AÑOS DE TERROR

No tengo el honor de conocer Ayacucho. Sé por parte de mi hermana, amistades, fotos que he visto y por la novela “Amor Serrano” que es una región hermosa con paisajes inmejorables (como toda la serranía peruana) marcada por una triste y terrible historia que dejó el terrorismo (miles de muertes, desapariciones y todo tipo de vejaciones).

Hace algunos años, tomé conciencia de lo sucedido en Ayacucho al leer “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo. Me quedé atónita y le hice preguntas a mi hermana mayor (que por cuestiones laborales ha visitado lugares recónditos de Ayacucho y tienes amigos de esa región). Ella me contó todo lo que sabía de esta época del terrorismo por noticias que vio, escuchó, leyó y por los propios testimonios que sus amigos ayacuchanos le narraron: “Cuando estuve en Huamanga pude percibir la tristeza tan honda en los ojos de sus pobladores” me dijo.

A raíz de mi última lectura: “La Distancia que nos separa” de Renato Cisneros recordé lo años de terror que padeció Ayacucho. En una parte de la novela el autor cuenta el episodio de la explosión de una bomba en la puerta de su casa de Monterrico quedando un letrero en la puerta con las iniciales  “MRTA” (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru). Dejando notar que este atentado había sido ocasionado por ese grupo terrorista. Su papá el general “Gaucho” Cisneros dijo a su familia: “Esto es obra de Montesinos, los terroristas no amenazan”.

Coincidentemente esta semana en TV Perú han transmitido diariamente una película peruana, es así que el día viernes pude ver “La casa rosada”.  Una película que muestra claramente el abuso que padecieron los ayacuchanos en esos años de terror, con una imágenes tan fuertes que me hacía voltear la cabeza a otro lado…

Me llena de indignación (creo que como a todos los peruanos que nos detenemos a pensar en lo sucedido en Ayacucho) el que hayan sido los militares los que mataron a más gente e infundieron mayor miedo a los pobladores que los mismos terroristas. No quiero decir que los terrucos sean mansas palomas o que no hayan acabado con la vida de más de un inocente, sino que es el gobierno que con la pantalla de “acabar con el terrorismo” torturaban y mataban a cualquier persona por la simple sospecha de que eran miembros de esos grupos. Evidencian casos que al no encontrar ninguna prueba que implique a “X” persona con estos grupos terroristas, eran los mismos militares los que “sembraban” pruebas para de esta manera cobrar vidas y salir a decir: Estamos enfrentándonos a los terroristas y estamos acabando con ellos.  Ni que decir de los policías y soldados que eran enviados a esta región, entraban a las casas de los campesinos y tomaban a sus mujeres por el simple hecho de creerse que eran los que tenían el poder… de alguna forma creo que lo tenían al ser confundidos, por sus actos, como terroristas.

Triste realidad.