ESTRAGOS DE CUARENTENA

Al empezar la cuarentena, justo el día de mi cumpleaños, tuve miedo de no ver a mi madre por un buen tiempo y que le vaya a suceder algo, así que decidí viajar a Chimbote para estar con ella.

Mientras conducía de camino a casa repasaba las “cosas productivas” que podía hacer en esos quince días (cuarentena primera parte):

  1. Reseñar el último libro que había terminado de leer.
  2. Empezar a leer el libro que estaba llevando en mi mochila. Tal vez lea dos libros a la vez, cogeré un libro de Beny, pensé.
  3. Preparar recetas nutritivas. De algo tienen que servir los videos y cuentas de nutricionistas que sigo en Instagram. Mi mamá se alegrará de lo que he aprendido, pensé.
  4. Al fin tendré tiempo para sentarme a disfrutar de la escritura, con eso que estábamos recuperando horas en el trabajo me quedaba poco tiempo para hacerlo. Trataré de escribir varios post para varias semanas así me quedará tiempo para pegarme con alguna serie en Netflix, pensé.
  5. Tal vez sea el momento de continuar con esa historia que está durmiendo hace meses en una hoja de Word.

Llegué a casa, los días siguientes fueron alegres dentro de todo. Me metí a la cocina, mi mamá feliz. Publiqué la reseña que tenía pendiente. Comencé a leer dos libros a la  vez. Terminé de ver Rebelde Way en Netflix. Escribí la historia de “La cocina y yo”.

Para la siguiente semana continuaba embarcada en mis lecturas (ya les he contado que la lectura rápida no es una de mis virtudes). Además, vi “Madame CJ Walker” que me gustó muchísimo. En esos días escribí algo, pero al releerlo me pareció muy personal y decidí que no lo publicaría, quedaría para mí nomas. Como ya les he  contado, el propósito de mi blog de relatos y opiniones ellaberintodezu.com es, precisamente, crear en mí el hábito de escritura escribiendo un relato, una historia, un cuento, una opinión una vez por semana (en el post LA ESCRIBIDORA les cuento mi gran motivo). No obstante, llegó el segundo domingo de la cuarentena (primera parte) y no publiqué ningún post.

Las cosas empezaron a empeorar en Perú, el Covid comenzó a cobrar más vidas y la cuarentena se extendió por dos semanas más (cuarentena segunda parte). Mis nuevos propósitos para esos días de confinamiento fueron:

  1. Terminar de leer los dos libros pendientes y reseñarlos.
  2. Sentarme a escribir.
  3. Seguir comiendo saludable.
  4. Empezar a hacer ejercicios con mi mamá.

En esos días acabé de leer los dos libros pendientes. Vi “La Casa de Papel” de una sentada, también vi “Feel Good”,  “Poco Ortodoxa”, “El increíble castillo vagabundo” y otro tanto de comedias románticas. Además leí un libro que hace tres meses su autora me lo había enviado al correo: “La Rosa Negra”. Me había pedido comentarios y sugerencias que no había podido hacer porque mi trabajo me absorbe muchas horas. Me gustó su novela, ojalá la publique este año.

También comencé a hacer un poco de ejercicios con mi mamá. Me pesó no haber comprado unas pesitas antes. Bueno, improvisamos con lo que encontramos en casa. Hasta alguien tan indisciplinado para los ejercicios como yo sentía la necesidad de ejercitar los músculos. En esos días escribí la historia de cómo conocí a Cristo y me sentí feliz y tranquila.

La semana siguiente no se me ocurría de qué escribir. Me sentaba a escribir, miraba la hoja en blanco y como no salía nada, rápidamente me distraía entrando a Instagram. Al diablo mi tiempo con mi escritura que considero algo valioso… Será, otra vez, el bloqueo por el que todos pasamos (cada quien en lo que se dedica) o caer fácilmente en el ocio. Para ese domingo, tampoco tenía algo escrito y me deprimí. Estuve totalmente desganada. No tenía ganas de leer, ni escribir, sólo veía televisión porque no me cuesta nada estar en la cama mirando fijamente el televisor. Felizmente en Semana Santa pasan muchas películas que me gustan ver una y otra vez.

Sé que a muchos les está afectando psicológica y/o emocionalmente el momento tan sui géneris que estamos viviendo. Estoy segura que más de uno, al igual que yo, comenzó la cuarentena haciendo una lista de cosas para “hacer”, “avanzar”, “aprovechar”, “aprender”, etc. Y con el transcurrir de los días algunos la cumplen, otros no, por diversas razones creo yo, no siempre es como dicen: falta de disciplina. También están los estados de ánimo y las prioridades.

No sé ustedes, pero para mí los días están pasando demasiado rápido, hace un tiempo escuché que el día ya no trae veinticuatro horas sino sólo dieciséis ¿qué tan cierto será? Yo siento que las horas no me alcanzan para hacer lo que quiero hacer: conversar, escribir, leer, ver series, huevear. Reconozco que me agobié al no cumplir a cabalidad la lista de “cosas para hacer en cuarentena” que sin querer me propuse.

Algo que aprendí en el taller de Mindfulness  y que a menudo lo recuerdo es que: ESTÁ BIEN NO ESTAR BIEN. La tristeza, el desgano, la apatía aparecen así como la alegría. Nadie puede estar alegre o triste todo el tiempo (debemos oscilar entre ambas emociones y  mantenernos en un punto medio). Cuando aparecen estas emociones “negativas”  debemos aceptarlas, sostenerlas y ser conscientes que son pasajeras. He aprendido que debemos sentir y vivir, a nuestra forma, cada una de nuestras emociones. Y si esas te llevan a estar echada con ganas de hacer nada, pues, está bien. Lo malo sería que transcurran varios días de la misma manera.

Así que cada quien viva la cuarentena como quiera, no pasa nada si no haces nada en la cuarentena. Lo único que les recuerdo es no descuidar su alimentación y salud mental.

Buena vibra

Zu.

 

 

 

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