La Navi

Desde que tengo memoria, recuerdo a la Navidad como una fiesta consumista disfrazada con villancicos, arbolitos adornados y nacimientos (en algunos casos aunque cada vez menos).

Todos los negocios ven incrementadas sus ventas en estas fechas. Hay que aprovechar, solemos decir, pero muy pocos saben y sienten el real significado de la Navidad…

Son tiempos de paz y amor en los cuales regresamos a nuestros terruños, compartimos tiempo con nuestros seres queridos, nos reunimos con nuestros mejores amigos del colegio y universidad los que siempre estarán ahí para nosotros. Es enriquecedor departir un almuerzo, cena, café y/o tragos con gente a la que amamos y con la que a pesar de la distancia física siempre existe temas de conversación placenteros. No obstante, creo que todos alguna vez en nuestras vidas debemos sentir, valorar y entender el real significado de la Navidad: que Dios envió a su hijo quien nos trajo el perdón y la vida.

En mi caso, sucedió hace cinco años cuando estaba pasando el peor momento de mi vida que me llevó a conocer y a aferrarme a Dios (de esto hablaré en un próximo post),  fue en esa Navidad que comprendí y sentí, profundamente, el nacimiento de Jesús y que el hombre necesita un Salvador

Regresando al carácter consumista de estas fechas navideñas y de fin de año, tengamos presente esta frase, que leí en alguna parte: que el consumismo no nos consuma. Evitemos endeudarnos, no gastemos más allá de nuestra capacidad económica (moderación y responsabilidad en nuestras compras) ahorremos nuestros aguinaldos para viajar el próximo añoJ. Compremos la comida que realmente vayamos a consumir (yo sé que con tantas “ofertas” a algunos se les es fácil caer en la tentación de comprar, seamos fuertes). Tratemos de apoyar a las tiendas pequeñas. Que los regalos que vayamos a hacer sean realmente útiles, recuerdo con mucho cariño y agradecimiento mis mejores regalos navideños porque fueron libros (Gracias hermana y papito). Ojalá este año se repita 🙂

P.D: estaba terminando de escribir este post navideño y se presentó en mi negocio un foráneo preguntando por la comisaría más cercana porque lo habían asaltado dejándolo sin documentos y sin dinero. Estas fechorías ya no son típicas de estas fiestas (se ven todo el año). Quiero instarles a tener mucho cuidado cuando tomemos taxis, cuidado con nuestras pertenencias y más si llegamos a ciudades que no conocemos.

¡Feliz Navidad!

Un abrazo.

Zu

A LAS MUJERES

Toda la población queda absorta al ver, a menudo, por noticieros que una mujer más fue degollada, quemada, descuartizada, desfigurada por su pareja… el incremento de estos crímenes son realmente espeluznantes.

Cuando pensamos en violencia contra la mujer lo primero que se nos viene a la mente es la existencia de maltratos por parte de la pareja, no obstante esta violencia no es específica del ámbito sentimental; puede darse en diversos ámbitos como el familiar, educativo, laboral, en la sociedad en su conjunto. La violencia es un problema social generalizado que afecta a millones de mujeres en todo el mundo y se da en todo tipo de culturas, clases sociales, edades y niveles educativos.

En Perú existen los Centros de Emergencia Mujer (CEM) que son servicios públicos y gratuitos que ofrecen una orientación legal, judicial y psicológica para la víctima. Sin embargo, ¿qué hay con el victimario? en los casos que no se llegue a concretar la denuncia, éste continúa tranquilo rompiendo vidas por el mundo. Y en el mejor de los casos, si es condenado, será privado de su libertad y se le dará tratamiento especializado (según  leyes peruanas). En otras legislaciones se le ordena al condenado recibir tratamiento psicológico y/o terapias conductuales.

Creo, firmemente, que  para combatir la violencia contra la mujer se  debería poner énfasis en la educación que los niños reciben en las escuelas, pero sobre todo en sus casas. Sabemos que los niños son unas esponjitas que aprenden rápidamente el ejemplo que ven a su alrededor; sabemos, también, que en nuestra sociedad son las madres o mejor dicho las mujeres (tías, abuelas, nanas, niñeras) las que, en la mayoría de familias, se hacen cargo del cuidado de los pequeños. Así que, mujeres no es suficiente con darles a nuestros hijos los mejores estudios, los mejores juguetes, las mejores vacaciones; lo primordial es cuidar el ejemplo que les damos: respetarlos  y respetarnos a nosotras mismas no dejándonos intimidar por nuestras parejas o por otras personas, no discutiendo ni gritando delante de ellos, no podemos permitir que nos violenten de cualquier forma. Nuestros hijos deben ver que en nuestra relación de pareja y en nuestra interacción con las demás personas existe respeto.

No olvidemos que violencia no es sólo física; no obstante, éste tipo de violencia es la que más se combate por sus notables consecuencias, lastimosamente esta violencia física comienza con violencia verbal pudiendo tomar mucho tiempo en recuperarse (dependerá de la predisposición con la que cuente cada una para salir del hoyo y del respaldo familiar que se tenga).

La violencia verbal es una forma de agresión que muchas veces pasa desapercibida pues no deja huellas visibles pudiendo ser confundida con un simple conflicto de pareja; se concreta a través de amenazas, humillaciones, manipulaciones, chantajes, exigencias de obediencia o sumisión, celos, desprecios, bromas sexistas, insultos, etc. Es sumamente preocupante que las mujeres, muchas veces, no nos damos cuenta que estamos siendo víctimas de violencia verbal, creemos que las manipulaciones, bromas sexistas y celos (formas de violencia verbal más usuales) son comportamientos normales  que se dan en todas las relaciones, acostumbrándonos a ellas; lo cual refuerza el perfil del agresor: irritable,  controlador, celoso, manipulador y explosivo. Este tipo de violencia por parte de la pareja es la que psicológicamente repercute más en una, pero también existe la violencia verbal por parte de otros miembros familiares, de los jefes y de distintas personas cercanas a la mujer.

Como ya lo hemos dicho en párrafos precedentes, los niños aprenden del ejemplo que les damos. Todos los agresores que vemos en los noticieros y los miles que andan en la clandestinidad tienen el inicio de su perversión en su niñez. Así que, por favor mujeres sepamos criar a nuestros hijos, que el respeto sea lo primordial; tratemos a los demás como nos gustaría ser tratadas.

Si tú siendo su madre te vas a reír cuando tu niño comienza a decir lisuras y groserías (que probablemente escuchó en casa) o te causa gracia que al llegar a la adolescencia “salga” con dos o más chicas a la vez, o permites que el papá  celebre su “picardía”, este jovencito creerá que está bien y que es correcto estar con dos o más mujeres. De la misma forma pasará si permitimos que nuestra pareja nos levante la voz o, peor aún, nos falte el respeto con insultos, groserías, bromas pesadas, etc delante de nuestros hijos, al transcurrir el tiempo estos niños y niñas creerán que es correcto que el esposo falte el respeto de esa forma a su esposa, ahí es donde se vuelve a repetir la escena, ese niño convertido en hombre vuelve a violentar a su mujer; y la niña convertida en mujer permite esta violencia.

Trabajemos en la autoestima de nuestros hijos  para que no sean víctimas como, tal vez, lo hemos sido nosotras en algún momento de nuestras vidas. Informémonos sobre los aspectos cruciales de la violencia, así podremos identificar situaciones de riesgo y evitarlas.  Debemos desechar la idea de que los chistes sexistas, celos o jalones del brazo (por nombrar algunas acciones) son “acciones inofensivas”, está comprobado que una vez que aceptamos esta situación comienza un proceso de “normalización de la situación”, es decir, pensamos que no fue tan malo y nos acostumbramos a las agresiones. Cambiemos el chip de “mejor me callo para no causar problemas” o “mejor no digo nada para no seguir discutiendo”, si pensamos diferente es importantísimo expresarnos con firmeza, respeto y claridad.

No debemos aceptar la violencia bajo ninguna circunstancia, si no lo haces por ti hazlo por tus hijos para que cuando él sea grande no repita estas agresiones con otra mujer y para que cuando ella sea grande no permita que nadie la violente.

Un fuerte abrazo para cada una.

Zu

SPANGLISH

En vacaciones de medio año; Cristina y Lorena, coincidentemente, terminaron con sus enamorados. A las dos les cogió un cuadro depresivo similar. Al verlas inapetentes varios días, las hermanas mayores de ambas se preocuparon; les rogaban que salieran a comer con amigas, al cine, a fiestas. Nada funcionaba. Un día la hermana de Cristina les dijo que cuando se está mal de amores no hay nada mejor que viajar. Así que comenzaron la búsqueda de posibles destinos. Los vuelos a Piura, Arequipa y Cusco estaban con descuento. Lorena ya conocía las playas de Piura y había ido en varias ocasiones a Arequipa. A Cristina le daba igual viajar a cualquier ciudad

Decido. Irían al Ombligo del Mundo y olvidarían a ese par de babosos. Ahora, a convencer a sus papás. Los papás de Lorena estaban felices que su hija conozca Cusco y que viaje sola con una amiga, además ellos habían ido varias veces, rememoraron anécdotas de sus viajes y le dieron algunas sugerencias. Por otro lado, los papás de Cristina no querían que su hija menor viaje con una amiga y menos a Cusco donde había tantos turistas,  tantos peligros… por ello, Cristina tuvo que mentir asegurando que viajarían con la hermana mayor de Lorena, una chica muy seria y responsable, sólo así  es que Cristina pudo viajar.

Laura, amiga de la hermana de Lorena, vivía muchos años en Cusco, las esperó en el hotel que habían reservado por internet. Aquí no te vas a quedar mami, este hotel es feo y caro, no sé porque lo recomiendan en internet. Han inaugurado un hotel recién y está muy bonito. Vamos para allá Lore porque las habitaciones deben estar con buenos precios.

El hotel “Blue Quilla” ubicado en la Cuesta de Santa Ana, de techos altos, con balcones internos de madera y paredes blancas. Bonito y acogedor. Contaba con todos los servicios. Desde la ventana de su habitación, en el tercer piso, se veía el cielo azul, las callecitas empedradas y las tejas anaranjadas (típicas de Cusco).

Fueron tres full days: City tour, Qoriqancha, Sacsayhuaman, Tambomachay, Qenqo y Machupicchu. Se  tomaron la clásica foto cargando a una ovejita afuera de la catedral y visitaron el mercado de San Pedro. Las dos amigas estaban felices. Quién no lo estaría en Cusco…

Al terminar el recorrido del día estaban muy cansadas, tanto que en la noche ya no querían salir, pero la última noche echaron la pereza a un lado y salieron. Quisieron cenar en el “Chicha” de Gastón Acurio, lástima que estaba lleno e ingresaron al restaurante que está al frente. Un lugar bonito, elegante y concurrido de puros turistas. Probaron alpaca a la parrilla. Exquisito plato. A pesar del frío pasearon por la plaza El Regocijo, una placita linda aledaña a la plaza Mayor.

Lore te acuerdas que en la plaza de Armas hemos visto discotecas. Estamos cerquita. ¿Vamos?

Al llegar al local ubicado en plena plaza Mayor de Cusco, en un segundo piso, notaron que no había mucha gente probablemente porque no era ni las once de la noche. Pidieron un par de cusqueñas heladitas mientras veían a grupos de turistas con cerveza en mano bailando en círculo.  Llamaba la atención ver a varios peruanos conversar muy coquetamente con turistas. Pensaron que ellos, tal vez, eran los famosos “bricheros”.

De pronto se acercó un joven alto, blanquiñoso y robusto con un acento inconfundible: brasileño. Le invitó un trago a Cristina, conversaban entre risas. Mientras Lorena observaba al único chico que estaba con sombrero de pajita en ese lugar, estaba en un grupo de puros varones. Él la veía y se volteaba. ¿De dónde será? ¿Hablará español? Parece latino aunque sus amigos son gringos…

Empezó a llegar más gente al local. De pronto, el chico con sombrero se acercó y la sacó a bailar. Mientras bailaban le dijo en un español masticado: tienes bonitos ajos. Lorena se rió, señaló sus ojos y le corrigió: ojos. Oh sí, ojos. Where are you from?, pensó en practicar su Inglés. Israel. Oh great! I´m Peruvian. Cusco? No, Trujillo. Really? conozco Trujillou, es bonitou. Yes, very nice.

Él quería practicar su Español y ella quería practicar su Inglés. Lo bueno es que ambos practicaron el idioma natal del otro. Lo gracioso es que de cualquier forma se entendieron bien esa noche.

Por otro lado,  Cristina estaba en la mesa besándose con el brasileño, que por cierto era bien atractivo. Lorena no quería interrumpir a su amiga y continúo bailando con el israelí. Al rato su nuevo amigo la acompañó a la mesa. Cristina y Lorena se reían. Qué fácil es hacer amigos en Cusco ¿no?

Lorena y el israelí continuaron hablando en Spanglish hasta que una cosa llevó a la otra… Su nombre era Ofir, alto, delgado, simpático y muy agradable; tenía las mejillas tostadas por el sol, estaba con una barba de dos días, pelo rapado y usaba sombrero de paja. Le contó que había ido a hacer rafting en el río Urubamba, una excursión de varios días. Dijo que era lo máximo (eso le entendió ella). Le contó, también, que venía de Colombia, pasó por Ecuador, ahora estaba en Perú donde se quedaría algunos meses, luego iría a Bolivia, Chile y terminaría su viaje en Argentina. ¡Qué locura! And your job? Él se rió y la besó.

El israelí las invitó a ir con sus amigos a otra discoteca, pero Cristina estaba de sueño y regresó al hotel. Lorena también estaba de sueño; sin embargo su interés por practicar Inglés fue mayor, quedándose con Ofir hasta el amanecer.

Al despedirse, ambos con caritas tristes, él le regaló el collar que llevaba puesto, era de Colombia y era de la suerte; le dio, también, su nombre completo escrito en un papel para contactarlo a través de Facebook. Así lo hizo y continuaron conversando por varios meses. Ella lo invitaba constantemente a Trujillo. Él le rogaba que regresara a Cusco. Siguieron practicando Spanglish (por escrito) hasta que él tuvo enamorada y comenzó a colgar fotos con ella.

El regreso de Rodrigo

Los stilettos color nude tirados sobre el parquet de la habitación, el vestido color negro sobre la silla reclinable. A la derecha de la puerta, una guitarra colgada. En el escritorio había libros de Derecho, una laptop y papeles arrumados. Arriba de la cama había un mural decorado con fotografías de Marcela en vacaciones familiares, con amigos en diversas  ocasiones y, por supuesto, fotos con Renato. En el mural, también, estaban pegadas notitas con pensamientos y letras de canciones.

Abrió los ojos lánguidamente hasta recordar que aún no era fin de semana para poder dormir a sus anchas. ¡Mierda! Ocho y veinte. Presurosa salió de la cama pensando que probablemente el despertador se había malogrado y por eso no lo escuchó, como todas las mañanas, a las ocho menos quince. Mientras se duchaba pensaba que el Chilcano de Maracuyá era el culpable del ardor de estómago que estaba sintiendo.

Al salir de la ducha sonó su celular.

  • ¿Renato?
  • Quién más pues gorda.
  • ¡Amor! ¿Cómo estás? ¿A qué hora viajas?
  • Acabo de llegar.
  • ¿Por qué no me avisaste? Hubiese ido a esperarte al aeropuerto.
  • Porque te pones más histérica cuando te despiertan y el vuelo estaba para que aterrice a las cinco de la mañana sólo que se retrasó.
  • ¡Qué lindo! Más histérica…. No quisiste despertarme. Hiciste muy bien amorcito porque anoche salí con Katty y Ana, fuimos a “Taos”. Me quedé dormida. Marcela seguía envuelta en toalla buscando qué ropa ponerse.
  • ¿Ya estás yendo al Estudio?
  • Todavía ni me visto.
  • Eh… son exactamente las ocho y cuarenta de la mañana. Te llamo para almorzar juntos.
  • Ya amor sí, me llamas.
  • Sí gorda, te llamo plan de 1 pm.

Fácilmente Marcela pudo decidir que ponerse, gracias a la llamada de Renato. Vestido camisero color blanco.

Llegó al Estudio al promediar nueve y treinta de la mañana. La coartada de hoy día sería: trámites en Notaría. Al llegar, observó a un grupo de adultos mayores que por lo poco que llegó a oír estaban solicitando una entrevista con Jorge Cisneros, uno de los cinco laboralistas del Estudio. Buenos días señora Ana María, saludó un poco abochornada tratando de dejarse distinguir entre los jubilados que acaparaban todo el estante de la recepcionista. Buenos días doctora, la guapa mujer de cincuenta años la saludó con sonrisa pícara. La bisoña abogada se retiró despreocupada a su oficina, en el tercer piso, pensando que sus colegas no habían notado su tardanza; se irguió y con una expresión de alivio ingresó a su oficina, observó los expedientes sobre el escritorio y encendió su computadora. Al ponerse cómoda en su asiento, se quedó viendo la única fotografía que había en el escritorio, era un retrato abrazando a su madre, hace varios días que no hablaban.

  • Hola mamá ¿Cómo estás?
  • ¡Hijita!- Se sentía la sorpresa en su voz. ¿Cómo estás tú?, yo recién despertando.
  • ¡Quién como tú!
  • ¿Estás en el Estudio?
  • Sí, acabo de llegar, se me hizo tarde.
  • Segurito saliste anoche. Está bien que te diviertas Marcela pero tienes que ser más responsable.
  • Sí mamá no te preocupes.
  • A qué no adivinas con quién almorcé ayer.
  • ¿Con quién?
  • Te cuento cuando vengas. ¿Cuándo vas a venir?
  • Ay no seas así. ¿Por qué tanto misterio?
  • No es eso, sólo que no es importante y mejor charlamos cuando vengas.
  • Ya pues….
  • Rodrigo regresó.
  • Imagínate que cuando llegó a Lima llamó a Cata para decirle que salía para Chimbote. La pobre casi se cae, ni esperaba el regreso del hijo pródigo.
  • ¿Ah sí? Y ¿Llegó solo?
  • Llegó hace como cuatro días y sí llegó solo. Ayer que estuve en su casa conversamos un poco.
  • ¿Ah sí? bueno mami tengo que dejarte, se me han acumulado un montón de papeles, te llamo en la noche- Se moría por preguntar de qué conversó con Rodrigo pero se aguantó.
  • ¡Mira! voy a esperar tu llamada. Ven pronto nena que te extrañamos.
  • También los extraño. Besos a papá.

Al colgar el teléfono se quedó viendo el vacío… han pasado más de ocho años Marcela, no jodas, reaccionó. Sigue leyendo

29 de Noviembre

El 29 de Noviembre en mi familia es tan o más importante que la Navidad. Mis tíos y primos llegaban de Lima y Trujillo, mi mamá pedía día libre en el trabajo, mamá Betty con ayuda de tía Amada preparaban deliciosos potajes. Toda la familia nos reuníamos a celebrar el cumpleaños del patriarca de los Trujillo: Papá Coco. Un hombre sabio, agradecido con Dios, sin rencores, querido y respetado por todas las personas que lo conocían, de mil historias y anécdotas que contar, de divertidas ocurrencias, el de los apodos (nadie se salvaba) como no recordar: “Cabellito de ángel”, “Talegón”, “Pasos tristes”, “La nuca”, “El nieto de Miguel Grau”, “Canifo”, “José Feliciano”, “Maizundo”, “Vieja loca”, “La urraca”, “Cuaya”. Como dice tía Lola: un hombre que supo vivir.

Lejos están los días en que toda su familia nos reuníamos alrededor de la mesa a celebrar esta fecha. Esa mesa de madera antigua que se agranda al jalar de los extremos; no obstante, dejamos de agrandarla porque una vez se llenó de cucarachitas, por eso mejor se optó por traer una o dos mesas chicas del “Comedor” y colocarlas junto a la mesa grande. Al ritmo de música criolla comenzábamos a degustar el exquisito almuerzo; mientras que el cumpleañero nos iba contando anécdotas de su época de pescador, de sus días en su Santiago querido, recuerdos de sus hermanos y amigos. No se hacían esperar las bromas de tío Lucho (una más graciosa que la otra), los disparates de Pepe, las precisas de tía Amada, las risas estruendosas de mi mamá y tía Lola, las historias de dinosaurios de Luis (las contaba parándose de la mesa y abriendo bien los ojos), las ocurrencias de tía Natty (en voz baja pero qué tales carcajadas que producía) y  el  “Retotetoté” de mi papá.

Con el transcurrir del tiempo, las ausencias en la mesa  fueron tratadas de llenar con llamadas telefónicas y video llamadas. Hoy es un 29 diferente, aún con varias ausencias; pero, principalmente, con la ausencia del cumpleañero.

Hace dos meses que papá Coco comenzó una gira por el universo. Se convirtió en un ángel que cuida nuestros pasos y siempre estará en nuestra mente, corazón y espíritu.

Puedo decir que él vivía complacido con la vida y agradecido con nuestro Señor por los hijos que le dio; por el tiempo que le permitió gozar de ellos; por el amor y la unión familiar que supo, junto a mamá Betty, inculcarnos. Será por esto último que aquellos días de reuniones familiares y celebraciones se sienten tan cercanos.

Me reconforta saber que él es feliz por el legado que nos dejó acá y por haberse reencontrado con sus hermanos y padres, allá. Sé, también, que un día nos volveremos a reencontrar todos los que estuvimos presentes en su cumpleaños y en las celebraciones de fin de año del 2002 (el último año en que estuvimos todos sus hijos y nietos presentes) y al son de Una Flor de Capulí nos abrazaremos, bromearemos y reiremos.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS PAPÁ COCO!

Jungle Trip

Como regalo por haber culminado la carrera de Derecho, mi hermana mayor me regaló un viaje a la selva. Viajé con Betty, mi hermana, y Katty, mi mejor amiga de la universidad.

Con meses de anticipación compramos los pasajes aéreos: Lima – Tarapoto – Lima para el día seis de Febrero.

Faltando pocas semanas para nuestro viaje comenzamos a planear el itinerario para esos siete días. Hacía poco que mi hermana había terminado de coleccionar la guía de viajes de El Comercio así que nos enfrascamos en lo recomendado en esa guía. Según lo encontrado en Internet sobre el clima en esas fechas, debíamos llevar ropa impermeable y ligera. Así que empacamos pura ropa de verano. Por si acaso metí en mi maletín un pantalón y un paraguas. Pensé que con el paraguas sería suficiente para un día lluvioso. Fiel a mi carácter terco, dejé de lado la casaca impermeable que mi mamá me insistió en que llevara.

  • Día Uno:

Llegó el gran día de explorar la selva. Katty nos esperaba en el aeropuerto Jorge Chávez. Ya sentadas en el avión empezamos a comparar nuestras listas de destinos imperdibles que habíamos considerado: Sauce, cataratas, Moyobamba, Chachapoyas, Rioja (todo me sonaba a vegetación). Betty que tenía varios amigos que habían visitado la zona, nos contaba que todos los lugares quedan cerca. Que podíamos ir de un lugar a otro en Minivan o en auto.

Le volví a preguntar a mi hermana: ¿Nos alcanzará el tiempo para ir a Chachapoyas?

  • Está cerca a Moyobamba. Además si no es ahora ¿Cuándo?.
  • Hay varios lugares turísticos en Chacha, no creo que alcancemos a ir a todos. Dijo Katty.
  • No, a todos no, pero al menos debemos ir a Kuélap y a la catarata Gocta. Repuso Betty.
  • Leí que para llegar a la catarata hay que caminar varias horas. Afirmó Katty.
  • Sí la hacemos. Dijo Betty con el espíritu excursionista que la caracteriza.
  • Bueno en el mapa se ve cerquita. Agregué esperanzada.

Me senté en la ventana, para mi suerte era un día despejado. Fue alucinante ver como pasamos de la costa árida, a las montañas rocosas y de pronto el panorama se va tornando verde y después todo es verde. Se ve claramente como la selva es mucho más extensa que las otras dos regiones.

La primera impresión al bajar del avión, después de casi una hora de viaje, fue de sofocación. Se sentía como si de la pista emanara vapor. La humedad era muy alta. Tomamos una mototaxi y al son de Papilón comenzó nuestro recorrido por la ciudad de Tarapoto. Le pedimos al joven conductor sugerencias de hotel que cumpla con las tres B: bueno, bonito y barato. Nos llevó a un hotel grande, limpio, con piscina, no tan barato pero bonito. Alquilamos una habitación triple, nos cambiamos de ropa y lo primero que hicimos fue ir por bebidas refrescantes. Siguiendo la sugerencia de la guía de viajes, llegamos a una juguería frente a la plaza de Armas, al costado de una esquina. Es una lástima no recordar el nombre de esa juguería porque el jugo de sandía que probé ahí  ha sido el jugo más rico que he probado en mi vida.

Después de hidratarnos fuimos a una agencia de turismo. Nuestra primera parada fue Ahuashiyacu, catarata cerca de la ciudad. Los carros llegan hasta un punto donde venden artesanías. Luego se debe caminar entre vegetación y puentes de madera. Se va escuchando la caída del agua y se siente el olor a tierra húmeda. Había muchos turistas. Todos encantados cuando por fin iban llegando a la catarata. Pese a lo que pensaba, el agua estaba bien fría y había muchas piedras en punta. La próxima vez que visite cataratas llevaré zapatos acuáticos.

Disfrutamos del paisaje hermoso y nos dio hambre. Al promediar tres de la tarde llegamos a almorzar a La Collpa. Primera vez que probaba los patacones, bueno, primera vez que probaba todo ahí: jugo de cocona, doncella frita, cecinas. Todo delicioso.

Al regresar a Tarapoto hemos comido cremoladas y dimos unas vueltas por el centro de la ciudad.

  • Día Dos:

Visitamos un zoológico rural, animales que nunca había visto ni en libros. Luego fuimos a Lamas, donde compramos artesanías. Caminamos por sus calles y visitamos El Castillo que recién había sido inaugurado. Caminamos bastante ese día y sacamos fotos preciosas de cada paisaje. Por la tarde nos embarcábamos hacia la ciudad de las orquídeas, Moyobamba. Llegamos poco más de las seis de la tarde. En esta ciudad el clima es más fresco, corre viento, la gente es muy amable. Alquilamos una pequeña habitación con dos camas en un hospedaje modesto. Salimos a recorrer su plaza de armas y calles aledañas. Entramos a un restaurante que la guía de viajes recomendaba y probamos “las culonas”, hormigas grandes fritas, diferente al Suri. Sabrosas aunque no pude terminar el plato.

  • Día tres:

Fuimos al distrito de  Calzada y subimos el Morro de Calzada. Subimos sin guía, el camino estaba señalizado. Los mosquitos y zancudos hicieron su agosto con nosotras. Para variar Betty nos sacó harta ventaja en la subida y en la bajada, también. Llegamos a la cima, encontramos a otras personas sacándose fotos. Es un mirador, lástima que esa mañana estaba nublada. Visitamos, también, la ciudad de Rioja donde almorzamos en el restaurante Yacumama, exquisito y bonita arquitectura del local. Esa misma tarde debíamos salir a Chachapoyas que resultó no estar tan cerca como creíamos.

En el terminal de buses vimos varias propagandas de destinos como: Jaén, Bagua, Cutervo entre otras ciudades. No pudimos evitar tomarnos una foto en un muro que decía Cutervo, nos acordamos de nuestra buena amiga cutervina, Anacely, y quedamos en ir a conocer esa hermosa tierra. Hasta el día de hoy no hemos ido pero iremos. Prometido.

El viaje a Chachapoyas fue muy pesado. Primero porque no sabíamos que estaba a casi cinco horas de Moyobamba (nos enteramos el primer día de nuestro viaje por eso no pudimos recorrer más Moyo).

Segundo porque el bus nos dejó en la ciudad de Pedro Ruiz. No había buses directo de Moyobamba a Chachapoyas. Los buses paran en medio de la carretera y los que van a Chachapoyas bajan y deben tomar un auto. Nos dijeron que tengamos mucho cuidado con nuestro equipaje ya que Pedro Ruiz es una ciudad muy movida. Las tres bajamos del bus temerosas. Tenían razón, es una ciudad recontra movida. Hay buses que van y vienen de forma desordenada, motos lineales por doquier, choferes ofreciendo llevarte a distintos lugares cercanos, viajeros que, como nosotras, no sabían por dónde ir, y gente de a pie. La carretera de Pedro Ruiz a Chachapoyas es buenísima, o sería que en ese entonces era nueva, lo cierto es que estaba muy bien iluminada y asfaltada. Pero las curvas, Dios mío las curvas, toda esa hora de viaje fueron curvas.

Tercero porque hacía frío y sólo habíamos llevado ropa de verano. Resulta que Chachapoyas es sierra, no ceja de selva como creíamos. Felizmente mi mamá metió una casaca impermeable en mi maletín, eso fue, junto al pantalón, lo más abrigador que llevé al viaje.

Llegamos a Chacha a las nueve de la noche. Encontramos un hotel a un par de cuadras de la plaza de armas. Ni bien entramos a la habitación me tumbé en la cama y me tapé. Me dolía la cabeza, tenía frío y me estaba dando el soroche. Betty y Katty me dijeron para ir a la plaza y comer algo pero yo no podía levantarme. Les encargué que me compraran un Gravol y un Mate de Coca.

  • Día cuatro:

Destino Kuélap. Esperamos un rato que aparezcan más turistas para que la minivan pueda partir. No pensábamos que la ciudadela quedaba tan lejos de la ciudad. En el camino empezó a llover. No hacía tanto frío como en la noche anterior pero hubiese deseado tener una chompa. Después de casi tres horas de viaje llegamos a la fortaleza. El guía nos recomendó tener cuidado con las escalinatas, por lo que el sendero estaba húmedo. Era emocionante estar en Kuélap incluso con ese clima. Lamentablemente Febrero es un pésimo mes para visitarlo debido a las lluvias.  Está tan nublado y con tanta neblina que no se puede admirar su belleza en su totalidad. Recorrimos los pasajes, subimos escalinatas, bajamos escalinatas, me caí, nos reímos y tomamos hartas fotos. Ahora después de siete años veo esas fotos con nuestros impermeables todos mojados, se nota que teníamos frío pero se nos ve felices, y  lo estábamos.

Con ese clima no estaban saliendo las excursiones a Gocta ni a Karajía. Conclusión: nunca vayan a Chachapoyas en Febrero.

  • Día Cinco:

Regresamos a Tarapoto en busca de la Laguna Azul, Sauce. Un paraíso terrenal. Subimos a una gran balsa donde también suben autos y hasta camiones. Si no me equivoco, el rio que cruzamos fue el Mayo. Betty decía que se sentía como en la Serpiente de Oro.

Recuerdo haber pensado que debía regresar a Sauce con mi novio y alquilar uno de esos bungalows alredor de la laguna.

  • Día seis:

Betty guardó el número de celular del mototaxista que nos llevó al zoológico. Nos dijo que él nos podía hacer las carreras los siguientes días. Llamamos al señor Mochito (él nos pidió que lo llamáramos así). Nos contactó con su “primo” con quien hicimos rafting en el río Mayo. Fue una experiencia sensacional. Lo máximo. Full adrenalina. Ahí mismo conocimos a un joven ingeniero que estaba de visita sólo por un día en Tarapoto. Nos subimos los cuatro juntos a la balsa, más el guía y más el “primo del señor Mochito” quien nos invitó una copa de SVSS (Siete Veces Sin Sacar) a cada uno antes de empezar con el canotaje.

Ya podía morir tranquila. Había nadado en mar, laguna y río. El señor Mochito se encargó de sacarnos las fotos en plena acción. Son unas fotos geniales. Luego de nuestra aventura fuimos a almorzar con nuestro nuevo amigo. Por la noche fuimos a la juguería de la plaza de armas por el jugo de sandía que sabía que no volvería a tomar en mucho tiempo. Compramos cocteles de todos los sabores. Deliciosos. Que Baileys ni Baileys. Esa noche salimos de rumba a Anaconda, sólo estuvimos un rato porque estábamos muy cansadas.

  • Día siete:

De regreso a Lima. Amaneció lloviendo y no paró hasta que despegó el avión, al medio día.

Recuerdo con muchísimo cariño ese viaje por lo anecdótico de creer que Chachapoyas era ceja de selva. Por no llevar más que un pantalón tobillero y una casaca impermeable. Por pensar que las distancias eran cortas como en el mapa. Por haber probado “las culonas”. Por haber comido tan delicioso. Por haber hecho canotaje. Por haber nadado y soñado en la Laguna Azul. Por haber compartido esa experiencia con Betty y Katty.

La historia de mi nombre

Recuerdo que desde pequeña preguntaba a mis papás por qué habían elegido ponerme de nombre Lizbeth Zunilda.

Siempre las mismas respuestas. Mi papá decía: tu tía Lola escogió ese nombre y como tu mamá hace caso en todo a su hermana…y Zunilda por tu tía Zuni.

Mi mamá decía: tu tía Lola eligió ese nombre por la actriz de una novela creo y  Zunilda te puso tu papá por su hermana. Yo le dije que te ponga Zuni pero como él fue solo a asentarte, vino con Zunilda. Yo quería ponerte de nombre Lizbeth Yesenia. Y yo le sigo expresando lo mismo desde pequeña: prefiero Zunilda mil veces a Yesenia. Además en mi salón ya había una niña que se llamaba Lizbeth Yesenia.

Queda claro que mi nombre Zunilda me lo pusieron en honor a mi tía Zuni, hemana mayor de mi papá. Le lleva quince años y lo sigue tratando como niño pequeño.

A mí me hubiera gustado llamarme Itala. Nombre de mi abuelo paterno al que no conocí mucho en persona pero que a través de las historias que nos cuenta mi papá llegué a conocer, admirar y querer. Terrateniente arequipeño, robusto, ojos verdes, trabajador, fuerte en todos los sentidos de la palabra. No obstante, era terco como él solo. Para mí su nombre fue siempre sinónimo de fortaleza y elegancia.

Para conocer con certeza el por qué de la elección de mi nombre Lizbeth tuve que llamar por teléfono  a mi tía Lola. Hermana menor de mi mamá. Su nombre es Mariela pero en casa le decimos Lola por su segundo nombre que es Dolores. Vive en New Jersey. Es una mujer de espíritu joven, autodidacta, muy sabia y admirable. Los tres meses que viví en su casa me hizo sentir como si estuviera en la mía. Me escuchó y la escuché.

Al preguntarle por la sugerencia de nombre que hizo a mis papás hace treinta años, no lo recordaba. Le fui contando que me inscribí en un taller de escritura y como tarea tenía que presentar un relato sobre la historia de mi nombre. Entre risas mi tía me dijo: hija yo siempre quería poner los nombres a mis sobrinos porque no me gustaban los que sus papás elegían y yo era bien espesa en esa época, me hacían caso en todo. Poco a poco fue recordando que mi nombre lo escogió por el nombre de una miss universo puertorriqueña de aquellos años. Su nombre era: Lisseth Ramis. Le agregué la B me dijo y así quedó Lizbeth.

En la realidad son pocos los que me llaman Lizbeth. Mi familia y amigos me llaman Lichi, mi mamá me contó que fue mi tía abuela Chela la que empezó a llamarme así cuando yo sólo era una bebé de días de nacida.

Me da mucho gusto que haya sido mi tía Lola la que haya escogido mi nombre. No sólo le agradezco que me haya recibido en su casa cuando llegué rota, en todos los sentidos, y que  me haya devuelto recompuesta. Sino también, ahora, le agradezco mi nombre.

El inicio

Hace unos meses sentí la necesidad de volver a escribir como lo hacía de pequeña por eso es que en El laberinto de Zu daré rienda suelta a mi pasión que es Escribir.

Iré compartiendo algunos relatos, artículos de opinión y/o reflexiones.

Gracias por darte una vuelta por aquí 😊.