible. Faltando dos días para la ceremonia, él “innombrable” fue a mi casa y me dijo que estaba confundido, que había conocido a alguien, que no estaba seguro de casarse conmigo y no sé qué huevadas más.
  • No te creo.
  • Sí. Yo de masoquista le pregunté: ¿quién es ella? Dime. ¿Qué te gusta de ella? Y sabes lo que me contestó: me gusta su trato, tiene buen trato.
  • Jajajaja ¡qué huevón! de la que te libraste Liz.
  • Pues sí. Después de tres años de enamorados y un año de novios, se acabó.
  • Pudo ser peor y lo sabes.
  • Hace unas semanas me enteré que la tipa está embarazada y ya están viviendo juntos.
  • Jajajaja por eso es que estabas inconsciente el sábado.
  • Jajajaja sin comentarios.
  • Bueno yo también conviví un año con mi ex. Pero aún no teníamos planeado casarnos.
  • ¿Qué pasó?
  • Creo que se acabó el amor o la ilusión, no sé. Poco a poco dejé de quererla y ella a mí, también. Menos mal fue mutuo. Quedamos como amigos aunque ya no hablamos.
  • ¿Y esa es la relación más seria que has tenido?
  • Yo diría que sí, ella es la única con la que he convivido.
  • Tal vez nuestro destino es seguir estando solteros – sonreí aliviada.

<Continuará>