NECESITO HABLAR CON ÉL

Sé que no debería estar pensando en Ramiro porque tengo novio y vivo con él. Pero desde que el otro día lo pillé mirándome el culo mientras yo sacaba copias y él esperaba su turno, vi en su mirada lujuria. Esa lujuria que veía en los ojos verdes de Rafo antes de empezar a convivir. Desde ese día cuando pienso en Ramiro siento calientito allá abajo, palpita y no paro de alucinar que me hace suya.

Hace unas semanas lo han trasladado al tercer piso, en donde queda mi oficina. Antes sólo nos hablábamos de hola qué tal y punto, pero ahora nos chocamos por los pasillos y como las oficinas están divididas por lunas, veo cuando pasa y seguro que él me ve cuando yo paso. Además, su oficina queda al costado del baño de mujeres, de hecho que me ve cuando entro. Me pregunto si me quedará viendo el culo como lo hacía en la fotocopiadora.  Admito que esa idea me excita.

Son varias las veces que hemos coincidido al sacar copias, a pesar que ambos tenemos practicantes a nuestro cargo. Debo confesar que he llegado a decirle a Marita, mi asistente, que yo voy por las fotocopias y si quiere que le saque alguna copia para ella de paso (cualquier excusa era buena con tal de coincidir con Ramiro). Cuando nos encontramos, ya sea en la fotocopiadora, en el dispensador de agua o por los pasillos solemos conversar sobre algún caso pendiente, algún chisme de algún compañero, sobre cualquier cosa en realidad. El otro día me preguntó si tenía enamorado, le respondí que estaba comprometida y que vivía con mi novio. Él me dijo:

  • Con razón he notado que has engordado un poco – con una sonrisa cachacienta.
  • ¿Qué tiene que ver que haya engordado con que esté conviviendo con mi novio?
  • Como dicen que los hombres se engordan una vez que se casan, supongo que las mujeres también – y soltó una risa.

Sinceramente, he engordado un par de kilos en los últimos meses. Parece que el cambiar la píldora por la ampolla de tres meses no me ha asentado. Tengo una cita pendiente con la ginecóloga. De todas maneras me dio roche que Ramiro haya notado mi ganancia de peso, me pregunto si pensará que mis kilos ganados se deben al método anticonceptivo que utilizo.

  • Realmente los hombres son más fijones que las mujeres – le hablé parcamente. ¿Y tú? ¿Estás con alguien? – me crucé los brazos a la altura de mi abdomen, no me di cuenta que de esa forma resaltaban más mis senos hasta que noté que sus ojos se desviaron a mi escote. Rápidamente solté los brazos y comencé a arreglar las fotocopias que ya estaban listas.
  • No, con nadie, solito se vive mejor – tiene una sonrisa coqueta que me hace pensar cómo será su performance en la cama.
  • Eso dices porque no estás enamorado – Traté de seguir conversando como si no me estuviera fijando en su sonrisa y en lo bien que le queda la camisa entallada y el pantalón de vestir.

A los días de esa conversación sucedió el episodio en el que pillé a Ramiro mirándome el culo. Yo estaba con un vestido negro, recto, cuello redondo, sin mangas que en las últimas semanas me empezó a quedar ceñido. Me gusta usarlo para audiencias y vistas de la causa (me trae suerte), lo uso con pumps de gamuza negra taco nueve. Confieso que me intimidó su mirada, pero no cambié de pose, al contrario, me sumí y erguí. Por un instante fantaseé que él me abrazaba por atrás estrujándome los senos y los muslos, hasta casi pude oler su perfume. Ramiro huele rico, suave y varonil.

Mierda, reacciono, tengo que terminar de redactar una demanda y yo aquí fantaseando con mi colega. No recuerdo hace cuánto no fantaseo con Rafo, mi novio.

Ayer fue la inauguración de la segunda cafetería de Rafo. Como era de esperarse, él estaba contentísimo y yo también por él, la verdad. Ha invertido una buena cantidad de dinero amoblando y decorando ese local por eso será que el último mes ha estado bien irritable. Yo trato de apoyarlo en todo, pero a veces Rafo levanta la voz quitándome todas las ganas de apoyarlo.

Bueno, el local quedó muy bonito, con un stilo vintage muy acogedor. Me alegra que Rafo haya tomado en cuenta los colores que le sugerí para los muros de madera: marrón y verde jade. Además fue un buen acierto el poner música bossa nova, permitía una mejor conversación sin distracciones.

Varios de nuestros amigos asistieron a la inauguración. Hubo un momento  en que estuve como anfitriona, en la entrada de la cafetería, conversando con la mamá de Rafo sobre el exquisito olor del café recién molido. En eso ingresaron dos mujeres y una niña. Las dos eran altas, esbeltas y muy guapas, deben ser hermanas son muy parecidas. Me sorprendió que Rafo dejara a sus amigos con los que estaba platicando y se acercara a recibirlas. Saludó muy cordialmente y fue efusivo con la niña (aunque él es así de efusivo con todos los niños). ¿Quiénes serían? Era evidente que eran muy amigos. Cómo es que yo no las conozco, me preguntaba. La tipa que estaba con top strapple dejaba al descubierto sus hombros y pecho pecosos. Recordé que Rafo alguna vez me dijo que le parecía sexy las pecas en el pecho de una mujer. Genial.

Cerca de la puerta está la barra donde estaban sentados los tíos de Rafo. Él giró y las presentó a cada uno de los que estábamos en la entrada. Les presento a mi tía, mi tío, mi mamá, mi novia… fue muy curioso que su timbre de voz fue el mismo hasta que dijo “mi novia” A las justas se le escuchó decir “mi novia”. Saludé a las dos tipas con recelo. Continuó presentándolas al resto de  invitados. No entendía por qué esa atención con ellas, con ninguno de nuestros amigos se portó así. Estuvo atentísimo especialmente con la más rubia de ellas, la pecosa. Rubias al pomo, claro está. Yo nos les quitaba la mirada de encima desde la puerta. Les mostró todo el local, incluso las hizo ingresar a la cocina. Se reían y se notaba bastante confianza entre ellos. Noté que en un momento las dos tipas voltearon a verme y comentaron algo entre ellas. Resultó que ambas eran hermanas, la mayor era mamá de la niña.

Al término de la celebración el primo de Rafo me dijo para seguirla en un bar. Rafo estaba cansado, pero lo convencí haciéndole recordar que ese día cumplíamos un mes más juntos. Esa noche me embriagué, tenía unas ganas locas de llegar al departamento y hacer el amor. Últimamente andaba arrecha porque con lo ocupado que andaba Rafo con la inauguración ya eran varios días que no tirábamos, además que en la oficina no dejaba de ver a ese adonis en traje.

Quería que me bajara el calzón en la sala y me tire con el vestido aún puesto. Pero cuando llegamos al depa, Rafo estaba todo aletargado. Se metió al baño de nuestra habitación a lavarse los dientes y la cara. Apagué la luz del cuarto quedando iluminaba tenuemente por la luz del baño gracias a que la puerta es de vidrio catedral transparente. Lo esperé desnuda junto a la puerta. Cuando salió, me dio un pico y pasó de largo.

¡¿Qué fue eso?! Volteé y lo vi preparándose para acostarse. Me lavé rápidamente los dientes y entré a la cama. En mi borrachera era consciente de lo que quería obtener de Rafo esa noche, así que empecé a besarlo suavecito por la oreja bajando por su cuello, tocando su abdomen en círculos, llegando hasta su pubis. Salió con que estaba cansado: vamos a dormir cielito ¿sí? No hice caso, seguí besándole el cuello mientras acariciaba su verga. Empezó a ponerse duro. Me concentré en mordisquear el lóbulo de su oreja mientras acariciaba en círculos la cabeza de su pene jadeando lentamente. Él empezó a lubricar y yo estaba más que lista. Llevaba días esperando una embestida.

En ese momento, Rafo me mató diciendo: amor ya pues estoy cansado. Y se volteó sin más… me quedé en el aire. Era la primera vez que me rechazaba de esa forma. Yo había sido muy tolerante con él las últimas semanas, pero esa actitud de rechazo me hizo sentir mal. Pensé que tal vez era verdad que estaba muy cansado. Había sido un día largo y agitado. Pero qué cosa era un tire, sólo una metidita. No quise imaginar que así serían las noches que me esperaban una vez que nos casáramos. Cuando él está empingado nunca le he dicho que no. Me quedé dormida pensando en que nunca han fallado los mañaneros, tendría que esperar unas horitas más para darme por bien servida.

Me desperté ansiosa de hacer el amor con Rafo, estos días hemos estado distantes. Empecé acariciándole el pubis, el pene, me apresuré a quitarme su polo que utilizaba como bata y me trepé en su encima despertándolo. Cuando empecé a bajar por su pecho peludo e intenté despojarlo de su bóxer para darle una rica mamada me detuvo sacándome de encima sutilmente diciendo que se nos hará tarde para el trabajo. No eran ni las siete de la mañana, teníamos tiempo de sobra.

  • ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? – en verdad estaba preocupada por su negativa a tirar, me sentía rechazada por mi novio.
  • Nada amorcito. Sólo que quiero abrir temprano la cafetería y arreglar un poco el local, luego tengo que ir al otro local hasta que lleguen los chicos, recuerda que ahora son dos cafeterías, es el doble de trabajo –me dio un pico, se levantó de la cama y se fue a la ducha.

Echada, ahí en la cama, pensando en cómo habíamos llegado a ese punto. Me parecía tan raro todo. Rafo nunca se había negado a hacerme el amor, menos a una mamada. ¿Qué estaba pasando? Dudo la verdad que su negativa a tirar haya sido porque tenía que abrir sus dos cafeterías. Claramente es una excusa. ¿Tendría que ver con la tipa de anoche? era bien guapa la verdad, pero tenía cara de pendeja. Sonrisa enorme, ojos grandes, labios carnosos, pecosa y sabiendo que Rafo tiene novia no dejaba de coquetearle hasta hablaba mordiéndose los labios, la muy pendeja… aunque más pendejo él que delante de su novia se pone en ese plan. Puta madre ¿y así nos vamos a casar?

Por otro lado, estoy segura que Ramiro jamás se hubiera negado a hacerme el amor. Cómo se sentirá apretar esos bíceps, se nota que el muchacho lleva tiempo en el gimnasio. ¡Dios mío! me mojo de sólo pensar en apretar los bíceps y pectorales de Ramiro. Mejor ni me lo imagino metiéndomela, tal vez me vengo y sale Rafo de la ducha, me encuentra y la canción.

Cuando Rafo salió del baño, yo me levanté de la cama, alisté la ropa que me iba a poner y me metí a la ducha. Pensé que tal vez si me ponía una tanguita negra y el brassier de encaje negro que tanto le gustaba, él sucumbiría a mis encantos.

Al salir de la ducha, Rafo se estaba peinando. Busqué la lencería negra y me la puse junto con mi perfume. De repente accede a un rapidín antes de ir a la oficina, pensé. Sería tan oportuno y rompería el hielo entre los dos. Él alistaba su morral, mientras yo me aplicaba una crema hidratante para mis rizos. Me acerqué a él como niño pidiendo un pan para comer. Lo abracé por atrás y le besé el hombro. Él volteó y me dijo: vamos ya amor, por ahí comemos algo.

  • Rafo ¿qué pasa? Te deseo, no te das cuenta. Quiero que me hagas el amor ahora mismo.
  • Vero ¿qué tienes? Desde anoche pareces una perra en celo ¿qué te pasa?
  • ¿Me has dicho perra?
  • Perdóname pero me parece extraño que estés tan insistente.
  • ¿Quién era la tipa de anoche? esa rubia que cuando me presentaste bajaste la voz.
  • Una amiga ya te dije. Y estás loca, no bajé la voz. Ella sabe que tú eres mi novia y que vivimos juntos.
  • Pues esa es una puta porque sabiendo que vivimos juntos no dejaba de coquetearte. Y tú también le coqueteabas, no te hagas – me exasperé, sentí que estaba perdiendo a mi novio y lo peor es que el bajó la mirada cuando le increpé.
  • Si te vas a poner en ese plan, voy avanzando. Conversamos en la tarde.

No entiendo qué le ocurre, reconozco que hemos estado discutiendo más seguido sí,  es cierto, pero a la hora del sexo las cosas no habían cambiado, él continuaba siendo recontra cariñoso y mañoso. Hasta que empezó a acercarse la fecha de inauguración de la cafetería y para entonces  ya eran varios días los que no tirábamos. Eso está mal, lo sé.

Llegué a la oficina temprano con el cabello aún mojado. Puse una salsa mientras arreglaba mi escritorio: ella me miraba a los ojos y yo pensando en ti, la vida es así no la he inventado yo. Qué irónico justo la letra trata de una infidelidad.

En ese momento Ramiro tocó la puerta de vidrio. Quería consultarme un tema de patentes. Le dije que no sabía mucho del tema, no era mi especialidad.  Justo me paré a arrojar un papel al basurero y él me susurró:

  • Me encantan tus rizos hidratados- se sonrió mirándome coquetamente – Hueles riquísimo Vero.

No queda duda que Ramiro es otro pendejo. Me dieron unas ganas locas de cogerle las bolas, lo quedé mirando sin creerle nada.

  • Gracias – traté de disimular mi calentura.
  • No te vayas a ofender ni a molestar, pero estás bien rica, y en ese vestido negro te ves más rica todavía.

¡Mierda! Qué le digo, no puedo más. Me fijé que Javier, mi colega de la oficina del costado, no estaba; mi asistenta tampoco, nadie pasaba por ahí. Me acerqué lentamente a Ramiro y le dije muy cerquita a la boca: ¿qué tan rica? Estaba excitada que ni bien pronuncié esas palabras le cogí y apreté fuerte las bolas. Y él que tenía unos papeles en la mano me dijo al oído: exquisitamente rica y se mordió los labios. Me mojé.

Lo solté y me volteé, quedándome pegadita a él, sintiendo su verga erecta rozar mi vestido. Lo miré de reojo y él me olió. Mamacita, dijo con una voz de arrecho. Me mordí los labios y él me cogió el seno diciéndome: almorcemos juntos hoy día, di que sí. En una respondí que  sí.

Me soltó y dijo como si nada: ya pues Verónica entonces nos vemos a la salida, qué bueno que hoy es sábado.

Salió de mi oficina y yo me quedé mojadita. A la salida nos veremos y ¿ahora? Puta madre Rafo… Soy de lo peor. Una pendeja de lo peor. Soy peor que la perra de ayer. Lo peor es que sabiendo lo que soy no se me quitan las ganas de ser infiel. Y después de lo que anoche vi, creo que él también se las trae con esa huevona.

A la salida, marqué tarjeta y saqué el celular de la cartera. Rafo no me había escrito en toda la mañana, pero había puesto en su estado de Facebook que se sentía maravillosamente, tal vez fue a visitarlo su nueva amiga…

Ramiro me dio el alcance: vamos a almorzar, siempre con esa sonrisa pícara. Los dos sabíamos que “vamos a almorzar” era ir a “almorzarnos”.

Me subí a su Elantra blanco polarizado, él puso su mano derecha en mi muslo izquierdo.  Y yo apreté sus huevos diciéndole: sorpréndeme. ¡Puta madre Verónica! No hagas lo que no quieres que te hagan, tienes novio.

Me llevó a un bungalow a las afueras de la ciudad, bien caleta, no lo conocía, cerca del óvalo La Marina en Moche. Cuando entramos a la habitación, lo primero que hizo fue poner música; mientras yo revisaba mi celular y lo ponía en vibrador. Empezó a sonar música instrumental. Creo que Ramiro buscó “música para hacer el amor” porque sonaba puras canciones en inglés alternativo. Qué risa.

Admito que estaba nerviosa. Nunca he traicionado a Rafo, bueno, nunca lo había traicionado. Ramiro se comenzó a acercar a mí y mirándome a los ojos me dijo: me gustas Vero y apretó con ambas manos mis  nalgas, mientras me besaba. ¡Qué rico! lo cogí de los pelos y nos besamos con muchas ganas acumuladas. Con lengua y harta saliva. Estuvimos comiéndonos a besos hasta que Ramiro abrió el frigobar y destapó una botella de vino seco. Elevamos las copas en un brindis cargado de intenciones. Tomé un largo trago tratando de espantar los remordimientos. Mis mejillas se encendieron. Él se sacó la corbata y los zapatos. Me cogió suavemente de la mano y se puso a bailar suavemente al ritmo de la música.  Me dio la vuelta y me recogió el cabello, comenzó a besarme el cuello y las orejas. Luego se apresuró a bajarme el cierre del vestido, yo estaba contra la pared. Me bajó el cierre y besó toda la espalda, luego me bajó el vestido y me quedé en lencería y en stilletos (me excita estar en lencería y en tacones). Me besó las nalgas y me las mordisqueó. Me volteó y no seguimos besando. Le empecé a desabotonar la camisa, mientras los dos nos mirábamos con harta complicidad.

Tiene un color bronceado que me gusta. A diferencia de Rafo, Ramiro es lampiño. Me gustaba la fuerza que impone Ramiro. Me hacía sentir como un objeto sexual, y me gustaba esa sensación. Apretaba sus brazos y me mojaba cada vez más. Comencé a besarle el cuello y noté que eso lo alocaba. Me  llevó al borde de la cama, jugaba con mis rizos, me desabrochó el brassier y besó suavemente los pechos. Me tiró a la cama. Comenzó a besarme el abdomen y las caderas. Hacía como si me quisiera bajar la tanga y me la volvía a subir, era un juego que alguna vez vi en una película porno, resultaba efectivo porque cada vez tenía más ganas de tenerlo adentro de mí. Estuvo así un rato mientras me seguía besando el pecho y las tetas, me las jalaba y chupeteaba. Yo estaba con una cara de arrecha impresionante, pude notarlo en los espejos del techo. Metió dos dedos dentro de mi vagina como preámbulo a la gran follada. Me gustaba que me mirara con lujuria y avidez, y a la vez no quería perderme en su mirada. Cerré los ojos y me dejé caer completamente en la tentación y el deseo. Ramiro metió dentro de mí la cabeza de su pene humedeciéndose con mis fluidos. Comencé a lubricar más mientras lo besaba y él continuaba haciendo lo suyo. En eso, me embistió. Una y otra vez hasta hacerme gritar del placer. Esta pose, él encima de mí mirándonos a los ojos, es la que más me excita, pero con Ramiro mantuve cerrados los ojos. Cambiamos a la pose de perrito. Pensaba que hacía tiempo que no hacía esta pose con mi novio. ¡Carajo Verónica deja de pensar! Disfruta el momento y ya.

Ramiro es bien ágil. Empezó a acelerarse y yo me contraje. Le pedía que siguiera, que no se detuviera. ¡Oh! ¡Ramiro! Me vine y seguía gritando cuando él gritó: ¡Mierda! Sentí que se vació. Por un momento me pesó no haber usado preservativo. Él tiene harto kilometraje. No me  vaya a contagiar algo. ¡No! no seas paranoica. ¡Sigue disfrutando!

Nos mantuvimos pegados unos minutos, luego nos apartamos. Él prendió un cigarrillo. Me dijo: me encantas Vero, hace tiempo que me gustas. Yo sólo respondí: invítame un fallo. Se sonrió y me convidó un Hamilton azul.

Estuvimos recostados fumando cerca de veinte minutos, hasta que Ramiro abrió otra botella de vino y me sirvió una copa. Brindamos y empezamos a besarnos nuevamente. Más vino, y ahora yo me trepé en su encima. Tomé el control de la situación. Levanté sus dos brazos y los sostuve con una mano mientras con la otra me sostenía y le besé la boca, las orejas, el cuello, el pecho, mordisqueé sus tetillas. Sentía como su “amiguito” se iba despertando. Lo empecé a masturbar, mientras él me cogía las tetas. Cuando estuvo bien erecto y lubricado, agarré su verga y la coloqué dentro de mi vagina. Empecé a moverme suave mientras Ramiro abría la boca e introducía sus dedos dentro de mi boca. Cogí fuerte sus pectorales. Mi cabello caía en su cara mientras me movía más rápido. Estaba a punto de llegar. Le di más fuerte. ¡Qué gran sensación! Me siento rica. Puta, pero rica. Mientras estaba aún con electricidad por haber llegado a un segundo orgasmo, Ramiro se inclinó un poco hacia adelante y me besó y lamió los pezones. Estaba rendida, me acosté a un lado. Él, que no había terminado, me volteó sutilmente, dejándome boca abajo, y me penetró sin decirme nada. Qué dolor tan placentero. Abrí más las piernas, él me cogió de las caderas y comenzó a acelerar. Apreté fuerte las sábanas. Ramiro gimió fuerte en mi oído. Nos quedamos recostados unos minutos.

Cuando volteé a verlo, estaba adormitado. Me levanté a servirme más vino y fumar. Deambulé por la habitación mirándome en los espejos, no me veo gorda. Me metí a la ducha. Fue suficiente de sexo por hoy. Mientras me duchaba, en mi cabeza sonaba la salsa que en la mañana estaba escuchando en mi oficina. Ramiro se incorporó. Quiso que se la mamara, pero yo ya me había satisfecho y me quería ir cuanto antes de ese lugar. No insistió y nos cambiamos.

Al salir del bungallow, eran casi las cinco de la tarde. Ramiro quiso ir a almorzar comida de verdad. Yo no quise. Le pedí que me dejara en el Real Plaza. Nos despedimos con un beso en la mejilla. Qué incómodo después de tirar en varias poses nos despedimos con un beso de amigos.

Rafo no me había escrito ni llamado. Caminé un buen rato por las tiendas pensando en lo que había pasado. Engañé a mi novio y me gustó. Pero sólo fue sexo. Ramiro no es un hombre como para novio. Quiero volverme a duchar y que el agua borre la perrada que acabo de cometer. Maldita sea, todo es recíproco, a mí me empezó a gustar Ramiro hace semanas y probablemente a Rafo también le empezó a gustar esa huevona por el mismo tiempo. Necesito hablar con él.

MADRE, COMO TÚ, NINGUNA

Creo que cada persona tiene la mejor madre que nos pudo haber tocado.

Por ejemplo yo tengo una mamá amorosa, consentidora, inteligente, fuerte, sobreprotectora, conversadora, generosa, súper trabajadora, de carácter fuerte, emprendedora, empresaria, sociable, íntegra, perseverante. La perfecta compañera de viajes. La que prefiere remedios caseros antes de ir al doctor. La que siempre está conmigo y con la que sé que cuento para todo pese a mi mal carácter. La que jamás ha escatimado en absolutamente nada. La que tiene una gran fortaleza interior. Y que a pesar de todas las adversidades que le ha tocado vivir, mantiene una fe inquebrantable y una sonrisa contagiosa. Ella es mi mejor amiga.

Hasta hace unos diez años, más o menos, me gustaba la idea de tener una mamá que al llegar yo a la casa me esperara con el almuerzo listo y hasta servido (lo lamento mami, reconozco en ello un machismo absurdo e ingenuo). Lo que pasa es que siempre quise a mi mamá en mi casa todo el día. Siempre la quise presente en mi escuela (reuniones de padres y tardes deportivas). Siempre quise a una mamá que haga las cosas que para mí resultaban difíciles como: hablar por mí con personas mayores, matricularme en la universidad o en cuanto curso me he metido, hacer pagos o hacer algún tipo de trámite que cuando tienes menos de veinte aturden a cualquiera (por lo menos a mí me aturdían). Quise una madre que cuando yo esté de mal humor o triste se solidarice y diga que tengo razón en sentirme así (De cierta forma quería su compasión). Anhelaba una mamá que prefiera atender a su familia de tiempo completo que estar realizándose como mujer, ejerciendo su profesión.

Lo que he narrado en el párrafo anterior es lo que egoístamente pensaba. No obstante, el Señor que sabe lo que realmente necesitamos incluso mejor que nosotros mismos; me dio una madre totalmente independiente. Una mujer que desde los quince años tuvo clara su misión en esta vida. Mi mamá al convertirse en madre no abandonó sus propios sueños como el de ser una gran profesional y lo cumplió ¡Lo que me parece recontra admirable! Y si no fuera suficiente, por varios años trabajó en dos lugares para poder darnos lo que a ella le dieron sus padres.

Ahora que recuerdo como pensaba en la adolescencia, reconozco haber sido una egoísta al pensar en querer tener una madre ama de casa sólo para mi comodidad.

Actualmente no puedo estar más orgullosa y agradecida con nuestro Señor por haberme dado una madre que ama su profesión y le saca provecho a más no poder. Una madre que nunca nos ha preparado un desayuno, almuerzo y cena en un solo día, sin embargo siempre ha comprado los mejores insumos para nuestra alimentación. Una madre que nunca me ha comprado una golosina, pero que pone tanta fruta y verduras como le es posible en mis narices. Una madre que siempre se ha preocupado por darnos, a mi hermana y a mí, lo mejor en todo (estudios, salud, alimentos, paseos, cosas materiales, valores, ejemplo y amor). Una madre que no le importa viajar al otro lado del mundo con tal de cuidar a una de sus hijas. Una madre que nos enseñó a hacer las cosas por nosotras mismas, a que si queremos algo tenemos que salir por ello. Una madre que me habla fuerte cuando estoy triste y me desahueva.

Mi mamá es una niña vivaz atrapada en un cuerpo de mujer de sesenta. Pudo haber experimentado la angustia y el dolor, pero jamás estuvo triste una mañana.

¡Qué orgullo ser tu hija!

Ojalá y me pareciese un poquitito a ti madre, sería tan afortunada.

Gracias por convertirme en la mujer que soy y sé que algún día seré una buena mamá porque tengo a la mejor.

Feliz día de las madres mami.

MI HERMANA LA INGENIERA

Mi hermana y yo somos totalmente diferentes, aunque físicamente nos parecemos bastante. Ella es mi mayor por siete años, diez meses y once días; sin embargo nadie lo cree. Todos piensan que nos llevamos un par de años. Incluso hay quienes afirman que yo soy la mayor :/.

Mi hermana es ingeniera agrónoma y yo soy abogada. Ella, desde pequeña, es una lectora voraz. Tiene una comprensión de lectura envidiable y lee rapidísimo; mientras que yo me distraigo fácilmente cuando leo y por ello debo leer un texto dos o tres veces para poder comprenderlo (principalmente si es de leyes).

Mi hermana es una mujer muy culta e inteligente. Sabe de política y realidad nacional. Al escucharla me evito tener que leer periódicos y ver noticieros. Sí lo sé, ella parece la abogada y yo la ingeniera. Se lo digo siempre.

A ella le gusta caminar y camina bien rápido. Siempre va cinco pasos más adelante que yo. Además, gusta de hacer deporte todas las semanas y es constante en ello. Practica natación, fútbol y básquet. La verdad es que mi hermana desde pequeña ha sido atleta. Por otro lado yo, al igual que mi patota de amigas, el único abdominal que realizo es el que hago al despertarme de la cama, literal.

Es adicta a la limpieza y al orden, yo no. Le gusta el ají, yo no como nada picante salvo el ceviche (picante normal).

Es amiguera, amigable y popular entre sus amigos; mientras que yo puedo contar a mis amigos con los dedos de una mano.

Es una cinéfila empedernida, le gustan las películas de superhéroes y las de buena trama; a mí me gustan las comedias románticas y las que hacen llorar.

Desde muy joven supo organizar su economía; mientras que yo, bueno, no diré nada en este punto.

Tiene un talento innato con los niños. Sabe cómo comunicarse con ellos y divertirlos. Todo lo contrario de mí, que como ya lo dije en otro post, no me gustan los niños.

A ella le gusta ser, a veces, la hermana menor y le sale bien (por lo infantil que puede ser). Yo disfruto siendo, a veces, la hermana mayor (por lo seria que puedo ser). Aunque la mayoría de veces es cardiaca y preocupada, (típico en los hermanos mayores), siempre he sido el centro de sus bromas y siempre caigo redondita en ellas. Y supongo que así será hasta que seamos abuelitas.

Ella es el orgullo de mis padres por su sencillez, inteligencia, sensatez, generosidad, gentileza, sentido del humor y logros.

No seremos las mejores amigas, pero sabe que puede contar conmigo siempre y para siempre. Y viceversa.

Todo lo poquito que sé lo aprendí de Beny, de sus sugerencias, recomendaciones, bullyng, apoyo y porque siempre quise ser como ella en todo.

Ahora que escribo estas líneas me pregunto si habrá sido un peso grande para ella cuando mi papá le decía: tienes que darle el ejemplo a tu hermanita… Lamento si eso te llevó a ser tan pulcra y a tratar de no equivocarte.

Feliz cumpleaños baby boo sigue concretando cada uno de tus sueños. Y continúa brillando e irradiándonos.

Un abrazo asfixiante.

Zu.

UNIÓN DE HECHO

Cada vez son más las parejas que optan por convivir sin tener planes de casarse. Algunas después de un tiempo de vivir juntos deciden celebrar su matrimonio. Otras, después de convivir durante un tiempo dan por finalizada la relación y cada quien por su lado. Y hay otras parejas que conviven durante muchos años, incluso hasta que la muerte los separe y nunca deciden casarse.

Cabe mencionar que en muchos de los casos de convivencia existen hijos de por medio y también muebles e inmuebles adquiridos.

Particularmente, yo no soy partidaria de la convivencia sin estar casados. Llámenme mojigata, anticuada, puritana… No obstante, respeto a las personas que afirman que es suficiente el compromiso existente entre ambos para vivir una vida juntos. Bien por ellos les deseo muchísimos años de felicidad y una familia compenetrada.

En este post quiero dar algunos alcances sobre la Unión de Hecho, tal vez pueda ayudar a alguien en algo.

Nuestra Constitución en su artículo 5, define a la unión de hecho como: “La unión estable de un varón y una mujer, libres de impedimento matrimonial, que forman un hogar de hecho, da lugar a una comunidad de bienes sujeta al régimen de la sociedad de gananciales en cuanto sea aplicable”.

La Unión de Hecho es la forma legal de reconocer el Concubinato, y es la convivencia libre y voluntaria entre un hombre y una mujer libres de impedimento matrimonial, que haya durado por lo menos dos años continuos, para alcanzar finalidades y cumplir deberes semejantes a los del matrimonio.

En los últimos años a los convivientes se les ha reconocido no sólo derechos patrimoniales sino también derechos personales. Para que una unión de hecho goce de la totalidad de derechos reconocidos es ineludible que sea declarada judicialmente o que se encuentre inscrita en el Registro Personal de Registros Públicos.

El proceso judicial de reconocimiento de unión de hecho se inicia, en la mayoría de los casos, cuando uno de los convivientes fallece o debido a la decisión unilateral de uno de sus integrantes de dar por concluida la convivencia. Algunos de los problemas al acudir a esta vía son las pruebas y la duración del juicio, ya que estamos ante un proceso de conocimiento.

Son indicios concurrentes para acreditar la relación convivencial:

  • La declaración del domicilio en la expedición del DNI.
  • La consignación del mismo domicilio en escritura pública.
  • La prueba de la relación sentimental de ambos.
  • El certificado que guarda relación con el conjunto de indicios señalados.
  • Declaración de testigos.

 La Unión de Hecho también puede ser reconocida vía notarial para su inscripción en el Registro de Personas Naturales de  SUNARP con esta acción se reconocen los derechos de los concubinos ante el Estado.

Su reconocimiento vía notarial es un procedimiento no contencioso que requiere el consentimiento de ambas partes, es necesario que hayan convivido no menos de dos años continuos. Se presenta una solicitud ante el notario, quien manda publicar un extracto de dicha solicitud en el Diario “El Peruano” y otro diario de amplia circulación de la localidad. Transcurridos quince días útiles desde la publicación del último aviso, sin que se hubiera formulado oposición, el notario extiende la escritura pública con la declaración del reconocimiento de la unión de hecho entre los convivientes y remite los partes al Registro Personal del lugar donde domicilian los solicitantes. En caso de oposición, el notario remite los actuados al Poder Judicial. Si los convivientes desean dejar constancia de haber concluido su estado de convivencia, podrán hacerlo en la escritura pública en la cual podrán liquidar el patrimonio social, para este caso no se necesita hacer publicaciones. El cese de la convivencia también se inscribe en el Registro Personal.

A diferencia del matrimonio, donde existe la opción de elegir entre dos regímenes patrimoniales; en la Unión de Hecho el régimen patrimonial es único y forzoso: Sociedad de Gananciales. Todos los bienes y deudas adquiridas durante la convivencia formarán parte del patrimonio social de ambos concubinos, entendiendo que se constituye la sociedad de gananciales desde el inicio de la convivencia y no desde que es declarada judicialmente o inscrita en el Registro Personal porque este reconocimiento es declarativo y no constitutivo. Por consiguiente, al concluir la unión de hecho también se liquida la sociedad de gananciales y los bienes sociales que hubieren adquirido deberán ser repartidos en partes iguales. Son aplicables algunas de las normas relativas a la sociedad de gananciales reguladas para el matrimonio.

Con respecto a la pensión de viudez, las leyes correspondientes la reconocen sólo para uniones matrimoniales, lo cual ha dado lugar a que jurisprudencialmente se haya desarrollado este tema y si bien, en un principio la pensión de viudez para la conviviente supérstite fue denegada por el Tribunal Constitucional, posteriormente cambió su pronunciamiento reconociendo la pensión de viudez para la conviviente a pesar de no estar reconocida legislativamente.

Espero haberlos podido ayudar con estos alcances sobre Unión de Hecho

 

Un abrazo.

 

Zu

GRECIA <3

Grecia llegó a mi casa un día de Marzo hace veinte años. Mi hermana la trajo en su mochila, fue un regalo que le hizo su enamorado. Le puso ese nombre porque le fascinaba la cultura griega y era fanática número uno de “Xena, princesa guerrera”.

A mi mamá no le gustaban las mascotas. Cada vez que mi papá llevaba algún animalito a casa, ella lo terminaba dando en adopción a familiares o amigos, pero con la cachorra Alaskan Malamute que trajo su adorada hija no pudo rehusarse.

Como mi hermana en esa época vivía en Trujillo, Grecia terminó siendo, prácticamente, del cuidado y responsabilidad de mi papá.

Era una hermosa ejemplar. Una perra muy sana, no podía esperarse menos de la mascota de un veterinario :). Sólo padecía de alergia por la picadura de pulgas. Los que conocían de esta raza, se asombraban de lo grande y bonita que era mi Grecia.

A pesar de ser dócil y cariñosa, era muy rebelde. No hacía caso a nadie. Le costó ser domesticada por mi papá. Con el transcurso de los meses, sólo a él hacía caso. Y, como es evidente, él terminó siendo el favorito de ella. Mi mamá solía bromear que Grecia era la única que se parecía a mi papá (como si fuera la tercera hija) en el color de ojos: marrones claros.

Vienen a mi mente anécdotas de Grecia: Mi papá la sacaba todas las mañanas a primera hora a hacer sus necesidades al jardín que está frente a mi casa (salía en pijama). Una mañana mi desayuno no estaba servido (mi papá era quien lo servía) y se me hacía tarde para ir al colegio. No sabíamos a dónde se había ido con Grecia. Por la tarde, nos contó que Grecia como nunca, después de hacer sus necesidades, corrió hasta la esquina de la cuadra. Grecia ven. Ella volteó a verlo y corrió a la siguiente cuadra. ¡Grecia ven para acá! Nada. Ella corrió una cuadra más. Mi papá no tuvo otra opción que correr detrás de ella. La perra corrió en total diez cuadras hasta que de cansancio se echó en una sombrita a descansar. Ahí, recién pudo alcanzarla y colocarle su cadena.

Qué divertida la imagen de mi papá corriendo en pijama con una cadena en la mano detrás de una gran perra. Nos contó que la llamaba de todas las formas intentando alcanzarla: ¡Grecia ven! ¡Chica, chica ven! ¡Ven chiquita! ¡Grecia ven para acá! ¡Vas a ver cuándo te alcance!

Unos años después: Grecia se perdió todo un día. Mi papá, como siempre, la sacó a hacer sus necesidades y en cinco minutos que demoró en ingresar a la casa a servirme el desayuno, al regresar al jardín, Grecia ya no estaba. Se sintió culpable todo el día. Llegó tarde a trabajar por salir a buscarla por el barrio. Nadie la había visto (y eso que todos la conocían). Cuando llegué del colegio seguía sin aparecer. Todos en la casa estábamos conmocionados. Una amiga me acompañó a buscarla por los alrededores, pero sin ningún resultado. En la noche, mientras mi enamorado me consolaba en la puerta de mi casa, Grecia apareció corriendo como loca con la lengua hasta el suelo. ¡Pobrecita! Parecía que no le habían dado agua en todo el día, no obstante movía enérgicamente la cola. Estaba feliz de regresar a su casa. Al parecer la tuvieron escondida en la comisaría que está en la esquina de mi casa. Fue conmovedora la escena del reencuentro con mi papá. En celebración, él le compró una galleta Rellenita de Coco, la que Grecia atrapaba en el aire.

Recuerdo que para unas vacaciones en la que viajamos a Arequipa, tuvimos que encargarla con mi tía abuela quien criaba cuyes. A nuestro regreso nos contó que Grecia había matado a treinta y dos cuyes. O sea, ella sólo quería jugar con ellos, pero no media la intensidad de sus mordidas. Tiempo después repitió la osadía en casa de una vecina, matando a diez cuyes más.

Grecia odiaba a los gatos a muerte. Una madrugada unos fuertes ruidos provenientes del patio despertó a toda la casa. Cuando salimos a ver qué pasaba. Nos asustó verla transformada frente a un gato techero que había entrado. Nadie se atrevió a meterse en esa riña que le costó la vida a ese gato.

Cuando Grecia entraba en celo, a mi papá le daba pena tenerla encerrada todo el día durante tres semanas, así que la sacaba a pasear con pechera en las noches. A lo mucho daban un paseo de un par de cuadras porque los perros se le abalanzaban y él tenía que, prácticamente, pelear con ellos. Una vecina tenía un pekinés cruzado que vivía enamorado de ella. Todas las noches jugaban. Se llamaba Tobby. Durante más de ocho años sufrió por no poder pisarla. No alcanzaba. Era el único que podía acercarse a ella cuando estaba con su periodo porque no había peligro alguno. Realmente el perrito sufría. Grecia, incluso, se echaba, pero nada. Tobby nunca pudo pisarla.

Dos veces le buscamos novio. El primero, aún recuerdo su nombre: Rufo, un Husky Siberiano. Tuvieron siete hermosos cachorritos. Grecia tenía mayor afinidad con su primogénito que con el resto de la camada, mi hermana le puso de nombre Arles (toda los nombres de la camada fueron influenciados por la mitología griega). Se lo regalamos a mi prima para que quedara en la familia. Mi favorito y mío era Rances, el rubio de la camada, el más gordito. Cuando llegó a tener tres meses y medio me engañaron que se iba de vacaciones a Huaraz con mi tío que trabajaba en esa ciudad. Al poco tiempo me dijeron que una chica dueña de un hotel con un jardín inmenso se había enamorado de Rances y que le daría una buena vida… hasta hoy me pregunto cómo pude creer esa historia a mis doce años “que se iba de vacaciones”. Pobre bebé espero que le haya ido bien en la vida. Mi tío dijo que Rances era muy feliz en su nueva casa, y a mí se me hacen agüita los ojos al pensar en la ingenuidad de los doce años.

El segundo novio fue un Alaskan Malamute llamado Salmo. Con él también tuvo siete cachorros. Pese a que ambos eran Alaskan, los cachorros de la primera camada fueron más bonitos. Como sea, yo quería quedarme con todos. Y me quedé con Jessie. Su historia es muy triste: Mi hermana lo llevó a Trujillo para dárselo a un amigo y lo tuvo en casa de mi prima junto con su hermano mayor (de la primera camada) un día en el almuerzo el pequeño se acercó al plato del mayor y éste lo atacó sacándole el ojo. ¡Fue horrible! Lo llevaron a la veterinaria más cercana, pero pusieron mal el ojo en su órbita. En la noche lo trajo a Chimbote para que mi papá lo revisara. Le reacomodó el ojo en su órbita, pero, desgraciadamente, había pasado horas y el tejido se había necrozado… Jessie quedó tuerto antes de cumplir dos meses. Se quedó conmigo ese bebé. Su desarrollo era normal, jugaba con su otro hermano de la misma edad, pero yo tenía debilidad por él, por lo que había sufrido, a veces se chocaba con las paredes… Ambos cachorros comían y crecían igual, pero el cuerpo de Jessie era diferente. No tenía una forma saludable a diferencia de su hermanito (cuyo nombre no recuerdo, creo que era Axel) al que se le notaba sus curvas y músculos (como cualquier cachorro saludable). Jessie era recto como una vaquita. Ambos estaban recibiendo sus vacunas, pero a Jessie, antes de culminar con todo su rol le dio Corona Virus. En tres días mi chiquito se fue. La escena más convulsionante fue cuando, mientras mi papá le estaba colocando sus medicinas a través del suero y el cachorro hizo un paro (no sé si cardiaco o respiratorio) su madre comenzó a aullar (porque ella no ladraba). Aullaba a nuestro costado como si le reclamara a mi papá, como si le pidiera una explicación. Cuando él nos dijo que Jessie había muerto. Grecia lloró mientras aullaba, y nosotros lloramos con ella.

Mi perra nunca se enfermó de nada. Salvo aquella vez que no sé qué comió en la calle que se intoxicó. Tenía la cara hinchada y no podía respirar, corría como loca pidiendo ayuda ¡pobrecita! Por fortuna mi papá llegó a tiempo a ponerle Atropina.

Como decía en el párrafo anterior, Grecia nunca se enfermó de nada, hasta que una noche que regresamos a la casa, la vimos echada en la vereda de enfrente. Fue sumamente raro que nos vea llegar y no corra a recibirnos. La llamamos y nos veía sin levantarse. Mi papá fue a ver qué le pasaba. Grecia no podía levantarse. Pesaba cerca de cuarenta y cinco kilos (tal vez más). Con dificultad mi papá la ayudó a reincorporarse. Caminaba quejándose. Le dolía el lado izquierdo del abdomen. Le encontraron tumoraciones. Al hacerle la cirugía el cáncer estaba generalizado. No había nada qué se podía hacer más que hacerla descansar.

No recuerdo en qué ciudad se encontraba mi hermana, creo que no pudo despedirse de Grecia. Mis papás esperaron que yo regresara de Trujillo para despedirme de ella. Cuando la vi ya estaba con las pupilas dilatadas, no se quejaba, miraba al infinito, su cuerpo estaba intacto salvo por la gran cicatriz abdominal.

Fue un sábado por la noche. Mi papá le pidió a un colega que realizara la eutanasia.

Grecia tuvo once vacunas anuales, dos partos, catorce hijos, cuarenta y dos cuyes asesinados, un gato muerto, una intoxicación, una cirugía, una eutanasia y una familia humana que se quedó con un gran vacío cuando ella se fue.

 

 

Zu.

 

BANDAS DE GARAGE

El club Libertad se encontraba abarrotado por adolescentes y jóvenes de veintitantos. Era un sábado de Setiembre de 1998. Marcela había ido con Jennifer y Katty. Se llevaba a cabo la semifinal del concurso de grupos de punk rock de la ciudad llamado “Bandas de garage”.  Los hermanos mayores de Jennifer eran los organizadores del evento, ella era la encargada de sacar las fotos a los músicos, gracias a ello estaban en primera fila.

“Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo adivinaré la rosa y el clavel.
Llévame, aire del camino hasta donde nadie me pueda encontrar”

Su cabello ondulado, sus cejas negras, sus ojos color café, su apariencia de punk star cautivaron a primera vista a Marcela. Su banda se llamaba “Los Stone”. Cantaban covers en Inglés y Español. Él era el bajista y también hacía coros.

Al final del concierto, Marcela insistió a Jennifer que le presentara a ese guapo bajista que le había gustado.

  • ¿Estás segura? tiene nuestra edad, pero tiene cara de niño – Jennifer arrugó la nariz.
  • ¡Es lindo y es bajista! tengo una cierta fijación con los guitarristas – Marcela sonrió.
  • Es bajista y bajito también- Jennifer se rió.
  • No se ve tan bajito, al menos se ve más alto que yo – Marcela contestó esperanzada.
  • Marcela a ti te gustan los chatos admítelo – Katty bromeó.

Al cabo de unos minutos, Jennifer llevó a Marcela y a Katty a los camerinos donde estaban las cinco bandas que tocaron esa tarde – noche. La fotógrafa conocía a casi todos los músicos a los que presentó a sus amigas. Los integrantes de las bandas estaban acompañados por varias personas entre amigos, enamoradas y familiares.

Cuando llegaron hacia el lugar donde estaban reunidos los integrantes de “Los Stone”:

  • Les presento a Marcela y a Katty. Ellos son: Rodo, Jorge, Víctor, José María más conocido como “Chema” y Renato.
  • ¡Hola! – toda la banda al mismo tiempo. Los músicos examinaban cuidadosamente a las prospecto de fans.

Marcela saludó con tímida sonrisa y haciendo un hola con la mano. Katty de igual forma.

Renato, el bajista, era un poquitín más bajito que Marcela, pero era un ¡churro! eso fue lo que ella dijo de él a sus amigas de la facultad el día lunes. A Marcela le dio gusto haber ido con sus converse azules, así no se veía alta a lado del bajista.

  • Tocaron genial chicos, ojalá pasen a la final para seguir escuchándolos- Jennifer los animaba con sus palabras.

En ese momento Chema le dijo a Jennifer que el próximo jueves tocarían en el aniversario del colegio “San Vicente” y que llevara a sus amigas para que le hagan barra a “Los Stone”. Chema miró pícaramente a Marcela, y ella miró a Renato.

  • Noté que te gusta bastante El último de la Fila – dijo Chema a Marcela.
  • Sí, me encanta, especialmente Piedra redonda. La tocaron muy bien. Tiene bonita voz – refiriéndose a Rodo, el vocalista quien estaba abrazando a su enamorada en ese momento.
  • ¿Qué otras canciones que tocamos les gustaron? – preguntó Víctor, el baterista, mirando a Katty.
  • A mí me gustó mucho Sin documentos – contestó Katty.
  • Para mí la mejor fue Don´t look back in anger – dijo Jennifer.
  • Mi compadre – señalando a Rodo – pronuncia bien el Inglés – señaló Víctor.
  • Chicos ya me tengo que ir. Conversamos – Jorge se despidió.
  • Nosotros también ya nos vamos – Rodo y su enamorada se despidieron.

Al poco rato, Katty y Marcela también se despidieron de la banda, pero esta vez con un beso en la mejilla.

 

El lunes en la universidad se encontraron: Jennifer, Katty, Marcela, Yani y Fiore.

  • A que no adivinan quiénes me han estado preguntando por ustedes (señalando con un dedo a Katty y Marcela) – contó Jennifer con una sonrisa cómplice.
  • ¿Quiénes? ¿Tus amigos punkekes? – Katty bromeó.
  • Jajaja Víctor fue con Renato a mi casa ayer en la tarde. Me dijo: bien linda es tu amiga la chinita.
  • ¿Quién dijo eso? ¿Víctor o Renato? – preguntó Marcela con los ojos bien abiertos.
  • ¡Víctor! – exclamó Jennifer- ¡bien Katty con el baterista! – Jennifer guiñó un ojo- es bien simpático y amable.
  • ¿De qué nos perdimos Yani y yo? – preguntó Fiore.
  • En el concierto del sábado les presenté a unos amigos que tocaron – explicó Jennifer.
  • ¿Y qué tales son? – preguntó Yani.
  • ¡El bajista en un churro! – exclamó Marcela.
  • Jennifer cuéntanos ¿qué te dijeron tus amigos? – Fiore estaba súper intrigada.
  • Víctor me dijo que Katty era bien linda y que ojalá vaya el Jueves a la verbena del San Vicente y ahí le hablará más.
  • No te creo – Katty sonreía.
  • En serio china – Jennifer insistía.
  • Asu el sábado salieron de cacería ustedes – bromeó Yani mirando a Katty y a Marcela.
  • ¿Y Renato no te dijo nada? – preguntó Marcela.
  • ¡Sí! ¡Amiga! Fue flechazo entre ustedes. Me pidió tu número y yo le di – Jennifer le guiñó un ojo.
  • Jajaja ¿En serio? – Preguntó Marcela.
  • Sí. Creo que se dio cuenta que no lo dejabas de mirar jajajaa. Lo bueno es que también le gustaste a él.
  • Cuándo no Marcela de acosadora. Pobre chico – bromeó Yani.
  • ¿Y es guapo? – preguntó Fiore.
  • ¡Es churro! – insistió Marcela.
  • A mí no me gusta. Tiene cara de niño, pero es buen pata – afirmó Jennifer.
  • Es chato – sentenció Katty.
  • ¿Otro chato? – Yani rió irónicamente.
  • Mira Yani tú ni digas… – Contestó Marcela y todas rieron.

Esa noche Renato llamó a Marcela. Contestó su papá y ella corrió a su dormitorio a contestar por el anexo.

  • ¿Aló?
  • Hola Marcela. Soy Renato. Nos conocimos el sábado en el concierto de bandas de garage. ¿Te acuerdas de mí?
  • Sí claro el bajista – aguantándose la risa.
  • Sí, toco el bajo. Le pedí tu número a Jennifer. Espero no te molestes.
  • No para nada. Qué sorpresa tu llamada.
  • Me pareciste una chica muy bonita e interesante…

Hablaron cerca de una hora por teléfono. Ambos tenían dieciocho años. Él estudiaba Administración en la universidad nacional. Tenían algunos amigos en común. Conversaron sobre sus gustos en cine y música. Y quedaron en ir a comer hamburguesas el Jueves después de la verbena.

El Jueves las tres amigas asistieron a la verbena del colegio San Vicente. Estuvieron acompañando a “Los Stone” antes de que salgan al escenario. Jennifer bromeaba con Chema, Rodo y Jorge. Víctor se acercó a Katty y le invitó un chupete “bom bom bum” de fresa. Por otro lado, Renato le comentaba a Marcela que no había tenido mucho tiempo de estudiar para sus exámenes que comenzaban el siguiente lunes. A pesar de ser músico parecía ser chancón en sus estudios.

Las colegialas estaban alborotadas con la banda. Hay que reconocer que tenían su pinta “Los Stone”. Tocaron sólo cuatro canciones: De música ligera, Llueve sobre mojado, Tus viejas cartas y Angels.

Al terminar la verbena, Marcela y Renato fueron por unas hamburguesas. Compartían muchos gustos en común. Él le contó que “Los Stone” ya tenían tres canciones propias y que estaban trabajando en dos más. Para el verano esperaban poder grabarlas. También le contó que hace un par de meses había terminado con su enamorada con la que estuvo desde los quince años. Por su parte, Marcela le contó que hace más de medio año que estaba sola. Quedaron en seguir hablando por teléfono y volver a salir.

En la semana siguiente Renato llamó dos veces a Marcela. Quedaron en ir a caminar el sábado por la tarde. El día que se vieron, caminaron varias cuadras. Llegaron a una esquina cerca de un parque solitario en Monserrate. Renato cogió de la cintura a Marcela y se le fue acercando con la boca semiabierta. Se besaron. Ella metió sus dedos entre los cabellos ondulados de él. Él bajó sus manos hacia las caderas de ella y se le acercó más. En ese momento Marcela sólo pensaba que él era el chico más chato con el que se había besado y que cuando salga con él tendría que usar zapatillas. Pararon sin sacar las manos de donde las tenían. Se miraron a los ojos y volvieron a besarse.

Esa noche, como a las diez y media, Renato llamó por teléfono a Marcela. Le dijo que la había pasado muy bien en la tarde. Que se sentía muy cómodo con ella. Que le gustaba. Que sería bonito volver a salir.

Al colgar, Marcela sabía que no habría una próxima cita porque él era guapo, conversador, divertido, amiguero, inteligente y guitarrista, pero le faltaba algo (y no era talla precisamente). A veces la química entre dos personas no es suficiente para compartir tiempo del bueno con alguien. Debe haber esas chispas, esa explosión, esos fuegos artificiales necesarios para ilusionarte, para enamorarte, para atreverte a hacer cosas, para decidir entablar una relación, para hacer magia. Entre ellos no hubo eso.

 

 

LA ESCRIBIDORA

Por ahí leí que la lectura es el alimento de la escritura. Mi papá solía leerme los cuentos de mi hermana mayor y las “Fábulas de Samaniego”, los amaba😍. Luego yo los releí mil veces.

A los ocho años comencé a escribir en un cuadernito las historias que veía en “Mujer casos de la vida real”; de igual forma, escribía un resumen de las telenovelas que veían mis tías con mi hermana.

Recuerdo que el primer relato original que escribí fue a esa edad. Una divagación de cómo se vivió el cumpleaños número 60 de mi abuelito. Ahora que leo ese cuaderno me da bastante risa y ternura recordar esos días de Noviembre de 1996. En esa época, soñaba con ser escritora y directora de películas y telenovelas 😅.

A los diez años tuve la necesidad de comenzar un Diario, plasmaba mis vivencias escolares (el cual conservé por más de quince años con algunas intermitencias, son varios tomos de por medio).

A los doce años comencé a imaginar historias con mis futbolistas favoritos: Paolo Maldini y Ronald De Boer. Las continuaba en mi mente en cada tiempo libre que tenía. No escribí esas historias, supongo que por flojera.

Recuerdo con cariño las novelas que leí en esa época: “Yo amo a mi mami”, “Un mundo para Julius”, “Mi planta de naranja-lima”, “La vida exagerada de Martín Romaña” (ésta fue la que me acompañó durante la convalecencia de mi caída de bicicleta).

Cuando ingresé a la facultad de Derecho, con tanta doctrina que leer y tareas que hacer, no hallaba tiempo para leer literatura (como hubiese querido). Tenía ganas de escribir ficción, pero me detenía “la falta de inspiración”.

Un día le dije a mi papá que quería escribir. Él me dijo: ¡escribe pues! 😅 . Y me senté frente a mi laptop a divagar… Hace unos meses publiqué en este blog “El regreso de Rodrigo”, un relato de esa época.

Creyendo estar esperando “la inspiración” o “la gran historia” fue pasando el tiempo…

Con el trabajo y las relaciones sentimentales no supe organizar mi tiempo para leer y menos para escribir.

El año pasado, durante mi estadía en New Jersey, una madrugada me desperté escuchando una voz que decía: escribe, escribe. Mi Yo interior me estaba pidiendo a gritos ser escuchado, pero no sabía cómo “hacerle caso”. Prendí la laptop y busqué: escuela de escritura en Lima. La primera opción que apareció fue: Machucabotones Escuela de Escritura Expresiva. Decidí inscribirme ni bien regresara a Perú y así lo hice. Los profesores son súper chéveres, nos hicieron sentir que nuestras historias merecen ser leídas. Definitivamente en mí hay un antes y un después de Machucabotones.

Nos sugirieron escribir un blog como una manera de practicar nuestra escritura y de cumplir con terminar los escritos que comenzáramos.

Les confieso que durante varias semanas mi voz racional me decía: ¿De qué podrías hablar? Y algo dentro mí me decía: ¡Sólo escribe! Hazlo de una vez. Pero mi voz racional se anteponía: ¿De qué? ¿De qué? ¿De qué?

Esto sólo me hizo dilatar el tiempo porque más fuerte fueron mis deseos por escribir. Cuando decidí comenzar el blog pensé que sólo escribiría relatos (algunos reales y otros no tanto). Y otra vez mi voz racional: las personas que vayan a leer lo que escribes pensarán que estás contando tus vivencias. ¡Qué roche! En esos días leí al gran Ray Bradbury “Si hacemos caso al cerebro, nunca nos enamoraríamos, nunca iniciaríamos proyectos que puedan salir mal. Hay que saltar desde el precipicio todo el tiempo y construir tus alas en el camino al suelo”, ya no me importó lo que vayan a pensar de mis escritos. Lo único que me importó es poder causar algo en el lector (gusto, disgusto, etc.). Así que seguí adelante con mi blog de relatos.

Un día me sentí indignada con tanta violencia contra las mujeres que vemos a menudo en nuestro país, y por noticias nos enteramos que en otros países americanos está igual de grave esta situación. Es así que sentí la necesidad de escribir el artículo titulado “A las mujeres”.

Unas semanas después, cerca de la Navidad, también quise dar mi opinión sobre el consumo en exceso que veía en esas fechas, saliendo el post “La Navi”.

De esa forma, ya no escribía sólo relatos, sino también comencé a escribir artículos de opinión y algunas reflexiones propias.

La verdad es que al principio pensé que sólo me leerían mi hermana y mis mejores amigos. Grande es mi sorpresa y satisfacción al ver que me leen no sólo en Perú. Me siento profundamente agradecida con todas las personas que vienen leyendo mis escritos, con las que comentan mis publicaciones, con las que interactúan con ellas a través de mis redes sociales, con las que sólo le dan click en el link y leen en silencio, con las que no sólo se dan el tiempo de leer lo que escribo sino que me escriben contándome que les gustó lo que leyeron, que los emocionó, que les produjo algo… ¡Mil Gracias! Todo esto me motiva a seguir escribiendo. No obstante, tengo presente las palabras de Lori Lansens: “Escribe como si pensaras que nadie te va a leer. De esa forma dirás la verdad”.

Les cuento que me parece bien loco que me hagan sugerencias de posibles temas a tocar en las próximas publicaciones. Me han pedido que escriba sobre la fiesta de San Pedrito, sobre maquillaje (a lo cual respondí: a las justas me delineo los ojos qué podría escribir yo sobre maquillaje y me contestaron: tampoco eres Nutricionista y escribiste sobre “Alimentación balanceada para madres gestantes y lactantes”, me callaron la boca dándome cuenta que uno puede escribir lo que uno quiere, sólo hay que documentarse), me pidieron también que escriba sobre las personas con cáncer y sobre las que vencen esta enfermedad, sobre dietas, sobre ropa, etc.

La sugerencia más gratificante y tierna de un posible tema a escribir en un post me la hizo mi ahijado de once años, al que curiosamente no le gusta leer: escribe sobre la nueva etapa de Brissa (mi prima de doce años). ¿Qué nueva etapa? La secundaria pues.

Bueno, no les prometo complacerlos siguiendo sus sugerencias de posibles temas a tratar en mi blog ya que hace tiempo aprendí a no hacer algo por complacer a los demás, pero sí les agradezco infinitamente que me lean, que duden si es real o es fantasía lo que están leyendo, y claro, que me hagan saber sus opiniones.

Mi único propósito con este blog de relatos y artículos de opinión es seguir practicando mi escritura. Es seguir persiguiendo un sueño que tuve a los ocho años.

Gracias por el apoyo.

Un abrazo.

Zu

AL ACABARSE EL AMOR, QUEDA LA PENSIÓN DE ALIMENTOS

Es irónico que un día las parejas se quieran tanto que el amor y la pasión desbordantes que se tienen los lleven a forjar una familia; y otro día sean simples conocidos con uno o más hijos en común. En las últimas décadas se ha incrementado el número de divorcios y separaciones con niños de por medio.

Rupturas, separaciones, divorcios, es pan de cada día en nuestra sociedad. Para nadie es un misterio que las separaciones no suceden de un día para otro, el amor no se saca con agua y jabón. Los problemas sentimentales van sanando de acuerdo a nuestra capacidad de seguir adelante y, sobre todo, depende del tipo de relación que tuvimos. Pero esto no es materia de este artículo…

Cada pareja es un mundo, es una novela totalmente diferente que al terminar, más que inocentes o culpables, lo que importa es la crianza de los niños. En este post quiero dar alcances sobre la Pensión de Alimentos, lo engorroso y hasta stresante que se torna una separación en cuanto a lo referente a hijos en común debido al proceso judicial a iniciarse.

Cabe mencionar que la obligación de alimentos no sólo abarca el deber de los padres para con los hijos o el deber de asistencia que existe entre los cónyuges, sino que además se deben alimentos recíprocamente los ascendientes y descendientes y, los hermanos. Incluso el ex cónyuge que se encuentra en estado de indigencia, como aquél cónyuge al que le sea imputable el divorcio, pueden solicitar la prestación de alimentos al otro cónyuge. Esta obligación cesa automáticamente cuando el alimentista contrae nuevo matrimonio.

Pero centrémonos en la Pensión de Alimentos de los padres para con los hijos. Todos conocemos, por lo menos, a una persona que está en estos avatares con su ex pareja.

Lo primero que deben recordar es que el pago de Alimentos es obligación de ambos padres. No porque la mayoría de demandados sean varones la responsabilidad es sólo de ellos… Recuerdo un caso que tuve donde el demandante era el padre, quien vivía con sus dos pequeñas, y demandó a la madre Alimentos para las menores (ella ya tenía otro compromiso).

Por regla general, la obligación de los padres es de 50 – 50 (cada uno afronta la mitad de los gastos del hijo). Si alguno de ellos quiere y puede dar más del 50% a buena hora. Si tienes, no vas a escatimar con tu hijo ¿verdad?

Nuestro ordenamiento civil regula el deber de los padres de mantener a sus hijos, el mismo que supone que los padres deben proveer todo lo necesario a los hijos. Este deber comienza desde el momento de la concepción y termina con la mayoría de edad. Sin embargo, subsiste la obligación de proveer al sostenimiento de los hijos solteros mayores de edad que sigan con éxito estudios superiores, y de hijos solteros que tengan alguna incapacidad física o mental debidamente comprobadas.

El artículo 472º de Código Civil prescribe: “Se entiende por alimentos lo que es indispensable para el sustento, habitación, vestido, educación, instrucción y capacitación para el trabajo, asistencia médica y psicológica y recreación, según la situación y posibilidades de la familia. También los gastos de embarazo de la madre desde la concepción hasta la etapa de postparto.”

Asimismo, el artículo 92º de Código de los Niños y Adolescentes establece: “Se considera alimentos lo necesario para el sustento, habitación, vestido, educación, instrucción y capacitación para el trabajo, asistencia médica y psicológica y recreación del niño o del adolescente. También los gastos del embarazo de la madre desde la concepción hasta la etapa de postparto.”

De esta forma, si uno de los padres no cumple con su obligación legal, se puede presentar una demanda de alimentos (si es menor de edad debe ser representado por uno de sus padres), indicando el nombre y los datos del alimentista, el pedido concreto (el monto de la pensión que se pide) y los hechos ocurridos, entre otras indicaciones. Se debe acompañar todas las pruebas que sustentan el pedido, como por ejemplo, copia de las boletas de pago del padre demandado, certificado del colegio donde se indique el monto de las pensiones mensuales, recibos por honorarios médicos, boletas de consumo del alimentista, etc.

El demandante puede elegir ante qué Juzgado demandar. Normalmente se demanda ante el Juez de Paz de su domicilio (también puede hacerlo ante el Juez del lugar donde vive el padre a quien se reclama).

Es aconsejable que mientras dure el proceso judicial y se fije una pensión de alimentos en forma definitiva, el demandante solicite una asignación alimenticia provisional, siempre que se presente un documento que acredite el título en que se funda su pretensión. Este pedido se hace a través de una Medida Cautelar, que permite garantizar la subsistencia del alimentista mientras dura el proceso. En efecto, tanto en el proceso principal como en el procedimiento cautelar, la pretensión es la misma por tanto, la medida cautelar sólo anticipa lo que puede ser el pronunciamiento final si la demanda es amparada por el juez.

De esa forma, en los casos de hijos menores con indubitable relación familiar, el juez deberá otorgar la asignación anticipada de alimentos, actuando de oficio, en el caso que no se haya solicitado, luego de notificada la resolución que admite a trámite la demanda de alimentos. El juez fija la pensión de alimentos en proporción a las necesidades del hijo alimentista y de la condición económica y social del demandado.

Los ingresos del demandado se pueden afectar en un máximo de 60%.

El demandante puede solicitar que la pensión asignada sea computable en un porcentaje o un monto fijo (de la remuneración del obligado).

De otro lado, nuestro ordenamiento civil establece la posibilidad de que el obligado a prestar alimentos pida la exoneración de la pensión alimenticia si disminuyen sus ingresos, de modo que no pueda atenderla sin poner en peligro su propia subsistencia o si ha desaparecido en el alimentista el estado de necesidad. Supuestos de excepción que deben ser debidamente acreditados con medios probatorios pertinentes y suficientes. En la realidad vemos que hay varios demandados u obligados que tratan de evadir responsabilidades ocultando información real de sus ingresos y gastos.

El Código Penal en el artículo 149 prescribe: “El que omite cumplir la obligación de prestar los alimentos que establece una resolución judicial, será reprimido con pena privativa de la libertad no mayor de tres años, o con prestación de servicios a la comunidad de veinte a cincuenta jornales, sin perjuicio de cumplir el mandato judicial. Si el agente ha simulado otra obligación de alimentos en connivencia con otra persona o renuncia o abandona maliciosamente su trabajo, la pena no será menor de uno ni mayor de cuatro años. Si resulta lesión grave o muerte y estas pudieran ser previstas, la pena no será menor de dos años ni mayor de cuatro, en caso de lesiones graves, y no menor de tres ni mayor de seis en caso de muerte”.

Si el demandado no abona un mes, se genera intereses. Cada cierto periodo de tiempo se hace liquidaciones de los abonos mensuales. Este documento es presentado al juzgado para su aprobación, que posteriormente ordenará al deudor el pago de los adeudos (devengados).

Si el demandado incumple con la pensión establecida en una Resolución Judicial por tres meses seguidos o alternados, se inicia el proceso penal: Omisión de Asistencia Familiar, ingresando al Registro de Deudores de Alimentos (REDAM). El ingreso a este padrón se tramita en el Juzgado de Paz Letrado. Para ingresar a este registro, no es obligatorio haber iniciado proceso penal. Éste se puede iniciar de forma paralela o antes de la acción penal.

Recuerden que cuando una persona se encuentra en el REDAM no puede tramitar préstamos ante cualquier entidad crediticia, ya que es registrado en la Superintendencia de Banca y Seguro (SBS) como mal pagador. Además está impedido de participar en cualquier proceso electoral y no puede salir del país hasta que sea eliminado de este registro.

Así que ya saben, a cumplir con sus obligaciones 🙂

Espero les haya podido ayudar estos alcances sobre Pensión de Alimentos.

Un abrazo.

Zu

LA RESACA DE TODO LO VIVIDO 2

Habíamos dejado la historia en que Liz se encontraba con Emilio en una Heladería cerca de la Avenida Bolognesi. Era martes. Ellos se habían conocido en una disco el sábado pasado.

– No vayas a pensar que siempre bebo como el sábado, pero la verdad es que no recuerdo de qué hablamos esa noche. Como te dije por teléfono, no me acuerdo de ti.

-Jajaja yo tampoco me acuerdo muy bien, sinceramente. Sólo recuerdo que sonó Persiana Americana y tú estabas bailando solita a un costado de tu mesa. Llamaste mi atención. Me acerqué a sacarte a bailar y me dijiste: esta es mi canción.

-¡No te creo! ¡Qué roche! – sentí el calor en mis mejillas y solté una carcajada.

-¿Esa es tu canción? – Emilio se reía y yo podía ver sus perfectos dientes. ¿Habrá usado brackets? Tiene bonita sonrisa.

-Me gusta mucho Soda Stereo – sonreí y me mordí el labio inferior. Estaba algo avergonzada por los efectos de mi última borrachera.

-A mí también me gusta el Rock en español.

-¿Y hablamos algo más esa noche? – Qué fea borracha. No acordarse qué habló y qué hizo. No vuelvo a tomar así.

-No me acuerdo. Yo también estaba mal esa noche. Creo que bailamos un rato, luego Mario y Víctor se acercaron a saludar a tu amiga Mayra a la mesa donde tú estabas. Me acuerdo que me llamaron para presentármela.

-¿O sea me dejaste bailando sola?

-No, no, imposible. No pude haberte dejado sola. No sé cómo pero recuerdo verte conversar con un chico en esa mesa.

-¿Con quién? – En serio, no vuelvo a tomar de esa manera…

-Quién habrá sido. Estaba en tu mesa y se notaba que eran bien amigos.

-Ahh debe ser Juan Carlos o Jimmy, mis amigos.

-No sé en qué momento te pedí tu número – Emilio tenía su dedo índice derecho en su sien y sonreía con ironía.

-¿Y cómo así te lo di? Porque te juro que yo no le doy así nomás mi número a alguien – Siempre digna, claro.

-Entonces tuve suerte – me miró con unos ojos tiernos y sólo atiné a sonreír y seguir comiendo mi helado.

Esa noche Emilio me contó a qué se dedicaba en Los Ángeles. Era manager en un restaurante y tenía un proyecto con un amigo mexicano de poner un restaurante en Rodeo Drive. Por las series que he visto desde niña, sé que Rodeo Drive queda en Beberly Hills y, obviamente, implica un huevo de plata invertir en esa zona. ¿Me estará tomando el pelo este chico? En fin, se iluminaba al hablar de sus planes. Era su sueño de hace años y según me contó poco a poco se estaba concretando. Me gusta mucho cuando la gente se entusiasma al hablar de sus proyectos. Bien por él. Bueno, recién lo conozco, si será cierto todo lo que me cuenta sólo sé que se ilumina al hablar de aquello.

Al terminar de comer el helado, caminamos por la Avenida Bolognesi. Emilio es bien agradable. Pausado al conversar. Posee una risa contagiante y fresca. Me contó anécdotas de chibolo con sus primos. Esa noche conversamos bastante sentados en una banca en esa avenida. Era una noche fresca de inicios de Diciembre. Él habló más que yo. Me pareció una persona abierta y bastante amigable.

Insistió en acompañarme a mi casa. Por un momento pensé en invitarlo a pasar y tal vez ver alguna película, pero… mi problema es que mucho pienso las cosas ¡Caray!

En el transcurso de esa semana continuamos hablando por whatsapp de lo cotidiano, yo le enviaba memes, él me enviaba audios riéndose. El viernes me llamó.

-Hola Liz ¿qué tal?

-¡Hola! Bien. ¿Y tú?

-Muy bien. Te llamaba para invitarte a mi lugar favorito de Chimbote.

-¿A dónde? Qué intriga… – abrí los ojos lo más que pude.

-Besique.

-Jajaja pensé que sería una propuesta indecente – sonaba a broma, pero no lo era.

-Jajaja maybe … el próximo viernes estoy viajando a Lima y el sábado sale mi vuelo de regreso a L.A y quiero ir a la playa.

-Uy entonces este fin de semana empieza tu despedida.

-Quedé con Mario y otros patas. ¿Te animas?

-¡Ya! Le diré a Roxana y a Mayra.

-Ok. Paso por tu casa a la una y media.

Al contarles a mis amigas las conversaciones con Emilio, se rieron de lo rápido que este chico empezó a gustarme y me trajeron de vuelta a la realidad: “Se suponía que la pasarías bien un rato, sí te acuerdas que vive  en otro país y tal vez no lo vuelves a ver nunca ¿cierto?” dijo Roxana. “Ni te ilusiones porque debe ser igual que Mario, un pendejo de aquellos” dijo Mayra. “Sí, ni que fuese una chibola. Ya está. Van o no ¿mañana?” dije yo.

La verdad es que las dos se negaron a ir. Me costó mucho convencerlas… gracias chicas.

Éramos siete en la Amarok del primo de Emilio, que ese día, por unanimidad, escogimos como “el amigo elegido”. Llegamos a Besique al promediar dos de la tarde. Qué bonita es la playa en esta época del año. Almorzamos en el restaurante “Mustang Ranch”.  Entre risas y mariscos Emilio y yo flirteábamos.

Las canciones que sonaban eran Rock y Reggae de los 90´s. Emilio con su primo fueron a nadar un rato. El resto que nos quedamos estábamos tan a gusto con la música y la cháchara que sin darnos cuenta nos terminamos la caja de cerveza que habíamos pedido al llegar.

Cuando Emilio regresó de nadar tomó un vaso de cerveza y fumó un cigarro. Yo trataba de no quedármele viendo, o mejor dicho, no quedármele viendo con cara de babosa. Al rato, me dijo para ir a caminar por la playa. Por fin, pensé que no me lo diría nunca.

Caminamos por Besique 1, la parte de Besique que es poco transitada y en esas fechas mucho menos. En el camino vimos a una pareja de novios haciendo su sesión de fotos pre-boda. Recordé que hace como siete meses yo hice una sesión de esas en Moro. El mar en esa parte de la playa es más movido, así que caminamos por la orilla con cuidado.

Emilio pensaba que aunque en California las playas son preciosas, con casas y ranchos cerca a la playa; Besique tenía su encanto. Liz pensaba que el verano pasado caminó por esa misma orilla con el hombre que la dejó plantada, casi casi en el altar hace unos meses.

-Y ¿cuándo regresas a Perú?

-Trato de venir cada dos años…

-Mmm ah ya.

-Tú deberías ir a Estados Unidos, si vas anda a California y visítame.

-Puede ser, quisiera conocer San Francisco. Si voy te aviso. Yehh ya tengo un amigo en California – Traté de bromear.

-Te puedo dar posada –  sonrió.

-Te tomo la palabra – sonreí también.

Seguimos caminando, en eso Emilio se detuvo y me cogió de la mano derecha. Tus ojos se ven bien claritos, parecen un par de caramelos. Dijo eso y me cogió de ambas mejillas. No pude evitar reír con ese comentario, él también rió y nos besamos.

Nos recostamos en la arena y nos seguimos besando, despacio y con ganas. Él encima de mí. A buena hora que vine con vestido. Vino a mi mente la cara de mi ex novio. Qué ladilla ese tipo, trata de arruinarme los mejores momentos. Lo odio.

Despojé mentalmente de sus ropas a Emilio. Siento su mano recorrer mis caderas y mis pechos por encima del vestido. Le desabotono la bermuda. Cómo no te he conocido antes, dijo. Me sentí especial. Me miraba con ojos de certeza aunque no creí cierto lo que me decía. Pensé que sería un floro de esos que se dicen cuando quieres tirar. En fin, vivimos el “momento”. Fue grandioso. Cuando terminamos nos quedamos echados unos minutos viendo la puesta del sol.

-Trataré de venir el próximo año – sonaba a una promesa.

-Ojalá puedas – traté de sonar lo más neutra posible.

-Parece que no quisieras que venga – sonó preocupado.

-No es eso, pero entiendo que es difícil por el trabajo. Además están los proyectos que me comentaste.

-Sí, por supuesto. Pero quiero verte – levantó la cabeza y me quedó viendo fijamente a los ojos.

Me puso nerviosa esa reacción. Le di un piquito y le pedí volver al restaurante. De regreso, Emilio me tomó de la mano y sutilmente se la solté. O sea, es un churro y es bastante lindo, pero, honestamente, dudo que nos volvamos a ver. Tal vez conversemos algunas veces por whatsapp, pero eso es todo.

No digo, mi problema es que mucho pienso las cosas.

Cuando regresamos al restaurante Mayra estaba bailando con el primo de Emilio, que era el único sobrio, y Roxana bailaba con Mario. El otro amigo de ellos estaba en la mesa mirando su celular.

Justo cuando llegamos a la mesa donde estaban nuestros amigos, empezó a sonar Persiana Americana. Y dicen que las casualidades no existen…

Miré a Emilio y le dije, con una sonrisa enorme: Mi canción.

Él dijo: nuestra canción – guiñándome el ojo.

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