LOS VIAJES SE VIVEN TRES VECES

Esa ilusión de escoger un lugar al cual viajar para celebrar alguna ocasión especial, por disfrutar, desconectarte o simplemente conocer. Y cuando por fin decidimos a dónde iremos comenzamos a indagar sobre el lugar, sobre sus sitios turísticos, sobre las distancias, sobre su moneda, etc. No podría olvidar mis vacaciones planeadas. Por eso me sorprendió que una compañera haya comprado unos pasajes aéreos con meses de anticipación y lo olvidó completamente. Si no fuese porque su celular, dos horas antes de abordar, recibió un mensaje recordatorio. Obviamente, perdió el vuelo porque no había pedido permiso en la oficina.

En los últimos años, los cumpleaños de mis papás se han convertido en la fecha especial y obligatoria para viajar (cumplen años en fechas seguidas). Con anticipación de meses atrás, mi mamá escoge el destino al que viajaremos sin haber averiguado nada sobre el lugar, sólo se basa en que, como dice ella en tono irónico: “me llama ese lugar” 🤭. Prácticamente, después de comprar los pasajes recién averiguamos sobre los sitios turísticos a visitar.

Creo que no importa a dónde viajar, lo único que importa es viajar, conocer lugares, probar otros sabores, experimentar nuevas cosas y sobre todo observar y admirar la cultura y costumbres de cada lugar.

Recuerdo el viaje que hicimos a Ciudad de México 🇲🇽. Elegimos ese destino sólo porque mi mamá quería que los mariachis le canten “Las Mañanitas” en Plaza Garibaldi 😁. Hicimos el itinerario con la ilusión de conocer todos los lugares que a través de las telenovelas y películas conocíamos. Semanas atrás consulté con una amiga y con su novio mexicano qué lugares podríamos visitar, para suerte nuestra, el papá de él tiene una agencia de viajes, lo cual fue de gran ayuda.

Al llegar a CDMX, nos detuvieron en Aduanas y nos llevaron a una habitación pequeña en donde abrieron nuestras maletas. Eran tres oficiales. Fue algo rutinario, no encontraron nada más que mi ropa desordenada (soy pésima haciendo maletas). Los oficiales fueron muy amistosos, nos preguntaron ¿cuál era el motivo su nuestro viaje? Mi mamá le respondió: mañana es mi cumpleaños, iremos a Plaza Garibaldi 😁 . Los tres oficiales presentes soltaron uns risa y uno de ello dijo, con la más buena onda del mundo:

– ¡Qué padre! ¿Le gustan los mariachis?

– Sí. Si pueden ir mañana, vayan. Ahí vamos a estar.

– Órale, entonces vamos a ir.

Jajaja desde nuestra llegada el acento y la hospitalidad de los mexicanos fueron reconfortantes. Nos hospedamos en un hotel céntrico. Recuerdo que la primera noche salimos a cenar y conocer un poco la ciudad. Caminaríamos ocho cuadras, aproximadamente, hasta que llegamos al Palacio de Bellas Artes, al frente hay un restaurante en un edifico antiguo, comimos en el segundo piso. Pedimos unas sopas, tipo crema de zapallo, pero no nos gustó, tenían muchos condimentos y aceite…

Al día siguiente hicimos el City Tour. Mi mamá estaba feliz de conocer la basílica de Guadalupe. Yo no soy católica, pero me gusta conocer las iglesias de los lugares a los que voy por ver su arquitectura. Incluso, a pedido de mi mamá, nos tomamos fotos con la imagen en tamaño real de la “la morenita”. Compró varios rosarios para sus amistades, los que hizo bendecir. Es impresionante la fe que tienen los mexicanos en ella (reflexioné en que esa devoción es como la que los arequipeños sienten con la virgen de Chapi). Visitamos el monumento del Ángel de la Independencia (recordé haberlo visto en varias novelas). Al llegar al Zócalo me embargó una nostalgia porque la Plaza de la Constitución está sumamente descuidada. Aquella mañana la plaza (que es su plaza mayor, lo que para nosotros es nuestra plaza de armas) estaba llena de ambulantes, era un total desorden. Además se podía observar, lo que nuestro guía nos estaba explicando, que como Ciudad de México está rodeada de agua, cada año (¿o eran diez años?) disminuye siete centímetros. Había partes dentro de la Catedral en la que se veía como, prácticamente, los muros se están hundiendo. Triste.

Ese día por la noche, fuimos a Plaza Garibaldi. Era fin de semana, así que la plaza estaba llena y como era primavera, se sentía un poco de calor. A mi mamá le llamó la atención que todos los mariachis estaban sin sombrero, menos los veracruzanos (así creo que se llaman los mariachis que visten con la ropa más ligera de color blanco) tal vez porque como su ropa es super ligera pueden aguantar usar sombrero. Después de caminar por la plaza que estaba full (me acordé de la película “la niña de la mochila azul” en donde el niño sueña con cantar en Plaza Garibaldi 🤭) decidimos entrar a un antro, era un local de tres pisos, de escaleras de madera, bastante colorido y lleno de turistas. Había varios grupos de mariachis ofreciendo cantarte una canción por algunos pesos (no recuerdo el tarifario). Mientras pedimos algo de comer y bebidas, mi mamá buscaba a algún mariachi que lleve un sombrero puesto 🤭.

– ¿Joven por qué no tiene sombrero?

– porque hace calor doña.

– Pero en Perú los mariachis usan sombrero hasta en verano.

Todo el grupo soltó una carcajada. Uno de ellos se puso de pie y les dijo a los que estaban más lejos.

– Oigan acá la doña dice que en Perú los mariachis usan sombrero hasta en verano. – Con un acento del norte (creo) súper gracioso.

Fueron los veracruzanos los que le cantaron las mañanitas a mi madre y así cumplió el sueño que tenía que le canten esta canción en Plaza Garibaldi. Además fue la primera vez que escuchamos “El mariachi loco” ahora cada vez que la escuchamos decimos al unísono: ¡el mariachi loco! 😅 Nuevamente la comida no nos gustó. Me dio pena que dejemos más de la mitad de plato. Tiempo después alguien me dijo que cuando pruebas la comida mexicana bien la amas o bien la odias. Lo cierto es que cuando la volví a probar en Estados Unidos, me pareció riquísima, tal vez porque como dice mi tía Lola, cambian algunos ingredientes o especias y eso hace que la comida no sea tan picosa y/o grasosa.

Al día siguiente fuimos a Teotihuacán. Recorrimos la ciudadela, subimos las pirámides y no pude evitar hacer la comparación con las ruinas que hay en Perú. Sólo diré que la energía que se siente en Cusco en indescriptible. No sé por qué el guía no nos hizo mención sobre el globo aerostático qur sobrevuela Teotihuacán 🤔.

Al tercer día visitamos la “Casa Azul”, la casa museo de Frida Kahlo en Coyoacán. Caminamos por sus calles (por alguna razón me parecía que estaba caminando por las calles de Arequipa), sus mercados y plazas. Vimos a las catrinas de tamaño real y nos dijeron que la mejor época para visitar Cdmx es para el día de los muertos, aparentemente es todo una acontecimiento esta celebración. Almorzamos en un restaurante fonda “El Morral” nuestra guía dijo que era de los mejores en la ciudad y debe serlo por los precios que pagamos, no obstante, no cumplió con nuestras expectativas. Ese día, también, visitamos Xochimilco, una experiencia linda. Mi mamá estaba feliz porque un episodio de “Rosa salvaje” se grabó ahí 😅. Debe ser super divertido celebrar un cumpleaños ahí con pachanga incluida.

Al día siguiente tomamos un camión (aquí lo conocemos como micro) a Chapultepec (no sé por qué el primer recuerdo que tuve al pisar el Bosque de Chapultepec fue “Carrusel de niños”). Es bien grande, congrega a personas de todas las edades. Subimos hasta el mirador, la vista ahí es genial. Chapultepec es a Ciudad de México como el Parque de la Amistad es a Surco; o como El Vivero Forestal es a Chimbote 🤭.

Estaba olvidando mencionar que más de un taxista al saber que veníamos de Perú nos decían: por favor llévensela a Laura Bozo 🤦‍♀️. Al regresar, desde el avión, pude corroborar lo que los guías nos explicaron: Cdmx está rodeado de agua.

Por ahí leí que los viajes se viven tres veces: cuando lo soñamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos.

Guardo mucho cariño a ese viaje porque fue mi primer viaje al extranjero, por los lugares que me sonaban familiares y que por fin conocía y aunque no me gustó la comida tengo que regresar. Es una promesa. Viva México.

Zu