INSOLACIÓN

Debido a que estudiaban en diferentes facultades, sus horarios coincidían poco; además vivían a cuarenta minutos de camino en micro por eso es que cuando se  encontraban, les costaba despedirse… Para el cumpleaños del abuelito de Marcela sus papás viajaron a visitarlo, ella no fue porque estaban próximos a empezar sus exámenes de fin de ciclo. Ese día ella no entró a su clase de Derecho Comercial,  Renato la estaba esperando en el “ovalo”, habían planeado pasar un rato juntos en Huanchaco. No era la primera vez que iban juntos a la playa, pero ese día fue especial porque él le tenía una sorpresa; además, había llevado su guitarra y Marcela era la presidenta y única integrante del club de fans de él 😌.

En el micro Renato tocó y cantó varias canciones, no tenía  vergüenza, era bien extrovertido. La gente los quedaba mirando. Por un momento a Marcela le dieron ganas de pedir colaboración mientras él tocaba, pero ella sí era vergonzosa… Después él, súper tierno, le dedicó  “More than words”, se cogieron de la mano y observaron el camino. Renato le dijo que a pesar que todos los días transitaba por la avenida Mansiche (de camino a la universidad), sentía que ese día era como si estuviera viendo todo por primera vez. ¡Qué cursi! A Marcela también le pareció de lo más meloso, pero estaba igual de templada al punto que comenzó a sorprenderse, también, con todo lo que iba mirando (como si lo estuviera viendo por primera vez) 💏 .

Llegaron a Huanchaco y lo primero que hicieron es ir a casa de Renato a dejar las mochilas. Salieron sólo con la guitarra. A pesar que era inicios de Diciembre, el sol estaba quemando fuerte. Marcela no se colocó bloqueador, no le gustaba ponerse porque le dejaba el cutis muy grasoso y Renato, a pesar que vivía a pocas cuadras de la playa, nunca se protegía la piel, era de tez blanca, en verano solía broncearse para luego volverse a aclarar.

Caminaron de la mano un rato por el muelle, comieron un helado y Renato insistió en ir a caminar por la orilla. Con la carita que puso, Marcela no pudo negarse, así le de la insolación de su vida. Era casi la una de la tarde. Doblaron sus jeans, se sacaron las zapatillas y caminaron un poco por la orilla, se besaron y Renato le dio una sorpresa: había compuesto una canción en acróstico con el nombre de ella “Marcela”, letra y acordes, ¡lo máximo! La cantó en ese momento. Marcela estaba emocionadísima, saltó a él y lo tumbó en la arena, nunca me han dado un regalo así, se besaron buen rato hasta adormitarse abrazados. Cuando vieron la hora ya eran la dos y media de la tarde. Fueron por un ceviche y luego a casa de Renato a recoger la mochila de ella. Se despidieron en el paradero de buses, Marcela fue la última en subir. Parecía que el tiempo juntos en la playa había sido eterno y que su amor era inquebrantable. Ella le hacía adiós con la mano, mientras que él le mandaba besos volados.

En los cuarenta minutos de camino a su casa, Marcela le escribió un mensaje de texto agradeciéndole por la canción que le compuso y por lo maravilloso que lo había pasado, también le dijo que no importaba que se hubiera quemado la cara y los brazos porque lo amaba con todo su corazón. Renato le respondió casi de inmediato: yo te amo más gordita, me encantas, más tarde te llamo.

Horas después, no se imaginan cómo le ardía la cara y los hombros a Marcela, tenía marcadas en la piel las tiritas del polo. Esa noche se colocó rodajas de tomate en la cara y una crema para las quemaduras en los hombros, en el pecho y en la espalda. Cuando se lo contó a Renato por teléfono, él se reía: pero eres tontita amor, por qué no usas protector solar, te voy a regalar una gorra para cuando vengas a Huanchaco ya. Yo sólo me quemé un poco las mejillas.

Al día siguiente, saliendo de clases en la tarde, él fue a verla a su aula. Cuando Marcela lo vio en el balcón parado y fumando, pensó: Renato coge un bonito bronceado, está tostadito, parece un melocotón; en cambio yo estoy roja, parezco un camarón y encima me arden los hombros y la cara.

A los pocos días ambos empezaron a cambiar de piel, se estaban pelando. Los dos trataron de verse más y de estar juntos más tiempo. Marcela lo esperaba en la casa de su amiga que vivía en una pensión al frente de la universidad, o a veces en el “óvalo”. Renato también la esperaba, en la entrada de su facultad o hacía hora con sus patas hasta que ella saliera de clases. Renato le decía a Marcela: felizmente ya falta poquito para salir de vacaciones y estar en la playa más tiempo. Marcela le respondía entre risas: ahora me pondré bloqueador así me deje la cara grasosa.

Además, como vivían lejos, acordaron adelantar un par de cursos en verano para que con esa excusa puedan verse más días a la semana sin que los papás de ella se molestasen porque saliera mucho.

Parece que la insolación que sufrieron juntos hizo más fuerte su amor. ¿O sería el acróstico? Lo cierto es que es bonito cuando te mueres por alguien y ese alguien se muere por ti, sin importar dónde, ni cómo, ni qué edad, ni en qué estación del año se encuentren. Sólo hacen falta las ganas y listo.

 

¡Nos seguimos leyendo!

Zu

ELLA

Ella nació en Pichunchuco, un pueblito en Santiago de Chuco (La Libertad), desde muy pequeña trabajó en el campo. De adolescente, ya en Chimbote, trabajó en una fábrica hasta que se casó a los dieciocho años (algo normal en los años cincuenta). Nunca le gustó depender del dinero que su esposo le daba para los gastos de la casa, pero con dos bebés no podía continuar trabajando en la fábrica.

Su esposo era pescador y a veces en su trabajo demoraban en pagarle. Un día ella no tuvo dinero para comprar un tarro de leche para sus bebés, fue a una bodega a fiar y el dueño se negó rotundamente. Eso fue el detonante para que ella comenzara a ahorrar lo poquito que le sobraba. Ella ya no quería seguir dependiendo de su esposo económicamente, quería sus propios ingresos; además, ya no le alcanzaba el dinero.

Con lo poquito que pudo ir ahorrando, comenzó a comprar abarrotes para venderlos en su casa. Tuvo que decirle a su esposo que el negocio era de su abuelita, que aprovechando la ubicación de su casa (en una esquina) tendría más ventas. Si ella le hubiera contado que ese pequeño negocio era suyo, él no hubiera estado de acuerdo con que su mujer trabajara, pues creía que lo que ganaba era suficiente (creencia común en los años sesenta). Él creyó lo que ella le dijo sin imaginarse que la venta de estos abarrotes se convertiría en una fructífera bodega.

Pocos años después, su esposo tuvo un accidente cuando se encontraba de pesca teniendo que abandonar el trabajo. Con seis hijos pequeños y con un negocio que iba creciendo, ella tomó las riendas de su familia. Tuvo que confesar a su esposo que el negocio era suyo, él se alegró bastante por la iniciativa que su mujer tuvo años atrás y comenzó a trabajar junto a ella. Para entonces ya contaba con varios trabajadores que se ocupaban de los quehaceres del hogar y del negocio. A todos ellos los quería y trataba como si fueran familiares, lamentablemente muchos de ellos se aprovecharon de su generosidad y confianza.

Sus hijos siguieron creciendo de la mano del negocio. Ya no sólo tenían una gran tienda de abarrotes, ahora también eran proveedores de víveres  y distribuidores de cervezas.

Ella era estricta con sus hijos en cuanto a horarios de llegada de las fiestas, pero muy permisiva en todo lo demás.

Con el tiempo, aprovechando la ubicación de su casa, se dedicó a dar pensión a los trabajadores del hospital y comisaría cercanos; además de conservar su bodega.

Ella trabajó muy duro para darle lo mejor a sus seis hijos. Y eso fue, precisamente, lo que les dio: oportunidades, educación, valores, integridad y un buen ejemplo.

Ella es la columna vertebral de mi familia y le agradezco inmensamente que me haya dado una madre tan virtuosa y emprendedora como ella, que haya tratado a mi papá como a un hijo más y que siempre haya un pan para mí en su casa.

Ella es mi mamá Betty, una mujer recontra trabajadora, abnegada y admirable.

TODOS SOMOS MÁS PARECIDOS QUE DIFERENTES

El otro día subí a un micro y oí que un pasajero cantaba y silbaba “I was made for lovin´ you baby” de Kiss, pensé que sería algún joven que después de cantar pediría una propina. Como no me gusta esa canción, no presté mucha atención; sin embargo, escuché que su pronunciación en inglés era muy buena y volteé a verlo. Para mi sorpresa el cantante era un jovencito con Síndrome de Down de unos trece o catorce años. Me llenó el corazón ver y escuchar a este adolescente inmerso en su canción. Qué habilidad para llevar el ritmo y cantar en otro idioma, sobretodo. Me hizo pensar en mi sobrino que también tiene Síndrome de Down y en lo talentosas que son estas personas. Mi sobrino está próximo a cumplir nueve años y le fascina leer cuentos y que se los lean. Es un deleite ver cómo disfruta de su lectura: se ríe, se sorprende, reconoce nuevas palabras y cuando no entiende alguna, continúa leyendo y reconociendo letras y armando palabras. Es mágico verlo  intentarlo (algo tan simple pero extraordinario).

Cuando el joven bajó del micro, bajó acompañado de, al parecer, su abuelito que lo llevaba del hombro amorosamente. Hay que resaltar y aplaudir los talentos de estas personas que son innatos, pero como sucede con todos los seres humanos, estas personas son el resultado de su crianza, amor, paciencia, perseverancia y apoyo de sus padres.

Es una gran alegría que vaya incrementando los ejemplos de emprendimiento de personas con Síndrome de Down y/o su incursión en diferentes artes y deportes. Hace poco, los noticieros daban a conocer a un grupo de muchachos con SDD que había aperturado una pizzería; asimismo, se supo del primer corredor de autos con un cromosoma de más, fabuloso ¿verdad? Ni que decir de los pintores, músicos y hasta modelos de pasarela y comerciales que tienen este síndrome. Llego a la conclusión que no se es más exitoso porque careces de una discapacidad o porque tienes una discapacidad menor, sino porque aprendiste a utilizar tu capacidad al máximo.

A menudo, observo que los padres que luchan por la igualdad (sin prejuicios ni etiquetas) ven a sus hijos como personas únicas, creen en ellos y los crían con amor y reglas (como la mayoría de padres de cualquier persona), con la única diferencia que tienen altas expectativas en enseñar a los demás el modo en que quieren que veamos a sus hijos.  Debemos tratar a estas personas como a cualquier persona: con respeto y aprecio. No los victimicemos. Tratemos a estos niños como cualquier niño con aprendizaje lento, tal es el caso de mi otro sobrino que sus papás con harta paciencia deben reforzar lo que le enseñan en la escuela (a veces valiéndose de profesores particulares), será lento para aprender matemática, comunicación, historia hasta educación física,  pero es muy bueno para las artes plásticas, música, cocina y en aprender la vida de todos los súper héroes 😁.

Mis dos sobrinos, uno con Síndrome de Down y el otro no, son como todas las personas, a algunos nos cuesta aprender más rápido que a otros determinada actividad y eso no nos hace diferentes.

 

“Si pudieras verlos como yo los veo podrías admirar su fortaleza, su pasión por la vida, su esfuerzo diario por alcanzar cosas simples pero increíbles. Verías dos corazones llenos de amor y dos almas llenas de compasión y gratitud por las pequeñas cosas que se vuelven gigantes en sus ojos. Encontrarías inspiración en su alegría, en su simplicidad, y en su pasión por vivir. También aprenderías que ninguna de estas cosas llega como resultado de la discapacidad, sino como el fruto de sus habilidades y el amor y la fe con la que han sido criados” – ELIANA TARDÍO (madre de dos niños con Síndrome de Down)

ENCEBOLLADA

Si algo no puede faltar en mi cocina son las cebollas. Me gusta mucho esta hortaliza, sobretodo en sarsa criolla, ensaladas y como acompañante de conservas de pescado. Debe ser porque las cebollas me remontan a los desayunos domingueros preparados por mi papá, él es un especialista inventando platos y preparándolos. Cocina bien rico. Mi papá es una mamá en la cocina, o mejor dicho, en mi caso, una mamá Betty en la cocina. Si él no fuera veterinario, sería un estupendo cocinero 😄.

Cuando conocí a Gabriel, él sabía cocinar más y mejor que yo; además, sabía varios tips de cocina (aprendidos de su mamá con quien compartía mucho de su tiempo). Uno de los varios tips que me dio fue que al cortar la cebolla primero debía remojarla y conforme vaya cortando debía mantener remojada la otra parte para evitar que la cebolla me encebolle, valga la redundancia. Años después, cada vez que corto una cebolla evoco las recomendaciones de este hijito de mamá  y mantengo remojada la mitad de la cebolla mientras voy cortando la otra.

La verdad Gabriel, te cuento, este tip a veces funciona y a veces no. Seguro que a ti te funciona muy bien porque, como una vez me dijiste: hay que saber escoger las verduras y las frutas depende de la utilidad que les quieras dar en lo que vas a preparar. De esta forma, tú sabes,  anticipadamente, qué cebollas hacen llorar, cuáles pican y cuáles son las que sólo le dan sabor a la comida. Pero a mí Gabriel, pese a que distingo los tipos de cebolla (por colores) casi nunca me funciona este tip. No sé por qué se me hizo costumbre remojar la mitad de la cebolla mientras voy cortando la otra, en fin…

Hace unos días preparé papas sancochadas acompañadas de filete de atún y sarsa. Justo mi hermana entró a la cocina cuando yo estaba cortando las cebollas. Le empecé a contar sobre la reunión en la que había estado y en eso sentí que mi nariz empezaba a tupirse y el olor característicos de la cebolla ingresaba por mis ojos y mis fosas nasales. Cómo es que esto nunca le pasaba a Gabriel…en cuestión de segundos me encebollé a tal punto que no podía seguir cortando. Maldita cebolla si no fueras tan rica. ¿En serio estás llorando? mi hermana soltó una carcajada. Es que me pica mucho, no puedo ver nada. Me envió al baño a lavarme mientras ella se encargaba de la que me había hecho llorar.

En el camino al baño, vinieron a mí las palabras de Mario Benedetti: “Cuando uno llora nunca llora por lo que llora, sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento”. ¿Será? Qué profundo es Benedetti, pero también, qué volátil es el olor de la cebolla.

Cuando me vi en el espejo del baño, todo el lápiz de ojos se me había corrido. Remoja la cebolla para que no te haga llorar….

ALIMENTACIÓN EN MADRES GESTANTES Y LACTANTES

Dicen que el embarazo es contagioso. Yo conozco a varias mujeres; sin exagerar, serán como diez (entre amigas, prima y conocidas) que están dando de lactar y otras que están por dar a luz. Eso, sin contar a mis amigas que tienen hijos de poco más de un añito de vida. Cuando converso con las gestantes y lactantes, es evidente el temor, emoción y felicidad por la nueva etapa que están viviendo 🤩. Son temas recurrentes en nuestras charlas: la forma en que darán a luz (si será parto natural o si lo harán por cesárea), los pre y contras de la cesárea, las molestias que aún tienen, las molestias que ya desaparecieron, el tiempo que darán de lactar, si darán fórmulas o no al recién nacido, qué alimentos deben consumir para el buen desarrollo de sus bebés, quién cuidará de ellos cuando ellas regresen a sus trabajos, etc. Por supuesto que quieren darles, desde ahora, lo mejor a sus bebés en cuanto a cuidados y alimentación se trate.

Por otro lado, les comento que a mí me gusta cuidar mi alimentación y saber los beneficios y los perjuicios de la comida que ingiero. Por fortuna, mi madre es nutricionista y siempre ha estado pendiente de que mi papá, hermana y yo tengamos una alimentación balanceada y que consumamos lo que nuestro organismo requiere y ha requerido en algún momento específico de nuestras vidas (enfermedades, dietas y alguna carencia específica). Debo ser honesta y admitir que a pesar de saber qué es lo que NO debo comer, a veces termino “pecando” ☺️.

Bueno, con tanta demanda de gestantes, consulté con mi mamá y con mis tías (colegas suyas) sobre alcances de una alimentación balanceada para madres gestantes y madres lactantes. Quiero compartir con ustedes las recomendaciones de las expertas en Nutrición. Algún día yo también seguiré estos consejos al pie de la letra 😀.

  1. En esta época de verano se debe consumir gran cantidad de frutas con buen contenido de agua, por ejemplo: mandarinas, naranjas, pepinos, limas, sandías, melones y piñas.
  2. Durante toda la gestación, es básico y fundamental, consumir alimentos ricos en Hierro y Yodo. El Hierro es el componente principal que oxigena la sangre y evita la anemia, lo encontramos en los pescados azules: Caballa, Bonito, Jurel y Anchoveta (principal fuente de Omega 3 que es esencial en la formación del cerebro del bebé), vaso de res, hígado, sangrecita, riñones, lentejita serrana, frejol castilla, habas y cereales andinos: quinua, kiwicha y cañihua. Por otra parte, tenemos al Yodo que es importantísimo para la formación neuronal, para la producción de las hormonas tiroideas, además facilita el desarrollo y maduración del cerebro; se encuentra en los pescados azules, en los mariscos, en las algas marinas y en la sal yodada.
  3. Se debe consumir pescado mínimo tres veces por semana.
  4. Para lograr una mejor absorción de hierro, se recomienda acompañar los alimentos con bebidas ricas en vitamina C (zumos de limón, naranja, kiwi, piña, melón y también combinar estas frutas en zumos).
  5. Esporádicamente se puede comer carnes rojas.
  6. Es recomendable comer a sus horas (desayuno, almuerzo y cena) y tener dos comidas adicionales (diez de la mañana y cuatro de la tarde), de preferencia consumir frutas enteras (NO en jugos o zumos).
  7. Consumir frutas secas, puesto que son beneficiosas pr a su aporte de fibra, grasas insaturadas y minerales, además poseen un alto contenido de ácido fólico.
  8. Consumir verduras de color verde como la espinaca, perejil, brócoli, alcachofa.
  9. Consumir ensaladas de diferentes colores y texturas (mínimo tres colores). Me recomendaron probar la ensalada Arcoíris, así que la preparé acompañada con pollo a la plancha y dos huevos duros (riquísima y muy fácil de preparar – no dudes en prepararla).
  10. Tomar bastante líquido bajo en azúcar, de preferencia consumir agua hervida que agua mineral o de mesa.
  11. Olvídate del café y la comida chatarra.
  12. Se debe optar por preparaciones saludables tales como a la plancha, al vapor, al horno o guisos. No es recomendable comer brasas ni parrillas, aunque  eventualmente podemos consumirlas.

Cabe mencionar que cada caso es particular.  Se debe tomar en cuenta las condiciones de salud y el peso de la madre antes de iniciar el embarazo e ir controlando el peso según avancen las semanas de gestación. En cuanto a los kilos ganados y a sus requerimientos se les indica una dieta personalizada.

Es normal sentirse fatigadas durante la gestación ya que el organismo está utilizando energía extra y también por el incremento del peso, por ello es esencial el reposo, así como el dejarse mimar  por la pareja y demás familiares 👍.

Tengan presente que la lactancia materna es lo mejor que le pueden dar a sus bebés, deben brindarles lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, posteriormente deben darles alimentos complementarios y continuar con la lactancia hasta los dos años.

Por último, decirles que si alguna mujer piensa concebir próximamente o tal vez, como yo, en algunos cuantos años, debemos saber que tenemos que llevar una alimentación balanceada desde ya, de esa forma preparamos nuestro organismo para la concepción 🤩.

Y tú ¿conoces otras recomendaciones de alimentación para madres gestantes y lactantes? ¡Compártenos!

 

¡Alas y buen viento!

 

Zu

SI TE VI NO ME ACUERDO

  • ¿Recién han inaugurado este café- juguería verdad?
  • Sí, hace tres semanas.
  • Qué bien. Por favor me traes un jugo de melón con fresa y un sándwich de pollo sin nada de cremas sólo ponle ensalada.
  • En seguida.

Por la ventana  vi que bajaba de su carro. Mi corazón estaba a dos mil por hora, mis manos se congelaron. Tal vez va a cobrar a uno de sus clientes en esta zona, pero hoy es Domingo. ¡Chamáquina! que no entre, que no entre.

  • Aquí tiene su jugo y sándwich.
  • Gracias.

Al cruzar la entrada se sacó los lentes de sol, miró hacia la mesa donde yo estaba sentada y se acercó bien campante con una sonrisota. Felizmente, yo estaba con unas gafas enormes (mis favoritas) y el pelo suelto, no traía ni una gota de maquillaje. ¡Diablos! me hubiese puesto labial al menos…

  • Te van a poner otra papeleta por estacionarte así.
  • Hola.

Disimuladamente tomé un gran sorbo de jugo, si acabo más rápido me iré más rápido ¿no?

  • ¿Qué tal? A los años…

Me dio un beso en la mejilla, hizo como quien quiere dar un abrazo. Usaba el mismo perfume de hace dos años. Su galantería seguía intacta. Noté que se le había caído un poco el pelo, traía la barba más tupida (descuidada), las patitas de gallo más acentuadas, parece que ha engordado un poco y aún conserva el reloj que le regalé por su cumpleaños.

  • ¿Por qué estás desayunando sola?
  • Tenía hambre y vine para acá ¿Tiene algo de malo desayunar sola?
  • No, claro que no. No te molestes ¿Crees que pueda acompañarte?

Ay pero qué momento más incómodo caray. Si digo que no va a pensar que le  tengo algún resentimiento. Y si digo que sí creerá que somos amigos… pero este tipo sí que es bien fresco.

  • Sí, normal.
  • Señorita, por favor, un café bien cargado.
  • ¿Y tú qué haces por aquí?
  • Estaba pasando por esta calle y vi tu auto estacionado, mal estacionado. La verdad me sorprendió mucho porque hace más de un año, creo, que no te veía, ni a ti ni a tu auto…
  • ¿Ni a mí ni a mi auto? Eres un stalker en potencia.

Sabía que era el inicio de su típico floro. Dicho y hecho. Empezó con los trucos de siempre: sonrisas coquetas, miradas profundas.

  • La verdad es que vi tu auto y dudé en estacionarme. Es más, pasé de frente y en la otra cuadra giré y me dije: Voy a saludarla, ojalá no esté con nadie sino voy a quedar como un idiota.
  • Como lo que eres… sorry es broma.

No, no era broma y él lo sabe.

  • Oh… tienes toda la razón soy un idiota, pero en fin, ahora estoy tratando de hacer bien las cosas. Por eso es que hace unos meses te llamé, pero no me contestaste y me dio miedo insistir, lo menos que quiero es incomodarte.
  • Aquí tiene su café señor, aquí está el azúcar.

Mientras la mesera le alcanzaba la taza de café el seguía con sus viejos trucos.

  • ¿Para qué me llamaste? No entiendo…
  • Te llamé para disculparme una vez más por lo canalla que me porté. Tú fuiste tan buena conmigo y yo una cagada contigo.
  • Oye ya fue. Olvídalo. Más de dos años… O sea, sí fuiste una cagada pero ya fue.
  • Sí dos años pero igual necesitaba pedirte perdón y que tú me perdones. Déjame decirte que pensé mucho en ti. Tú fuiste la única mujer a la que quise de verdad. Hubiese querido que las cosas sean distintas.
  • ¡Ay por favor! Cállate. No digas más estupideces.
  • Ya, está bien. No te molestes… ¡Te cuento! voy a ser papá otra vez.

Mierda. Qué radical cambio de conversación. Éste cree que somos amigos. ¿Qué le pasa? No le des cuerda a este loco.

  • ¿En serio? ¡Qué bien! Felicidades.
  • Estoy nervioso. Imagínate después de doce años otra vez a cambiar pañales.

A mí qué me cuentas….qué me importa que tengas uno, dos, tres o cien hijos. Ahora entiendo por qué se te han acentuado las patas de gallo, se te ha caído el pelo y se te ve descuidado.

  • mmm…. Toda una aventura en pañales.
  • Sí ¿Tú en qué estás?
  • Todo muy bien, gracias.
  • ¡Qué bueno! Se te ve muy bien aunque estés con esos lentes enormes. Tú siempre hermosa.

Ok paga la cuenta y sal de ahí antes que siga con sus simplonadas.

  • Oye me tengo que ir. Que te siga yendo bien.
  • Pero aún no has acabado tu sándwich.
  • Ya no deseo. Tomé muy rápido el jugo. Cuídate.
  • Cuídate también. Me encantó verte y conversar un ratito.

Mientras pagaba la cuenta, noté que él me seguía sonriendo. Salí de la juguería sintiéndome regia y agradecida con la vida por haberme alejado de ese simplón y por ser libre. Observé mi auto mal estacionado, para variar, eso me dio risa. Subí, respiré profundamente, me vi linda en el espejo con todo y mis imperfecciones (por lo menos aún no se acentúan las patas de gallo). Es verdad, apenas lo vi bajar de su carro se me aceleró el corazón, pero cuando se acercó a mí, empezó a hablar y salieron a relucir sus viejos trucos que ahora veo baratos… disque queriendo disculparse conmigo después de dos años ¡Qué flojera! había olvidado que tan cínico podía ser. Le di todo el volumen a la radio.

 

MUJER AL VOLANTE

Me encanta conducir porque me permite hacer varias cosas a la vez y hacerlas bien, modestia aparte. No conduzco tan rápido, pero lo disfruto🙂. Soy responsable al manejar y reniego a mares con los conductores imprudentes. Quisiera aprender más de mecánica y llegar a ser como mi tío Eduardo y Luis que son unos capos; no obstante, con el pasar del tiempo voy aprendiendo a reconocer los sonidos del motor…

Aprendí a conducir en el Vocho rojo de mi papá, lo bautizamos con el nombre de “George” ❤️ (en honor a nuestro beatle favorito). Quien ha manejado un Escarabajo sabe que la palanca de cambios es un poco dura, sobretodo el Retro; además, de las mañas que tiene cada vochito. No dudo en afirmar que después de haber conducido a George por la avenida Los Incas y  César Vallejo (Trujillo)  en hora punta, estoy lista para conducir cualquier tipo de auto en cualquier lugar. Para los que no conocen, les comento que el mercado mayorista se encuentra en plena unión de estas dos avenidas, de modo que hay gran cantidad de ambulantes varias cuadras a la redonda. En hora punta (aunque ya casi todo el día es hora punta en esa zona) los choferes de los diversos micros y combis compiten por ganar pasajeros y por ser los primeros en pasar importándoles un pepino los autos particulares que transitan junto a ellos.

Bueno, regresando al principio, les decía que el conducir me permite hacer varias cosas a la vez, por ejemplo: Voy escuchando música, el volumen puede depender de la canción, de mi estado de ánimo o de la compañía que tenga en ese momento. Voy cantando, aunque muchas personas me califiquen de desentonada y desorejada ¡me fascina cantar! Voy pensando en los pendientes del día. Si estoy acompañada, voy conversando. Voy moviéndome al ritmo de las canciones (con prudencia no se preocupen). A veces grabo la canción que está sonando y al llegar a semáforo en rojo se la envío al grupo de whatsapp de mis amigos (canciones que marcaron épocas, ustedes entienden). En estas últimas semanas voy pensando en un posible post para mi blog… Hubo un tiempo en el cual consideré la idea de dedicarme a ser transportista, el problema era: ¿transportar qué? 😊

Hace algunas noches, mientras conducía a mi casa feliz de la vida después de un productivo día de trabajo sintonicé “La Inolvidable” (para variar un poco). En eso suena el intro entrañable de una canción que no escuchaba hace más de un año. Le di todo el volumen a la radio “Tú fuiste la mejor cosa que tuve y así también lo peor en esta vida”. Bajé la ventana a ver si la brisa se llevaba los recuerdos. Sentí la misma sensación que cuando olí un Trident de Canela después de muchos años y automáticamente me tele transportó al 2003, a mis primeras borracheras en el Tambo. En este caso, esa canción me tele transportó al 2016 y vino a mi mente el Poema 20 de Neruda: Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido…

STOP suficiente con “La Inolvidable”, mejor volví a colocar mi USB con mis fabulosas canciones. Lo que quedaba de trayecto la pasé escuchando “Dura”, no hay pierde con Daddy Yankee. Mi mejor amigo siempre se ha burlado y ha criticado mis canciones, según él ya pasaron de moda… Jimmy te prometo que renové mi lista de canciones, te apuesto que ahora corearás todas y cada una de ellas 🤩.

Abrazos.

Zu

BYE BYE 2018

Me encanta esta época del año, el fin de año. Diciembre es la cosecha de todo lo que hemos hecho desde Enero. Creo que es apropiado y saludable pensar en todo lo  bueno, lo malo, lo feo que nos pasó y en todas las cosas en las que hemos acertado y equivocado, de esa forma tenemos el chance de pensar estrategias para mejorar el año entrante. Además, considero que es un tiempo de borrón y cuenta nueva…

Este año el Señor y la vida me han premiado, enormemente, con sorpresas y decepciones que me han hecho crecer. Culminé la Maestría que me absorbía bastante, creí en las disculpas y llanto de un hombre a quien amé y se portó vilmente, viajé a Estados Unidos por tres meses conociendo varias ciudades, personas y culturas diferentes (una experiencia formidable con grandes anécdotas y mucho aprendizaje de la viiiida), experimenté nuevos sabores y olores, compartí bellos momentos con mis seres queridos, publicaron un artículo escrito por mí en una revista legal reconocida, mi negocio familiar ha crecido, me inscribí a mi primer taller de escritura que cambió mi forma de pensar, me ilusioné, leo y escribo mucho más, me he conocido o mejor dicho me he reconocido, tengo un angelito más en el cielo… Vivo agradecida con Dios por utilizar mis propios errores para enseñarme y cambiarme; y por todo lo que permite y lo que no permite en mi vida porque su voluntad es perfecta (a veces no me doy cuenta de ello inmediatamente pero es innegable).

En el 2018 aprendí a “no escuchar a mi corazón” porque como dice en la biblia: el corazón es engañoso. También aprendí que no existe el “tengo mala suerte en el amor” o “tengo mala suerte en el trabajo”, lo que existe es que tomamos malas decisiones. Comprendí que todo tiene su tiempo y que no ganamos nada afanándonos por algo. En mí se aplica perfecto aquello que hay tiempo para sembrar y también hay tiempo para arrancar lo plantado :).

Seguiré tratando de ser un mejor ser humano, una mejor versión de mí. Estoy muy contenta porque he avanzado en muchas áreas. Tengo claro que no podemos esperar tener un año diferente si seguimos siendo las mismas personas. Los cambios son buenos aunque a veces son dolorosos. Y como dice mi tía querida “me doy por bien servida” teniendo paz y tranquilidad en mi alma.

 

Bye bye 2018

¡¡Que este 2019  nos traiga más trabajo, más anécdotas, más viajes, más amores, más escritura!!

 

Beso grande para cada uno de ustedes.

Zu

La Navi

Desde que tengo memoria, recuerdo a la Navidad como una fiesta consumista disfrazada con villancicos, arbolitos adornados y nacimientos (en algunos casos aunque cada vez menos).

Todos los negocios ven incrementadas sus ventas en estas fechas. Hay que aprovechar, solemos decir, pero muy pocos saben y sienten el real significado de la Navidad…

Son tiempos de paz y amor en los cuales regresamos a nuestros terruños, compartimos tiempo con nuestros seres queridos, nos reunimos con nuestros mejores amigos del colegio y universidad los que siempre estarán ahí para nosotros. Es enriquecedor departir un almuerzo, cena, café y/o tragos con gente a la que amamos y con la que a pesar de la distancia física siempre existe temas de conversación placenteros. No obstante, creo que todos alguna vez en nuestras vidas debemos sentir, valorar y entender el real significado de la Navidad: que Dios envió a su hijo quien nos trajo el perdón y la vida.

En mi caso, sucedió hace cinco años cuando estaba pasando el peor momento de mi vida que me llevó a conocer y a aferrarme a Dios (de esto hablaré en un próximo post),  fue en esa Navidad que comprendí y sentí, profundamente, el nacimiento de Jesús y que el hombre necesita un Salvador

Regresando al carácter consumista de estas fechas navideñas y de fin de año, tengamos presente esta frase, que leí en alguna parte: que el consumismo no nos consuma. Evitemos endeudarnos, no gastemos más allá de nuestra capacidad económica (moderación y responsabilidad en nuestras compras) ahorremos nuestros aguinaldos para viajar el próximo añoJ. Compremos la comida que realmente vayamos a consumir (yo sé que con tantas “ofertas” a algunos se les es fácil caer en la tentación de comprar, seamos fuertes). Tratemos de apoyar a las tiendas pequeñas. Que los regalos que vayamos a hacer sean realmente útiles, recuerdo con mucho cariño y agradecimiento mis mejores regalos navideños porque fueron libros (Gracias hermana y papito). Ojalá este año se repita 🙂

P.D: estaba terminando de escribir este post navideño y se presentó en mi negocio un foráneo preguntando por la comisaría más cercana porque lo habían asaltado dejándolo sin documentos y sin dinero. Estas fechorías ya no son típicas de estas fiestas (se ven todo el año). Quiero instarles a tener mucho cuidado cuando tomemos taxis, cuidado con nuestras pertenencias y más si llegamos a ciudades que no conocemos.

¡Feliz Navidad!

Un abrazo.

Zu