EL SOUNDTRACK DE NUESTRA ADOLESCENCIA

Hace unas tres semanas; Jimmy, Katty y yo compramos las entradas al concierto de Bacilos y Diego Torres. Sus canciones forman parte del soundtrack de nuestra adolescencia. Nos retrotrae a los quinos, a las verbenas, a las primeras borracheras, a las primeras veces en una discoteca, a las primeras ilusiones… ¡Qué chévere! Ahora mismo alucino estar en El Tambo (un quiosco detrás de mi colegio – ¿o debería decir al frente? anyway) tomando Cuba Libre con varios de mis compañeros de promo, fumando esos cigarros con sabor a canela (hace ufff de años que no los pruebo, eran ricos…) viendo al chico que me gustaba fumar y exhalar el humo en forma de figuritas, riéndome como loca de las bromas que le hacen a Mayra por sus cachetes inolvidables y haciendo chanchita para comprar más trago.

No me gusta para nada esta frase, ni creo en ella, pero ahora mismo me pide a gritos que la mencione: “Todo tiempo pasado fue mejor”.

Pensando en el próximo reencuentro de ex alumnos de mi colegio, estos últimos días estuve mirando, nuevamente, Rebelde Way (novela argentina) también estuve escuchando canciones que sonaban mucho en los principios del nuevo milenio, tales como:

1. “Sólo tus canciones” – Daniela Herrero.

2. “A mil por hora” – Lynda.

3. “Pasos de gigante” – Bacilos.

4. “Carito” – Carlos Vives.

5. “Un montón de estrellas” – Polo Montañez.

6. “Huellas” – Joe Vasconcelos.

7. “Que no me pierda” – Diego Torres.

8. “Tabaco y Channel” – Bacilos.

9. “Corazón perdido” – Lynda.

10. “Color esperanza” – Diego Torres.

11. “Dilemma” – Nelly & Kelly Rowland.

12. “Fuck it” – Eamon.

13. “Perfect” – Simple Plan.

14. “Yellow” – Coldplay.

15. ” It wasn`t me” – Shaggy.

Ahora mismo viene a mi recuerdo las canciones con coreografía incluida (aunque esas no las escuché esta semana) tipo:

1. “Mayonesa”

2. “Aserejé”

3. “Agachadita”

4. “Axé”

Tanta fue mi emoción por evocar estos años maravillosos donde mi única preocupación era que mi papá me dé permiso para salir y pasar el curso de Física Elemental (con el profesor Cotos más conocido como “Cotín”) que comencé a compartir estas canciones en mis redes sociales.

A las pocas horas recibí la llamada de mi mejor amigo: ¿Quién quiere saber tu edad? Con lo que andas publicando ya todos saben que tienes más de treinta. Me maté de risa. Y es que Jimmy se jura un millenial reggaetonero, pero bien que se sabe todas las letras de las canciones que he mencionado y le salta el corazón al escucharlas (como a Katty y como a mí).

Abrazo grande a todos los treintañeros 😁.

Zu

AÑOS DE TERROR

No tengo el honor de conocer Ayacucho. Sé por parte de mi hermana, amistades, fotos que he visto y por la novela “Amor Serrano” que es una región hermosa con paisajes inmejorables (como toda la serranía peruana) marcada por una triste y terrible historia que dejó el terrorismo (miles de muertes, desapariciones y todo tipo de vejaciones).

Hace algunos años, tomé conciencia de lo sucedido en Ayacucho al leer “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo. Me quedé atónita y le hice preguntas a mi hermana mayor (que por cuestiones laborales ha visitado lugares recónditos de Ayacucho y tienes amigos de esa región). Ella me contó todo lo que sabía de esta época del terrorismo por noticias que vio, escuchó, leyó y por los propios testimonios que sus amigos ayacuchanos le narraron: “Cuando estuve en Huamanga pude percibir la tristeza tan honda en los ojos de sus pobladores” me dijo.

A raíz de mi última lectura: “La Distancia que nos separa” de Renato Cisneros recordé lo años de terror que padeció Ayacucho. En una parte de la novela el autor cuenta el episodio de la explosión de una bomba en la puerta de su casa de Monterrico quedando un letrero en la puerta con las iniciales  “MRTA” (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru). Dejando notar que este atentado había sido ocasionado por ese grupo terrorista. Su papá el general “Gaucho” Cisneros dijo a su familia: “Esto es obra de Montesinos, los terroristas no amenazan”.

Coincidentemente esta semana en TV Perú han transmitido diariamente una película peruana, es así que el día viernes pude ver “La casa rosada”.  Una película que muestra claramente el abuso que padecieron los ayacuchanos en esos años de terror, con una imágenes tan fuertes que me hacía voltear la cabeza a otro lado…

Me llena de indignación (creo que como a todos los peruanos que nos detenemos a pensar en lo sucedido en Ayacucho) el que hayan sido los militares los que mataron a más gente e infundieron mayor miedo a los pobladores que los mismos terroristas. No quiero decir que los terrucos sean mansas palomas o que no hayan acabado con la vida de más de un inocente, sino que es el gobierno que con la pantalla de “acabar con el terrorismo” torturaban y mataban a cualquier persona por la simple sospecha de que eran miembros de esos grupos. Evidencian casos que al no encontrar ninguna prueba que implique a “X” persona con estos grupos terroristas, eran los mismos militares los que “sembraban” pruebas para de esta manera cobrar vidas y salir a decir: Estamos enfrentándonos a los terroristas y estamos acabando con ellos.  Ni que decir de los policías y soldados que eran enviados a esta región, entraban a las casas de los campesinos y tomaban a sus mujeres por el simple hecho de creerse que eran los que tenían el poder… de alguna forma creo que lo tenían al ser confundidos, por sus actos, como terroristas.

Triste realidad.

 

 

 

MIS VIEJOS AMORES

A todos nos da por recordar de vez en cuando el pasado… Esta semana, en una conversación con mis compañeras de trabajo recordábamos a nuestros viejos amores que hicieron de nosotras las mujeres que ahora somos. Nos dejaron un poco de ellos y se llevaron, también, una parte nuestra (algunos más que otros).

No recuerdo donde leí que durante nuestra vida tendremos de tres a cinco parejas sentimentales serias. Con cada una seremos felices y al terminar nos romperán el corazón, no querremos saber nada del amor hasta volver a enamorarnos y así sucesivamente…

A lo largo de mi vida me he sentido atraída por varios chicos. Algunos ni cuenta se dieron, otros no me dieron bola, otros me dieron amistad, otros me dieron ilusión, otros me dieron amor; no obstante, todos ellos me dieron qué contar. Creo que he estado enamorada tres veces, pero mientras voy escribiendo estas líneas me detengo a pensar y puedo reconocer que sólo una vez estuve enamorada (perdida, loca y profundamente). Qué bacán poder reconocerlo ahora porque, si bien es cierto, se acabó hace mucho, nadie nos quitará lo bailado. Qué contradictorio, me parece bacán lo que acabo de reconocer, aunque no quisiera volver a estar “perdida, loca y profundamente” enamorada, quiero estarlo: tranquila y sanamente. Cero amores tóxicos.

Enfocándome en el título de esta publicación, mis viejos amores me han dejado recuerdos materiales y anécdotas (las risas y sonrisas que me provocaron no me permitirían negarlo). Ah, pero también me dejaron kilos de desilusiones… En su momento me deshice de muchas cosas y otras han tenido que esperar años para ser desterradas de mi habitación y esto no tiene nada que ver con los sentimientos que le haya tenido a la persona que me los regaló, sólo olvidé purgar mi dormitorio. Por su parte, ellos también se quedaron con cositas mías (regalitos, detalles y algunos hurtos…) sobretodo, se quedaron con buenos recuerdos vivenciales, estoy segura de ello porque en su tiempo (cuando creí estar enamorada de ellos) fui la mejor versión de mí (hasta ese momento claro).

Estoy recordando a “G”, cuando lo conocí era un melómano empedernido, con él escuché bastante rock peruano y punk. Me pasó una gran lista de canciones, en mi play list siguen estando “La liga del sueño”, “6 Voltios” y “Panda”. Me regaló un osito que terminé conservando por casi diez años sin ningún sentimiento en especial, simplemente me gustaba que forme parte de mi colección de peluches. Una década después regalé todos esos peluches a un albergue.

Recuerdo con mucho cariño a “D”, lo conocí en un concierto, a los dos días me envió una tarjeta hecha por él mismo (no lo recordaba hasta que un día, hace unos meses, revisando mis diarios ahí estaba). Tenía bastante habilidad con las manos y tocando guitarra, además le gustaba la trova a morir. De todos los cantautores que me hizo escuchar, mi preferido es Arjona. De él conservo, en mis diarios aún, sus tarjetas y cartitas, una canción que compuso con mi nombre en acróstico con todo y notas musicales!! y, por supuesto, en mi play list todas las canciones de Arjona.

Cuando se acabó lo de “F” me deshice rápidamente de todo conservando sólo un vestido rojo que me gustaba mucho y el play list de Sabina que a él le encantaba y que terminó gustándome.

Qué irónico, me dieron ganas de agradecerles por su amor que en algún momento sé que fue real. Gracias por cada uno de los días que me regalaron y que me permitieron regalarles. Gracias por compartir momentos buenos y malos, por los paseos, los viajes, las cartas, las canciones, los besos, las noches, las comidas, los sueños, las risas, los tragos, las películas; pero también gracias por las mentiras, los desaires, la indiferencia, las lágrimas, las discusiones, los engaños, la traición.

Sin ustedes no tendría la seguridad de ser una buena mujer que sabe lo que quiere y lo que se merece, que sabe respetar y se respeta, que sabe amar y se ama, y que se reinventa las veces que sean necesarias.

Gracias viejos amores por hacerme más sabia y más fuerte.

 

Zu