31 VUELTAS AL SOL

El día de ayer cumplí con dar una vuelta más al sol. Treinta y uno. No es poca cosa eh…

Varias veces han dicho de mí que soy una fresca, una despreocupada, una gruñona, una sobrada, una irresponsable… Han dicho tantas cosas y la verdad es que no me conocen bien. Me conocen de oídas nomás.

No tienen ni idea de los planes que tengo y lo que trabajo para alcanzarlos. No tienen ni idea de los muchos días grises y malos pensamientos que me llevaron a reconocerme y a tener la tranquilidad que ahora gozo. No tienen ni idea de lo que he conseguido. No tienen ni idea que a veces no tener ni un sol en el monedero, literal, pero hacer lo que te complace, lo es todo. No tienen ni idea de lo genial que es hacer lo que más te gusta sin mirar la hora.

No resisto las ganas de citar a mi querida Frida Kahlo: “Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco”. En esta ocasión, yo escribiré de mí misma porque soy a quien mejor conozco, y quien mejor me conoce.

Soy sensible, enojona, llorona, un poco resentida, desconfiada con la gente que no conozco bien. Tengo poca tolerancia a la frustración (estoy aprendiendo a lidiar con mis demonios). A veces soy callada y otras puedo ser conversadora. Trato que mi comportamiento esté alineado con mis creencias. Soy algo tímida. Si estoy triste no puedo sonreír. A veces soy observadora, otras veces soy la más despistada. No sé contar chistes ni bailar Marinera. A menudo cambio la letra a las canciones (escucho una cosa por otra, como un tipo de dislexia del oído). Me pongo bloqueador en el rostro hasta en invierno. No le tengo miedo a la muerte.

Siempre es más fácil hablar de tus defectos que de tus virtudes. Además, creo tener más de lo primero. No obstante, resulta que también soy sincera, generosa, amable, confiable y confiada, casi nunca digo mentiras, no engaño. Evito hacer lo que no quiero que hagan conmigo.

Quisiera llegar a tener tres hijos y quisiera que a mi esposo le guste viajar y leer; así podría acompañarme en cada viaje y leer lo que escribo. Qué locura pensar en eso cuando no se tiene ni enamorado…

Mi estación favorita es el otoño. Amo la playa, pero no me gusta el verano hasta después de las cuatro de la tarde. Amo viajar. Amo conocer nuevos sitios, nuevas culturas y escuchar experiencias de vida de otras personas. Amo conducir mi auto (como ya se los he contado en otro post), pero odio a los choferes que invaden carril sin hacer señalizaciones, imprudentes. Amo reír y llorar con un libro. Amo los nervios que me produce el sentarme frente a una hoja en blanco la cual debo escribir. Amo reír con anécdotas de familiares y amigos. Amo ser libre. Amo profundamente los recuerdos de mi papá.

Me gusta el yogurt de fresa con hojuelas o galletas de soda. Me gusta remojar el pan en el milo con leche tibia. Me gustan los pasteles, especialmente la torta de chocolate. Me gustan las pastas. Me encanta el ceviche y todos los mariscos (como buena porteña que soy). Me gusta el arroz con leche helado. Me gusta el Mojito de fresa. Me gusta una buena conversación entre amigos. Me gusta la reciprocidad. Me gusta ver películas en pijama, mis géneros favoritos son: comedia romántica, drama y suspenso. Me gusta volver a ver mis series favoritas. Me gusta ver el cielo y observar las figuras de las nubes. Me gusta la lluvia. Me gusta caminar por los muelles. Me gusta el atardecer. Me gusta el rock de los 70´s y la música de los años 90´s. Me gusta mi soledad. Me gusta ver a mis amigas felices iniciando sus propias familias. Me gustan los perros, llevo años queriendo tener un perrito calato peruano (hasta tengo ya su nombre). Me gusta estar enamorada y consentir a esa persona especial, pero me gusta mucho más consentirme a mí misma. Me gusta correr riesgos, he emprendido varios negocios que no resultaron como lo esperé, pero al menos siento la satisfacción de no haberme quedado con esa espinita de intentarlo. Siempre trato de hacer lo que me propongo y lo que pienso aunque al final, como dicen los mexicanos, me dé en la madre.

No me gusta repetirle las cosas a alguien. No me gustan las groserías aunque yo digo algunas lisuras. No me gusta lo que considero común. No me gusta las mentiras. No me gusta la sopa de Sémola. No me gusta la oscuridad total. Detesto las desigualdades en cualquier ámbito. Detesto el machismo. Odio la deslealtad.

Me entristece ver ancianos mendigando. Me indigna y entristece ver a niños vendiendo y mendigando, sobretodo a primeras horas de la mañana o a altas horas de la noche. Dónde diablos están sus padres… Me entristece que algunas personas, pese a todo lo vivido, no aprendan su lección.

Me rompe el corazón las historias de personas jóvenes con enfermedades terminales y cómo ésta las va deteriorando. Me rompe el corazón ver llorar a mi madre y a mi hermana.

En este último año reconocí en mí:

  1. Ausencia de instinto maternal, carencia de paciencia con los niños (me gustan sí, pero de lejitos).
  2. No me gusta cocinar. Es raro, siempre creí que sí me gustaba, pero no. Me disgusta que el olor de las comidas se quede impregnado en mi ropa, cabello y manos. Aunque, algunas veces, confieso se me da por experimentar algo en la cocina y hasta lo disfruto.
  3. Nunca he sido disciplinada en nada. Cosa que estoy cambiando al escribir un relato o artículo una vez por semana en este blog.
  4. No me gusta lavar ollas. Pero me encantó la experiencia de una semana de dishwasher en NJ.
  5. La lectura y escritura son más que un hobby, son mi pasión. El sumergirse en distintas y diversas historias me fascina, me motiva y me llena.

Creo que nunca es tarde para pedir perdón. Así que perdón a todas las personas a las que fallé. A todos aquellos a los que herí o con los que no actué de la mejor forma. Perdón a todas esas personas que perdí con el tiempo por tonterías y ya nada es como antes.

El último año ha sido muy importante y especial para mí. Aprendí a quererme y consentirme. Me he recuperado a mí misma y estoy en reconstrucción. Me gusta vivir bien y así es como trato de vivir todos los días. No se necesita despilfarrar. Sólo se necesita: conocerse, darse tiempo y espacio; y, claro, complacerse. Y como todo en esta vida, a algunos nos toma más tiempo que a otros el conocernos y reconocernos…

Finalmente, agradezco a Dios por no darme todo lo que le he pedido. De esa forma he crecido llegando a conocerme totalmente, sobre todo a reconocerme. Agradezco el cariño sincero de mi familia y mejores amigos. Y agradezco a todas las personas que me estiman y me hacen sentir su buena vibra.

Cada cosa, cada lágrima, cada risa, cada paso y cada caída en estos treinta y un años me han hecho ser la mujer segura, soñadora, sincera e íntegra que ahora soy.

Hoy siento que lo puedo todo, todo lo que me proponga.

Si llegaste hasta aquí, gracias por leerme.

Un abrazo grande.

Zu.