UNA HISTORIA SIN FINAL

Estaba caminando con mi mamá por el malecón admirando el atardecer. Me gusta mucho el mar (como buena porteña que soy), es inspirador y relajante ver y escuchar las pequeñas olas. En eso, lo vi entre la gente, jalé a mi mamá a un lado ahí está, mamá.

Se me ocurrió pedir prestado baño en un restaurante cruzando la pista. Llevaba conmigo una bolsa con trajes de baño que recién había comprado (pensando en el próximo viaje a Cartagena que haría con Katty y Laura a fin de mes) y mi cartera de cuero color camel. Necesitaba arreglarme el cabello, colocarme un poco de rímel y pintarme los labios. Me molesta tener que reconocer que quería, a pesar de todo, chocarme con él y que me vea guapa.

Ingresé por una mampara al restaurante, la encargada del lugar me dijo: señorita la puerta es por allá (señaló un camino a la derecha).  Me disculpé y le pedí prestado baño. Los servicios higiénicos se encontraban en la segunda planta,  mientras subía las escaleras de madera, contigua a la mampara, pude notar por una ventanita que Alex estaba trabajando en el restaurante contiguo (estaba atendiendo las mesas de afuera). ¿Por qué estará trabajando de mesero? ¿Y su negocio? Pensé.

 La encargada del restaurante se dio cuenta que me quedé absorta en la ventana y me dijo:

  • Le voy a decir a Joaquín que alguien quiere verlo – con una sonrisita falsa.
  • ¿Quién es Joaquín?
  • El muchacho al que estás mirando ¿es bien atractivo verdad? – caminó hasta la puerta del local.

Me pregunté por qué estaría usando el nombre de su hermano menor. Sólo atiné a decirle a la encargada del lugar que por favor no le dijera nada.

  • Sólo quiero probarme esta ropa de baño y me iré rápido.
  • Le diré que alguien le quiere mostrar su bikini.
  • ¿Qué dices? No, no hagas eso. Ni siquiera lo conozco.
  • ¡Joaquín!- Gritó la nefasta desde la puerta- alguien quiere que veas como le queda el bikini.
  • ¿En serio está pasando esto? – no podía creer lo infantil de esta tipa.

Él vino al llamado de la tonta esa. Estaba con el pelo largo (para lo que solía usarlo en el tiempo que estuvimos juntos), era el look de Juanes en su disco “Un día normal”. Estaba pálido y a pesar que sonrió (con esa sonrisa tan suya: a media caña) se le notaba incómodo. No era para menos.

Yo me quedé estática en el descanso de la escalera. Desde la primera grada él me saludó: hola Marcela. No tuve otra que bajar cogiéndome del pasamano de madera recién barnizado. Estaba nerviosa y palteada, pero traté de disimular haciéndome la fresh mientras descendía.

Su hermano entró al local detrás de él. Escuché cuando Alex le dijo: anda avanzando a la casa, yo voy en un rato. Joaquín me saludó con la mano y con un hola a secas, y salió.

Me comentó que ya había terminado su turno y que si podíamos conversar un rato. Iluso,  no se imaginó que yo me iría rápidamente de ahí. Al final no pude ni entrar al baño y mucho menos arreglarme.

Felizmente, al salir del restaurante, vi a mi mamá conversar amenamente con una pareja de amigos con quienes se había encontrado, así que me dio chance de ir detrás de Joaquín. No estaba segura para qué. Le di el alcance una cuadra más allá en una tienda de tablas de surf.

  • Joaco ¿cómo estás?
  • Bien – tenía en sus manos una Evolutiva.
  • Está bonita ¿te la comprarás?
  • Ojalá Alex me la regale por mi cumpleaños, ya le he dicho que quiero ésta.

Me contó que Alex había sufrido un accidente hace unos meses en su moto, estaba mal de salud y su negocio había quebrado. Sentí pena al enterarme de eso porque a pesar de su engaño compartí dos años de mi vida con él. No he olvidado lo sucedido, pero tampoco le deseo nada malo.

Decidí regresar al restaurante. De repente aún encontraba a Alex por ahí. De repente necesitaba con quien conversar y yo dándole la espalda. De repente estaba escrito el que tengamos que habernos encontrado en esas circunstancias… De repente soy una tonta al estar dándole una oportunidad a alguien que me defraudó.

Fue el destino o lo que sea, pero ahí estaba Alex, cerca al restaurante, en el muelle fumando un cigarrillo apoyado  en una baranda. Me acerqué.

  • Hola.
  • Hola – volteó a responderme el saludo y continuó admirando esos colores tenues entre celestes y anaranjados, momento en que el sol se va ocultando en el mar. Se me ocurrió que era una digna escena de una película de Drew Barrymore donde una pareja se reencuentra y se pide mil disculpas.
  • Siento mucho lo de tu accidente y lo de tu negocio.
  • Siento mucho haberte lastimado, creo que todo lo que me pasa es una forma en que la vida me pasa una factura por mis actos.
  • Se llama karma – no quise sonar acusatoria sólo definí el concepto que él había dado.
  • Me fracturé cuatro costillas, el omoplato y la clavícula izquierda. Mientras estuve internado hice una infección que se volvió sepsis. Los médicos dijeron que fue grave – se acabó el cigarro y encendió otro rápidamente. Me quedé lela.
  • Estuve internado tres semanas y dos meses con descanso y, bueno, el negocio se fue a la mierda. Hasta ahora siento dolor al respirar profundo o agitarme.
  • Lo bueno es que ya te recuperaste y estás trabajando, poco a poco irá mejorando tu situación – me dieron ganas de preguntarle si estaba con alguien cuando sucedió el accidente.
  • Gracias por haber regresado y estar aquí conmigo en este momento. La verdad es que me siento muy deprimido.
  • Debes poner de tu parte, todo mejorará. Alex ¿puedo preguntarte algo?
  • Sí, claro.
  • ¿Ibas solo en la moto el día del accidente?
  • No – hizo una pausa. Iba con Olga.

Olga es la mujer con la que me engañó y por la que, obviamente, terminamos. Habíamos llevado un par de cursos juntas en segundo ciclo,  luego supe que se cambió de carrera. Todos en la universidad saben de la reputación de Olga. En fin…

<PONLE UN FINAL A ESTA HISTORIA>

MI AMIGA LUVA

Estudié Inglés por catorce meses en el UK. Después, para obtener una mejor certificación, estudié en el centro de idiomas de la UNS, pero no llegué a dar el examen internacional. Puedo decir que en el Writing y en el Reading me va bien, no obstante en el Listening y en el Speaking no. Tal vez sea porque como soy desorejada (para cantar y escuchar) en mi idioma natal cuanto más en otro idioma.

En el tiempo que viví en New Jersey, estudié Inglés en el Bergen Comunity College. El examen de ubicación constó de cien preguntas escritas y una entrevista. Estoy segura que el examen lo di como para un 92, tal vez 94, pero en la entrevista se me dificultó entender lo que me preguntaban…respondí escuetamente, incluso (como la entrevista fue delante de otras personas que también estaban pasando el examen de ubicación) un señor puertorriqueño intervino en la traducción de una pregunta que me hizo uno de los profesores. Alcancé el nivel Intermedio I, el Listening y Speaking habían bajado mi calificación…

El primer día de clases estaba ansiosa porque mis primos me habían contado que ningún profesor hablaba otro idioma que no sea Inglés. Tras caminar cinco cuadras desde la estación del bus, llegué temprano a la escuela. Al ingresar al aula me sentí como si estuviera en “Salvado por la Campana” (la decoración del aula era como la que se mostraba en series noventeras, la primera que vino a mi mente fue ésta, recordé a “Zack Morris” y “Screech”). Me senté en la segunda fila a lado de la pared. En el salón, sólo estábamos: la profesora (mujer de aproximadamente cincuenta y cinco años, de pelo negro, delgada y de tez blanca), una chica de dieciocho años cubierta con un velo de color marrón y yo. Nos sonreímos y nos saludamos con un: hello… me llamó la atención el mapa de varios colores de Estados Unidos de América que ocupaba la mitad del muro que estaba a mi derecha. Al poco rato comenzaron a llegar los demás alumnos. A mi lado se sentó una mujer mayor, le calculo sesenta y cinco años (tal vez un poco más), rubísima (llevaba el pelo recogido), de ojos azules, aproximadamente de metro sesenta y ocho de estatura, delgada y con un semblante serio.

Todos en el salón estábamos en silencio hasta que la teacher escribió en la pizarra: Mrs. Marsha. Nos saludó parcamente: Good morning everybody. My name is Marsha. Los alumnos escuchábamos atentos, tratando de entender algo de lo que la profesora estaba hablando. Nos contó que era newyorquina  por eso su acento era un poco diferente a los de New Jersey (donde hablan un poco más rápido), la verdad yo no distingo el acento de estos dos estados. Me bastaba con comprender dos o tres palabras en una oración para entender, más o menos, lo que la profesora nos narraba. Contó, también, que salía muy temprano de su casa, tomaba el tren y regresaba muy de noche (mientras nos describía su día a día señalaba los tres bultos que estaban encima del escritorio), por ello es que debía traer su almuerzo más una maleta con rueditas donde cargaba libros y algún abrigo, además de su cartera.

La profesora no sabía ni una palabra en Español, los alumnos en el Bergen son de tantos países diversos que es imposible que el profesor sepa tantos idiomas. Nos teníamos que comunicar como sea, incluso usando señas.

La primera lección parecía muy fácil, descripción de las personas, si era alto, bajo, delgado, gordo, peso promedio y adjetivos calificativos. Aprendí algunos adjetivos como “outgoing” que no sabía su significado  y reforcé la gramática.

En el break mi compañera voltea y sin emitir ningún gesto me preguntó mi nombre. Liz. And your name? Luva. Lo escribió en un papel: “Liujvor”. Tenía un acento inconfundible. Antes creía que el acento de los brasileños era inconfundible hasta que escuché hablar a un portugués, desbaratándome tal idea. No obstante, el acento de Luva sí que era inconfundible. Era rusa y pronunciaba la R divertidamente y creyó, por alguna extraña razón, que yo era pakistaní. No! I am peruvian, I am from Peru, South America you know? Y Luva como quien trata de recordar un número de teléfono oh yeah, near to Ecuador… Ella no sabía ni una sola palabra en Español, al igual que la profesora y  mis compañeros de otros continentes.

Felizmente, tenía compañeros con los cuales podía hablar en español, con los que más hablaba era con dos colombianos súper chéveres: Vanessa y Jerson (de Medallo y Bogo). Nos preguntábamos constantemente: ¿qué ha dicho la profesora? También había una compañera chilena que cuando se presentó me dijo: yo soy una chilena buena, una coreana (con la que no hablé ni una palabra), tres mexicanas un poco malas leches (muy diferentes a otros mexicanos que conozco que son buenísima onda), una peruana (se dejaba llamar “Perú” por las mexicanas), una libanesa (chica muy dulce y amable), un venezolano (están por todos lados…), un argentino (vestía todos los días de negro), una turca (hablaba muy poco y sonreía tímidamente), una pakistaní (fue la primera que vi al entrar al salón el primer día de clases, siempre estaba con una sonrisa) y una marroquí (tenía una belleza excepcional).

El primer día se rompió la punta de mi lápiz y le pedí prestado uno a Luva; al devolvérselo, me lo regaló. Cada vez que Luva llegaba al aula, saludaba con un: hello beauty y sonreía amablemente. Tratábamos de practicar Inglés con temas intrascendentes como: qué fue nuestro almuerzo, qué hicimos en la tarde y en la noche, etc. Le conté que la selección de mi país había clasificado  después de treinta y seis años al mundial que se realizaba en su país. Ella me dijo, o bueno yo entendí, por sus palabras y gestos, que en Rusia el fútbol no es un deporte popular como lo es el Rugby. Me gustaba conversar con ella, saber más de mi compañera de carpeta aunque era difícil y divertido sostener una conversación en un idioma que ninguna de las dos lo hablábamos correctamente.

Mi amiga me contó que llevaba cinco años en Estados Unidos, hablaba y entendía el idioma más o menos, pero escribía las palabras como las pronunciaba, o sea, mal escritas. Siempre se sorprendía cuando Mrs. Marsha nos devolvía los exámenes, donde yo obtenía 100 o 98 puntos, mientras que ella a las justas llegaba a 80. Sin embargo, ella hablaba mejor y más que yo. Cuando no sabía cómo explicarme algo, cogía su celular y recurría al traductor.  Yo también  acudía al traductor de Google y con gestos y palabras sencillas ambas tratábamos de hacernos entender.

Luva tenía muchas ganas de hablar correctamente el Inglés por eso participaba constantemente en clase, ponía ejemplos para  que la profesora le corrigiera. Cada vez que ella terminaba de dar un ejemplo decía en voz alta: Liz your turn. Y yo en voz baja respondía: No Luva thank you. Ella replicaba: Come on, don´t worry, do it! Caramba, me ponía en aprietos produciendo risas en todo el salón sobre todo en las “nacas” mexicanas (unas chicas muy burlonas), no me quedaba otra que dar un ejemplo también. Ella me hacía hablar en Inglés. Por supuesto que lo hacía con la mejor intención del mundo, pero para una chica tímida como yo, era un momento súper incómodo.

Llegó a decirme: tú eres inteligente, escribes bien pero debes practicar más hablando inglés, yo sólo trato de ayudarte, no te enfades. Qué linda y amable my friend. Un día llegó con unas revistas cristianas y unos poemas, obviamente en Inglés. Take for you, me dijo. Oh thank you Luva, you are so kind. This is garbage for me, to read it will help you. Garbage? Seriously? Qué gracioso. El fin de semana había hecho limpieza en su casa rescatando de la basura esos textos para mí. Cuando les conté a mis primos se destornillaban de risa. Qué buen gesto Luva, aún los conservo.

Se emocionaba al recordar su juventud, me contó que de joven había viajado por toda Rusia en moto con su enamorado. Me recomendaba, constantemente, que debía viajar y conocer otros lugares por eso se puso muy contenta cuando le  conté que me iba de vacaciones a California por una semana. I love the beach, California is so hot, me dijo. Un día Lunes, a los pocos días que regresé de mis vacaciones en el Oeste, ella llegó bronceadísima a clase, se había ido a Jersey shore (las playas de New Jersey), me enseñó fotos en bikini con su perro en la orilla.

El último día de clase, Luva estaba ansiosa esperando la visita de su hija y de su nieto que llegarían en verano. Cuando le pregunté por qué no viajaba ella a Rusia se puso seria y sólo dijo: No, no… quedaba claro que existían razones poderosas para que ella no regresara a su país. Anyway…

Grandes recuerdos y gran aprecio hacia Luva, una mujer amable, de carácter fuerte, de espíritu joven y aventurero.

STRESS

Hace unas semanas pasé por un momento stresante que creo que fue el motivo por el cual se me quitara el sueño a las cuatro de la mañana.

A varios de nosotros nos stresan diferentes cosas. Por ejemplo a mis padres les stresa saber que tienen que hacer documentos (de cualquier índole) siempre me los pasan de taquito. “Claro que la abogada los haga, a ella le gustan los trámites”.

A mí lo que me estresa es saber que tengo que discutir con alguien. Soy muy mala en las discusiones. Y no es que “tengo que discutir con alguien” porque se me ocurrió, sino que a veces pasan cosas como algún error en el trabajo o algún desacuerdo con alguien y es necesario enfrentarlo. Algunas veces los temas pueden ser serios o trascendentales (más cuando está en juego una suma de dinero como fue en mi caso).

En el momento de la discusión olvido decir muchas cosas (de por sí soy bien olvidadiza) y cuando ya pasó “el momento” se me ocurren frases célebres 🤦‍♀️… ¿Por qué seré así? ¿Les ha pasado eso?

Soy abogada, pero no soy pendenciera. Tal vez por lo mismo que no soy litigante. ¿O será al contrario? ¿No soy litigante porque no soy pendenciera? En fin…

La discusión con esa persona (de la que hablé líneas arriba y afectó mi sueño) no fue tan mal, se solucionó rápidamente, pero el hecho de saber que tendríamos que discutir me stresó. Hablando de discusiones, viene a mi mente la que tuve con una ex compañera de trabajo, que con voz despectiva me llamó “pacharaca” (entiéndase holgazana) por no quedarme más allá de mi horario de trabajo. No era mi culpa terminar con mis pedientes a tiempo y que ella no haya terminado lo suyo. Soy renuente a quedarme horas extras sin motivo y paga justificados. Aquella vez llegué llorando a mi casa, no quise regresar a la oficina al día siguiente para no tener que verle la cara a esa persona. Soy psicosomática, no obstante enfrento las cosas que me tocan pasar, al día siguiente tuve que volver con mi mejor cara al trabajo. Por más que ignoraba a esa víbora ponzoñosa, me sonreía y hablaba con normalidad. En ese momento no lo sabía, pero las personas que tratan de esa forma es porque ellas son tratadas de la misma manera por alguien más. Qué tóxico aquello que un día te insulta y al día siguiente está como si nada sonriéndote. O sea, si te caigo mal, bacán, pero no seas hipócrita. Si me vas a odiar, ódiame bien.

Volviendo al tema de hoy, hace poco una amiga mía pasó por un cuadro de stress fuerte. Se le acumuló los problemas del trabajo con la tesis al punto de salirle erupciones en la piel causándole no sólo dolor físico sino, también, deprimiéndola al ver su rostro afectado. Al cabo de varios días de descanso mejoró, pero vamos al punto de qué tanto puede influir el stress en el bienestar físico y emocional.

Tengo otra amiga que cuando está muy preocupada o saturada con asuntos del trabajo se le empieza a caer el pelo de manera exagerada. Esto la ha llevado varias veces a visitar a dermatólogos y la respuesta siempre es la misma (después de recibir la receta de tópicos y vitaminas): “procura no estresarte”. Como si fuera fácil manejar el stress…

Conozco a personas que adelgazan con cuadros de stress, otras suben de peso. En mi caso, mi gastritis se manifiesta, se me quita el sueño, me salen granitos y últimamente he visto que me han salido manchitas en el rostro tipo pecas (¿o eso será por la edad? 🙄).

Para mí y creo que para la mayoría de personas, es muy importante mi tranquilidad, mi paz, mi estabilidad emocional (que me ha costado tiempo, dolores de cabeza y de corazón conseguir). Me tranquiliza muchísimo decirle a nuestro Señor que se haga su voluntad y por arte de magia me siento más liviana. También procuro decirme a mí misma, como afirma Mónica Rodríguez Restrepo: “Estoy en mi camino, honro mi camino, camino mi camino” de tal manera que no me abrume la vida 🙂.

¿Y a ustedes qué les stressa?

¿Cuándo pasan por situaciones de stress se ve reflejado en su físico?

¿Cómo manejan el stress?

Nos leemos.

Un abrazo.

Zu

PROCRASTINACIÓN ALÉJATE DE MÍ

Hace casi ocho meses decidí escribir un blog y publicar una vez por semana: un relato, una opinión, una reflexión tal vez… también me propuse leer dos o tres libros por mes (todo lo que no leí antes).

Durante este tiempo he cumplido con mi propósito principal: escribir a diario (durante horas, media hora o tan sólo unos minutos), algunas veces escribo dos hojas, una hoja, media hoja o un párrafo.

Ha habido días en los que no he escrito nada más que mensajes en whatsapp, ni he leído nada más que lo que me interesa en redes sociales. Como hace unas semanas que me fui de vacaciones a un lugar precioso, y sólo leí en el aeropuerto mientras esperaba la hora de abordar. Quise e intenté continuar leyendo, pero el compartir videos y fotos de mi viaje con amigos y familiares me tomaba más tiempo del que había dispuesto y cuando me daba cuenta me estaba cayendo de sueño.

En estas dos últimas semanas he sucumbido a uno de mis mayores placeres: las series de televisión. Yo casi no veo tele, salvo, ahora, una novela brasileña y “Reportaje al Perú”. Después de las cuatro temporadas de “Outlander” y “Pose” no he estado enganchada con ninguna serie hasta que gracias a la cinéfila de mi hermana me he pegado con una serie recontra popular y que por lo mismo no me llamaba la atención verla cuando estaba al aire: “Juego de Tronos”. En dos semanas ya voy por la tercera temporada y estoy siguiendo a todos sus actores en Instagram 😀.

Debido a que en mis ratos libres ando pegadaza con GOT, es que no termino la lectura de “Los perros hambrientos” y tampoco he comenzado ni continuado algún relato. Ahora, heme aquí contando el motivo por el cual no he escrito un post para esta semana: procrastinación.

Mi problema es que tengo ganas de hacer lo que me he comprometido conmigo misma y lo que más me gusta hacer, pero me dejo llevar por otros placeres 🤗.

Y, bueno, contándoles el por qué no he preparado un relato o artículo para hoy, ya voy escribiendo más de trescientas palabras ☺️.

Trataré de acabar cuanto antes “Juego de tronos” para continuar leyendo y escribiendo ¿o debería, tal vez, ponerme horarios para escribir, leer y ver tele? 🙄

Un abrazo. Hasta la próxima.

Zu.