MI AMIGA LUVA

Estudié Inglés por catorce meses en el UK. Después, para obtener una mejor certificación, estudié en el centro de idiomas de la UNS, pero no llegué a dar el examen internacional. Puedo decir que en el Writing y en el Reading me va bien, no obstante en el Listening y en el Speaking no. Tal vez sea porque como soy desorejada (para cantar y escuchar) en mi idioma natal cuanto más en otro idioma.

En el tiempo que viví en New Jersey, estudié Inglés en el Bergen Comunity College. El examen de ubicación constó de cien preguntas escritas y una entrevista. Estoy segura que el examen lo di como para un 92, tal vez 94, pero en la entrevista se me dificultó entender lo que me preguntaban…respondí escuetamente, incluso (como la entrevista fue delante de otras personas que también estaban pasando el examen de ubicación) un señor puertorriqueño intervino en la traducción de una pregunta que me hizo uno de los profesores. Alcancé el nivel Intermedio I, el Listening y Speaking habían bajado mi calificación…

El primer día de clases estaba ansiosa porque mis primos me habían contado que ningún profesor hablaba otro idioma que no sea Inglés. Tras caminar cinco cuadras desde la estación del bus, llegué temprano a la escuela. Al ingresar al aula me sentí como si estuviera en “Salvado por la Campana” (la decoración del aula era como la que se mostraba en series noventeras, la primera que vino a mi mente fue ésta, recordé a “Zack Morris” y “Screech”). Me senté en la segunda fila a lado de la pared. En el salón, sólo estábamos: la profesora (mujer de aproximadamente cincuenta y cinco años, de pelo negro, delgada y de tez blanca), una chica de dieciocho años cubierta con un velo de color marrón y yo. Nos sonreímos y nos saludamos con un: hello… me llamó la atención el mapa de varios colores de Estados Unidos de América que ocupaba la mitad del muro que estaba a mi derecha. Al poco rato comenzaron a llegar los demás alumnos. A mi lado se sentó una mujer mayor, le calculo sesenta y cinco años (tal vez un poco más), rubísima (llevaba el pelo recogido), de ojos azules, aproximadamente de metro sesenta y ocho de estatura, delgada y con un semblante serio.

Todos en el salón estábamos en silencio hasta que la teacher escribió en la pizarra: Mrs. Marsha. Nos saludó parcamente: Good morning everybody. My name is Marsha. Los alumnos escuchábamos atentos, tratando de entender algo de lo que la profesora estaba hablando. Nos contó que era newyorquina  por eso su acento era un poco diferente a los de New Jersey (donde hablan un poco más rápido), la verdad yo no distingo el acento de estos dos estados. Me bastaba con comprender dos o tres palabras en una oración para entender, más o menos, lo que la profesora nos narraba. Contó, también, que salía muy temprano de su casa, tomaba el tren y regresaba muy de noche (mientras nos describía su día a día señalaba los tres bultos que estaban encima del escritorio), por ello es que debía traer su almuerzo más una maleta con rueditas donde cargaba libros y algún abrigo, además de su cartera.

La profesora no sabía ni una palabra en Español, los alumnos en el Bergen son de tantos países diversos que es imposible que el profesor sepa tantos idiomas. Nos teníamos que comunicar como sea, incluso usando señas.

La primera lección parecía muy fácil, descripción de las personas, si era alto, bajo, delgado, gordo, peso promedio y adjetivos calificativos. Aprendí algunos adjetivos como “outgoing” que no sabía su significado  y reforcé la gramática.

En el break mi compañera voltea y sin emitir ningún gesto me preguntó mi nombre. Liz. And your name? Luva. Lo escribió en un papel: “Liujvor”. Tenía un acento inconfundible. Antes creía que el acento de los brasileños era inconfundible hasta que escuché hablar a un portugués, desbaratándome tal idea. No obstante, el acento de Luva sí que era inconfundible. Era rusa y pronunciaba la R divertidamente y creyó, por alguna extraña razón, que yo era pakistaní. No! I am peruvian, I am from Peru, South America you know? Y Luva como quien trata de recordar un número de teléfono oh yeah, near to Ecuador… Ella no sabía ni una sola palabra en Español, al igual que la profesora y  mis compañeros de otros continentes.

Felizmente, tenía compañeros con los cuales podía hablar en español, con los que más hablaba era con dos colombianos súper chéveres: Vanessa y Jerson (de Medallo y Bogo). Nos preguntábamos constantemente: ¿qué ha dicho la profesora? También había una compañera chilena que cuando se presentó me dijo: yo soy una chilena buena, una coreana (con la que no hablé ni una palabra), tres mexicanas un poco malas leches (muy diferentes a otros mexicanos que conozco que son buenísima onda), una peruana (se dejaba llamar “Perú” por las mexicanas), una libanesa (chica muy dulce y amable), un venezolano (están por todos lados…), un argentino (vestía todos los días de negro), una turca (hablaba muy poco y sonreía tímidamente), una pakistaní (fue la primera que vi al entrar al salón el primer día de clases, siempre estaba con una sonrisa) y una marroquí (tenía una belleza excepcional).

El primer día se rompió la punta de mi lápiz y le pedí prestado uno a Luva; al devolvérselo, me lo regaló. Cada vez que Luva llegaba al aula, saludaba con un: hello beauty y sonreía amablemente. Tratábamos de practicar Inglés con temas intrascendentes como: qué fue nuestro almuerzo, qué hicimos en la tarde y en la noche, etc. Le conté que la selección de mi país había clasificado  después de treinta y seis años al mundial que se realizaba en su país. Ella me dijo, o bueno yo entendí, por sus palabras y gestos, que en Rusia el fútbol no es un deporte popular como lo es el Rugby. Me gustaba conversar con ella, saber más de mi compañera de carpeta aunque era difícil y divertido sostener una conversación en un idioma que ninguna de las dos lo hablábamos correctamente.

Mi amiga me contó que llevaba cinco años en Estados Unidos, hablaba y entendía el idioma más o menos, pero escribía las palabras como las pronunciaba, o sea, mal escritas. Siempre se sorprendía cuando Mrs. Marsha nos devolvía los exámenes, donde yo obtenía 100 o 98 puntos, mientras que ella a las justas llegaba a 80. Sin embargo, ella hablaba mejor y más que yo. Cuando no sabía cómo explicarme algo, cogía su celular y recurría al traductor.  Yo también  acudía al traductor de Google y con gestos y palabras sencillas ambas tratábamos de hacernos entender.

Luva tenía muchas ganas de hablar correctamente el Inglés por eso participaba constantemente en clase, ponía ejemplos para  que la profesora le corrigiera. Cada vez que ella terminaba de dar un ejemplo decía en voz alta: Liz your turn. Y yo en voz baja respondía: No Luva thank you. Ella replicaba: Come on, don´t worry, do it! Caramba, me ponía en aprietos produciendo risas en todo el salón sobre todo en las “nacas” mexicanas (unas chicas muy burlonas), no me quedaba otra que dar un ejemplo también. Ella me hacía hablar en Inglés. Por supuesto que lo hacía con la mejor intención del mundo, pero para una chica tímida como yo, era un momento súper incómodo.

Llegó a decirme: tú eres inteligente, escribes bien pero debes practicar más hablando inglés, yo sólo trato de ayudarte, no te enfades. Qué linda y amable my friend. Un día llegó con unas revistas cristianas y unos poemas, obviamente en Inglés. Take for you, me dijo. Oh thank you Luva, you are so kind. This is garbage for me, to read it will help you. Garbage? Seriously? Qué gracioso. El fin de semana había hecho limpieza en su casa rescatando de la basura esos textos para mí. Cuando les conté a mis primos se destornillaban de risa. Qué buen gesto Luva, aún los conservo.

Se emocionaba al recordar su juventud, me contó que de joven había viajado por toda Rusia en moto con su enamorado. Me recomendaba, constantemente, que debía viajar y conocer otros lugares por eso se puso muy contenta cuando le  conté que me iba de vacaciones a California por una semana. I love the beach, California is so hot, me dijo. Un día Lunes, a los pocos días que regresé de mis vacaciones en el Oeste, ella llegó bronceadísima a clase, se había ido a Jersey shore (las playas de New Jersey), me enseñó fotos en bikini con su perro en la orilla.

El último día de clase, Luva estaba ansiosa esperando la visita de su hija y de su nieto que llegarían en verano. Cuando le pregunté por qué no viajaba ella a Rusia se puso seria y sólo dijo: No, no… quedaba claro que existían razones poderosas para que ella no regresara a su país. Anyway…

Grandes recuerdos y gran aprecio hacia Luva, una mujer amable, de carácter fuerte, de espíritu joven y aventurero.

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