Mindfulness

Como ya les he contado en otras publicaciones, al regresar de mis vacaciones en Estados Unidos (tiempo que me ayudó a conocerme y, especialmente, a reconocerme) me he dedicado a la sanación, cuidado y crecimiento de mi interior. Ni bien llegué a Lima decidí inscribirme en mi primer taller de “Escritura Creativa” con los capos de Machucabotones, tenía pendiente llevar un curso de Yoga. Por fin, la semana pasada comencé un taller de “Mindfulness, Meditación y Yoga” con la trome en esta materia: Jessica Vega Puch.

Aunque yo sea una persona paciente, confieso que esa paciencia muchas veces me lleva a la ansiedad y el stress, así que tenía que tomar medidas sobre el asunto. Jimmy, con el que casi siempre pierdo la paciencia (lo siento amigo, gracias por aguantarme) dice que yo termino stressándolo y que debí haber empezado este taller antes de los de escritura jajaja. Bueno, tomará tiempo, pero practicaré en bajarle a mi ansiedad I promisse.

Por lo pronto, estoy aprendiendo a disminuir la intensidad a las emociones. Aprendiendo a no reaccionar (cuánto cuesta…). Y como TODO LO QUE SE PRACTICA SE REFUERZA (amo esta frase) sé que debo hacerlo todos los días, tres veces al día (el meditar, el concentrarme en mi respiración). No obstante, honestamente, no lo estoy practicando tanto como quisiera. Me prometo aumentar la práctica y hacer espacios en mi día a día para realizarlo (iré al baño de la oficina a respirar).

En este taller estoy comprendiendo que los pensamientos crean emociones, éstas crean sensaciones físicas y éstas a su vez crean conductas. En la última clase hicimos una práctica de gestión de emociones en la cual todos los participantes meditamos sobe la emoción que estábamos sintiendo en ese preciso momento. Yo reconocí estar sintiendo temor. La gran mayoría (por no decir toda la clase) manifestaron estar sintiendo emociones “negativas” como: tristeza o miedo.

La profesora nos recalcó el No Juzgar nuestras emociones ni como “buenas” o “malas”, ni como “positivas” o “negativas”, ni a nosotros mismos por sentir una emoción difícil o incómoda. Normalmente reaccionamos bloqueando estos malestares (distrayéndonos o automedicándonos) o abrumándonos (pensando más de la cuenta en nuestra emoción y empeorando la situación). Jessica nos enseñó a sostener nuestra emoción y acariciarla como si fuera un niño pequeño. Debemos aprender a aceptar “lo desagradable” sin aferrarnos a eso, pero sin evitarlo ni rechazarlo porque el dolor es parte de la vida. Cada emoción tiene una función.

¡Un fuerte abrazo y buena vibra!

Zu