BANDAS DE GARAGE

El club Libertad se encontraba abarrotado por adolescentes y jóvenes de veintitantos. Era un sábado de Setiembre de 1998. Marcela había ido con Jennifer y Katty. Se llevaba a cabo la semifinal del concurso de grupos de punk rock de la ciudad llamado “Bandas de garage”.  Los hermanos mayores de Jennifer eran los organizadores del evento, ella era la encargada de sacar las fotos a los músicos, gracias a ello estaban en primera fila.

“Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo adivinaré la rosa y el clavel.
Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda encontrar”

Su cabello ondulado, sus cejas negras, sus ojos color café, su apariencia de punk star cautivaron a primera vista a Marcela. Su banda se llamaba “Los Stone”. Cantaban covers en Inglés y Español. Él era el bajista y también hacía coros.

Al final del concierto, Marcela insistió a Jennifer que le presentara a ese guapo bajista que le había gustado.

  • ¿Estás segura? tiene nuestra edad, pero tiene cara de niño – Jennifer arrugó la nariz.
  • ¡Es lindo y es bajista! tengo una cierta fijación con los guitarristas – Marcela sonrió.
  • Es bajista y bajito también- Jennifer se rió.
  • No se ve tan bajito, al menos se ve más alto que yo – Marcela contestó esperanzada.
  • Marcela a ti te gustan los chatos admítelo – Katty bromeó.

Al cabo de unos minutos, Jennifer llevó a Marcela y a Katty a los camerinos donde estaban las cinco bandas que tocaron esa tarde – noche. La fotógrafa conocía a casi todos los músicos a los que presentó a sus amigas. Los integrantes de las bandas estaban acompañados por varias personas entre amigos, enamoradas y familiares.

Cuando llegaron hacia el lugar donde estaban reunidos los integrantes de “Los Stone”:

  • Les presento a Marcela y a Katty. Ellos son: Rodo, Jorge, Víctor, José María más conocido como “Chema” y Renato.
  • ¡Hola! – toda la banda al mismo tiempo. Los músicos examinaban cuidadosamente a las prospecto de fans.

Marcela saludó con tímida sonrisa y haciendo un hola con la mano. Katty de igual forma.

Renato, el bajista, era un poquitín más bajito que Marcela, pero era un ¡churro! eso fue lo que ella dijo de él a sus amigas de la facultad el día lunes. A Marcela le dio gusto haber ido con sus converse azules, así no se veía alta a lado del bajista.

  • Tocaron genial chicos, ojalá pasen a la final para seguir escuchándolos- Jennifer los animaba con sus palabras.

En ese momento Chema le dijo a Jennifer que el próximo jueves tocarían en el aniversario del colegio “San Vicente” y que llevara a sus amigas para que le hagan barra a “Los Stone”. Chema miró pícaramente a Marcela, y ella miró a Renato.

  • Noté que te gusta bastante El último de la Fila – dijo Chema a Marcela.
  • Sí, me encanta, especialmente Piedra redonda. La tocaron muy bien. Tiene bonita voz – refiriéndose a Rodo, el vocalista quien estaba abrazando a su enamorada en ese momento.
  • ¿Qué otras canciones que tocamos les gustaron? – preguntó Víctor, el baterista, mirando a Katty.
  • A mí me gustó mucho Sin documentos – contestó Katty.
  • Para mí la mejor fue Don´t look back in anger – dijo Jennifer.
  • Mi compadre – señalando a Rodo – pronuncia bien el Inglés – señaló Víctor.
  • Chicos ya me tengo que ir. Conversamos – Jorge se despidió.
  • Nosotros también ya nos vamos – Rodo y su enamorada se despidieron.

Al poco rato, Katty y Marcela también se despidieron de la banda, pero esta vez con un beso en la mejilla.

 

El lunes en la universidad se encontraron: Jennifer, Katty, Marcela, Yani y Fiore.

  • A que no adivinan quiénes me han estado preguntando por ustedes (señalando con un dedo a Katty y Marcela) – contó Jennifer con una sonrisa cómplice.
  • ¿Quiénes? ¿Tus amigos punkekes? – Katty bromeó.
  • Jajaja Víctor fue con Renato a mi casa ayer en la tarde. Me dijo: bien linda es tu amiga la chinita.
  • ¿Quién dijo eso? ¿Víctor o Renato? – preguntó Marcela con los ojos bien abiertos.
  • ¡Víctor! – exclamó Jennifer- ¡bien Katty con el baterista! – Jennifer guiñó un ojo- es bien simpático y amable.
  • ¿De qué nos perdimos Yani y yo? – preguntó Fiore.
  • En el concierto del sábado les presenté a unos amigos que tocaron – explicó Jennifer.
  • ¿Y qué tales son? – preguntó Yani.
  • ¡El bajista en un churro! – exclamó Marcela.
  • Jennifer cuéntanos ¿qué te dijeron tus amigos? – Fiore estaba súper intrigada.
  • Víctor me dijo que Katty era bien linda y que ojalá vaya el Jueves a la verbena del San Vicente y ahí le hablará más.
  • No te creo – Katty sonreía.
  • En serio china – Jennifer insistía.
  • Asu el sábado salieron de cacería ustedes – bromeó Yani mirando a Katty y a Marcela.
  • ¿Y Renato no te dijo nada? – preguntó Marcela.
  • ¡Sí! ¡Amiga! Fue flechazo entre ustedes. Me pidió tu número y yo le di – Jennifer le guiñó un ojo.
  • Jajaja ¿En serio? – Preguntó Marcela.
  • Sí. Creo que se dio cuenta que no lo dejabas de mirar jajajaa. Lo bueno es que también le gustaste a él.
  • Cuándo no Marcela de acosadora. Pobre chico – bromeó Yani.
  • ¿Y es guapo? – preguntó Fiore.
  • ¡Es churro! – insistió Marcela.
  • A mí no me gusta. Tiene cara de niño, pero es buen pata – afirmó Jennifer.
  • Es chato – sentenció Katty.
  • ¿Otro chato? – Yani rió irónicamente.
  • Mira Yani tú ni digas… – Contestó Marcela y todas rieron.

Esa noche Renato llamó a Marcela. Contestó su papá y ella corrió a su dormitorio a contestar por el anexo.

  • ¿Aló?
  • Hola Marcela. Soy Renato. Nos conocimos el sábado en el concierto de bandas de garage. ¿Te acuerdas de mí?
  • Sí claro el bajista – aguantándose la risa.
  • Sí, toco el bajo. Le pedí tu número a Jennifer. Espero no te molestes.
  • No para nada. Qué sorpresa tu llamada.
  • Me pareciste una chica muy bonita e interesante…

Hablaron cerca de una hora por teléfono. Ambos tenían dieciocho años. Él estudiaba Administración en la universidad nacional. Tenían algunos amigos en común. Conversaron sobre sus gustos en cine y música. Y quedaron en ir a comer hamburguesas el Jueves después de la verbena.

El Jueves las tres amigas asistieron a la verbena del colegio San Vicente. Estuvieron acompañando a “Los Stone” antes de que salgan al escenario. Jennifer bromeaba con Chema, Rodo y Jorge. Víctor se acercó a Katty y le invitó un chupete “bom bom bum” de fresa. Por otro lado, Renato le comentaba a Marcela que no había tenido mucho tiempo de estudiar para sus exámenes que comenzaban el siguiente lunes. A pesar de ser músico parecía ser chancón en sus estudios.

Las colegialas estaban alborotadas con la banda. Hay que reconocer que tenían su pinta “Los Stone”. Tocaron sólo cuatro canciones: De música ligera, Llueve sobre mojado, Tus viejas cartas y Angels.

Al terminar la verbena, Marcela y Renato fueron por unas hamburguesas. Compartían muchos gustos en común. Él le contó que “Los Stone” ya tenían tres canciones propias y que estaban trabajando en dos más. Para el verano esperaban poder grabarlas. También le contó que hace un par de meses había terminado con su enamorada con la que estuvo desde los quince años. Por su parte, Marcela le contó que hace más de medio año que estaba sola. Quedaron en seguir hablando por teléfono y volver a salir.

En la semana siguiente Renato llamó dos veces a Marcela. Quedaron en ir a caminar el sábado por la tarde. El día que se vieron, caminaron varias cuadras. Llegaron a una esquina cerca de un parque solitario en Monserrate. Renato cogió de la cintura a Marcela y se le fue acercando con la boca semiabierta. Se besaron. Ella metió sus dedos entre los cabellos ondulados de él. Él bajó sus manos hacia las caderas de ella y se le acercó más. En ese momento Marcela sólo pensaba que él era el chico más chato con el que se había besado y que cuando salga con él tendría que usar zapatillas. Pararon sin sacar las manos de donde las tenían. Se miraron a los ojos y volvieron a besarse.

Esa noche, como a las diez y media, Renato llamó por teléfono a Marcela. Le dijo que la había pasado muy bien en la tarde. Que se sentía muy cómodo con ella. Que le gustaba. Que sería bonito volver a salir.

Al colgar, Marcela sabía que no habría una próxima cita porque él era guapo, conversador, divertido, amiguero, inteligente y guitarrista, pero le faltaba algo (y no era talla precisamente). A veces la química entre dos personas no es suficiente para compartir tiempo del bueno con alguien. Debe haber esas chispas, esa explosión, esos fuegos artificiales necesarios para ilusionarte, para enamorarte, para atreverte a hacer cosas, para decidir entablar una relación, para hacer magia. Entre ellos no hubo eso.

 

 

LA ESCRIBIDORA

Por ahí leí que la lectura es el alimento de la escritura. Mi papá solía leerme los cuentos de mi hermana mayor y las “Fábulas de Samaniego”, los amaba😍. Luego yo los releí mil veces.

A los ocho años comencé a escribir en un cuadernito las historias que veía en “Mujer casos de la vida real”; de igual forma, escribía un resumen de las telenovelas que veían mis tías con mi hermana.

Recuerdo que el primer relato original que escribí fue a esa edad. Una divagación de cómo se vivió el cumpleaños número 60 de mi abuelito. Ahora que leo ese cuaderno me da bastante risa y ternura recordar esos días de Noviembre de 1996. En esa época, soñaba con ser escritora y directora de películas y telenovelas 😅.

A los diez años tuve la necesidad de comenzar un Diario, plasmaba mis vivencias escolares (el cual conservé por más de quince años con algunas intermitencias, son varios tomos de por medio).

A los doce años comencé a imaginar historias con mis futbolistas favoritos: Paolo Maldini y Ronald De Boer. Las continuaba en mi mente en cada tiempo libre que tenía. No escribí esas historias, supongo que por flojera.

Recuerdo con cariño las novelas que leí en esa época: “Yo amo a mi mami”, “Un mundo para Julius”, “Mi planta de naranja-lima”, “La vida exagerada de Martín Romaña” (ésta fue la que me acompañó durante la convalecencia de mi caída de bicicleta).

Cuando ingresé a la facultad de Derecho, con tanta doctrina que leer y tareas que hacer, no hallaba tiempo para leer literatura (como hubiese querido). Tenía ganas de escribir ficción, pero me detenía “la falta de inspiración”.

Un día le dije a mi papá que quería escribir. Él me dijo: ¡escribe pues! 😅 . Y me senté frente a mi laptop a divagar… Hace unos meses publiqué en este blog “El regreso de Rodrigo”, un relato de esa época.

Creyendo estar esperando “la inspiración” o “la gran historia” fue pasando el tiempo…

Con el trabajo y las relaciones sentimentales no supe organizar mi tiempo para leer y menos para escribir.

El año pasado, durante mi estadía en New Jersey, una madrugada me desperté escuchando una voz que decía: escribe, escribe. Mi Yo interior me estaba pidiendo a gritos ser escuchado, pero no sabía cómo “hacerle caso”. Prendí la laptop y busqué: escuela de escritura en Lima. La primera opción que apareció fue: Machucabotones Escuela de Escritura Expresiva. Decidí inscribirme ni bien regresara a Perú y así lo hice. Los profesores son súper chéveres, nos hicieron sentir que nuestras historias merecen ser leídas. Definitivamente en mí hay un antes y un después de Machucabotones.

Nos sugirieron escribir un blog como una manera de practicar nuestra escritura y de cumplir con terminar los escritos que comenzáramos.

Les confieso que durante varias semanas mi voz racional me decía: ¿De qué podrías hablar? Y algo dentro mí me decía: ¡Sólo escribe! Hazlo de una vez. Pero mi voz racional se anteponía: ¿De qué? ¿De qué? ¿De qué?

Esto sólo me hizo dilatar el tiempo porque más fuerte fueron mis deseos por escribir. Cuando decidí comenzar el blog pensé que sólo escribiría relatos (algunos reales y otros no tanto). Y otra vez mi voz racional: las personas que vayan a leer lo que escribes pensarán que estás contando tus vivencias. ¡Qué roche! En esos días leí al gran Ray Bradbury “Si hacemos caso al cerebro, nunca nos enamoraríamos, nunca iniciaríamos proyectos que puedan salir mal. Hay que saltar desde el precipicio todo el tiempo y construir tus alas en el camino al suelo”, ya no me importó lo que vayan a pensar de mis escritos. Lo único que me importó es poder causar algo en el lector (gusto, disgusto, etc.). Así que seguí adelante con mi blog de relatos.

Un día me sentí indignada con tanta violencia contra las mujeres que vemos a menudo en nuestro país, y por noticias nos enteramos que en otros países americanos está igual de grave esta situación. Es así que sentí la necesidad de escribir el artículo titulado “A las mujeres”.

Unas semanas después, cerca de la Navidad, también quise dar mi opinión sobre el consumo en exceso que veía en esas fechas, saliendo el post “La Navi”.

De esa forma, ya no escribía sólo relatos, sino también comencé a escribir artículos de opinión y algunas reflexiones propias.

La verdad es que al principio pensé que sólo me leerían mi hermana y mis mejores amigos. Grande es mi sorpresa y satisfacción al ver que me leen no sólo en Perú. Me siento profundamente agradecida con todas las personas que vienen leyendo mis escritos, con las que comentan mis publicaciones, con las que interactúan con ellas a través de mis redes sociales, con las que sólo le dan click en el link y leen en silencio, con las que no sólo se dan el tiempo de leer lo que escribo sino que me escriben contándome que les gustó lo que leyeron, que los emocionó, que les produjo algo… ¡Mil Gracias! Todo esto me motiva a seguir escribiendo. No obstante, tengo presente las palabras de Lori Lansens: “Escribe como si pensaras que nadie te va a leer. De esa forma dirás la verdad”.

Les cuento que me parece bien loco que me hagan sugerencias de posibles temas a tocar en las próximas publicaciones. Me han pedido que escriba sobre la fiesta de San Pedrito, sobre maquillaje (a lo cual respondí: a las justas me delineo los ojos qué podría escribir yo sobre maquillaje y me contestaron: tampoco eres Nutricionista y escribiste sobre “Alimentación balanceada para madres gestantes y lactantes”, me callaron la boca dándome cuenta que uno puede escribir lo que uno quiere, sólo hay que documentarse), me pidieron también que escriba sobre las personas con cáncer y sobre las que vencen esta enfermedad, sobre dietas, sobre ropa, etc.

La sugerencia más gratificante y tierna de un posible tema a escribir en un post me la hizo mi ahijado de once años, al que curiosamente no le gusta leer: escribe sobre la nueva etapa de Brissa (mi prima de doce años). ¿Qué nueva etapa? La secundaria pues.

Bueno, no les prometo complacerlos siguiendo sus sugerencias de posibles temas a tratar en mi blog ya que hace tiempo aprendí a no hacer algo por complacer a los demás, pero sí les agradezco infinitamente que me lean, que duden si es real o es fantasía lo que están leyendo, y claro, que me hagan saber sus opiniones.

Mi único propósito con este blog de relatos y artículos de opinión es seguir practicando mi escritura. Es seguir persiguiendo un sueño que tuve a los ocho años.

Gracias por el apoyo.

Un abrazo.

Zu