LIGUE DE OFICINA

Y ahí estábamos, frente a frente, mirándonos como si no hubiese pasado nada entre nosotros. Lo cierto es que habíamos hecho el amor el día anterior en su oficina. Nadie se dio cuenta de lo que pasó y tampoco nadie se ha dado cuenta que entre él y yo existe un coqueteo, un affaire, una atracción, un gileo. O sea, es simple: él me gusta, yo le gusto (es obvio), pero no puede haber nada entre los dos.

Él está comprometido, su novia trabaja en la misma empresa que nosotros, vaya suerte. La verdad es que tampoco quisiera que haya algo entre él y yo. Para tire está bien, pero para nada más. Pienso que no podría estar con alguien de quien se dice que ha engañado a su novia con más de una compañera… lo mismo haría conmigo.

No me detuve a pensar cómo es que pasó, sólo seguí su juego. Fue sexo y estuvo bueno. Sus manos grandes me inquietaban, su voz ronca me excitaba, sus ojos locos que se volvían tiernos cuando se acercaba a mí me gustaban.

Todos en la empresa sabemos que Gonzalo va a casarse con la secretaria del jefe de Logística. Nunca los he visto juntos dentro de la empresa, ni siquiera en la hora del almuerzo; sin embargo a la hora de salida se van juntos, tal vez sea su manera de evitar comentarios. En fin, a pesar que Gonzalo es un poco serio y enojón, es coqueto. Lo he visto coquetear con más de una mujer, entre compañeras y clientas, dicen que ha tenido algo con una de las abogadas de Asesoría Legal.

Gonzalo y yo trabajamos en diferentes áreas, no sé bien en qué momento comenzamos a conversar más e incluso a bromearnos en doble sentido. Creo que todo empezó hace unas semanas al entregarme un oficio, sus dedos rozaron los míos, esa escena se repitió una vez más. Lo miré y le dije con una escueta sonrisa ¿qué te pasa? Él, por supuesto, muy fresco respondió: nada ¿por qué? Fue ahí donde me percaté de sus manos grandes, blancas y grandes. Ok si él quiere jugar, pues jugaremos, pensé. Debo confesar que al fijarme en el tamaño de sus manos, más de una vez lo imaginé tocándome y supuse que todo en él debía ser proporcional. Empezó a darme mucha curiosidad el tema de la proporcionalidad en Gonzalo, es decir, comencé a observarlo, debe estar en treinta y seis años, sobrepasa el metro ochenta, no llega a noventa kilos, es notorio que no practica deporte alguno y debe calzar cuarenta y tres o tal vez más.

Nuestras conversaciones por whatsapp se tornaron más fluidas, el reaccionaba a los memes que publico en mis estados, yo comentaba las canciones que él sube a sus estados, y cosas así. En el trabajo, comencé a mirarlo como él me miraba, a sonreírle como él me sonreía. Quería saber hasta dónde llegaría este gileo.

En vista de que si seguían así las cosas, iba a aparecer en mí algún remordimiento por estar coqueteando con el novio de otra mujer. Decidí terminar con eso y sacarme la espina de una buena vez. Fui a la oficina de Gonzalo, menos mal estaba solo. Hola, se sorprendió un poco al verme, pero su mirada coqueta intervino en el acto.

  • Hola ¿qué haces? ¿Estás ocupado?.-me incliné un poco hacia él que seguía sentado.
  • Estoy terminando unos informes que me pidieron.- posó su mirada en mis ojos.- Tienes los ojos más negros que he visto.- Gonzalo es el típico florero.
  • Y tú tienes las manos más grandes que yo he visto.- dando rienda suelta a mi coquetería.

Ambos sonreímos. Él se puso de pie y echó seguro a la puerta. Yo me quedé apoyada en su escritorio. Gonzalo sabía muy bien para qué había ido a su oficina y yo tenía la certeza de que él no se negaría a nada. Desde que sus dedos rozaron los míos, hace semanas, lo que hay entre los dos se convirtió en una cuestión de piel que se tenía que concretar.

Caminó despacio hacia mí sin quitarme los ojos de encima. Puso sus manos en mi cintura, se inclinó un poco. Yo incliné mi cabeza hacia un costado mientras cogía su corbata. Ambos sonreíamos.

  • Me gustas mucho, tu piel morena me encanta, tus ojos negros son fascinantes.- Lo decía mientras acariciaba suavemente mis mejillas.

Lo jalé de la corbata trayéndolo hacia mí y le susurré al oído muéstrame lo que esas manos grandes pueden hacer. Nos besamos y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, a explorarme, a excitarme.

Le quité la corbata y desabotoné la camisa. Él desabotonó con cuidado mi blusa de seda. Dejamos nuestras ropas en una de las sillas.

Comencé a besarle el cuello mientras él se desabotonaba el pantalón. Miré la hora en mi reloj: cinco y veintiocho, pensé que en media hora él se iría con su novia. Justo en ese momento sonó el teléfono, era su jefe pidiéndole que le presente el informe mensual antes de las seis de la tarde. Sí ingeniero, no se preocupe, antes de las seis subo a dejarle el informe.

Se volvió hacia mí. Pensando en la hora, lo besé fuerte, nos besamos fuerte, con ganas acumuladas. Levantó con cuidado mi falda. Lo toqué y acaricié. Pensé en la proporcionalidad de sus manos con su miembro. Me dio media vuelta contra el escritorio y sin sacarme el bikini me hizo suya.

No estuvo nada mal, pero pudo ser mejor. Mi reloj marcaba las cinco y cuarenta y dos cuando volteé hacia él.

  • Me gustas mucho Violeta.
  • Me tengo que ir. Termina tu informe.– mientras me acomodaba la falda.
  • Sí, ya me falta poco.
  • Bueno pues Gonza. – me estaba abotonando la blusa. – conversamos después.
  • Claro que sí. En la noche por whatsapp.
  • Jajajaja ok. – se acercó a mí dándome un beso tierno en la boca.
  • Salí de su oficina sintiendo que todos me veían, pero la verdad es que no había nadie por el pasillo.

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