MUERTE EN EL ESTACIONAMIENTO

Alberto salía presuroso de su oficina con rumbo al estacionamiento del edificio. Llevaba consigo un maletín de cuero negro en la mano derecha y en la otra, un fólder azul.

Faltando unos cinco pasos para llegar a su Volvo XC90 negro blindado, puso el fólder debajo de su brazo derecho y en el momento en que introdujo su mano al bolsillo del pantalón de vestir para sacar sus llaves, se percató de la presencia de otra persona, detrás de él. Con la misma actitud con la que trataba a sus subordinados, giró la cabeza y se sorprendió al ver a esa persona.

  • ¿Qué pasa? ¿Me estás espiando o quieres alguna propina? Por mi parte, ten por seguro que no recibirás ni un sol más – Con su clásica sonrisa todopoderosa en los labios.
  • Sólo quería ayudarte con aquel fólder – señalando el documento que tenía bajo el brazo – parece que es algo de suma importancia. Sería una verdadera lástima que pueda sucederle algo – la persona respondió con una ironía increíble haciendo sentir a Alberto como un viejo decrépito.

El victimario sabía muy bien qué era lo que contenía el bendito fólder, estuvo presente en la reunión que en horas de la mañana realizó el Directorio de la empresa dirigida por Alberto Del Carpio.

  • Sé lo mucho que me estimas, pero pierde cuidado. Ya fue suficiente de bromitas así que con tu permiso, hay una mujer que espera por mí –el hombre de sesenta años le respondió con la misma ironía que poseía su interlocutor.

Alberto caminó los pocos pasos que faltaban hasta su vehículo, mientras se disponía a abrir la puerta del SUV, escuchó:

  • Te observo por última vez viejo de mierda.

Alberto giró hacia su interlocutor quien se aprontó a sacar un revólver calibre treinta y ocho Smith & Wesson que tenía camuflado entre sus ropas.

  • ¿Pero qué significa todo esto? – Le embargó un miedo trémulo porque a pesar de que no temía a su adversario sabía que el hecho de que lo esté apuntando no se trataba de ningún juego. Soltó el maletín y tratando de proteger el fólder abrió la puerta de su Volvo.

De pronto, en el amplio estacionamiento, se escuchó el estridente sonido que produce un revólver calibre treinta y ocho. Ni una sola alma se encontraba alrededor. Qué perfecta casualidad, como si estuviese todo confabulado. Incluso los dos vigilantes de la empresa que siempre permanecen en el ingreso del estacionamiento, alertas a cualquier evento extraordinario, brillaban por su ausencia. Eran exactamente las ocho y cuarenta y tres de la noche, todo el personal se había retirado ya. Al menos los vigilantes del lobby verán por las cámaras al asesino si es que el perpetrador no se ha puesto de acuerdo con ellos también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s