LOS FANTASMA EN EL CLOSET

En reunión de amigos o en alguna conversación más privada se abordan temas de trabajo, algunas anécdotas, gustos en común, últimos sucesos de nuestras vidas, entre otros temas… pero siempre se terminan colando temas referidos a nuestras parejas o a nuestras ex parejas y más si en estas reuniones hay alcohol de por medio (para esto es inevitable no mencionar los nombres o sobre nombres de los susodichos 🙄).

Es incómodo escuchar bromas que hacen tus amigos o cuando comparten algún detalle picante que haga estallar la risa hilarante del grupo y llega el momento en qué preguntan acerca de tu pareja y no poder compartir esos detalles que los demás están compartiendo o cambiar el pronombre a utilizar (en vez de utilizar él, decir ella, o viceversa). Por miedo al qué dirán, a la discriminación, al reproche…


En todas partes del mundo, personas LGBT sufren de discriminación, algunas desde su niñez, otros al llegar a la adultez. Lo cierto es que experimentan tratos injustos e incluso se llega hasta la violencia. A menudo vemos en noticias que homofóbicos violentan a a estas personas. Y también las vemos reclamando por conseguir una igualdad de sus derechos.

Por otro lado, hay un grupo de personas LGBT que son, por decirlo de alguna forma, las que discriminan a heterosexuales que nos podemos acercar sólo por amistad. Son como una especie de guetto. Un círculo cerrado. Nos miran mal o nos excluyen simplemente porque no somos gays. Esto también es una forma de discriminación. No porque mi amigo sea gay yo también deba serlo, obvio, pero hay algunas personas cerradas de mente que no piensan lo mismo.


Para cambiar nuestras actitudes se requiere de tiempo, esfuerzo y perseverancia. Luchemos por la igualdad haciendo el cambio en nuestro entorno, sin discriminación, aceptando y respetando a cada quien como somos.

LOS VIAJES SE VIVEN TRES VECES

Esa ilusión de escoger un lugar al cual viajar para celebrar alguna ocasión especial, por disfrutar, desconectarte o simplemente conocer. Y cuando por fin decidimos a dónde iremos comenzamos a indagar sobre el lugar, sobre sus sitios turísticos, sobre las distancias, sobre su moneda, etc. No podría olvidar mis vacaciones planeadas. Por eso me sorprendió que una compañera haya comprado unos pasajes aéreos con meses de anticipación y lo olvidó completamente. Si no fuese porque su celular, dos horas antes de abordar, recibió un mensaje recordatorio. Obviamente, perdió el vuelo porque no había pedido permiso en la oficina.

En los últimos años, los cumpleaños de mis papás se han convertido en la fecha especial y obligatoria para viajar (cumplen años en fechas seguidas). Con anticipación de meses atrás, mi mamá escoge el destino al que viajaremos sin haber averiguado nada sobre el lugar, sólo se basa en que, como dice ella en tono irónico: “me llama ese lugar” 🤭. Prácticamente, después de comprar los pasajes recién averiguamos sobre los sitios turísticos a visitar.

Creo que no importa a dónde viajar, lo único que importa es viajar, conocer lugares, probar otros sabores, experimentar nuevas cosas y sobre todo observar y admirar la cultura y costumbres de cada lugar.

Recuerdo el viaje que hicimos a Ciudad de México 🇲🇽. Elegimos ese destino sólo porque mi mamá quería que los mariachis le canten “Las Mañanitas” en Plaza Garibaldi 😁. Hicimos el itinerario con la ilusión de conocer todos los lugares que a través de las telenovelas y películas conocíamos. Semanas atrás consulté con una amiga y con su novio mexicano qué lugares podríamos visitar, para suerte nuestra, el papá de él tiene una agencia de viajes, lo cual fue de gran ayuda.

Al llegar a CDMX, nos detuvieron en Aduanas y nos llevaron a una habitación pequeña en donde abrieron nuestras maletas. Eran tres oficiales. Fue algo rutinario, no encontraron nada más que mi ropa desordenada (soy pésima haciendo maletas). Los oficiales fueron muy amistosos, nos preguntaron ¿cuál era el motivo su nuestro viaje? Mi mamá le respondió: mañana es mi cumpleaños, iremos a Plaza Garibaldi 😁 . Los tres oficiales presentes soltaron uns risa y uno de ello dijo, con la más buena onda del mundo:

– ¡Qué padre! ¿Le gustan los mariachis?

– Sí. Si pueden ir mañana, vayan. Ahí vamos a estar.

– Órale, entonces vamos a ir.

Jajaja desde nuestra llegada el acento y la hospitalidad de los mexicanos fueron reconfortantes. Nos hospedamos en un hotel céntrico. Recuerdo que la primera noche salimos a cenar y conocer un poco la ciudad. Caminaríamos ocho cuadras, aproximadamente, hasta que llegamos al Palacio de Bellas Artes, al frente hay un restaurante en un edifico antiguo, comimos en el segundo piso. Pedimos unas sopas, tipo crema de zapallo, pero no nos gustó, tenían muchos condimentos y aceite…

Al día siguiente hicimos el City Tour. Mi mamá estaba feliz de conocer la basílica de Guadalupe. Yo no soy católica, pero me gusta conocer las iglesias de los lugares a los que voy por ver su arquitectura. Incluso, a pedido de mi mamá, nos tomamos fotos con la imagen en tamaño real de la “la morenita”. Compró varios rosarios para sus amistades, los que hizo bendecir. Es impresionante la fe que tienen los mexicanos en ella (reflexioné en que esa devoción es como la que los arequipeños sienten con la virgen de Chapi). Visitamos el monumento del Ángel de la Independencia (recordé haberlo visto en varias novelas). Al llegar al Zócalo me embargó una nostalgia porque la Plaza de la Constitución está sumamente descuidada. Aquella mañana la plaza (que es su plaza mayor, lo que para nosotros es nuestra plaza de armas) estaba llena de ambulantes, era un total desorden. Además se podía observar, lo que nuestro guía nos estaba explicando, que como Ciudad de México está rodeada de agua, cada año (¿o eran diez años?) disminuye siete centímetros. Había partes dentro de la Catedral en la que se veía como, prácticamente, los muros se están hundiendo. Triste.

Ese día por la noche, fuimos a Plaza Garibaldi. Era fin de semana, así que la plaza estaba llena y como era primavera, se sentía un poco de calor. A mi mamá le llamó la atención que todos los mariachis estaban sin sombrero, menos los veracruzanos (así creo que se llaman los mariachis que visten con la ropa más ligera de color blanco) tal vez porque como su ropa es super ligera pueden aguantar usar sombrero. Después de caminar por la plaza que estaba full (me acordé de la película “la niña de la mochila azul” en donde el niño sueña con cantar en Plaza Garibaldi 🤭) decidimos entrar a un antro, era un local de tres pisos, de escaleras de madera, bastante colorido y lleno de turistas. Había varios grupos de mariachis ofreciendo cantarte una canción por algunos pesos (no recuerdo el tarifario). Mientras pedimos algo de comer y bebidas, mi mamá buscaba a algún mariachi que lleve un sombrero puesto 🤭.

– ¿Joven por qué no tiene sombrero?

– porque hace calor doña.

– Pero en Perú los mariachis usan sombrero hasta en verano.

Todo el grupo soltó una carcajada. Uno de ellos se puso de pie y les dijo a los que estaban más lejos.

– Oigan acá la doña dice que en Perú los mariachis usan sombrero hasta en verano. – Con un acento del norte (creo) súper gracioso.

Fueron los veracruzanos los que le cantaron las mañanitas a mi madre y así cumplió el sueño que tenía que le canten esta canción en Plaza Garibaldi. Además fue la primera vez que escuchamos “El mariachi loco” ahora cada vez que la escuchamos decimos al unísono: ¡el mariachi loco! 😅 Nuevamente la comida no nos gustó. Me dio pena que dejemos más de la mitad de plato. Tiempo después alguien me dijo que cuando pruebas la comida mexicana bien la amas o bien la odias. Lo cierto es que cuando la volví a probar en Estados Unidos, me pareció riquísima, tal vez porque como dice mi tía Lola, cambian algunos ingredientes o especias y eso hace que la comida no sea tan picosa y/o grasosa.

Al día siguiente fuimos a Teotihuacán. Recorrimos la ciudadela, subimos las pirámides y no pude evitar hacer la comparación con las ruinas que hay en Perú. Sólo diré que la energía que se siente en Cusco en indescriptible. No sé por qué el guía no nos hizo mención sobre el globo aerostático qur sobrevuela Teotihuacán 🤔.

Al tercer día visitamos la “Casa Azul”, la casa museo de Frida Kahlo en Coyoacán. Caminamos por sus calles (por alguna razón me parecía que estaba caminando por las calles de Arequipa), sus mercados y plazas. Vimos a las catrinas de tamaño real y nos dijeron que la mejor época para visitar Cdmx es para el día de los muertos, aparentemente es todo una acontecimiento esta celebración. Almorzamos en un restaurante fonda “El Morral” nuestra guía dijo que era de los mejores en la ciudad y debe serlo por los precios que pagamos, no obstante, no cumplió con nuestras expectativas. Ese día, también, visitamos Xochimilco, una experiencia linda. Mi mamá estaba feliz porque un episodio de “Rosa salvaje” se grabó ahí 😅. Debe ser super divertido celebrar un cumpleaños ahí con pachanga incluida.

Al día siguiente tomamos un camión (aquí lo conocemos como micro) a Chapultepec (no sé por qué el primer recuerdo que tuve al pisar el Bosque de Chapultepec fue “Carrusel de niños”). Es bien grande, congrega a personas de todas las edades. Subimos hasta el mirador, la vista ahí es genial. Chapultepec es a Ciudad de México como el Parque de la Amistad es a Surco; o como El Vivero Forestal es a Chimbote 🤭.

Estaba olvidando mencionar que más de un taxista al saber que veníamos de Perú nos decían: por favor llévensela a Laura Bozo 🤦‍♀️. Al regresar, desde el avión, pude corroborar lo que los guías nos explicaron: Cdmx está rodeado de agua.

Por ahí leí que los viajes se viven tres veces: cuando lo soñamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos.

Guardo mucho cariño a ese viaje porque fue mi primer viaje al extranjero, por los lugares que me sonaban familiares y que por fin conocía y aunque no me gustó la comida tengo que regresar. Es una promesa. Viva México.

Zu

LIGUE DE OFICINA

Y ahí estábamos, frente a frente, mirándonos como si no hubiese pasado nada entre nosotros. Lo cierto es que habíamos hecho el amor el día anterior en su oficina. Nadie se dio cuenta de lo que pasó y tampoco nadie se ha dado cuenta que entre él y yo existe un coqueteo, un affaire, una atracción, un gileo. O sea, es simple: él me gusta, yo le gusto (es obvio), pero no puede haber nada entre los dos.

Él está comprometido, su novia trabaja en la misma empresa que nosotros, vaya suerte. La verdad es que tampoco quisiera que haya algo entre él y yo. Para tire está bien, pero para nada más. Pienso que no podría estar con alguien de quien se dice que ha engañado a su novia con más de una compañera… lo mismo haría conmigo.

No me detuve a pensar cómo es que pasó, sólo seguí su juego. Fue sexo y estuvo bueno. Sus manos grandes me inquietaban, su voz ronca me excitaba, sus ojos locos que se volvían tiernos cuando se acercaba a mí me gustaban.

Todos en la empresa sabemos que Gonzalo va a casarse con la secretaria del jefe de Logística. Nunca los he visto juntos dentro de la empresa, ni siquiera en la hora del almuerzo; sin embargo a la hora de salida se van juntos, tal vez sea su manera de evitar comentarios. En fin, a pesar que Gonzalo es un poco serio y enojón, es coqueto. Lo he visto coquetear con más de una mujer, entre compañeras y clientas, dicen que ha tenido algo con una de las abogadas de Asesoría Legal.

Gonzalo y yo trabajamos en diferentes áreas, no sé bien en qué momento comenzamos a conversar más e incluso a bromearnos en doble sentido. Creo que todo empezó hace unas semanas al entregarme un oficio, sus dedos rozaron los míos, esa escena se repitió una vez más. Lo miré y le dije con una escueta sonrisa ¿qué te pasa? Él, por supuesto, muy fresco respondió: nada ¿por qué? Fue ahí donde me percaté de sus manos grandes, blancas y grandes. Ok si él quiere jugar, pues jugaremos, pensé. Debo confesar que al fijarme en el tamaño de sus manos, más de una vez lo imaginé tocándome y supuse que todo en él debía ser proporcional. Empezó a darme mucha curiosidad el tema de la proporcionalidad en Gonzalo, es decir, comencé a observarlo, debe estar en treinta y seis años, sobrepasa el metro ochenta, no llega a noventa kilos, es notorio que no practica deporte alguno y debe calzar cuarenta y tres o tal vez más.

Nuestras conversaciones por whatsapp se tornaron más fluidas, el reaccionaba a los memes que publico en mis estados, yo comentaba las canciones que él sube a sus estados, y cosas así. En el trabajo, comencé a mirarlo como él me miraba, a sonreírle como él me sonreía. Quería saber hasta dónde llegaría este gileo.

En vista de que si seguían así las cosas, iba a aparecer en mí algún remordimiento por estar coqueteando con el novio de otra mujer. Decidí terminar con eso y sacarme la espina de una buena vez. Fui a la oficina de Gonzalo, menos mal estaba solo. Hola, se sorprendió un poco al verme, pero su mirada coqueta intervino en el acto.

  • Hola ¿qué haces? ¿Estás ocupado?.-me incliné un poco hacia él que seguía sentado.
  • Estoy terminando unos informes que me pidieron.- posó su mirada en mis ojos.- Tienes los ojos más negros que he visto.- Gonzalo es el típico florero.
  • Y tú tienes las manos más grandes que yo he visto.- dando rienda suelta a mi coquetería.

Ambos sonreímos. Él se puso de pie y echó seguro a la puerta. Yo me quedé apoyada en su escritorio. Gonzalo sabía muy bien para qué había ido a su oficina y yo tenía la certeza de que él no se negaría a nada. Desde que sus dedos rozaron los míos, hace semanas, lo que hay entre los dos se convirtió en una cuestión de piel que se tenía que concretar.

Caminó despacio hacia mí sin quitarme los ojos de encima. Puso sus manos en mi cintura, se inclinó un poco. Yo incliné mi cabeza hacia un costado mientras cogía su corbata. Ambos sonreíamos.

  • Me gustas mucho, tu piel morena me encanta, tus ojos negros son fascinantes.- Lo decía mientras acariciaba suavemente mis mejillas.

Lo jalé de la corbata trayéndolo hacia mí y le susurré al oído muéstrame lo que esas manos grandes pueden hacer. Nos besamos y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, a explorarme, a excitarme.

Le quité la corbata y desabotoné la camisa. Él desabotonó con cuidado mi blusa de seda. Dejamos nuestras ropas en una de las sillas.

Comencé a besarle el cuello mientras él se desabotonaba el pantalón. Miré la hora en mi reloj: cinco y veintiocho, pensé que en media hora él se iría con su novia. Justo en ese momento sonó el teléfono, era su jefe pidiéndole que le presente el informe mensual antes de las seis de la tarde. Sí ingeniero, no se preocupe, antes de las seis subo a dejarle el informe.

Se volvió hacia mí. Pensando en la hora, lo besé fuerte, nos besamos fuerte, con ganas acumuladas. Levantó con cuidado mi falda. Lo toqué y acaricié. Pensé en la proporcionalidad de sus manos con su miembro. Me dio media vuelta contra el escritorio y sin sacarme el bikini me hizo suya.

No estuvo nada mal, pero pudo ser mejor. Mi reloj marcaba las cinco y cuarenta y dos cuando volteé hacia él.

  • Me gustas mucho Violeta.
  • Me tengo que ir. Termina tu informe.– mientras me acomodaba la falda.
  • Sí, ya me falta poco.
  • Bueno pues Gonza. – me estaba abotonando la blusa. – conversamos después.
  • Claro que sí. En la noche por whatsapp.
  • Jajajaja ok. – se acercó a mí dándome un beso tierno en la boca.
  • Salí de su oficina sintiendo que todos me veían, pero la verdad es que no había nadie por el pasillo.

CARTA A MI YO DE 20

A mis casi treinta y dos años pienso en mi yo de veinte y recuerdo la vida, ilusiones y sueños que tenía en ese entonces. Algunos de esos sueños, se han cumplido totalmente, otros a medias y otros dejaron de importarme.

Me invitaría un trago, sería un Mojito de fresa, sin duda. Iríamos a un bar cerca a Monserrate, tal vez en Larco o en Húsares, y conversaríamos un buen rato. A veces extraño Trujillo, a mis amigos a los que veía todos los días. Que feliz fui en la ciudad de la eterna primavera y cuántas veces he regresado.

Me preguntaría por los cursos que estoy llevando en la facultad. Me recomendaría con qué docente llevar cada curso (tuve excelentes profesores aunque también hubieron unos fantoches). Me diría tantas cosas como:

– Aprovecha que no tienes responsabilidades, ahorra todo lo que puedas y viaja. No importa tanto a dónde, pero viaja cada vez que puedas.

– Lee más. Proponte leer, por lo menos, un libro al mes.

– No te dejes llevar por la procrastinación. Sé que las redes sociales están en todo su apogeo y hay varias series en cable que te gustan mucho, sin embargo no debes perder tanto tiempo mirando tele y chateando.

– Se disciplinada con la escritura. Dedícale tiempo, es importante que practiques y no lo dejes de hacer.

– Haz más deporte.

– No seas tímida y métete a todos los cursos y talleres que te interesen. Tus papás te apoyarán en cada cosa que emprendas.

– Pon mayor atención a tus clases de Inglés, te será de gran ayuda cuando viajes a USA.

– No regreses con ese chico. Si se acabó una vez, se volverá a acabar.

– Si tienes dudas con respecto a una persona, aléjate porque estás en lo cierto. Confía en ti, en tu intuición. Expresa lo que piensas.

– Te vas a enamorar y te van a romper el corazón. No te asustes, te repondrás y se convertirá sólo en un recuerdo del cual no te arrepentirás porque lo habrás dado todo y esa será tu satisfacción.

– Sonríe más que el tiempo pasa tan rápido. No pierdas ninguna oportunidad de estar alegre y ser feliz.

– Está bien equivocarse, así aprenderás. Ten paciencia y confía en ti.

– Tus sueños se van a cumplir, debes ser persistente.

– Comparte todo el tiempo posible con tus papás, abrázalos y mímalos bastante que son el mejor regalo que la vida te pudo haber dado.

– Nunca dudes que el Señor te escucha porque él todo lo sabe y cuando estés profundamente triste, él será tu refugio.

Finalmente, me diría: estarás orgullosa de la gran mujer que te convertirás a los treinta.

Alas y buen viento 🍀😊

Zu

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

“El fin justifica los medios” dice Maquiavelo. ¿Será esto así? La mayoría de las personas hemos utilizado alguna vez esta frase y, también, la hemos hecho nuestra en más de una oportunidad.

Como cuando debes pasar un curso a como dé lugar: estudiar hasta la madrugada, pedirle apoyo a alguien a quien tal vez no le hablas mucho, hacer “ayuda memoria” (que tire la primera piedra quien nunca ha copiado en un examen), sacrificar alguna actividad (no ir a una fiesta, no comer por estudiar, etc). O tal vez pagar para obtener un beneficio: tener un permiso, evitar que te pongan una multa, etc (nuevamente, que tire la primera piedra quien nunca ha coimeado). No obstante, hay ciertos límites (cada quien tiene los suyos) que dependerán de nuestros valores y forma de ser.

Debería ser nuestra meta lograr cada objetivo trazado en pro de nuestro crecimiento profesional y personal, pero qué ocurre cuando para lograr cada objetivo se atenta contra nuestros propios principios. Por ejemplo: el perjudicar a otras personas. O ¿será que si hacemos cosas reprochables, como el perjudicar a otras personas, es porque no tenemos principios ni valores? ¿Y si la persona a la que se perjudica es supuestamente un amigo?

Particularmente, creo que está perfecto tener nuestras metas claras y trabajar muy duro para alcanzarlas. Sin embargo, sé que existen muchas personas que teniendo sus metas bien definidas, les importa un pepino perjudicar a otros con tal de llevar a cabo sus planes.

En cuanto al perjudicar a un amigo, yo creo que es imposible perjudicar, adrede, a un amigo. Y si esto ocurre es, simplemente, porque no es un amigo de verdad.

Considero negativo todo esto porque se va creando el karma. Supongo que lograr tus objetivos a costa de perjudicar a otras personas será fácil cuando no tienes principios ni valores definidos. De cualquier forma, es triste que existan personas que van por el mundo creando enemistades (pensé en colocar: perdiendo amistades, pero lo cierto es que un amigo no perjudica).

Sea como sea, pienso que ya es mala leche perjudicar, intencionalmente (sea cual sea nuestro fin a alcanzar), a cualquier persona; mucho más si con esa persona tenemos algún tipo de cercanía. Ahí no hay valores, no hay principios, no hay escrúpulos.

Entonces, para mí, el fin no justifica los medios si es que para ello debo perjudicar a alguien. Iría contra mis principios.

Buena suerte a todos.

Saludos.

Zu

P. D. valgan las redundancias 😊

“POR TELÉFONO NO, NO QUE VA”

Como dice Haruki Murakami “voy a esforzarme para poder contarlo todo de una manera lógica y sistemática dentro de mis posibilidades” .

Cuando M me dijo que no me quería, no lo hizo mirándome a los ojos, ni siquiera frente a frente, lo hizo por teléfono.

Durante varios días había notado que ya no respondía mis mensajes de whatsapp como antes. Ya no escribía preguntándome si había llegado bien a mi casa. Por último, hubo noches en que no me llamaba y se desconectaba del whatsapp sin despedirse, sin darme las buenas noches, como solía hacerlo. Pese a ello, no se me ocurrió el desenlace que venía.

Por supuesto que repasé una y otra vez los sucesos de las últimas semanas. Lo único que encontré fue una discusión por teléfono (para variar…) que tuvimos como quince días atrás. Fue una tontería, aunque no, la verdad es que no fue ninguna tontería. Le reclamé el hecho de que haya leído un mensaje que le envié y no lo haya respondido (tal vez suene infantil, sin embargo me quedaba claro que él tenía otras prioridades y eso me preocupaba). Se excusó de mil maneras y yo terminé por hacerme la de “la vista gorda”. Total, siempre alguien tiene que ceder, pensé. Mi intuición me decía que su interés por nuestra relación había pasado a un segundo plano; y, a pesar de eso, yo quería revivir la “llama”, creí que podía hacerlo.

Después de esa discusión, todo siguió aparentemente normal entre nosotros. Noté que mientras nuestra comunicación en persona era buena, por celular no lo era tanto, cada día hablábamos menos. Pensaba que lo que debía importar era nuestra comunicación en persona; no obstante, sabía que no era bueno tener tantas dudas. Me daba pena pensar que nuestra relación de casi un año estaba llegando a su fin. Habíamos hecho muchos planes, incluso M me regaló una sortija (una alianza, dijo), de él salió que pediría mi mano para nuestro primer aniversario. Hasta me habló del viaje de “luna de miel”. Increíble. Yo, ilusionadísima, comencé a buscar el destino perfecto. Le enseñé varias alternativas. Como a los dos nos gusta mucho la playa, encontré unos paquetes interesantes: trip por las playas de Costa Rica, varias opciones en Cancún y un crucero por Bahamas. Él estaba encantado.

A los pocos días, la hermana de mi madre falleció y tuvimos que viajar a Piura. Yo estaba triste y lo único que quería era sentir el apoyo de M en esos momentos difíciles para mi familia. Los cinco días que estuve de viaje, fui yo quien escribía. Él me llamó unas tres veces, creo; después me dijo que no quería importunar porque seguro yo estaba muy ocupada. Yo sólo quería su apoyo, sentir que le importaba lo que me estaba pasando; y, evidentemente, él con sus actos me demostraba todo lo contrario.

Un día antes de regresar de Piura no pude contenerme y lo llamé por teléfono. Le reclamé su alejamiento, su frialdad, su falta de interés. Estaba triste y ofuscada. M no reprimió más su sentir y sentenció: sabes qué Mariela, perdóname por lo que voy a decir. Siento que lo nuestro ya no es lo mismo. Te quiero, pero no como para casarme contigo.

Mi mundo se derrumbó en unos segundos. “Te quiero, pero no como para casarme contigo”. Sentí un puñal en el corazón. Se desmoronaron todos los planes que habíamos hecho (sí, en plural porque el alimentó muchos de esos planes). Sentí que perdía “el norte”. Quería a M, me proyecté con él y me falló. Me fallé yo misma por proyectar expectativas tan altas en alguien que no me amaba.

_ ¿Cómo? ¿Por qué dices eso? ¿Cómo te atreves a decirme eso por teléfono M? ¿Estás loco?– las lágrimas resbalaban por mi mejilla.

_ Lo siento Mariela. No quiero discutir más.

_ Ok. Regreso mañana. Ahí hablamos.

Todo ese día traté de no pensar en lo que M había dicho, pero era casi imposible, sus palabras resonaban en mi cabeza. Ni bien regresé, lo llamé. Me contestó que estaba ocupado en ese momento, que me llamaría cuando se desocupara.

Todo lo que había pasado, cómo había pasado, me resultaba tan absurdo. A sus casi cuarenta años M era el tipo más inmaduro que pude haber conocido. ¿Terminar por teléfono? . No puedo creerlo. Por qué me dijo todo lo que me dijo en ese año juntos sino estaba seguro que realmente me quería. Pienso que es maldad el engañar a una mujer de esa manera: ilusionándola. Es una burla.

Una semana después de regresar de Piura M me llamó para conversar. Esa semana en la que me evadió, estuve mal, literal. No puedo negarlo, el frasco de Rivotril en mi mesa de noche no me permitiría hacerlo. Llegaba zombi a la oficina. Me equivocaba en el trabajo (mi jefe me llamó la atención en varias oportunidades). El maquillaje podía cubrir mis ojeras, pero no mi tristeza. Odiaba a M por ser tan imbécil e inmaduro. Tenía cólera conmigo misma por estar sintiéndome mierda por alguien a quien no le importó lastimarme.

Cuando me llamó para conversar, yo sabía que no íbamos a arreglar nada. Por más que algo dentro de mí quería hacer “borrón y cuenta nueva” (lo quería todavía, recién había pasado una semana desde que me terminó). Traté de mantenerme con la cabeza fría, no podía pensar en la posibilidad de regresar con M. Si hizo lo que hizo una vez, lo hará otras veces, eso lo tengo clarísimo. Ya nada podría volver a ser como antes. No había marcha atrás. M ya era pasado.

Nos vimos en el bar que está cerca a su oficina. Ambos pedimos Chilcanos. Él, recontra fresco, comenzó a contarme que su empresa había conseguido un nuevo cliente, estaba contento. Que las utilidades del próximo año serían muy buenas. Que estaba pensando en llevar otra maestría.

_ Mira M, al grano. ¿Qué pasó? – tomé un gran sorbo de mi bebida.

Respiró hondo, se puso nervioso, tenía la mirada fija en su vaso. Demoró en responder. Yo estaba serena, felizmente. La semana anterior lloré tanto que ahora, al verlo tan fresco como si no hubiera pasado nada, no tenía más ganas de llorar. Sólo sentía indignación.

_ Perdóname. Todo es mi culpa. Siento que algo se quebró. No sé en qué momento pasó. No quiero hacerte perder el tiempo. Dejemos las cosas ahí.

_ No creas que pidiendo perdón solucionas el daño que me estás causando. Hablamos de un futuro juntos. Cómo pudiste ilusionarme hablándome de viajes de luna de miel, de vivir juntos, de formar una familia y todo. Eso no se hace. Encima me diste este anillo de mierda – en ese momento me saqué el anillo y lo puse junto a su vaso de Chilcano – Oro blanco ¿no?. Eres tan mentiroso y yo tan tonta en creerte cuando hace semanas me dabas indicios de que andas en otras cosas.

_ Mariela no digas eso. Yo sí te quise. Siento lo que pasó y te juro que no hay una tercera persona. Todo esto es mi culpa – agachó la cabeza como niño que es reprendido por su madre.

_ Por supuesto que es tu culpa – no sé de dónde saqué fuerzas y me mantuve serena. Me paré, vi sus ojos llorosos y me dio más rabia porque a mis treinta años he visto varias “lágrimas de cocodrilo”, y esas no eran la excepción.

En ese momento no lo sabía, pero gran favor que me hizo M al dejarme con el corazón roto y con el recuerdo de haber recibido un anillo de mierda (disque oro blanco cuando resultó ser simple bisutería). Fue sensato al decirme que no me quería y que no perdamos el tiempo. Pero cuando salí del bar, subí al taxi comencé a llorar desconsoladamente, incluso, creo que lloré más que en el funeral de mi tía. Duele, claro que duele, que el hombre que tú quieres y con el que te has proyectado te diga que ya no te quiere. Además, me quedaba claro la existencia de otra mujer en su vida.

Gracias M porque por ti toqué fondo y cuando llegué ahí no me quedó otra que salir y te dejé ir totalmente. Ahora me siento totalmente libre y con la confianza de que encontraré a alguien con quien las ilusones se vuelvan realidad.

FELIZ 2020

Como lo he contado en algún momento, esta época del año me encanta. Hago una especie de balance de todo lo hecho y vivido en el año que está por acabarse (como diría Gloria Trevi: El recuento de los daños 😁) y pienso en las mejoras o propósitos que haré para el siguiente año.

Antes para mí el fin de año era: borrón y cuenta nueva. Me gustaba pensar que atrás quedaban todos los errores y malas vivencias del año y estábamos por empezar un nuevo capítulo de nuestras vidas. Ahora ya no pienso así, de lo hecho y vivido en el año debemos partir para seguir avanzando, corrigiendo y logrando nuevos propósitos 🤓.

Este año que está por acabarse, el Señor me ha regalado más de lo que pude desear 🙏.

Estoy muy contenta porque llevé mi segundo taller de escritura ✍️. Me hice mi primer tatuaje ❤️. Cambié de trabajo. Me mudé sola a Lima. Hice una locura 🏖️. Conocí tres países 😍. Pensé en muchas cosas admirando la “Garganta del Diablo” 😇. Llevé mi primer taller de mindfulness y yoga. Conocí el Cañón del Colca y me maravillé al ver a un cóndor sobrevolar la superficie 🤩(no todos los visitantes tienen este privilegio). Me ilusioné una vez más. Conocí lindas personas (y otras no tanto). Hice nuevas amistades. Me perdí varias veces en la ciudad 🤗. Obtuve mi primera papeleta por exceso de velocidad (qué orgullo…) 🤦‍♀️. Leí veintidós libros y escribí once relatos ❤️ (¿será que lo que escribes es proporcional a lo que lees?). Lloré, pero reí muchísimo más 😄.

En el 2019 aprendí:

A confiar en mi Intuición, aunque me haya causado algunas angustias ha sido certera.

A respirar para tranquilizarme.

A ser más tolerante con personas con las que tengo incompatibilidades.

Que no es más feliz quien sonríe sino quien está en paz.

Que todo llega en esta vida (soy prueba fiel de ello) y es que los tiempos de Dios son perfectos.

Que debemos tener cuidado con lo que deseamos porque se puede volver realidad.

Que la soledad es buena compañía si nuestro corazón está en paz.

Que no es cierto todo lo que me dicen.

Que la felicidad es una decisión.

Que la salud es el regalo más grande que nos puede dar Dios.

Me siento agradecida conmigo misma por haberme permitido arriesgar y emprender nuevos retos que tal vez en otro momento de mi vida no los hubiese asumido. Y por entender y aceptar que todo depende de mí.

Como sea, a pesar de todos los retos y aventuras que me he atrevido a afrontar, sigo siendo la misma chica tímida que toca madera para dar “la contra” a algo que ha dicho, que trata de hacer las cosas bien, pero si no salen como espera sólo respira y dice: “pudo ser peor” o “por algo no pasó” y que vive agradecida con Dios por todo lo que le da 🙏.

Para mí el 2019 fue grandioso y de mí depende que el 2020 sea mágico!

Les deseo a todos un 2020 lleno de aprendizaje, de nuevas metas, nuevos logros, nuevas historias, nuevas anécdotas, nuevos libros, muchos viajes, muchos sueños cumplidos, mucha osadía y sobre todo ¡muchas alegrías!

Alas y buen viento.

Zu.

NAVIDAD Y EL AMIGO SECRETO

En estas fechas navideñas, en la mayoría de trabajos realizan el juego del amigo secreto que viene a ser una suerte de intercambio de regalos. Sería bonito si todos los que juegan fuesen amigos o por lo menos buenos compañeros, así las notitas diarias que se envían (los que quieren enviar notitas con algún presente) serán sinceras y no un acto de mero cumplimiento.

Este año decidí no participar en este juego que realizaron en mi trabajo porque estaban participando compañeros con los que a las justas cruzo un: “hola” o “buen día”. Entonces, no quise verme en el apuro de estar enviando notitas a alguien con quien no hablo y mucho menos tener que regalarle algo a alguien que prácticamente no conozco.

Una amiga me contó que en su trabajo hicieron este juego y que el más entusiasta era su jefe (un misógino declarado). El día de la entrega de regalos, él no acudió a la oficina pero envió el regalo que había comprado con una compañera de oficina. Para sorpresa de mi amiga, ella era la amiga secreta de su jefe. Después de todos los impases ocurridos entre ellos dos, mi amiga sintió que ese regalo era sólo por cumplir (nada más impersonal) … Al igual que mi jefe que tampoco participó en la entrega de regalos y me pidió que le entregara su regalo a su “amigo secreto”, al darme el obsequio me dijo: por favor le entregas, ya cumplí…

Y yo me pregunto: ¿Acaso el famoso jueguito del amigo secreto se trata de cumplir con entregar un regalo a una persona por la que, sinceramente, no sientes la mínima estima?

Para ello sería mejor quedar con un grupo de amigos (que se estiman y aprecian) realizar un intercambio de regalos donde uno con gusto compra algo para su amigo con el fin de sorprenderlo y demostrarle el afecto y/o cariño que se le tiene. Hace tres años con mis amigos de la universidad hicimos un intercambio de regalos pese a que estábamos en diferentes ciudades. Nos queremos mucho así que no reparamos en enviar los regalos por encomienda a nuestro “amigo secreto” 😉.

Me parece feo y de mal gusto estar comprando regalos por cumplir con una “tradición social navideña” (por llamarla de alguna forma).

Más allá que en la Navidad recordemos el nacimiento de Jesús, pienso que cada uno vive y le da el significado a la Navidad que uno quiere o que uno cree. Por ejemplo: para mí lo único que importa en Navidad es que mi madre, mi abuela y mi hermana tengan salud y una sonrisa en los labios y en los ojos.

¿Ustedes qué piensan?

Les deseo unas felices fiestas con amor y regalos sinceros 😉.

Zu 🎄

ANA

Si supiéramos cuánto tiempo pasará para volver a conversar con alguien tal vez seríamos más cariñosos, amables, empáticos, agradecidos y trataríamos de decirle a esa persona lo que significa para nosotros. Sólo tal vez…

Hace poco más de dos años que me reuní con dos amigas muy queridas en Trujillo. Fue un sábado por la noche a la salida de mis clases de maestría. Después de varios meses pudimos reunirnos pese a estar en la misma ciudad los fines de semana. Fuimos a cenar al Coco Torete del Real Plaza. Katty y yo aún no decidíamos que pedir cuando Ana propuso una parrillada para dos (que alcanza para tres) más una porción de anticuchos y una jarra de sangría. Ambas aceptamos y cerramos las cartas. Vino el mesero y Ana hizo el pedido. Conversamos sobre: nuestras clases (ellas dos hacían la maestría en la Nacional) y sobre los últimos sucesos de nuestras vidas.

Esa noche nos faltó tiempo para seguir conversando. Entre otros chismes, Ana nos contó que se había burlado de fotos y publicaciones que “alguien” había hecho. Ella es así, no le importa terminar peleándose con alguien con tal de defender a una amiga 🙂.

Como siempre, Ana se encargó de dividir la cuenta y dar el cambio (algo que a Katty y a mí nos confunde 🤗). Caminamos por el centro comercial y nos sacamos una foto, la que ahora veo con nostalgia porque no sé bien cómo ni por qué, tiempo después Ana y yo nos distanciámos. Fue un mal entendido que ambas dejamos pasar y ahora no puedo recordar bien qué cosa fue…

Hace unos días traté de hablarle, y hablamos un poco, pero ya no era lo mismo. Bueno, es que también hace muucho que no hablábamos.

Sé que sigue siendo la chica divertida, juerguera, fresh y jodelona que conocí.

Gracias Ana por la complicidad de tantos años, desde segundo ciclo en la universidad. Vienen a mí tantos, tantísimos recuerdos tuyos, nuestros…

Gracias por defenderme y por burlarte públicamente de ya sabes quien 😅 (nos reímos tanto con los screenshot que me enviabas).

Gracias porque aunque ya no hablemos sé que cuando vaya a Cutervo tengo donde quedarme 😁.

Y si un día me llegas a leer, sé que también recordarás nuestra amistad y complicidad.