UNIÓN DE HECHO

Cada vez son más las parejas que optan por convivir sin tener planes de casarse. Algunas después de un tiempo de vivir juntos deciden celebrar su matrimonio. Otras, después de convivir durante un tiempo dan por finalizada la relación y cada quien por su lado. Y hay otras parejas que conviven durante muchos años, incluso hasta que la muerte los separe y nunca deciden casarse.

Cabe mencionar que en muchos de los casos de convivencia existen hijos de por medio y también muebles e inmuebles adquiridos.

Particularmente, yo no soy partidaria de la convivencia sin estar casados. Llámenme mojigata, anticuada, puritana… No obstante, respeto a las personas que afirman que es suficiente el compromiso existente entre ambos para vivir una vida juntos. Bien por ellos les deseo muchísimos años de felicidad y una familia compenetrada.

En este post quiero dar algunos alcances sobre la Unión de Hecho, tal vez pueda ayudar a alguien en algo.

Nuestra Constitución en su artículo 5, define a la unión de hecho como: “La unión estable de un varón y una mujer, libres de impedimento matrimonial, que forman un hogar de hecho, da lugar a una comunidad de bienes sujeta al régimen de la sociedad de gananciales en cuanto sea aplicable”.

La Unión de Hecho es la forma legal de reconocer el Concubinato, y es la convivencia libre y voluntaria entre un hombre y una mujer libres de impedimento matrimonial, que haya durado por lo menos dos años continuos, para alcanzar finalidades y cumplir deberes semejantes a los del matrimonio.

En los últimos años a los convivientes se les ha reconocido no sólo derechos patrimoniales sino también derechos personales. Para que una unión de hecho goce de la totalidad de derechos reconocidos es ineludible que sea declarada judicialmente o que se encuentre inscrita en el Registro Personal de Registros Públicos.

El proceso judicial de reconocimiento de unión de hecho se inicia, en la mayoría de los casos, cuando uno de los convivientes fallece o debido a la decisión unilateral de uno de sus integrantes de dar por concluida la convivencia. Algunos de los problemas al acudir a esta vía son las pruebas y la duración del juicio, ya que estamos ante un proceso de conocimiento.

Son indicios concurrentes para acreditar la relación convivencial:

  • La declaración del domicilio en la expedición del DNI.
  • La consignación del mismo domicilio en escritura pública.
  • La prueba de la relación sentimental de ambos.
  • El certificado que guarda relación con el conjunto de indicios señalados.
  • Declaración de testigos.

 La Unión de Hecho también puede ser reconocida vía notarial para su inscripción en el Registro de Personas Naturales de  SUNARP con esta acción se reconocen los derechos de los concubinos ante el Estado.

Su reconocimiento vía notarial es un procedimiento no contencioso que requiere el consentimiento de ambas partes, es necesario que hayan convivido no menos de dos años continuos. Se presenta una solicitud ante el notario, quien manda publicar un extracto de dicha solicitud en el Diario “El Peruano” y otro diario de amplia circulación de la localidad. Transcurridos quince días útiles desde la publicación del último aviso, sin que se hubiera formulado oposición, el notario extiende la escritura pública con la declaración del reconocimiento de la unión de hecho entre los convivientes y remite los partes al Registro Personal del lugar donde domicilian los solicitantes. En caso de oposición, el notario remite los actuados al Poder Judicial. Si los convivientes desean dejar constancia de haber concluido su estado de convivencia, podrán hacerlo en la escritura pública en la cual podrán liquidar el patrimonio social, para este caso no se necesita hacer publicaciones. El cese de la convivencia también se inscribe en el Registro Personal.

A diferencia del matrimonio, donde existe la opción de elegir entre dos regímenes patrimoniales; en la Unión de Hecho el régimen patrimonial es único y forzoso: Sociedad de Gananciales. Todos los bienes y deudas adquiridas durante la convivencia formarán parte del patrimonio social de ambos concubinos, entendiendo que se constituye la sociedad de gananciales desde el inicio de la convivencia y no desde que es declarada judicialmente o inscrita en el Registro Personal porque este reconocimiento es declarativo y no constitutivo. Por consiguiente, al concluir la unión de hecho también se liquida la sociedad de gananciales y los bienes sociales que hubieren adquirido deberán ser repartidos en partes iguales. Son aplicables algunas de las normas relativas a la sociedad de gananciales reguladas para el matrimonio.

Con respecto a la pensión de viudez, las leyes correspondientes la reconocen sólo para uniones matrimoniales, lo cual ha dado lugar a que jurisprudencialmente se haya desarrollado este tema y si bien, en un principio la pensión de viudez para la conviviente supérstite fue denegada por el Tribunal Constitucional, posteriormente cambió su pronunciamiento reconociendo la pensión de viudez para la conviviente a pesar de no estar reconocida legislativamente.

Espero haberlos podido ayudar con estos alcances sobre Unión de Hecho

 

Un abrazo.

 

Zu

GRECIA <3

Grecia llegó a mi casa un día de Marzo hace veinte años. Mi hermana la trajo en su mochila, fue un regalo que le hizo su enamorado. Le puso ese nombre porque le fascinaba la cultura griega y era fanática número uno de “Xena, princesa guerrera”.

A mi mamá no le gustaban las mascotas. Cada vez que mi papá llevaba algún animalito a casa, ella lo terminaba dando en adopción a familiares o amigos, pero con la cachorra Alaskan Malamute que trajo su adorada hija no pudo rehusarse.

Como mi hermana en esa época vivía en Trujillo, Grecia terminó siendo, prácticamente, del cuidado y responsabilidad de mi papá.

Era una hermosa ejemplar. Una perra muy sana, no podía esperarse menos de la mascota de un veterinario :). Sólo padecía de alergia por la picadura de pulgas. Los que conocían de esta raza, se asombraban de lo grande y bonita que era mi Grecia.

A pesar de ser dócil y cariñosa, era muy rebelde. No hacía caso a nadie. Le costó ser domesticada por mi papá. Con el transcurso de los meses, sólo a él hacía caso. Y, como es evidente, él terminó siendo el favorito de ella. Mi mamá solía bromear que Grecia era la única que se parecía a mi papá (como si fuera la tercera hija) en el color de ojos: marrones claros.

Vienen a mi mente anécdotas de Grecia: Mi papá la sacaba todas las mañanas a primera hora a hacer sus necesidades al jardín que está frente a mi casa (salía en pijama). Una mañana mi desayuno no estaba servido (mi papá era quien lo servía) y se me hacía tarde para ir al colegio. No sabíamos a dónde se había ido con Grecia. Por la tarde, nos contó que Grecia como nunca, después de hacer sus necesidades, corrió hasta la esquina de la cuadra. Grecia ven. Ella volteó a verlo y corrió a la siguiente cuadra. ¡Grecia ven para acá! Nada. Ella corrió una cuadra más. Mi papá no tuvo otra opción que correr detrás de ella. La perra corrió en total diez cuadras hasta que de cansancio se echó en una sombrita a descansar. Ahí, recién pudo alcanzarla y colocarle su cadena.

Qué divertida la imagen de mi papá corriendo en pijama con una cadena en la mano detrás de una gran perra. Nos contó que la llamaba de todas las formas intentando alcanzarla: ¡Grecia ven! ¡Chica, chica ven! ¡Ven chiquita! ¡Grecia ven para acá! ¡Vas a ver cuándo te alcance!

Unos años después: Grecia se perdió todo un día. Mi papá, como siempre, la sacó a hacer sus necesidades y en cinco minutos que demoró en ingresar a la casa a servirme el desayuno, al regresar al jardín, Grecia ya no estaba. Se sintió culpable todo el día. Llegó tarde a trabajar por salir a buscarla por el barrio. Nadie la había visto (y eso que todos la conocían). Cuando llegué del colegio seguía sin aparecer. Todos en la casa estábamos conmocionados. Una amiga me acompañó a buscarla por los alrededores, pero sin ningún resultado. En la noche, mientras mi enamorado me consolaba en la puerta de mi casa, Grecia apareció corriendo como loca con la lengua hasta el suelo. ¡Pobrecita! Parecía que no le habían dado agua en todo el día, no obstante movía enérgicamente la cola. Estaba feliz de regresar a su casa. Al parecer la tuvieron escondida en la comisaría que está en la esquina de mi casa. Fue conmovedora la escena del reencuentro con mi papá. En celebración, él le compró una galleta Rellenita de Coco, la que Grecia atrapaba en el aire.

Recuerdo que para unas vacaciones en la que viajamos a Arequipa, tuvimos que encargarla con mi tía abuela quien criaba cuyes. A nuestro regreso nos contó que Grecia había matado a treinta y dos cuyes. O sea, ella sólo quería jugar con ellos, pero no media la intensidad de sus mordidas. Tiempo después repitió la osadía en casa de una vecina, matando a diez cuyes más.

Grecia odiaba a los gatos a muerte. Una madrugada unos fuertes ruidos provenientes del patio despertó a toda la casa. Cuando salimos a ver qué pasaba. Nos asustó verla transformada frente a un gato techero que había entrado. Nadie se atrevió a meterse en esa riña que le costó la vida a ese gato.

Cuando Grecia entraba en celo, a mi papá le daba pena tenerla encerrada todo el día durante tres semanas, así que la sacaba a pasear con pechera en las noches. A lo mucho daban un paseo de un par de cuadras porque los perros se le abalanzaban y él tenía que, prácticamente, pelear con ellos. Una vecina tenía un pekinés cruzado que vivía enamorado de ella. Todas las noches jugaban. Se llamaba Tobby. Durante más de ocho años sufrió por no poder pisarla. No alcanzaba. Era el único que podía acercarse a ella cuando estaba con su periodo porque no había peligro alguno. Realmente el perrito sufría. Grecia, incluso, se echaba, pero nada. Tobby nunca pudo pisarla.

Dos veces le buscamos novio. El primero, aún recuerdo su nombre: Rufo, un Husky Siberiano. Tuvieron siete hermosos cachorritos. Grecia tenía mayor afinidad con su primogénito que con el resto de la camada, mi hermana le puso de nombre Arles (toda los nombres de la camada fueron influenciados por la mitología griega). Se lo regalamos a mi prima para que quedara en la familia. Mi favorito y mío era Rances, el rubio de la camada, el más gordito. Cuando llegó a tener tres meses y medio me engañaron que se iba de vacaciones a Huaraz con mi tío que trabajaba en esa ciudad. Al poco tiempo me dijeron que una chica dueña de un hotel con un jardín inmenso se había enamorado de Rances y que le daría una buena vida… hasta hoy me pregunto cómo pude creer esa historia a mis doce años “que se iba de vacaciones”. Pobre bebé espero que le haya ido bien en la vida. Mi tío dijo que Rances era muy feliz en su nueva casa, y a mí se me hacen agüita los ojos al pensar en la ingenuidad de los doce años.

El segundo novio fue un Alaskan Malamute llamado Salmo. Con él también tuvo siete cachorros. Pese a que ambos eran Alaskan, los cachorros de la primera camada fueron más bonitos. Como sea, yo quería quedarme con todos. Y me quedé con Jessie. Su historia es muy triste: Mi hermana lo llevó a Trujillo para dárselo a un amigo y lo tuvo en casa de mi prima junto con su hermano mayor (de la primera camada) un día en el almuerzo el pequeño se acercó al plato del mayor y éste lo atacó sacándole el ojo. ¡Fue horrible! Lo llevaron a la veterinaria más cercana, pero pusieron mal el ojo en su órbita. En la noche lo trajo a Chimbote para que mi papá lo revisara. Le reacomodó el ojo en su órbita, pero, desgraciadamente, había pasado horas y el tejido se había necrozado… Jessie quedó tuerto antes de cumplir dos meses. Se quedó conmigo ese bebé. Su desarrollo era normal, jugaba con su otro hermano de la misma edad, pero yo tenía debilidad por él, por lo que había sufrido, a veces se chocaba con las paredes… Ambos cachorros comían y crecían igual, pero el cuerpo de Jessie era diferente. No tenía una forma saludable a diferencia de su hermanito (cuyo nombre no recuerdo, creo que era Axel) al que se le notaba sus curvas y músculos (como cualquier cachorro saludable). Jessie era recto como una vaquita. Ambos estaban recibiendo sus vacunas, pero a Jessie, antes de culminar con todo su rol le dio Corona Virus. En tres días mi chiquito se fue. La escena más convulsionante fue cuando, mientras mi papá le estaba colocando sus medicinas a través del suero y el cachorro hizo un paro (no sé si cardiaco o respiratorio) su madre comenzó a aullar (porque ella no ladraba). Aullaba a nuestro costado como si le reclamara a mi papá, como si le pidiera una explicación. Cuando él nos dijo que Jessie había muerto. Grecia lloró mientras aullaba, y nosotros lloramos con ella.

Mi perra nunca se enfermó de nada. Salvo aquella vez que no sé qué comió en la calle que se intoxicó. Tenía la cara hinchada y no podía respirar, corría como loca pidiendo ayuda ¡pobrecita! Por fortuna mi papá llegó a tiempo a ponerle Atropina.

Como decía en el párrafo anterior, Grecia nunca se enfermó de nada, hasta que una noche que regresamos a la casa, la vimos echada en la vereda de enfrente. Fue sumamente raro que nos vea llegar y no corra a recibirnos. La llamamos y nos veía sin levantarse. Mi papá fue a ver qué le pasaba. Grecia no podía levantarse. Pesaba cerca de cuarenta y cinco kilos (tal vez más). Con dificultad mi papá la ayudó a reincorporarse. Caminaba quejándose. Le dolía el lado izquierdo del abdomen. Le encontraron tumoraciones. Al hacerle la cirugía el cáncer estaba generalizado. No había nada qué se podía hacer más que hacerla descansar.

No recuerdo en qué ciudad se encontraba mi hermana, creo que no pudo despedirse de Grecia. Mis papás esperaron que yo regresara de Trujillo para despedirme de ella. Cuando la vi ya estaba con las pupilas dilatadas, no se quejaba, miraba al infinito, su cuerpo estaba intacto salvo por la gran cicatriz abdominal.

Fue un sábado por la noche. Mi papá le pidió a un colega que realizara la eutanasia.

Grecia tuvo once vacunas anuales, dos partos, catorce hijos, cuarenta y dos cuyes asesinados, un gato muerto, una intoxicación, una cirugía, una eutanasia y una familia humana que se quedó con un gran vacío cuando ella se fue.

 

 

Zu.

 

BANDAS DE GARAGE

El club Libertad se encontraba abarrotado por adolescentes y jóvenes de veintitantos. Era un sábado de Setiembre de 1998. Marcela había ido con Jennifer y Katty. Se llevaba a cabo la semifinal del concurso de grupos de punk rock de la ciudad llamado “Bandas de garage”.  Los hermanos mayores de Jennifer eran los organizadores del evento, ella era la encargada de sacar las fotos a los músicos, gracias a ello estaban en primera fila.

“Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo adivinaré la rosa y el clavel.
Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda encontrar”

Su cabello ondulado, sus cejas negras, sus ojos color café, su apariencia de punk star cautivaron a primera vista a Marcela. Su banda se llamaba “Los Stone”. Cantaban covers en Inglés y Español. Él era el bajista y también hacía coros.

Al final del concierto, Marcela insistió a Jennifer que le presentara a ese guapo bajista que le había gustado.

  • ¿Estás segura? tiene nuestra edad, pero tiene cara de niño – Jennifer arrugó la nariz.
  • ¡Es lindo y es bajista! tengo una cierta fijación con los guitarristas – Marcela sonrió.
  • Es bajista y bajito también- Jennifer se rió.
  • No se ve tan bajito, al menos se ve más alto que yo – Marcela contestó esperanzada.
  • Marcela a ti te gustan los chatos admítelo – Katty bromeó.

Al cabo de unos minutos, Jennifer llevó a Marcela y a Katty a los camerinos donde estaban las cinco bandas que tocaron esa tarde – noche. La fotógrafa conocía a casi todos los músicos a los que presentó a sus amigas. Los integrantes de las bandas estaban acompañados por varias personas entre amigos, enamoradas y familiares.

Cuando llegaron hacia el lugar donde estaban reunidos los integrantes de “Los Stone”:

  • Les presento a Marcela y a Katty. Ellos son: Rodo, Jorge, Víctor, José María más conocido como “Chema” y Renato.
  • ¡Hola! – toda la banda al mismo tiempo. Los músicos examinaban cuidadosamente a las prospecto de fans.

Marcela saludó con tímida sonrisa y haciendo un hola con la mano. Katty de igual forma.

Renato, el bajista, era un poquitín más bajito que Marcela, pero era un ¡churro! eso fue lo que ella dijo de él a sus amigas de la facultad el día lunes. A Marcela le dio gusto haber ido con sus converse azules, así no se veía alta a lado del bajista.

  • Tocaron genial chicos, ojalá pasen a la final para seguir escuchándolos- Jennifer los animaba con sus palabras.

En ese momento Chema le dijo a Jennifer que el próximo jueves tocarían en el aniversario del colegio “San Vicente” y que llevara a sus amigas para que le hagan barra a “Los Stone”. Chema miró pícaramente a Marcela, y ella miró a Renato.

  • Noté que te gusta bastante El último de la Fila – dijo Chema a Marcela.
  • Sí, me encanta, especialmente Piedra redonda. La tocaron muy bien. Tiene bonita voz – refiriéndose a Rodo, el vocalista quien estaba abrazando a su enamorada en ese momento.
  • ¿Qué otras canciones que tocamos les gustaron? – preguntó Víctor, el baterista, mirando a Katty.
  • A mí me gustó mucho Sin documentos – contestó Katty.
  • Para mí la mejor fue Don´t look back in anger – dijo Jennifer.
  • Mi compadre – señalando a Rodo – pronuncia bien el Inglés – señaló Víctor.
  • Chicos ya me tengo que ir. Conversamos – Jorge se despidió.
  • Nosotros también ya nos vamos – Rodo y su enamorada se despidieron.

Al poco rato, Katty y Marcela también se despidieron de la banda, pero esta vez con un beso en la mejilla.

 

El lunes en la universidad se encontraron: Jennifer, Katty, Marcela, Yani y Fiore.

  • A que no adivinan quiénes me han estado preguntando por ustedes (señalando con un dedo a Katty y Marcela) – contó Jennifer con una sonrisa cómplice.
  • ¿Quiénes? ¿Tus amigos punkekes? – Katty bromeó.
  • Jajaja Víctor fue con Renato a mi casa ayer en la tarde. Me dijo: bien linda es tu amiga la chinita.
  • ¿Quién dijo eso? ¿Víctor o Renato? – preguntó Marcela con los ojos bien abiertos.
  • ¡Víctor! – exclamó Jennifer- ¡bien Katty con el baterista! – Jennifer guiñó un ojo- es bien simpático y amable.
  • ¿De qué nos perdimos Yani y yo? – preguntó Fiore.
  • En el concierto del sábado les presenté a unos amigos que tocaron – explicó Jennifer.
  • ¿Y qué tales son? – preguntó Yani.
  • ¡El bajista en un churro! – exclamó Marcela.
  • Jennifer cuéntanos ¿qué te dijeron tus amigos? – Fiore estaba súper intrigada.
  • Víctor me dijo que Katty era bien linda y que ojalá vaya el Jueves a la verbena del San Vicente y ahí le hablará más.
  • No te creo – Katty sonreía.
  • En serio china – Jennifer insistía.
  • Asu el sábado salieron de cacería ustedes – bromeó Yani mirando a Katty y a Marcela.
  • ¿Y Renato no te dijo nada? – preguntó Marcela.
  • ¡Sí! ¡Amiga! Fue flechazo entre ustedes. Me pidió tu número y yo le di – Jennifer le guiñó un ojo.
  • Jajaja ¿En serio? – Preguntó Marcela.
  • Sí. Creo que se dio cuenta que no lo dejabas de mirar jajajaa. Lo bueno es que también le gustaste a él.
  • Cuándo no Marcela de acosadora. Pobre chico – bromeó Yani.
  • ¿Y es guapo? – preguntó Fiore.
  • ¡Es churro! – insistió Marcela.
  • A mí no me gusta. Tiene cara de niño, pero es buen pata – afirmó Jennifer.
  • Es chato – sentenció Katty.
  • ¿Otro chato? – Yani rió irónicamente.
  • Mira Yani tú ni digas… – Contestó Marcela y todas rieron.

Esa noche Renato llamó a Marcela. Contestó su papá y ella corrió a su dormitorio a contestar por el anexo.

  • ¿Aló?
  • Hola Marcela. Soy Renato. Nos conocimos el sábado en el concierto de bandas de garage. ¿Te acuerdas de mí?
  • Sí claro el bajista – aguantándose la risa.
  • Sí, toco el bajo. Le pedí tu número a Jennifer. Espero no te molestes.
  • No para nada. Qué sorpresa tu llamada.
  • Me pareciste una chica muy bonita e interesante…

Hablaron cerca de una hora por teléfono. Ambos tenían dieciocho años. Él estudiaba Administración en la universidad nacional. Tenían algunos amigos en común. Conversaron sobre sus gustos en cine y música. Y quedaron en ir a comer hamburguesas el Jueves después de la verbena.

El Jueves las tres amigas asistieron a la verbena del colegio San Vicente. Estuvieron acompañando a “Los Stone” antes de que salgan al escenario. Jennifer bromeaba con Chema, Rodo y Jorge. Víctor se acercó a Katty y le invitó un chupete “bom bom bum” de fresa. Por otro lado, Renato le comentaba a Marcela que no había tenido mucho tiempo de estudiar para sus exámenes que comenzaban el siguiente lunes. A pesar de ser músico parecía ser chancón en sus estudios.

Las colegialas estaban alborotadas con la banda. Hay que reconocer que tenían su pinta “Los Stone”. Tocaron sólo cuatro canciones: De música ligera, Llueve sobre mojado, Tus viejas cartas y Angels.

Al terminar la verbena, Marcela y Renato fueron por unas hamburguesas. Compartían muchos gustos en común. Él le contó que “Los Stone” ya tenían tres canciones propias y que estaban trabajando en dos más. Para el verano esperaban poder grabarlas. También le contó que hace un par de meses había terminado con su enamorada con la que estuvo desde los quince años. Por su parte, Marcela le contó que hace más de medio año que estaba sola. Quedaron en seguir hablando por teléfono y volver a salir.

En la semana siguiente Renato llamó dos veces a Marcela. Quedaron en ir a caminar el sábado por la tarde. El día que se vieron, caminaron varias cuadras. Llegaron a una esquina cerca de un parque solitario en Monserrate. Renato cogió de la cintura a Marcela y se le fue acercando con la boca semiabierta. Se besaron. Ella metió sus dedos entre los cabellos ondulados de él. Él bajó sus manos hacia las caderas de ella y se le acercó más. En ese momento Marcela sólo pensaba que él era el chico más chato con el que se había besado y que cuando salga con él tendría que usar zapatillas. Pararon sin sacar las manos de donde las tenían. Se miraron a los ojos y volvieron a besarse.

Esa noche, como a las diez y media, Renato llamó por teléfono a Marcela. Le dijo que la había pasado muy bien en la tarde. Que se sentía muy cómodo con ella. Que le gustaba. Que sería bonito volver a salir.

Al colgar, Marcela sabía que no habría una próxima cita porque él era guapo, conversador, divertido, amiguero, inteligente y guitarrista, pero le faltaba algo (y no era talla precisamente). A veces la química entre dos personas no es suficiente para compartir tiempo del bueno con alguien. Debe haber esas chispas, esa explosión, esos fuegos artificiales necesarios para ilusionarte, para enamorarte, para atreverte a hacer cosas, para decidir entablar una relación, para hacer magia. Entre ellos no hubo eso.

 

 

LA ESCRIBIDORA

Por ahí leí que la lectura es el alimento de la escritura. Mi papá solía leerme los cuentos de mi hermana mayor y las “Fábulas de Samaniego”, los amaba😍. Luego yo los releí mil veces.

A los ocho años comencé a escribir en un cuadernito las historias que veía en “Mujer casos de la vida real”; de igual forma, escribía un resumen de las telenovelas que veían mis tías con mi hermana.

Recuerdo que el primer relato original que escribí fue a esa edad. Una divagación de cómo se vivió el cumpleaños número 60 de mi abuelito. Ahora que leo ese cuaderno me da bastante risa y ternura recordar esos días de Noviembre de 1996. En esa época, soñaba con ser escritora y directora de películas y telenovelas 😅.

A los diez años tuve la necesidad de comenzar un Diario, plasmaba mis vivencias escolares (el cual conservé por más de quince años con algunas intermitencias, son varios tomos de por medio).

A los doce años comencé a imaginar historias con mis futbolistas favoritos: Paolo Maldini y Ronald De Boer. Las continuaba en mi mente en cada tiempo libre que tenía. No escribí esas historias, supongo que por flojera.

Recuerdo con cariño las novelas que leí en esa época: “Yo amo a mi mami”, “Un mundo para Julius”, “Mi planta de naranja-lima”, “La vida exagerada de Martín Romaña” (ésta fue la que me acompañó durante la convalecencia de mi caída de bicicleta).

Cuando ingresé a la facultad de Derecho, con tanta doctrina que leer y tareas que hacer, no hallaba tiempo para leer literatura (como hubiese querido). Tenía ganas de escribir ficción, pero me detenía “la falta de inspiración”.

Un día le dije a mi papá que quería escribir. Él me dijo: ¡escribe pues! 😅 . Y me senté frente a mi laptop a divagar… Hace unos meses publiqué en este blog “El regreso de Rodrigo”, un relato de esa época.

Creyendo estar esperando “la inspiración” o “la gran historia” fue pasando el tiempo…

Con el trabajo y las relaciones sentimentales no supe organizar mi tiempo para leer y menos para escribir.

El año pasado, durante mi estadía en New Jersey, una madrugada me desperté escuchando una voz que decía: escribe, escribe. Mi Yo interior me estaba pidiendo a gritos ser escuchado, pero no sabía cómo “hacerle caso”. Prendí la laptop y busqué: escuela de escritura en Lima. La primera opción que apareció fue: Machucabotones Escuela de Escritura Expresiva. Decidí inscribirme ni bien regresara a Perú y así lo hice. Los profesores son súper chéveres, nos hicieron sentir que nuestras historias merecen ser leídas. Definitivamente en mí hay un antes y un después de Machucabotones.

Nos sugirieron escribir un blog como una manera de practicar nuestra escritura y de cumplir con terminar los escritos que comenzáramos.

Les confieso que durante varias semanas mi voz racional me decía: ¿De qué podrías hablar? Y algo dentro mí me decía: ¡Sólo escribe! Hazlo de una vez. Pero mi voz racional se anteponía: ¿De qué? ¿De qué? ¿De qué?

Esto sólo me hizo dilatar el tiempo porque más fuerte fueron mis deseos por escribir. Cuando decidí comenzar el blog pensé que sólo escribiría relatos (algunos reales y otros no tanto). Y otra vez mi voz racional: las personas que vayan a leer lo que escribes pensarán que estás contando tus vivencias. ¡Qué roche! En esos días leí al gran Ray Bradbury “Si hacemos caso al cerebro, nunca nos enamoraríamos, nunca iniciaríamos proyectos que puedan salir mal. Hay que saltar desde el precipicio todo el tiempo y construir tus alas en el camino al suelo”, ya no me importó lo que vayan a pensar de mis escritos. Lo único que me importó es poder causar algo en el lector (gusto, disgusto, etc.). Así que seguí adelante con mi blog de relatos.

Un día me sentí indignada con tanta violencia contra las mujeres que vemos a menudo en nuestro país, y por noticias nos enteramos que en otros países americanos está igual de grave esta situación. Es así que sentí la necesidad de escribir el artículo titulado “A las mujeres”.

Unas semanas después, cerca de la Navidad, también quise dar mi opinión sobre el consumo en exceso que veía en esas fechas, saliendo el post “La Navi”.

De esa forma, ya no escribía sólo relatos, sino también comencé a escribir artículos de opinión y algunas reflexiones propias.

La verdad es que al principio pensé que sólo me leerían mi hermana y mis mejores amigos. Grande es mi sorpresa y satisfacción al ver que me leen no sólo en Perú. Me siento profundamente agradecida con todas las personas que vienen leyendo mis escritos, con las que comentan mis publicaciones, con las que interactúan con ellas a través de mis redes sociales, con las que sólo le dan click en el link y leen en silencio, con las que no sólo se dan el tiempo de leer lo que escribo sino que me escriben contándome que les gustó lo que leyeron, que los emocionó, que les produjo algo… ¡Mil Gracias! Todo esto me motiva a seguir escribiendo. No obstante, tengo presente las palabras de Lori Lansens: “Escribe como si pensaras que nadie te va a leer. De esa forma dirás la verdad”.

Les cuento que me parece bien loco que me hagan sugerencias de posibles temas a tocar en las próximas publicaciones. Me han pedido que escriba sobre la fiesta de San Pedrito, sobre maquillaje (a lo cual respondí: a las justas me delineo los ojos qué podría escribir yo sobre maquillaje y me contestaron: tampoco eres Nutricionista y escribiste sobre “Alimentación balanceada para madres gestantes y lactantes”, me callaron la boca dándome cuenta que uno puede escribir lo que uno quiere, sólo hay que documentarse), me pidieron también que escriba sobre las personas con cáncer y sobre las que vencen esta enfermedad, sobre dietas, sobre ropa, etc.

La sugerencia más gratificante y tierna de un posible tema a escribir en un post me la hizo mi ahijado de once años, al que curiosamente no le gusta leer: escribe sobre la nueva etapa de Brissa (mi prima de doce años). ¿Qué nueva etapa? La secundaria pues.

Bueno, no les prometo complacerlos siguiendo sus sugerencias de posibles temas a tratar en mi blog ya que hace tiempo aprendí a no hacer algo por complacer a los demás, pero sí les agradezco infinitamente que me lean, que duden si es real o es fantasía lo que están leyendo, y claro, que me hagan saber sus opiniones.

Mi único propósito con este blog de relatos y artículos de opinión es seguir practicando mi escritura. Es seguir persiguiendo un sueño que tuve a los ocho años.

Gracias por el apoyo.

Un abrazo.

Zu