NECESITO HABLAR CON ÉL

Sé que no debería estar pensando en Ramiro porque tengo novio y vivo con él. Pero desde que el otro día lo pillé mirándome el culo mientras yo sacaba copias y él esperaba su turno, vi en su mirada lujuria. Esa lujuria que veía en los ojos verdes de Rafo antes de empezar a convivir. Desde ese día cuando pienso en Ramiro siento calientito allá abajo, palpita y no paro de alucinar que me hace suya.

Hace unas semanas lo han trasladado al tercer piso, en donde queda mi oficina. Antes sólo nos hablábamos de hola qué tal y punto, pero ahora nos chocamos por los pasillos y como las oficinas están divididas por lunas, veo cuando pasa y seguro que él me ve cuando yo paso. Además, su oficina queda al costado del baño de mujeres, de hecho que me ve cuando entro. Me pregunto si me quedará viendo el culo como lo hacía en la fotocopiadora.  Admito que esa idea me excita.

Son varias las veces que hemos coincidido al sacar copias, a pesar que ambos tenemos practicantes a nuestro cargo. Debo confesar que he llegado a decirle a Marita, mi asistente, que yo voy por las fotocopias y si quiere que le saque alguna copia para ella de paso (cualquier excusa era buena con tal de coincidir con Ramiro). Cuando nos encontramos, ya sea en la fotocopiadora, en el dispensador de agua o por los pasillos solemos conversar sobre algún caso pendiente, algún chisme de algún compañero, sobre cualquier cosa en realidad. El otro día me preguntó si tenía enamorado, le respondí que estaba comprometida y que vivía con mi novio. Él me dijo:

  • Con razón he notado que has engordado un poco – con una sonrisa cachacienta.
  • ¿Qué tiene que ver que haya engordado con que esté conviviendo con mi novio?
  • Como dicen que los hombres se engordan una vez que se casan, supongo que las mujeres también – y soltó una risa.

Sinceramente, he engordado un par de kilos en los últimos meses. Parece que el cambiar la píldora por la ampolla de tres meses no me ha asentado. Tengo una cita pendiente con la ginecóloga. De todas maneras me dio roche que Ramiro haya notado mi ganancia de peso, me pregunto si pensará que mis kilos ganados se deben al método anticonceptivo que utilizo.

  • Realmente los hombres son más fijones que las mujeres – le hablé parcamente. ¿Y tú? ¿Estás con alguien? – me crucé los brazos a la altura de mi abdomen, no me di cuenta que de esa forma resaltaban más mis senos hasta que noté que sus ojos se desviaron a mi escote. Rápidamente solté los brazos y comencé a arreglar las fotocopias que ya estaban listas.
  • No, con nadie, solito se vive mejor – tiene una sonrisa coqueta que me hace pensar cómo será su performance en la cama.
  • Eso dices porque no estás enamorado – Traté de seguir conversando como si no me estuviera fijando en su sonrisa y en lo bien que le queda la camisa entallada y el pantalón de vestir.

A los días de esa conversación sucedió el episodio en el que pillé a Ramiro mirándome el culo. Yo estaba con un vestido negro, recto, cuello redondo, sin mangas que en las últimas semanas me empezó a quedar ceñido. Me gusta usarlo para audiencias y vistas de la causa (me trae suerte), lo uso con pumps de gamuza negra taco nueve. Confieso que me intimidó su mirada, pero no cambié de pose, al contrario, me sumí y erguí. Por un instante fantaseé que él me abrazaba por atrás estrujándome los senos y los muslos, hasta casi pude oler su perfume. Ramiro huele rico, suave y varonil.

Mierda, reacciono, tengo que terminar de redactar una demanda y yo aquí fantaseando con mi colega. No recuerdo hace cuánto no fantaseo con Rafo, mi novio.

Ayer fue la inauguración de la segunda cafetería de Rafo. Como era de esperarse, él estaba contentísimo y yo también por él, la verdad. Ha invertido una buena cantidad de dinero amoblando y decorando ese local por eso será que el último mes ha estado bien irritable. Yo trato de apoyarlo en todo, pero a veces Rafo levanta la voz quitándome todas las ganas de apoyarlo.

Bueno, el local quedó muy bonito, con un stilo vintage muy acogedor. Me alegra que Rafo haya tomado en cuenta los colores que le sugerí para los muros de madera: marrón y verde jade. Además fue un buen acierto el poner música bossa nova, permitía una mejor conversación sin distracciones.

Varios de nuestros amigos asistieron a la inauguración. Hubo un momento  en que estuve como anfitriona, en la entrada de la cafetería, conversando con la mamá de Rafo sobre el exquisito olor del café recién molido. En eso ingresaron dos mujeres y una niña. Las dos eran altas, esbeltas y muy guapas, deben ser hermanas son muy parecidas. Me sorprendió que Rafo dejara a sus amigos con los que estaba platicando y se acercara a recibirlas. Saludó muy cordialmente y fue efusivo con la niña (aunque él es así de efusivo con todos los niños). ¿Quiénes serían? Era evidente que eran muy amigos. Cómo es que yo no las conozco, me preguntaba. La tipa que estaba con top strapple dejaba al descubierto sus hombros y pecho pecosos. Recordé que Rafo alguna vez me dijo que le parecía sexy las pecas en el pecho de una mujer. Genial.

Cerca de la puerta está la barra donde estaban sentados los tíos de Rafo. Él giró y las presentó a cada uno de los que estábamos en la entrada. Les presento a mi tía, mi tío, mi mamá, mi novia… fue muy curioso que su timbre de voz fue el mismo hasta que dijo “mi novia” A las justas se le escuchó decir “mi novia”. Saludé a las dos tipas con recelo. Continuó presentándolas al resto de  invitados. No entendía por qué esa atención con ellas, con ninguno de nuestros amigos se portó así. Estuvo atentísimo especialmente con la más rubia de ellas, la pecosa. Rubias al pomo, claro está. Yo nos les quitaba la mirada de encima desde la puerta. Les mostró todo el local, incluso las hizo ingresar a la cocina. Se reían y se notaba bastante confianza entre ellos. Noté que en un momento las dos tipas voltearon a verme y comentaron algo entre ellas. Resultó que ambas eran hermanas, la mayor era mamá de la niña.

Al término de la celebración el primo de Rafo me dijo para seguirla en un bar. Rafo estaba cansado, pero lo convencí haciéndole recordar que ese día cumplíamos un mes más juntos. Esa noche me embriagué, tenía unas ganas locas de llegar al departamento y hacer el amor. Últimamente andaba arrecha porque con lo ocupado que andaba Rafo con la inauguración ya eran varios días que no tirábamos, además que en la oficina no dejaba de ver a ese adonis en traje.

Quería que me bajara el calzón en la sala y me tire con el vestido aún puesto. Pero cuando llegamos al depa, Rafo estaba todo aletargado. Se metió al baño de nuestra habitación a lavarse los dientes y la cara. Apagué la luz del cuarto quedando iluminaba tenuemente por la luz del baño gracias a que la puerta es de vidrio catedral transparente. Lo esperé desnuda junto a la puerta. Cuando salió, me dio un pico y pasó de largo.

¡¿Qué fue eso?! Volteé y lo vi preparándose para acostarse. Me lavé rápidamente los dientes y entré a la cama. En mi borrachera era consciente de lo que quería obtener de Rafo esa noche, así que empecé a besarlo suavecito por la oreja bajando por su cuello, tocando su abdomen en círculos, llegando hasta su pubis. Salió con que estaba cansado: vamos a dormir cielito ¿sí? No hice caso, seguí besándole el cuello mientras acariciaba su verga. Empezó a ponerse duro. Me concentré en mordisquear el lóbulo de su oreja mientras acariciaba en círculos la cabeza de su pene jadeando lentamente. Él empezó a lubricar y yo estaba más que lista. Llevaba días esperando una embestida.

En ese momento, Rafo me mató diciendo: amor ya pues estoy cansado. Y se volteó sin más… me quedé en el aire. Era la primera vez que me rechazaba de esa forma. Yo había sido muy tolerante con él las últimas semanas, pero esa actitud de rechazo me hizo sentir mal. Pensé que tal vez era verdad que estaba muy cansado. Había sido un día largo y agitado. Pero qué cosa era un tire, sólo una metidita. No quise imaginar que así serían las noches que me esperaban una vez que nos casáramos. Cuando él está empingado nunca le he dicho que no. Me quedé dormida pensando en que nunca han fallado los mañaneros, tendría que esperar unas horitas más para darme por bien servida.

Me desperté ansiosa de hacer el amor con Rafo, estos días hemos estado distantes. Empecé acariciándole el pubis, el pene, me apresuré a quitarme su polo que utilizaba como bata y me trepé en su encima despertándolo. Cuando empecé a bajar por su pecho peludo e intenté despojarlo de su bóxer para darle una rica mamada me detuvo sacándome de encima sutilmente diciendo que se nos hará tarde para el trabajo. No eran ni las siete de la mañana, teníamos tiempo de sobra.

  • ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? – en verdad estaba preocupada por su negativa a tirar, me sentía rechazada por mi novio.
  • Nada amorcito. Sólo que quiero abrir temprano la cafetería y arreglar un poco el local, luego tengo que ir al otro local hasta que lleguen los chicos, recuerda que ahora son dos cafeterías, es el doble de trabajo –me dio un pico, se levantó de la cama y se fue a la ducha.

Echada, ahí en la cama, pensando en cómo habíamos llegado a ese punto. Me parecía tan raro todo. Rafo nunca se había negado a hacerme el amor, menos a una mamada. ¿Qué estaba pasando? Dudo la verdad que su negativa a tirar haya sido porque tenía que abrir sus dos cafeterías. Claramente es una excusa. ¿Tendría que ver con la tipa de anoche? era bien guapa la verdad, pero tenía cara de pendeja. Sonrisa enorme, ojos grandes, labios carnosos, pecosa y sabiendo que Rafo tiene novia no dejaba de coquetearle hasta hablaba mordiéndose los labios, la muy pendeja… aunque más pendejo él que delante de su novia se pone en ese plan. Puta madre ¿y así nos vamos a casar?

Por otro lado, estoy segura que Ramiro jamás se hubiera negado a hacerme el amor. Cómo se sentirá apretar esos bíceps, se nota que el muchacho lleva tiempo en el gimnasio. ¡Dios mío! me mojo de sólo pensar en apretar los bíceps y pectorales de Ramiro. Mejor ni me lo imagino metiéndomela, tal vez me vengo y sale Rafo de la ducha, me encuentra y la canción.

Cuando Rafo salió del baño, yo me levanté de la cama, alisté la ropa que me iba a poner y me metí a la ducha. Pensé que tal vez si me ponía una tanguita negra y el brassier de encaje negro que tanto le gustaba, él sucumbiría a mis encantos.

Al salir de la ducha, Rafo se estaba peinando. Busqué la lencería negra y me la puse junto con mi perfume. De repente accede a un rapidín antes de ir a la oficina, pensé. Sería tan oportuno y rompería el hielo entre los dos. Él alistaba su morral, mientras yo me aplicaba una crema hidratante para mis rizos. Me acerqué a él como niño pidiendo un pan para comer. Lo abracé por atrás y le besé el hombro. Él volteó y me dijo: vamos ya amor, por ahí comemos algo.

  • Rafo ¿qué pasa? Te deseo, no te das cuenta. Quiero que me hagas el amor ahora mismo.
  • Vero ¿qué tienes? Desde anoche pareces una perra en celo ¿qué te pasa?
  • ¿Me has dicho perra?
  • Perdóname pero me parece extraño que estés tan insistente.
  • ¿Quién era la tipa de anoche? esa rubia que cuando me presentaste bajaste la voz.
  • Una amiga ya te dije. Y estás loca, no bajé la voz. Ella sabe que tú eres mi novia y que vivimos juntos.
  • Pues esa es una puta porque sabiendo que vivimos juntos no dejaba de coquetearte. Y tú también le coqueteabas, no te hagas – me exasperé, sentí que estaba perdiendo a mi novio y lo peor es que el bajó la mirada cuando le increpé.
  • Si te vas a poner en ese plan, voy avanzando. Conversamos en la tarde.

No entiendo qué le ocurre, reconozco que hemos estado discutiendo más seguido sí,  es cierto, pero a la hora del sexo las cosas no habían cambiado, él continuaba siendo recontra cariñoso y mañoso. Hasta que empezó a acercarse la fecha de inauguración de la cafetería y para entonces  ya eran varios días los que no tirábamos. Eso está mal, lo sé.

Llegué a la oficina temprano con el cabello aún mojado. Puse una salsa mientras arreglaba mi escritorio: ella me miraba a los ojos y yo pensando en ti, la vida es así no la he inventado yo. Qué irónico justo la letra trata de una infidelidad.

En ese momento Ramiro tocó la puerta de vidrio. Quería consultarme un tema de patentes. Le dije que no sabía mucho del tema, no era mi especialidad.  Justo me paré a arrojar un papel al basurero y él me susurró:

  • Me encantan tus rizos hidratados- se sonrió mirándome coquetamente – Hueles riquísimo Vero.

No queda duda que Ramiro es otro pendejo. Me dieron unas ganas locas de cogerle las bolas, lo quedé mirando sin creerle nada.

  • Gracias – traté de disimular mi calentura.
  • No te vayas a ofender ni a molestar, pero estás bien rica, y en ese vestido negro te ves más rica todavía.

¡Mierda! Qué le digo, no puedo más. Me fijé que Javier, mi colega de la oficina del costado, no estaba; mi asistenta tampoco, nadie pasaba por ahí. Me acerqué lentamente a Ramiro y le dije muy cerquita a la boca: ¿qué tan rica? Estaba excitada que ni bien pronuncié esas palabras le cogí y apreté fuerte las bolas. Y él que tenía unos papeles en la mano me dijo al oído: exquisitamente rica y se mordió los labios. Me mojé.

Lo solté y me volteé, quedándome pegadita a él, sintiendo su verga erecta rozar mi vestido. Lo miré de reojo y él me olió. Mamacita, dijo con una voz de arrecho. Me mordí los labios y él me cogió el seno diciéndome: almorcemos juntos hoy día, di que sí. En una respondí que  sí.

Me soltó y dijo como si nada: ya pues Verónica entonces nos vemos a la salida, qué bueno que hoy es sábado.

Salió de mi oficina y yo me quedé mojadita. A la salida nos veremos y ¿ahora? Puta madre Rafo… Soy de lo peor. Una pendeja de lo peor. Soy peor que la perra de ayer. Lo peor es que sabiendo lo que soy no se me quitan las ganas de ser infiel. Y después de lo que anoche vi, creo que él también se las trae con esa huevona.

A la salida, marqué tarjeta y saqué el celular de la cartera. Rafo no me había escrito en toda la mañana, pero había puesto en su estado de Facebook que se sentía maravillosamente, tal vez fue a visitarlo su nueva amiga…

Ramiro me dio el alcance: vamos a almorzar, siempre con esa sonrisa pícara. Los dos sabíamos que “vamos a almorzar” era ir a “almorzarnos”.

Me subí a su Elantra blanco polarizado, él puso su mano derecha en mi muslo izquierdo.  Y yo apreté sus huevos diciéndole: sorpréndeme. ¡Puta madre Verónica! No hagas lo que no quieres que te hagan, tienes novio.

Me llevó a un bungalow a las afueras de la ciudad, bien caleta, no lo conocía, cerca del óvalo La Marina en Moche. Cuando entramos a la habitación, lo primero que hizo fue poner música; mientras yo revisaba mi celular y lo ponía en vibrador. Empezó a sonar música instrumental. Creo que Ramiro buscó “música para hacer el amor” porque sonaba puras canciones en inglés alternativo. Qué risa.

Admito que estaba nerviosa. Nunca he traicionado a Rafo, bueno, nunca lo había traicionado. Ramiro se comenzó a acercar a mí y mirándome a los ojos me dijo: me gustas Vero y apretó con ambas manos mis  nalgas, mientras me besaba. ¡Qué rico! lo cogí de los pelos y nos besamos con muchas ganas acumuladas. Con lengua y harta saliva. Estuvimos comiéndonos a besos hasta que Ramiro abrió el frigobar y destapó una botella de vino seco. Elevamos las copas en un brindis cargado de intenciones. Tomé un largo trago tratando de espantar los remordimientos. Mis mejillas se encendieron. Él se sacó la corbata y los zapatos. Me cogió suavemente de la mano y se puso a bailar suavemente al ritmo de la música.  Me dio la vuelta y me recogió el cabello, comenzó a besarme el cuello y las orejas. Luego se apresuró a bajarme el cierre del vestido, yo estaba contra la pared. Me bajó el cierre y besó toda la espalda, luego me bajó el vestido y me quedé en lencería y en stilletos (me excita estar en lencería y en tacones). Me besó las nalgas y me las mordisqueó. Me volteó y no seguimos besando. Le empecé a desabotonar la camisa, mientras los dos nos mirábamos con harta complicidad.

Tiene un color bronceado que me gusta. A diferencia de Rafo, Ramiro es lampiño. Me gustaba la fuerza que impone Ramiro. Me hacía sentir como un objeto sexual, y me gustaba esa sensación. Apretaba sus brazos y me mojaba cada vez más. Comencé a besarle el cuello y noté que eso lo alocaba. Me  llevó al borde de la cama, jugaba con mis rizos, me desabrochó el brassier y besó suavemente los pechos. Me tiró a la cama. Comenzó a besarme el abdomen y las caderas. Hacía como si me quisiera bajar la tanga y me la volvía a subir, era un juego que alguna vez vi en una película porno, resultaba efectivo porque cada vez tenía más ganas de tenerlo adentro de mí. Estuvo así un rato mientras me seguía besando el pecho y las tetas, me las jalaba y chupeteaba. Yo estaba con una cara de arrecha impresionante, pude notarlo en los espejos del techo. Metió dos dedos dentro de mi vagina como preámbulo a la gran follada. Me gustaba que me mirara con lujuria y avidez, y a la vez no quería perderme en su mirada. Cerré los ojos y me dejé caer completamente en la tentación y el deseo. Ramiro metió dentro de mí la cabeza de su pene humedeciéndose con mis fluidos. Comencé a lubricar más mientras lo besaba y él continuaba haciendo lo suyo. En eso, me embistió. Una y otra vez hasta hacerme gritar del placer. Esta pose, él encima de mí mirándonos a los ojos, es la que más me excita, pero con Ramiro mantuve cerrados los ojos. Cambiamos a la pose de perrito. Pensaba que hacía tiempo que no hacía esta pose con mi novio. ¡Carajo Verónica deja de pensar! Disfruta el momento y ya.

Ramiro es bien ágil. Empezó a acelerarse y yo me contraje. Le pedía que siguiera, que no se detuviera. ¡Oh! ¡Ramiro! Me vine y seguía gritando cuando él gritó: ¡Mierda! Sentí que se vació. Por un momento me pesó no haber usado preservativo. Él tiene harto kilometraje. No me  vaya a contagiar algo. ¡No! no seas paranoica. ¡Sigue disfrutando!

Nos mantuvimos pegados unos minutos, luego nos apartamos. Él prendió un cigarrillo. Me dijo: me encantas Vero, hace tiempo que me gustas. Yo sólo respondí: invítame un fallo. Se sonrió y me convidó un Hamilton azul.

Estuvimos recostados fumando cerca de veinte minutos, hasta que Ramiro abrió otra botella de vino y me sirvió una copa. Brindamos y empezamos a besarnos nuevamente. Más vino, y ahora yo me trepé en su encima. Tomé el control de la situación. Levanté sus dos brazos y los sostuve con una mano mientras con la otra me sostenía y le besé la boca, las orejas, el cuello, el pecho, mordisqueé sus tetillas. Sentía como su “amiguito” se iba despertando. Lo empecé a masturbar, mientras él me cogía las tetas. Cuando estuvo bien erecto y lubricado, agarré su verga y la coloqué dentro de mi vagina. Empecé a moverme suave mientras Ramiro abría la boca e introducía sus dedos dentro de mi boca. Cogí fuerte sus pectorales. Mi cabello caía en su cara mientras me movía más rápido. Estaba a punto de llegar. Le di más fuerte. ¡Qué gran sensación! Me siento rica. Puta, pero rica. Mientras estaba aún con electricidad por haber llegado a un segundo orgasmo, Ramiro se inclinó un poco hacia adelante y me besó y lamió los pezones. Estaba rendida, me acosté a un lado. Él, que no había terminado, me volteó sutilmente, dejándome boca abajo, y me penetró sin decirme nada. Qué dolor tan placentero. Abrí más las piernas, él me cogió de las caderas y comenzó a acelerar. Apreté fuerte las sábanas. Ramiro gimió fuerte en mi oído. Nos quedamos recostados unos minutos.

Cuando volteé a verlo, estaba adormitado. Me levanté a servirme más vino y fumar. Deambulé por la habitación mirándome en los espejos, no me veo gorda. Me metí a la ducha. Fue suficiente de sexo por hoy. Mientras me duchaba, en mi cabeza sonaba la salsa que en la mañana estaba escuchando en mi oficina. Ramiro se incorporó. Quiso que se la mamara, pero yo ya me había satisfecho y me quería ir cuanto antes de ese lugar. No insistió y nos cambiamos.

Al salir del bungallow, eran casi las cinco de la tarde. Ramiro quiso ir a almorzar comida de verdad. Yo no quise. Le pedí que me dejara en el Real Plaza. Nos despedimos con un beso en la mejilla. Qué incómodo después de tirar en varias poses nos despedimos con un beso de amigos.

Rafo no me había escrito ni llamado. Caminé un buen rato por las tiendas pensando en lo que había pasado. Engañé a mi novio y me gustó. Pero sólo fue sexo. Ramiro no es un hombre como para novio. Quiero volverme a duchar y que el agua borre la perrada que acabo de cometer. Maldita sea, todo es recíproco, a mí me empezó a gustar Ramiro hace semanas y probablemente a Rafo también le empezó a gustar esa huevona por el mismo tiempo. Necesito hablar con él.

MADRE, COMO TÚ, NINGUNA

Creo que cada persona tiene la mejor madre que nos pudo haber tocado.

Por ejemplo yo tengo una mamá amorosa, consentidora, inteligente, fuerte, sobreprotectora, conversadora, generosa, súper trabajadora, de carácter fuerte, emprendedora, empresaria, sociable, íntegra, perseverante. La perfecta compañera de viajes. La que prefiere remedios caseros antes de ir al doctor. La que siempre está conmigo y con la que sé que cuento para todo pese a mi mal carácter. La que jamás ha escatimado en absolutamente nada. La que tiene una gran fortaleza interior. Y que a pesar de todas las adversidades que le ha tocado vivir, mantiene una fe inquebrantable y una sonrisa contagiosa. Ella es mi mejor amiga.

Hasta hace unos diez años, más o menos, me gustaba la idea de tener una mamá que al llegar yo a la casa me esperara con el almuerzo listo y hasta servido (lo lamento mami, reconozco en ello un machismo absurdo e ingenuo). Lo que pasa es que siempre quise a mi mamá en mi casa todo el día. Siempre la quise presente en mi escuela (reuniones de padres y tardes deportivas). Siempre quise a una mamá que haga las cosas que para mí resultaban difíciles como: hablar por mí con personas mayores, matricularme en la universidad o en cuanto curso me he metido, hacer pagos o hacer algún tipo de trámite que cuando tienes menos de veinte aturden a cualquiera (por lo menos a mí me aturdían). Quise una madre que cuando yo esté de mal humor o triste se solidarice y diga que tengo razón en sentirme así (De cierta forma quería su compasión). Anhelaba una mamá que prefiera atender a su familia de tiempo completo que estar realizándose como mujer, ejerciendo su profesión.

Lo que he narrado en el párrafo anterior es lo que egoístamente pensaba. No obstante, el Señor que sabe lo que realmente necesitamos incluso mejor que nosotros mismos; me dio una madre totalmente independiente. Una mujer que desde los quince años tuvo clara su misión en esta vida. Mi mamá al convertirse en madre no abandonó sus propios sueños como el de ser una gran profesional y lo cumplió ¡Lo que me parece recontra admirable! Y si no fuera suficiente, por varios años trabajó en dos lugares para poder darnos lo que a ella le dieron sus padres.

Ahora que recuerdo como pensaba en la adolescencia, reconozco haber sido una egoísta al pensar en querer tener una madre ama de casa sólo para mi comodidad.

Actualmente no puedo estar más orgullosa y agradecida con nuestro Señor por haberme dado una madre que ama su profesión y le saca provecho a más no poder. Una madre que nunca nos ha preparado un desayuno, almuerzo y cena en un solo día, sin embargo siempre ha comprado los mejores insumos para nuestra alimentación. Una madre que nunca me ha comprado una golosina, pero que pone tanta fruta y verduras como le es posible en mis narices. Una madre que siempre se ha preocupado por darnos, a mi hermana y a mí, lo mejor en todo (estudios, salud, alimentos, paseos, cosas materiales, valores, ejemplo y amor). Una madre que no le importa viajar al otro lado del mundo con tal de cuidar a una de sus hijas. Una madre que nos enseñó a hacer las cosas por nosotras mismas, a que si queremos algo tenemos que salir por ello. Una madre que me habla fuerte cuando estoy triste y me desahueva.

Mi mamá es una niña vivaz atrapada en un cuerpo de mujer de sesenta. Pudo haber experimentado la angustia y el dolor, pero jamás estuvo triste una mañana.

¡Qué orgullo ser tu hija!

Ojalá y me pareciese un poquitito a ti madre, sería tan afortunada.

Gracias por convertirme en la mujer que soy y sé que algún día seré una buena mamá porque tengo a la mejor.

Feliz día de las madres mami.

MI HERMANA LA INGENIERA

Mi hermana y yo somos totalmente diferentes, aunque físicamente nos parecemos bastante. Ella es mi mayor por siete años, diez meses y once días; sin embargo nadie lo cree. Todos piensan que nos llevamos un par de años. Incluso hay quienes afirman que yo soy la mayor :/.

Mi hermana es ingeniera agrónoma y yo soy abogada. Ella, desde pequeña, es una lectora voraz. Tiene una comprensión de lectura envidiable y lee rapidísimo; mientras que yo me distraigo fácilmente cuando leo y por ello debo leer un texto dos o tres veces para poder comprenderlo (principalmente si es de leyes).

Mi hermana es una mujer muy culta e inteligente. Sabe de política y realidad nacional. Al escucharla me evito tener que leer periódicos y ver noticieros. Sí lo sé, ella parece la abogada y yo la ingeniera. Se lo digo siempre.

A ella le gusta caminar y camina bien rápido. Siempre va cinco pasos más adelante que yo. Además, gusta de hacer deporte todas las semanas y es constante en ello. Practica natación, fútbol y básquet. La verdad es que mi hermana desde pequeña ha sido atleta. Por otro lado yo, al igual que mi patota de amigas, el único abdominal que realizo es el que hago al despertarme de la cama, literal.

Es adicta a la limpieza y al orden, yo no. Le gusta el ají, yo no como nada picante salvo el ceviche (picante normal).

Es amiguera, amigable y popular entre sus amigos; mientras que yo puedo contar a mis amigos con los dedos de una mano.

Es una cinéfila empedernida, le gustan las películas de superhéroes y las de buena trama; a mí me gustan las comedias románticas y las que hacen llorar.

Desde muy joven supo organizar su economía; mientras que yo, bueno, no diré nada en este punto.

Tiene un talento innato con los niños. Sabe cómo comunicarse con ellos y divertirlos. Todo lo contrario de mí, que como ya lo dije en otro post, no me gustan los niños.

A ella le gusta ser, a veces, la hermana menor y le sale bien (por lo infantil que puede ser). Yo disfruto siendo, a veces, la hermana mayor (por lo seria que puedo ser). Aunque la mayoría de veces es cardiaca y preocupada, (típico en los hermanos mayores), siempre he sido el centro de sus bromas y siempre caigo redondita en ellas. Y supongo que así será hasta que seamos abuelitas.

Ella es el orgullo de mis padres por su sencillez, inteligencia, sensatez, generosidad, gentileza, sentido del humor y logros.

No seremos las mejores amigas, pero sabe que puede contar conmigo siempre y para siempre. Y viceversa.

Todo lo poquito que sé lo aprendí de Beny, de sus sugerencias, recomendaciones, bullyng, apoyo y porque siempre quise ser como ella en todo.

Ahora que escribo estas líneas me pregunto si habrá sido un peso grande para ella cuando mi papá le decía: tienes que darle el ejemplo a tu hermanita… Lamento si eso te llevó a ser tan pulcra y a tratar de no equivocarte.

Feliz cumpleaños baby boo sigue concretando cada uno de tus sueños. Y continúa brillando e irradiándonos.

Un abrazo asfixiante.

Zu.