CORAZÓN ROTO

Habíamos planeado que ni bien termine la verbena por el aniversario del colegio, iríamos a seguirla a casa de Karin. Sus padres eran recontra permisivos y sus dos hermanos mayores se encontraban de viaje así que podíamos divertirnos a nuestras anchas.

Luis no pudo ir porque tenía que estudiar para un examen. Él ya había ingresado a la universidad y a pesar de haber empezado el ciclo unos meses antes, debía sacar las notas más altas si quería obtener una beca, la cual era su meta. En los dos años que llevábamos juntos, Luis había demostrado ser un chico bien estudioso que prefería quedarse a estudiar que salir con amigos. Éramos como agua y aceite, pero nos queríamos. Él era mi primer enamorado y yo era su primera enamorada. Toda la realidad conocida hasta ese momento era perfecta.

Al terminar la verbena, mis amigos y yo subimos a la camioneta de Erick, bueno de su papá, y nos dirigimos a “24 Horas”. Bajaron a comprar Karin, Catherine y Abel. Unos minutos después regresó Karin y me pidió que la acompañara. ¿Qué pasó? ¿Por qué esa cara? ¿Faltó dinero?

Había varios carros estacionados afuera de la licorería. Karin caminaba un paso adelante. Cuando llegamos a la reja del local me dijo triste: Mira – señalando a un Volkswagen rojo polarizado. Sentí que mi corazón estallaba en mil pedazos, mis manos sudaban más de lo normal, mis ojos se hicieron agüita y no podía articular palabra alguna. Karin me abrazó mientras se acercaban Catherine y Abel. Ahí estaba Luis. Conversaba muy cerquita con una chica de gran escote y jean apretado. Ella estaba apoyada en el escarabajo y él tenía sus dos manos en la cintura de ella.

No podía estar pasando eso. Mi Luis tendría que estar estudiando en su casa, solo. De pronto aparecieron dos amigos de él, que  alguna vez me los presentó. Uno de ellos atinó a decir imperativamente: Luis. Voltearon y nos vieron a todos observándolos. No supe qué hacer ni qué decir, sólo di media vuelta y junto con mis amigos regresé a la camioneta. Karin se encargó de contarles a los demás lo que acababa de suceder. Nadie lo podía creer. Lo único que yo quería era estar sola en mi habitación y llorar. Sentía dolor en el pecho y vergüenza. No podía ir a mi casa así, mis hermanas se darían cuenta y se lo dirían a mis papás. Mi mamá llamaría a la mamá de Luis y  mi papá iría a buscarlo y le sacaría la mugre, estoy segura.

En casa de Karin me lavé la cara, fumé un cigarro, bebí dos tragos de Cuba Libre y le pedí por favor a Erick y a Pili que me llevaran a mi casa. El reloj marcaba las 12.40 de la noche, felizmente mis papás no eran de los que esperaban despiertos a sus hijas.

Me puse el pijama y al acostarme, ahí estaba el maldito peluche que me había regalado Luis en la Navidad pasada. Me dio arcadas y lo arrojé debajo de la cama. Recé y le pedí a Dios que me haga olvidarlo. Increíblemente después de que dije: Diosito que se haga tu voluntad me quedé profundamente dormida.

Al día siguiente, Luis llamó por teléfono. Por suerte contestó mi papá quien, a petición mía, le dijo que no quería  hablar con él y que no volviera a llamar. Tuve que explicarle el motivo de mi reacción:

  • Papi te voy a contar pero no se lo comentes a nadie. Lo que pasa es que Luis ya no me gusta. Ya no quiero estar con él. Se lo he dicho pero, él insiste.
  • Me parece lo mejor hijita, los enamorados a los dieciséis solo quitan tiempo, ya te falta poco para terminar el colegio, ingresarás a la universidad y harás más amistades. El amor llegará cuando tenga que llegar ni antes ni después. Todo a su tiempo mi Julieta bonita.

Me puse a llorar en los brazos de mi papá, no por haber sido traicionada, sino por la mentira que le estaba contando al hombre que más me amaba en el mundo. Al maravilloso ser humano que me consolaba siempre y al que podía correr a llorar. No podía romperle el corazón contándole cómo a mí me lo habían roto la noche anterior. No. Tenía que ser fuerte y olvidarme de ese idiota.

Los días fueron pasando y mantenía mi mente ocupada entendiendo Física Elemental, tenía bajas notas en el curso. Los viernes por la tarde seguí reuniéndome  con mis amigas en el “Tambo” a tomar algo y conversar. Los sábados íbamos al cine “Bahía” o a caminar por el centro de la ciudad. La verdad es que cuando recordaba lo sucedido me dolía muchísimo, pero trataba de no pensar mucho en ello y mi vida seguía transcurriendo de forma “normal”. Era Setiembre y todos los temas de conversación se tornaban a cerca del viaje de excursión, de la graduación y el baile de promo.

Luis no volvió a llamar. No fue a mi casa. Ni siquiera intentó buscarme a la salida del colegio. ¡Qué maldito! Después de dos años de haber estado juntos, por lo menos hubiera tratado de explicar lo inexplicable, disculparse o lo que sea…

No volví a pasar por su calle y, obviamente, él por la mía, tampoco. Pronto llegó el verano y con él la preparación para entrar a la Universidad. No tenía ganas de estudiar, pese a ello y a todos los pronósticos ingresé a la Universidad Nacional. Sería comunicadora social.

Creía que al empezar la universidad ya no pensaría más en Luis. Error. No fue así. Me atormentaba la idea de que estando conmigo, también estaba con esa chica. Ni siquiera le importó darme alguna explicación y tal vez eso fue lo mejor porque seguro lo hubiese perdonado.

Había escuchado que a los dieciséis siempre eran reales los sentimientos, probablemente en algún momento fue real el amor que sintió por mí, pero también fue real su engaño.