CARTA A MI PADRE

 

A Julio Germán, mi padre, mi mejor amigo, mi confidente, mi brújula, mi amor, mi estrella que brilla en el cielo.

 

El que lo ha dado siempre todo para que no nos faltara nada.

El que prepara los mejores desayunos domingueros.

El que me dejaba picar las carnecitas de su plato.

El que me levantaba del suelo cuando era una niña.

El que me cargaba apache al bajar las escaleras.

El que me consolaba cuando lloraba, secaba mis  lágrimas y curaba mi  corazón.

El que me contaba un cuento antes de dormir.

El que me decía que ojalá lo que me esté doliendo le doliera a él, pero a mí no.

El que lloró conmigo en el hospital cuando estuvieron a punto de internarme a los nueve años.

El que me habló de los hombres en la adolescencia.

El que cuenta unos chistes monses, pero me hace reír como nadie.

El que iría hasta el mismísimo infierno para encontrarme.

El que me riñe y se disculpa al mismo tiempo.

El que lloró de alegría el día de mi graduación.

El que siempre me ha dicho “piensa en grande y tus sueños crecerán”.

El que siempre está orgulloso de mí, a pesar de todo.

El que me ama ciegamente.

El que me dijo “si quieres escribir, pues escribe”.

El que soportó la prueba más grande que se pueden imaginar.

El que tiene un “zoológico de amigos”.

El del “avísame cuando llegues”.

El de las frases célebres.

El de las rimas, las canciones y la guitarra.

El de la ternura de un niño.

El más renegón.

Mi versión en masculino.

El orgulloso arequipeño.

El hombre de mi vida.

 

Gracias por quererme desde que me viste por primera vez.

Gracias por haberte esforzado cada día por ser el mejor padre posible.

Gracias por no haber tirado nunca la toalla pese a que no te faltaron las ganas cuando me enseñabas algo y yo demoraba en aprender.

Gracias por enseñarme el placer de la lectura.

Gracias por viajar conmigo a través del mapamundi y las enciclopedias.

Gracias papito por haberme escuchado y haber tomado en serio las cosas que decía, desde muy chiquita, a pesar que eran incoherencias.

Gracias por haber hecho valer mi opinión desde muy pequeña.

Gracias por hacerme sentir de niña que yo era la que te enseñaba las cosas.

Gracias por transmitirme tus gustos musicales, por ti es que creo que debí haber vivido en los años setentas.

Gracias por compartir conmigo tus recuerdos y anécdotas más preciados de tus años maravillosos en la universidad.

Gracias por ser mi ejemplo a seguir.

Gracias por guiarme, sonreírme y animarme.

Gracias por llenarme todos los días, desde que tengo memoria,  de halagos y piropos haciéndome sentir no sólo hermosa, sino especial.

Gracias porque sin ti no sería quien soy hoy, ni seré la persona que espero llegar a ser.

 

Papi te prometo siempre ser tu chiquitita. Y tú siempre serás mi héroe, mi héroe inmortal.

 

Te amo inmensamente.

 

 

Zu.

 

 

AMABA AL DR. JEKYLL PERO NO A MR. A HYDE

Conocí al Dr. Jekyll en una librería que frecuentaba a menudo y donde él trabajaba. Físicamente no me gustaba, pero su amabilidad y simpatía hicieron que me fijara en él. Una tarde escogí comprar dos libros: “Paula” de Isabel Allende y “La Tregua” de Mario Benedetti. Al pagar me di cuenta, contando mis monedas, que me faltaban dos soles. ¡Roche!

La cajera sonrió diciéndome que eligiera un libro y que otro día regresara por el otro. En ese instante, Jekyll a quien ya había visto en otras oportunidades y en alguna ocasión me recomendó un libro, se acercó y le preguntó a su compañera qué es lo que estaba pasando. Ella le contó los pormenores. Yo sólo atiné a sonreír mientras sentía que mis mejillas se iban encendiendo por culpa de dos mugrosos soles, y veía ambos libros pensando por cuál de ellos decidirme.

Jekyll me miró y de la forma más simpática dijo:

  • ¿Qué cosas no? No te preocupes, si gustas yo te puedo prestar los dos soles para que no te quedes con las ganas de comprar estos libros.
  • Qué vergüenza en serio…
  • Normal, son cosas que pasan – sonreía tiernamente.
  • Muchas gracias. Mañana regreso a pagarte.

Y así fue como al día siguiente mi sentido de honorabilidad me llevó a pagar mi gran deuda. Encontré a Jekyll encima de una escalera acomodando unos estantes de libros.

  • Hola.
  • ¡Hola! Cómo te va – bajó con cuidado sonriendo.
  • Toma, gracias – le di una moneda de dos soles.
  • De nada. He encontrado una página donde puedes descargar libros en español totalmente gratis.
  • ¿En serio? – me emocioné.
  • Sí, si gustas te la paso.
  • Ya pues.
  • Dame tu número para pasártelo por whatsapp.

Dudé en darle mi número a un desconocido, aunque se veía confiable. A decir verdad no era tan desconocido que digamos, o sea, lo había visto varias veces en la librería y ayer me había prestado dos soles. Además, siendo honesta, habíamos coqueteado un par de veces.

Le di mi número, me pasó la página de libros virtuales, continuamos conversando por whatsapp, salimos a caminar varias veces, nos hicimos amigos y luego enamorados.

Jekyll es un poco gordito y de estatura promedio a baja, sólo un par de centímetros más alto que yo. Es de tez blanca, ojos pequeños y tiene rasgos infantiles. Un día le dije que le quedaría bien la barba y comenzó a conservarla. A pesar de no gustarme físicamente como otros chicos con los que he salido, tenía carisma que enamoraba. Y me enamoró. Era súper cariñoso, romántico, detallista, gracioso y sabía de muchos temas (obviamente leía bastante al trabajar en una librería). A mi corta edad no había conocido a ningún hombre como él, siempre pendiente de mí, hablándome todo el día por whatsapp, llamándome continuamente, haciendo planes a futuro, dedicándome canciones, incluso reportándose (a qué hora llegaba a su casa, al trabajo, a qué hora salía, qué estaba haciendo, etc). Realmente yo estaba enamorada y todo indicaba que él también lo estaba. Hasta risa me daba los gestos que ponía al verme después de uno o dos días, caritas que he visto en películas románticas. A decir verdad, ahora que lo pienso, Jekyll es bien histriónico.

No obstante, conforme iba transcurriendo el tiempo, de vez en cuando Jekyll se comportaba hostil, desconfiado, presuntuoso, grosero y hasta agresivo (con los demás, aunque sobretodo conmigo) decía que era mi comportamiento lo que hacía que él reaccionara de esa forma.… Hacía su aparición Mr. Hyde.

Esta historia se va pareciendo a la de You (serie de Netflix) ¿no? Pero es real, se los juro.

En fin, los meses fueron transcurriendo y las discusiones cada vez eran más seguidas. No obstante, ambos nos empecinábamos en continuar con lo “incontinuable” (si es que cabe la expresión). Yo disfrutaba estando con Jekyll, pero Hyde se colaba cada vez más en nuestra relación.

Esa noche, hacía frío y tenía hambre. Por suerte, el profesor nos dejó ir antes de que se acabara la hora de clase. Vi mi celular: 9.48 pm debe estar en su casa, más tarde lo llamo, pensé. Había decidido retomar la carrera de Contabilidad, la mayoría de mis cursos eran turno noche. Salí del aula con los nuevos compañeros (era la segunda semana de clase), nos quedamos conversando un ratito en la entrada de la universidad. Fue una casualidad grande que coincidiera con José en la misma asignatura (José es un amigo de mi facultad al que no veía hace algunos años). Me despedí de los chicos en la puerta principal y mi amigo empezó a preguntarme por unas amigas en común, le pasé sus números.

Al poco rato nos despedimos con un beso en la mejilla. Estuve por cruzar la calle cuando me percaté que Jekyll estaba sentado en una banca cerca a la puerta principal de la universidad. Llevaba puesto una polera verde con capucha. Me acerqué a él un poco sorprendida de verlo porque no me había dicho que iría a recogerme. Estaba serio. Supuse que porque había visto que me despedía de mi amigo con un beso en la mejilla (en otras oportunidades Hyde ya había hecho alguna escena de celos similar). Pese a que estaba con capucha noté que se había cortado el pelo y la barba.

  • Te afeitaste y te cortaste el pelo, te queda bien – traté de apaciguarlo mientras le daba un beso en la boca- no me contaste que irías hoy a la barbería.
  • Te estuve llamando ¿por qué no me contestaste?- Me extrañó ese comentario porque antes de salir de la universidad yo miré la hora en el celular y no tenía ninguna llamada suya.
  • No, no tengo ninguna llamada tuya Igual saqué mi celular para corroborar y para sorpresa mía había tres llamadas perdidas suyas (de 9.50pm y 9.51pm)- Sorry, lo puse en vibrador para la clase y no sentí cuando llamasteMe comenzó a exasperar su desconfianza.

Hyde estaba con capucha no porque sintiera frío ni porque se había cortado el pelo sino porque quería ver con quién salía de clases o con quién me iba. Por eso fue que no me dijo que iría a recogerme. Él quería “sorprenderme”. Típico comportamiento de Hyde.

Le dije que tenía que ir rápido a mi casa para evitar cualquier escena de esas que le gustaba montar. Insistió en acompañarme. En el trayecto comenzó con sus ironías tipo: Qué rápido hiciste amigos. Qué casualidad que estés estudiando con tu amigo de la facultad. Te arreglas mucho para ir a clases. Me alteró con sus comentarios de tal forma que le pedí que se estacionara donde pudiera.

  • Me siento atrapada, no soy feliz, estoy cansada de intentar demostrarte a menudo que no te engaño – lo miré fijamente a los ojos tratando de encontrar a Jekyll.
  • Ahora te haces la víctima – no disimulaba su exasperación.
  • ¿Qué cosa? Sabes qué, el ladrón juzga por su condición.
  • No me vengas con frases hechas. Si te bajas, no vuelves a subir.
  • Abre la puerta.
  • … – me miraba desafiante.
  • Dónde quedó el Jekyll que conocí y que me enamoró. A éste que estoy viendo no lo conozco. A caso no ves lo que me haces cuando no crees ni una palabra de lo que te digo. Te quiero, pero estás mal. Ves sospechas por todos lados. Si alguien me saluda, si no te contesto, si no puedo salir contigo, cualquier cosa es motivo para que tú dudes de mí. Estoy harta. ¡Basta!

Bajé del auto sin darle tiempo a que me responda. Es increíble como una persona puede alterar de tal forma tu estado de ánimo. Siento que aún lo quiero, pero él no ve el daño que me hace al no creer en mí, o tal vez sí lo ve y disfruta hacerme daño. Ese es Hyde.

Tal como lo esperaba (el guión de Hyde se repite continuamente), al día siguiente estuvo llamándome y enviándome decenas de mensajes disculpándose, excusándose en el daño que le hicieron sus relaciones anteriores (que lo engañaron según me contó), rogando otra oportunidad, prometiendo cambiar, diciendo que sin mí se moría… había caído en un círculo vicioso.

Hyde apareció y ya no puede volver a ser Jekyll. ¿O es que siempre fue Hyde y sólo fingió ser Jekyll?

Me da pena Hyde, es un ser vacío, un enfermo; pero si continuo a su lado la enferma seré yo.

Lo mejor es despedirme de una vez del Dr. Jekyll y de Mr. Hyde.

YA SON MADRES

Recuerdan que hace unos meses escribí un post sobre la Alimentación en madres gestantes y lactantes, inspirado en varias amigas mías que estaban por dar a luz y otras que recién se estrenaban como madres…

Bueno, ahora ya todas están con sus bellos retoños y me produce harta ternura verlas a todas ellas felices e ilusionadas iniciando sus propias familias. Cada una me da consejos y me cuenta su experiencia a la hora del parto y la lactancia. Yo de cada una saco una enseñanza (que es lo que quiero compartir con ustedes hoy día).

Mientras voy escribiendo, voy pensando en estas amigas mías. Dos de ellas eran cero maternidad, cero niños, ahora se desenvuelven muy bien en su nueva faceta (o sea hay esperanzas conmigo). No puedo evitar recordar nuestras conversaciones antes de que se casen y antes de que salgan embarazadas. Conversaciones del tipo: problemas existenciales, juergas, oportunidades laborales, métodos anticonceptivos, chismes de los demás amigos, dietas, posibles viajes, discusiones con nuestros novios, y todo lo necesario en el cotilleo de amigas de muchos años.

Voy a dejar constancia de los últimos aportes de mis queridas amigas para que no se me vaya a olvidar :)!

Por ejemplo:

De Yanitza, una mujer recontra metódica, planificadora, práctica, intensa en todo lo que se propone. Resalto y aplaudo la idea de abrir una cuenta de ahorros para todos los gastos prenatales y postnatales de Flavia (su hermosa bebita de tres meses). Ella siempre ha visto más allá de lo evidente. Organizada y con voz de mando toda la vida. Me parece una idea genial el planificar los gastos abriendo una cuenta de ahorros.

¡Gracias por la idea chata!

De Gianina, graciosa, ocurrente, preocupada y analítica (de las que pinchan tu globo en una). La voz de mi conciencia. Ahora que la veo alimentar a Bruno (su precioso bebé de tres meses) pienso en cómo cambió su vida en 180 grados. Nuestras “conversaciones trascendentales” sobre discusiones y problemas con nuestros enamorados. Unas completas tragedias griegas en ese entonces (me hace gracia recordarlas). Ahora, ella me cuenta que esas “discusiones”, esos “problemas” son nada comparado con lo que se tiene que batallar en el matrimonio.

¡Gracias por el aliento choby!

De Danitza, mi casi casi hermana, la que tiene la historia de amor de novela. Paciencia y  persistencia son sus virtudes. Al cargar a mi bello Santiago (robusto bebé de seis meses) y verla realizando un sueño que tuvo por mucho tiempo (el conformar una familia con su gringo). Me dice que: No todo es color de rosa como parece. Y claro, seguro que no lo es, pero la persistencia y el amor se ven reflejados en su pequeña familia.

¡Gracias por el realismo amorcín!

De Malena, una de las mujeres más tiernas y maternales que conozco. Ahora que está casada y tiene una bebita linda (la pequeña Malena) me quedo con varias cosas que me dice como que el amor verdadero llega cuando menos te lo imaginas. Que la vida cambia por completo cuando menos lo piensas (como le pasó a ella).

Quisiera tener el umbral del dolor tan alto como ella que no sintió ningún dolor de parto hasta que estuvo en 8 de dilatación. Increíble. Le sirvió leer bastante sobre la hora del parto pues comprendió que en vez de pensar en el dolor que causa dar a luz, se debe pensar en la alegría de estar dando la bienvenida a este mundo a tu hijo. Excelente aporte.

¡Gracias por la ternura Male!

Finalmente, todas coinciden en disfrutar al máximo a tu bebé porque crecen rapidísimo. Que una vez que lo tienes en tus brazos, te olvidas de todo y tu mundo es tu hijo. Que no hay que estar escuchando todas las recomendaciones que te hacen porque aunque seas primeriza siempre harás lo mejor que creas para tu hijo.

Me despido embargada de ternura con las fotitos de mis sobrinitos.

Nos leemos. Un abrazo.

 Zu

 

TU AMOR LO LLEVO A CADA LUGAR

Siempre ha sido chévere que el cumpleaños de mis papás sean dos días seguidos. Mi mamá cumple años el 26 de Mayo y mi papá los cumple el 27.

La celebración empieza un día y continúa hasta el siguiente. Recuerdo esperar con ansias Mayo (donde también cumple años mi hermana) para comer tres pasteles  y saborear exquisitos potajes. Recibíamos visitas de mis tíos (familiares y amigos de mis papás), pero lo mejor era ver a los dos seres que más quiero alegres y felices.

Mi papá por varios años preparó fiestas sorpresas a mi mamá y ya pasado de copas, a las doce de la noche comenzaba a levantar la voz: ¡Es mi cumpleaños, salúdenme! Jajaja. Él es así 💜.

Se casaron muy jóvenes. Ella de veintidós y él de veinticuatro y estuvieron juntos casi casi treinta y cincos años. Una locura hoy en día ¿cierto? Ahora que ya muy pocos optan por el matrimonio y mucho menos antes de los treinta. O que cada vez son mayores las separaciones y divorcios. Cuántas veces he oído de parejas que han discutido terriblemente al punto de que el marido se va de la casa uno o más días, o duermen en diferentes cuartos hasta que solucionen sus conflictos. Afortunadamente, por más que vi discusiones y desacuerdos entre mis padres muchas veces, mi papá no dejó de ir a dormir un sólo día a la casa, ni durmieron en camas distintas.

Una vez leí que una relación entre dos personas del mismo signo no funciona salvo que ambos sean Géminis. Y mis papás son de este signo. Mi mamá dice que en cuanto a diversión y fiestas se trataba, se llevaban muy bien porque mientras mi papá tocaba en las fiestas con su grupo (él es bajista), ella bailaba con sus amigas. “Yo estaba en mi salsa”, dice mi mamá.

Tengo el hermoso recuerdo de unos días antes que mi papá salga de gira por el universo, acercarme a la puerta entreabierta de su dormitorio y verlos a los dos abrazados durmiendo.

Creo que al ver a mis papás juntos atravesando los buenos, malos y peores momentos hace que yo tenga una expectativa alta del amor de pareja. Mi papá siempre amoroso, cariñoso, salamero, meloso; mientras que mi mamá demostraba su amor con sus cuidados y recomendaciones. Así se complementaban.

Hoy son cinco años que no podemos estar celebrando el 26 y 27 juntos físicamente, pero estoy segura que él va a donde vayamos nosotras. Y fiel a su estilo, lo seguimos celebrando entre alegrías.

¡Qué viva el 26 y 27 de Mayo!

Un beso al cielo.

 

Zu

NECESITO HABLAR CON ÉL

Sé que no debería estar pensando en Ramiro porque tengo novio y vivo con él. Pero desde que el otro día lo pillé mirándome el culo mientras yo sacaba copias y él esperaba su turno, vi en su mirada lujuria. Esa lujuria que veía en los ojos verdes de Rafo antes de empezar a convivir. Desde ese día cuando pienso en Ramiro siento calientito allá abajo, palpita y no paro de alucinar que me hace suya.

Hace unas semanas lo han trasladado al tercer piso, en donde queda mi oficina. Antes sólo nos hablábamos de hola qué tal y punto, pero ahora nos chocamos por los pasillos y como las oficinas están divididas por lunas, veo cuando pasa y seguro que él me ve cuando yo paso. Además, su oficina queda al costado del baño de mujeres, de hecho que me ve cuando entro. Me pregunto si me quedará viendo el culo como lo hacía en la fotocopiadora.  Admito que esa idea me excita.

Son varias las veces que hemos coincidido al sacar copias, a pesar que ambos tenemos practicantes a nuestro cargo. Debo confesar que he llegado a decirle a Marita, mi asistente, que yo voy por las fotocopias y si quiere que le saque alguna copia para ella de paso (cualquier excusa era buena con tal de coincidir con Ramiro). Cuando nos encontramos, ya sea en la fotocopiadora, en el dispensador de agua o por los pasillos solemos conversar sobre algún caso pendiente, algún chisme de algún compañero, sobre cualquier cosa en realidad. El otro día me preguntó si tenía enamorado, le respondí que estaba comprometida y que vivía con mi novio. Él me dijo:

  • Con razón he notado que has engordado un poco – con una sonrisa cachacienta.
  • ¿Qué tiene que ver que haya engordado con que esté conviviendo con mi novio?
  • Como dicen que los hombres se engordan una vez que se casan, supongo que las mujeres también – y soltó una risa.

Sinceramente, he engordado un par de kilos en los últimos meses. Parece que el cambiar la píldora por la ampolla de tres meses no me ha asentado. Tengo una cita pendiente con la ginecóloga. De todas maneras me dio roche que Ramiro haya notado mi ganancia de peso, me pregunto si pensará que mis kilos ganados se deben al método anticonceptivo que utilizo.

  • Realmente los hombres son más fijones que las mujeres – le hablé parcamente. ¿Y tú? ¿Estás con alguien? – me crucé los brazos a la altura de mi abdomen, no me di cuenta que de esa forma resaltaban más mis senos hasta que noté que sus ojos se desviaron a mi escote. Rápidamente solté los brazos y comencé a arreglar las fotocopias que ya estaban listas.
  • No, con nadie, solito se vive mejor – tiene una sonrisa coqueta que me hace pensar cómo será su performance en la cama.
  • Eso dices porque no estás enamorado – Traté de seguir conversando como si no me estuviera fijando en su sonrisa y en lo bien que le queda la camisa entallada y el pantalón de vestir.

A los días de esa conversación sucedió el episodio en el que pillé a Ramiro mirándome el culo. Yo estaba con un vestido negro, recto, cuello redondo, sin mangas que en las últimas semanas me empezó a quedar ceñido. Me gusta usarlo para audiencias y vistas de la causa (me trae suerte), lo uso con pumps de gamuza negra taco nueve. Confieso que me intimidó su mirada, pero no cambié de pose, al contrario, me sumí y erguí. Por un instante fantaseé que él me abrazaba por atrás estrujándome los senos y los muslos, hasta casi pude oler su perfume. Ramiro huele rico, suave y varonil.

Mierda, reacciono, tengo que terminar de redactar una demanda y yo aquí fantaseando con mi colega. No recuerdo hace cuánto no fantaseo con Rafo, mi novio.

Ayer fue la inauguración de la segunda cafetería de Rafo. Como era de esperarse, él estaba contentísimo y yo también por él, la verdad. Ha invertido una buena cantidad de dinero amoblando y decorando ese local por eso será que el último mes ha estado bien irritable. Yo trato de apoyarlo en todo, pero a veces Rafo levanta la voz quitándome todas las ganas de apoyarlo.

Bueno, el local quedó muy bonito, con un stilo vintage muy acogedor. Me alegra que Rafo haya tomado en cuenta los colores que le sugerí para los muros de madera: marrón y verde jade. Además fue un buen acierto el poner música bossa nova, permitía una mejor conversación sin distracciones.

Varios de nuestros amigos asistieron a la inauguración. Hubo un momento  en que estuve como anfitriona, en la entrada de la cafetería, conversando con la mamá de Rafo sobre el exquisito olor del café recién molido. En eso ingresaron dos mujeres y una niña. Las dos eran altas, esbeltas y muy guapas, deben ser hermanas son muy parecidas. Me sorprendió que Rafo dejara a sus amigos con los que estaba platicando y se acercara a recibirlas. Saludó muy cordialmente y fue efusivo con la niña (aunque él es así de efusivo con todos los niños). ¿Quiénes serían? Era evidente que eran muy amigos. Cómo es que yo no las conozco, me preguntaba. La tipa que estaba con top strapple dejaba al descubierto sus hombros y pecho pecosos. Recordé que Rafo alguna vez me dijo que le parecía sexy las pecas en el pecho de una mujer. Genial.

Cerca de la puerta está la barra donde estaban sentados los tíos de Rafo. Él giró y las presentó a cada uno de los que estábamos en la entrada. Les presento a mi tía, mi tío, mi mamá, mi novia… fue muy curioso que su timbre de voz fue el mismo hasta que dijo “mi novia” A las justas se le escuchó decir “mi novia”. Saludé a las dos tipas con recelo. Continuó presentándolas al resto de  invitados. No entendía por qué esa atención con ellas, con ninguno de nuestros amigos se portó así. Estuvo atentísimo especialmente con la más rubia de ellas, la pecosa. Rubias al pomo, claro está. Yo nos les quitaba la mirada de encima desde la puerta. Les mostró todo el local, incluso las hizo ingresar a la cocina. Se reían y se notaba bastante confianza entre ellos. Noté que en un momento las dos tipas voltearon a verme y comentaron algo entre ellas. Resultó que ambas eran hermanas, la mayor era mamá de la niña.

Al término de la celebración el primo de Rafo me dijo para seguirla en un bar. Rafo estaba cansado, pero lo convencí haciéndole recordar que ese día cumplíamos un mes más juntos. Esa noche me embriagué, tenía unas ganas locas de llegar al departamento y hacer el amor. Últimamente andaba arrecha porque con lo ocupado que andaba Rafo con la inauguración ya eran varios días que no tirábamos, además que en la oficina no dejaba de ver a ese adonis en traje.

Quería que me bajara el calzón en la sala y me tire con el vestido aún puesto. Pero cuando llegamos al depa, Rafo estaba todo aletargado. Se metió al baño de nuestra habitación a lavarse los dientes y la cara. Apagué la luz del cuarto quedando iluminaba tenuemente por la luz del baño gracias a que la puerta es de vidrio catedral transparente. Lo esperé desnuda junto a la puerta. Cuando salió, me dio un pico y pasó de largo.

¡¿Qué fue eso?! Volteé y lo vi preparándose para acostarse. Me lavé rápidamente los dientes y entré a la cama. En mi borrachera era consciente de lo que quería obtener de Rafo esa noche, así que empecé a besarlo suavecito por la oreja bajando por su cuello, tocando su abdomen en círculos, llegando hasta su pubis. Salió con que estaba cansado: vamos a dormir cielito ¿sí? No hice caso, seguí besándole el cuello mientras acariciaba su verga. Empezó a ponerse duro. Me concentré en mordisquear el lóbulo de su oreja mientras acariciaba en círculos la cabeza de su pene jadeando lentamente. Él empezó a lubricar y yo estaba más que lista. Llevaba días esperando una embestida.

En ese momento, Rafo me mató diciendo: amor ya pues estoy cansado. Y se volteó sin más… me quedé en el aire. Era la primera vez que me rechazaba de esa forma. Yo había sido muy tolerante con él las últimas semanas, pero esa actitud de rechazo me hizo sentir mal. Pensé que tal vez era verdad que estaba muy cansado. Había sido un día largo y agitado. Pero qué cosa era un tire, sólo una metidita. No quise imaginar que así serían las noches que me esperaban una vez que nos casáramos. Cuando él está empingado nunca le he dicho que no. Me quedé dormida pensando en que nunca han fallado los mañaneros, tendría que esperar unas horitas más para darme por bien servida.

Me desperté ansiosa de hacer el amor con Rafo, estos días hemos estado distantes. Empecé acariciándole el pubis, el pene, me apresuré a quitarme su polo que utilizaba como bata y me trepé en su encima despertándolo. Cuando empecé a bajar por su pecho peludo e intenté despojarlo de su bóxer para darle una rica mamada me detuvo sacándome de encima sutilmente diciendo que se nos hará tarde para el trabajo. No eran ni las siete de la mañana, teníamos tiempo de sobra.

  • ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? – en verdad estaba preocupada por su negativa a tirar, me sentía rechazada por mi novio.
  • Nada amorcito. Sólo que quiero abrir temprano la cafetería y arreglar un poco el local, luego tengo que ir al otro local hasta que lleguen los chicos, recuerda que ahora son dos cafeterías, es el doble de trabajo –me dio un pico, se levantó de la cama y se fue a la ducha.

Echada, ahí en la cama, pensando en cómo habíamos llegado a ese punto. Me parecía tan raro todo. Rafo nunca se había negado a hacerme el amor, menos a una mamada. ¿Qué estaba pasando? Dudo la verdad que su negativa a tirar haya sido porque tenía que abrir sus dos cafeterías. Claramente es una excusa. ¿Tendría que ver con la tipa de anoche? era bien guapa la verdad, pero tenía cara de pendeja. Sonrisa enorme, ojos grandes, labios carnosos, pecosa y sabiendo que Rafo tiene novia no dejaba de coquetearle hasta hablaba mordiéndose los labios, la muy pendeja… aunque más pendejo él que delante de su novia se pone en ese plan. Puta madre ¿y así nos vamos a casar?

Por otro lado, estoy segura que Ramiro jamás se hubiera negado a hacerme el amor. Cómo se sentirá apretar esos bíceps, se nota que el muchacho lleva tiempo en el gimnasio. ¡Dios mío! me mojo de sólo pensar en apretar los bíceps y pectorales de Ramiro. Mejor ni me lo imagino metiéndomela, tal vez me vengo y sale Rafo de la ducha, me encuentra y la canción.

Cuando Rafo salió del baño, yo me levanté de la cama, alisté la ropa que me iba a poner y me metí a la ducha. Pensé que tal vez si me ponía una tanguita negra y el brassier de encaje negro que tanto le gustaba, él sucumbiría a mis encantos.

Al salir de la ducha, Rafo se estaba peinando. Busqué la lencería negra y me la puse junto con mi perfume. De repente accede a un rapidín antes de ir a la oficina, pensé. Sería tan oportuno y rompería el hielo entre los dos. Él alistaba su morral, mientras yo me aplicaba una crema hidratante para mis rizos. Me acerqué a él como niño pidiendo un pan para comer. Lo abracé por atrás y le besé el hombro. Él volteó y me dijo: vamos ya amor, por ahí comemos algo.

  • Rafo ¿qué pasa? Te deseo, no te das cuenta. Quiero que me hagas el amor ahora mismo.
  • Vero ¿qué tienes? Desde anoche pareces una perra en celo ¿qué te pasa?
  • ¿Me has dicho perra?
  • Perdóname pero me parece extraño que estés tan insistente.
  • ¿Quién era la tipa de anoche? esa rubia que cuando me presentaste bajaste la voz.
  • Una amiga ya te dije. Y estás loca, no bajé la voz. Ella sabe que tú eres mi novia y que vivimos juntos.
  • Pues esa es una puta porque sabiendo que vivimos juntos no dejaba de coquetearte. Y tú también le coqueteabas, no te hagas – me exasperé, sentí que estaba perdiendo a mi novio y lo peor es que el bajó la mirada cuando le increpé.
  • Si te vas a poner en ese plan, voy avanzando. Conversamos en la tarde.

No entiendo qué le ocurre, reconozco que hemos estado discutiendo más seguido sí,  es cierto, pero a la hora del sexo las cosas no habían cambiado, él continuaba siendo recontra cariñoso y mañoso. Hasta que empezó a acercarse la fecha de inauguración de la cafetería y para entonces  ya eran varios días los que no tirábamos. Eso está mal, lo sé.

Llegué a la oficina temprano con el cabello aún mojado. Puse una salsa mientras arreglaba mi escritorio: ella me miraba a los ojos y yo pensando en ti, la vida es así no la he inventado yo. Qué irónico justo la letra trata de una infidelidad.

En ese momento Ramiro tocó la puerta de vidrio. Quería consultarme un tema de patentes. Le dije que no sabía mucho del tema, no era mi especialidad.  Justo me paré a arrojar un papel al basurero y él me susurró:

  • Me encantan tus rizos hidratados- se sonrió mirándome coquetamente – Hueles riquísimo Vero.

No queda duda que Ramiro es otro pendejo. Me dieron unas ganas locas de cogerle las bolas, lo quedé mirando sin creerle nada.

  • Gracias – traté de disimular mi calentura.
  • No te vayas a ofender ni a molestar, pero estás bien rica, y en ese vestido negro te ves más rica todavía.

¡Mierda! Qué le digo, no puedo más. Me fijé que Javier, mi colega de la oficina del costado, no estaba; mi asistenta tampoco, nadie pasaba por ahí. Me acerqué lentamente a Ramiro y le dije muy cerquita a la boca: ¿qué tan rica? Estaba excitada que ni bien pronuncié esas palabras le cogí y apreté fuerte las bolas. Y él que tenía unos papeles en la mano me dijo al oído: exquisitamente rica y se mordió los labios. Me mojé.

Lo solté y me volteé, quedándome pegadita a él, sintiendo su verga erecta rozar mi vestido. Lo miré de reojo y él me olió. Mamacita, dijo con una voz de arrecho. Me mordí los labios y él me cogió el seno diciéndome: almorcemos juntos hoy día, di que sí. En una respondí que  sí.

Me soltó y dijo como si nada: ya pues Verónica entonces nos vemos a la salida, qué bueno que hoy es sábado.

Salió de mi oficina y yo me quedé mojadita. A la salida nos veremos y ¿ahora? Puta madre Rafo… Soy de lo peor. Una pendeja de lo peor. Soy peor que la perra de ayer. Lo peor es que sabiendo lo que soy no se me quitan las ganas de ser infiel. Y después de lo que anoche vi, creo que él también se las trae con esa huevona.

A la salida, marqué tarjeta y saqué el celular de la cartera. Rafo no me había escrito en toda la mañana, pero había puesto en su estado de Facebook que se sentía maravillosamente, tal vez fue a visitarlo su nueva amiga…

Ramiro me dio el alcance: vamos a almorzar, siempre con esa sonrisa pícara. Los dos sabíamos que “vamos a almorzar” era ir a “almorzarnos”.

Me subí a su Elantra blanco polarizado, él puso su mano derecha en mi muslo izquierdo.  Y yo apreté sus huevos diciéndole: sorpréndeme. ¡Puta madre Verónica! No hagas lo que no quieres que te hagan, tienes novio.

Me llevó a un bungalow a las afueras de la ciudad, bien caleta, no lo conocía, cerca del óvalo La Marina en Moche. Cuando entramos a la habitación, lo primero que hizo fue poner música; mientras yo revisaba mi celular y lo ponía en vibrador. Empezó a sonar música instrumental. Creo que Ramiro buscó “música para hacer el amor” porque sonaba puras canciones en inglés alternativo. Qué risa.

Admito que estaba nerviosa. Nunca he traicionado a Rafo, bueno, nunca lo había traicionado. Ramiro se comenzó a acercar a mí y mirándome a los ojos me dijo: me gustas Vero y apretó con ambas manos mis  nalgas, mientras me besaba. ¡Qué rico! lo cogí de los pelos y nos besamos con muchas ganas acumuladas. Con lengua y harta saliva. Estuvimos comiéndonos a besos hasta que Ramiro abrió el frigobar y destapó una botella de vino seco. Elevamos las copas en un brindis cargado de intenciones. Tomé un largo trago tratando de espantar los remordimientos. Mis mejillas se encendieron. Él se sacó la corbata y los zapatos. Me cogió suavemente de la mano y se puso a bailar suavemente al ritmo de la música.  Me dio la vuelta y me recogió el cabello, comenzó a besarme el cuello y las orejas. Luego se apresuró a bajarme el cierre del vestido, yo estaba contra la pared. Me bajó el cierre y besó toda la espalda, luego me bajó el vestido y me quedé en lencería y en stilletos (me excita estar en lencería y en tacones). Me besó las nalgas y me las mordisqueó. Me volteó y no seguimos besando. Le empecé a desabotonar la camisa, mientras los dos nos mirábamos con harta complicidad.

Tiene un color bronceado que me gusta. A diferencia de Rafo, Ramiro es lampiño. Me gustaba la fuerza que impone Ramiro. Me hacía sentir como un objeto sexual, y me gustaba esa sensación. Apretaba sus brazos y me mojaba cada vez más. Comencé a besarle el cuello y noté que eso lo alocaba. Me  llevó al borde de la cama, jugaba con mis rizos, me desabrochó el brassier y besó suavemente los pechos. Me tiró a la cama. Comenzó a besarme el abdomen y las caderas. Hacía como si me quisiera bajar la tanga y me la volvía a subir, era un juego que alguna vez vi en una película porno, resultaba efectivo porque cada vez tenía más ganas de tenerlo adentro de mí. Estuvo así un rato mientras me seguía besando el pecho y las tetas, me las jalaba y chupeteaba. Yo estaba con una cara de arrecha impresionante, pude notarlo en los espejos del techo. Metió dos dedos dentro de mi vagina como preámbulo a la gran follada. Me gustaba que me mirara con lujuria y avidez, y a la vez no quería perderme en su mirada. Cerré los ojos y me dejé caer completamente en la tentación y el deseo. Ramiro metió dentro de mí la cabeza de su pene humedeciéndose con mis fluidos. Comencé a lubricar más mientras lo besaba y él continuaba haciendo lo suyo. En eso, me embistió. Una y otra vez hasta hacerme gritar del placer. Esta pose, él encima de mí mirándonos a los ojos, es la que más me excita, pero con Ramiro mantuve cerrados los ojos. Cambiamos a la pose de perrito. Pensaba que hacía tiempo que no hacía esta pose con mi novio. ¡Carajo Verónica deja de pensar! Disfruta el momento y ya.

Ramiro es bien ágil. Empezó a acelerarse y yo me contraje. Le pedía que siguiera, que no se detuviera. ¡Oh! ¡Ramiro! Me vine y seguía gritando cuando él gritó: ¡Mierda! Sentí que se vació. Por un momento me pesó no haber usado preservativo. Él tiene harto kilometraje. No me  vaya a contagiar algo. ¡No! no seas paranoica. ¡Sigue disfrutando!

Nos mantuvimos pegados unos minutos, luego nos apartamos. Él prendió un cigarrillo. Me dijo: me encantas Vero, hace tiempo que me gustas. Yo sólo respondí: invítame un fallo. Se sonrió y me convidó un Hamilton azul.

Estuvimos recostados fumando cerca de veinte minutos, hasta que Ramiro abrió otra botella de vino y me sirvió una copa. Brindamos y empezamos a besarnos nuevamente. Más vino, y ahora yo me trepé en su encima. Tomé el control de la situación. Levanté sus dos brazos y los sostuve con una mano mientras con la otra me sostenía y le besé la boca, las orejas, el cuello, el pecho, mordisqueé sus tetillas. Sentía como su “amiguito” se iba despertando. Lo empecé a masturbar, mientras él me cogía las tetas. Cuando estuvo bien erecto y lubricado, agarré su verga y la coloqué dentro de mi vagina. Empecé a moverme suave mientras Ramiro abría la boca e introducía sus dedos dentro de mi boca. Cogí fuerte sus pectorales. Mi cabello caía en su cara mientras me movía más rápido. Estaba a punto de llegar. Le di más fuerte. ¡Qué gran sensación! Me siento rica. Puta, pero rica. Mientras estaba aún con electricidad por haber llegado a un segundo orgasmo, Ramiro se inclinó un poco hacia adelante y me besó y lamió los pezones. Estaba rendida, me acosté a un lado. Él, que no había terminado, me volteó sutilmente, dejándome boca abajo, y me penetró sin decirme nada. Qué dolor tan placentero. Abrí más las piernas, él me cogió de las caderas y comenzó a acelerar. Apreté fuerte las sábanas. Ramiro gimió fuerte en mi oído. Nos quedamos recostados unos minutos.

Cuando volteé a verlo, estaba adormitado. Me levanté a servirme más vino y fumar. Deambulé por la habitación mirándome en los espejos, no me veo gorda. Me metí a la ducha. Fue suficiente de sexo por hoy. Mientras me duchaba, en mi cabeza sonaba la salsa que en la mañana estaba escuchando en mi oficina. Ramiro se incorporó. Quiso que se la mamara, pero yo ya me había satisfecho y me quería ir cuanto antes de ese lugar. No insistió y nos cambiamos.

Al salir del bungallow, eran casi las cinco de la tarde. Ramiro quiso ir a almorzar comida de verdad. Yo no quise. Le pedí que me dejara en el Real Plaza. Nos despedimos con un beso en la mejilla. Qué incómodo después de tirar en varias poses nos despedimos con un beso de amigos.

Rafo no me había escrito ni llamado. Caminé un buen rato por las tiendas pensando en lo que había pasado. Engañé a mi novio y me gustó. Pero sólo fue sexo. Ramiro no es un hombre como para novio. Quiero volverme a duchar y que el agua borre la perrada que acabo de cometer. Maldita sea, todo es recíproco, a mí me empezó a gustar Ramiro hace semanas y probablemente a Rafo también le empezó a gustar esa huevona por el mismo tiempo. Necesito hablar con él.

MADRE, COMO TÚ, NINGUNA

Creo que cada persona tiene la mejor madre que nos pudo haber tocado.

Por ejemplo yo tengo una mamá amorosa, consentidora, inteligente, fuerte, sobreprotectora, conversadora, generosa, súper trabajadora, de carácter fuerte, emprendedora, empresaria, sociable, íntegra, perseverante. La perfecta compañera de viajes. La que prefiere remedios caseros antes de ir al doctor. La que siempre está conmigo y con la que sé que cuento para todo pese a mi mal carácter. La que jamás ha escatimado en absolutamente nada. La que tiene una gran fortaleza interior. Y que a pesar de todas las adversidades que le ha tocado vivir, mantiene una fe inquebrantable y una sonrisa contagiosa. Ella es mi mejor amiga.

Hasta hace unos diez años, más o menos, me gustaba la idea de tener una mamá que al llegar yo a la casa me esperara con el almuerzo listo y hasta servido (lo lamento mami, reconozco en ello un machismo absurdo e ingenuo). Lo que pasa es que siempre quise a mi mamá en mi casa todo el día. Siempre la quise presente en mi escuela (reuniones de padres y tardes deportivas). Siempre quise a una mamá que haga las cosas que para mí resultaban difíciles como: hablar por mí con personas mayores, matricularme en la universidad o en cuanto curso me he metido, hacer pagos o hacer algún tipo de trámite que cuando tienes menos de veinte aturden a cualquiera (por lo menos a mí me aturdían). Quise una madre que cuando yo esté de mal humor o triste se solidarice y diga que tengo razón en sentirme así (De cierta forma quería su compasión). Anhelaba una mamá que prefiera atender a su familia de tiempo completo que estar realizándose como mujer, ejerciendo su profesión.

Lo que he narrado en el párrafo anterior es lo que egoístamente pensaba. No obstante, el Señor que sabe lo que realmente necesitamos incluso mejor que nosotros mismos; me dio una madre totalmente independiente. Una mujer que desde los quince años tuvo clara su misión en esta vida. Mi mamá al convertirse en madre no abandonó sus propios sueños como el de ser una gran profesional y lo cumplió ¡Lo que me parece recontra admirable! Y si no fuera suficiente, por varios años trabajó en dos lugares para poder darnos lo que a ella le dieron sus padres.

Ahora que recuerdo como pensaba en la adolescencia, reconozco haber sido una egoísta al pensar en querer tener una madre ama de casa sólo para mi comodidad.

Actualmente no puedo estar más orgullosa y agradecida con nuestro Señor por haberme dado una madre que ama su profesión y le saca provecho a más no poder. Una madre que nunca nos ha preparado un desayuno, almuerzo y cena en un solo día, sin embargo siempre ha comprado los mejores insumos para nuestra alimentación. Una madre que nunca me ha comprado una golosina, pero que pone tanta fruta y verduras como le es posible en mis narices. Una madre que siempre se ha preocupado por darnos, a mi hermana y a mí, lo mejor en todo (estudios, salud, alimentos, paseos, cosas materiales, valores, ejemplo y amor). Una madre que no le importa viajar al otro lado del mundo con tal de cuidar a una de sus hijas. Una madre que nos enseñó a hacer las cosas por nosotras mismas, a que si queremos algo tenemos que salir por ello. Una madre que me habla fuerte cuando estoy triste y me desahueva.

Mi mamá es una niña vivaz atrapada en un cuerpo de mujer de sesenta. Pudo haber experimentado la angustia y el dolor, pero jamás estuvo triste una mañana.

¡Qué orgullo ser tu hija!

Ojalá y me pareciese un poquitito a ti madre, sería tan afortunada.

Gracias por convertirme en la mujer que soy y sé que algún día seré una buena mamá porque tengo a la mejor.

Feliz día de las madres mami.

MI HERMANA LA INGENIERA

Mi hermana y yo somos totalmente diferentes, aunque físicamente nos parecemos bastante. Ella es mi mayor por siete años, diez meses y once días; sin embargo nadie lo cree. Todos piensan que nos llevamos un par de años. Incluso hay quienes afirman que yo soy la mayor :/.

Mi hermana es ingeniera agrónoma y yo soy abogada. Ella, desde pequeña, es una lectora voraz. Tiene una comprensión de lectura envidiable y lee rapidísimo; mientras que yo me distraigo fácilmente cuando leo y por ello debo leer un texto dos o tres veces para poder comprenderlo (principalmente si es de leyes).

Mi hermana es una mujer muy culta e inteligente. Sabe de política y realidad nacional. Al escucharla me evito tener que leer periódicos y ver noticieros. Sí lo sé, ella parece la abogada y yo la ingeniera. Se lo digo siempre.

A ella le gusta caminar y camina bien rápido. Siempre va cinco pasos más adelante que yo. Además, gusta de hacer deporte todas las semanas y es constante en ello. Practica natación, fútbol y básquet. La verdad es que mi hermana desde pequeña ha sido atleta. Por otro lado yo, al igual que mi patota de amigas, el único abdominal que realizo es el que hago al despertarme de la cama, literal.

Es adicta a la limpieza y al orden, yo no. Le gusta el ají, yo no como nada picante salvo el ceviche (picante normal).

Es amiguera, amigable y popular entre sus amigos; mientras que yo puedo contar a mis amigos con los dedos de una mano.

Es una cinéfila empedernida, le gustan las películas de superhéroes y las de buena trama; a mí me gustan las comedias románticas y las que hacen llorar.

Desde muy joven supo organizar su economía; mientras que yo, bueno, no diré nada en este punto.

Tiene un talento innato con los niños. Sabe cómo comunicarse con ellos y divertirlos. Todo lo contrario de mí, que como ya lo dije en otro post, no me gustan los niños.

A ella le gusta ser, a veces, la hermana menor y le sale bien (por lo infantil que puede ser). Yo disfruto siendo, a veces, la hermana mayor (por lo seria que puedo ser). Aunque la mayoría de veces es cardiaca y preocupada, (típico en los hermanos mayores), siempre he sido el centro de sus bromas y siempre caigo redondita en ellas. Y supongo que así será hasta que seamos abuelitas.

Ella es el orgullo de mis padres por su sencillez, inteligencia, sensatez, generosidad, gentileza, sentido del humor y logros.

No seremos las mejores amigas, pero sabe que puede contar conmigo siempre y para siempre. Y viceversa.

Todo lo poquito que sé lo aprendí de Beny, de sus sugerencias, recomendaciones, bullyng, apoyo y porque siempre quise ser como ella en todo.

Ahora que escribo estas líneas me pregunto si habrá sido un peso grande para ella cuando mi papá le decía: tienes que darle el ejemplo a tu hermanita… Lamento si eso te llevó a ser tan pulcra y a tratar de no equivocarte.

Feliz cumpleaños baby boo sigue concretando cada uno de tus sueños. Y continúa brillando e irradiándonos.

Un abrazo asfixiante.

Zu.

UNIÓN DE HECHO

Cada vez son más las parejas que optan por convivir sin tener planes de casarse. Algunas después de un tiempo de vivir juntos deciden celebrar su matrimonio. Otras, después de convivir durante un tiempo dan por finalizada la relación y cada quien por su lado. Y hay otras parejas que conviven durante muchos años, incluso hasta que la muerte los separe y nunca deciden casarse.

Cabe mencionar que en muchos de los casos de convivencia existen hijos de por medio y también muebles e inmuebles adquiridos.

Particularmente, yo no soy partidaria de la convivencia sin estar casados. Llámenme mojigata, anticuada, puritana… No obstante, respeto a las personas que afirman que es suficiente el compromiso existente entre ambos para vivir una vida juntos. Bien por ellos les deseo muchísimos años de felicidad y una familia compenetrada.

En este post quiero dar algunos alcances sobre la Unión de Hecho, tal vez pueda ayudar a alguien en algo.

Nuestra Constitución en su artículo 5, define a la unión de hecho como: “La unión estable de un varón y una mujer, libres de impedimento matrimonial, que forman un hogar de hecho, da lugar a una comunidad de bienes sujeta al régimen de la sociedad de gananciales en cuanto sea aplicable”.

La Unión de Hecho es la forma legal de reconocer el Concubinato, y es la convivencia libre y voluntaria entre un hombre y una mujer libres de impedimento matrimonial, que haya durado por lo menos dos años continuos, para alcanzar finalidades y cumplir deberes semejantes a los del matrimonio.

En los últimos años a los convivientes se les ha reconocido no sólo derechos patrimoniales sino también derechos personales. Para que una unión de hecho goce de la totalidad de derechos reconocidos es ineludible que sea declarada judicialmente o que se encuentre inscrita en el Registro Personal de Registros Públicos.

El proceso judicial de reconocimiento de unión de hecho se inicia, en la mayoría de los casos, cuando uno de los convivientes fallece o debido a la decisión unilateral de uno de sus integrantes de dar por concluida la convivencia. Algunos de los problemas al acudir a esta vía son las pruebas y la duración del juicio, ya que estamos ante un proceso de conocimiento.

Son indicios concurrentes para acreditar la relación convivencial:

  • La declaración del domicilio en la expedición del DNI.
  • La consignación del mismo domicilio en escritura pública.
  • La prueba de la relación sentimental de ambos.
  • El certificado que guarda relación con el conjunto de indicios señalados.
  • Declaración de testigos.

 La Unión de Hecho también puede ser reconocida vía notarial para su inscripción en el Registro de Personas Naturales de  SUNARP con esta acción se reconocen los derechos de los concubinos ante el Estado.

Su reconocimiento vía notarial es un procedimiento no contencioso que requiere el consentimiento de ambas partes, es necesario que hayan convivido no menos de dos años continuos. Se presenta una solicitud ante el notario, quien manda publicar un extracto de dicha solicitud en el Diario “El Peruano” y otro diario de amplia circulación de la localidad. Transcurridos quince días útiles desde la publicación del último aviso, sin que se hubiera formulado oposición, el notario extiende la escritura pública con la declaración del reconocimiento de la unión de hecho entre los convivientes y remite los partes al Registro Personal del lugar donde domicilian los solicitantes. En caso de oposición, el notario remite los actuados al Poder Judicial. Si los convivientes desean dejar constancia de haber concluido su estado de convivencia, podrán hacerlo en la escritura pública en la cual podrán liquidar el patrimonio social, para este caso no se necesita hacer publicaciones. El cese de la convivencia también se inscribe en el Registro Personal.

A diferencia del matrimonio, donde existe la opción de elegir entre dos regímenes patrimoniales; en la Unión de Hecho el régimen patrimonial es único y forzoso: Sociedad de Gananciales. Todos los bienes y deudas adquiridas durante la convivencia formarán parte del patrimonio social de ambos concubinos, entendiendo que se constituye la sociedad de gananciales desde el inicio de la convivencia y no desde que es declarada judicialmente o inscrita en el Registro Personal porque este reconocimiento es declarativo y no constitutivo. Por consiguiente, al concluir la unión de hecho también se liquida la sociedad de gananciales y los bienes sociales que hubieren adquirido deberán ser repartidos en partes iguales. Son aplicables algunas de las normas relativas a la sociedad de gananciales reguladas para el matrimonio.

Con respecto a la pensión de viudez, las leyes correspondientes la reconocen sólo para uniones matrimoniales, lo cual ha dado lugar a que jurisprudencialmente se haya desarrollado este tema y si bien, en un principio la pensión de viudez para la conviviente supérstite fue denegada por el Tribunal Constitucional, posteriormente cambió su pronunciamiento reconociendo la pensión de viudez para la conviviente a pesar de no estar reconocida legislativamente.

Espero haberlos podido ayudar con estos alcances sobre Unión de Hecho

 

Un abrazo.

 

Zu

GRECIA <3

Grecia llegó a mi casa un día de Marzo hace veinte años. Mi hermana la trajo en su mochila, fue un regalo que le hizo su enamorado. Le puso ese nombre porque le fascinaba la cultura griega y era fanática número uno de “Xena, princesa guerrera”.

A mi mamá no le gustaban las mascotas. Cada vez que mi papá llevaba algún animalito a casa, ella lo terminaba dando en adopción a familiares o amigos, pero con la cachorra Alaskan Malamute que trajo su adorada hija no pudo rehusarse.

Como mi hermana en esa época vivía en Trujillo, Grecia terminó siendo, prácticamente, del cuidado y responsabilidad de mi papá.

Era una hermosa ejemplar. Una perra muy sana, no podía esperarse menos de la mascota de un veterinario :). Sólo padecía de alergia por la picadura de pulgas. Los que conocían de esta raza, se asombraban de lo grande y bonita que era mi Grecia.

A pesar de ser dócil y cariñosa, era muy rebelde. No hacía caso a nadie. Le costó ser domesticada por mi papá. Con el transcurso de los meses, sólo a él hacía caso. Y, como es evidente, él terminó siendo el favorito de ella. Mi mamá solía bromear que Grecia era la única que se parecía a mi papá (como si fuera la tercera hija) en el color de ojos: marrones claros.

Vienen a mi mente anécdotas de Grecia: Mi papá la sacaba todas las mañanas a primera hora a hacer sus necesidades al jardín que está frente a mi casa (salía en pijama). Una mañana mi desayuno no estaba servido (mi papá era quien lo servía) y se me hacía tarde para ir al colegio. No sabíamos a dónde se había ido con Grecia. Por la tarde, nos contó que Grecia como nunca, después de hacer sus necesidades, corrió hasta la esquina de la cuadra. Grecia ven. Ella volteó a verlo y corrió a la siguiente cuadra. ¡Grecia ven para acá! Nada. Ella corrió una cuadra más. Mi papá no tuvo otra opción que correr detrás de ella. La perra corrió en total diez cuadras hasta que de cansancio se echó en una sombrita a descansar. Ahí, recién pudo alcanzarla y colocarle su cadena.

Qué divertida la imagen de mi papá corriendo en pijama con una cadena en la mano detrás de una gran perra. Nos contó que la llamaba de todas las formas intentando alcanzarla: ¡Grecia ven! ¡Chica, chica ven! ¡Ven chiquita! ¡Grecia ven para acá! ¡Vas a ver cuándo te alcance!

Unos años después: Grecia se perdió todo un día. Mi papá, como siempre, la sacó a hacer sus necesidades y en cinco minutos que demoró en ingresar a la casa a servirme el desayuno, al regresar al jardín, Grecia ya no estaba. Se sintió culpable todo el día. Llegó tarde a trabajar por salir a buscarla por el barrio. Nadie la había visto (y eso que todos la conocían). Cuando llegué del colegio seguía sin aparecer. Todos en la casa estábamos conmocionados. Una amiga me acompañó a buscarla por los alrededores, pero sin ningún resultado. En la noche, mientras mi enamorado me consolaba en la puerta de mi casa, Grecia apareció corriendo como loca con la lengua hasta el suelo. ¡Pobrecita! Parecía que no le habían dado agua en todo el día, no obstante movía enérgicamente la cola. Estaba feliz de regresar a su casa. Al parecer la tuvieron escondida en la comisaría que está en la esquina de mi casa. Fue conmovedora la escena del reencuentro con mi papá. En celebración, él le compró una galleta Rellenita de Coco, la que Grecia atrapaba en el aire.

Recuerdo que para unas vacaciones en la que viajamos a Arequipa, tuvimos que encargarla con mi tía abuela quien criaba cuyes. A nuestro regreso nos contó que Grecia había matado a treinta y dos cuyes. O sea, ella sólo quería jugar con ellos, pero no media la intensidad de sus mordidas. Tiempo después repitió la osadía en casa de una vecina, matando a diez cuyes más.

Grecia odiaba a los gatos a muerte. Una madrugada unos fuertes ruidos provenientes del patio despertó a toda la casa. Cuando salimos a ver qué pasaba. Nos asustó verla transformada frente a un gato techero que había entrado. Nadie se atrevió a meterse en esa riña que le costó la vida a ese gato.

Cuando Grecia entraba en celo, a mi papá le daba pena tenerla encerrada todo el día durante tres semanas, así que la sacaba a pasear con pechera en las noches. A lo mucho daban un paseo de un par de cuadras porque los perros se le abalanzaban y él tenía que, prácticamente, pelear con ellos. Una vecina tenía un pekinés cruzado que vivía enamorado de ella. Todas las noches jugaban. Se llamaba Tobby. Durante más de ocho años sufrió por no poder pisarla. No alcanzaba. Era el único que podía acercarse a ella cuando estaba con su periodo porque no había peligro alguno. Realmente el perrito sufría. Grecia, incluso, se echaba, pero nada. Tobby nunca pudo pisarla.

Dos veces le buscamos novio. El primero, aún recuerdo su nombre: Rufo, un Husky Siberiano. Tuvieron siete hermosos cachorritos. Grecia tenía mayor afinidad con su primogénito que con el resto de la camada, mi hermana le puso de nombre Arles (toda los nombres de la camada fueron influenciados por la mitología griega). Se lo regalamos a mi prima para que quedara en la familia. Mi favorito y mío era Rances, el rubio de la camada, el más gordito. Cuando llegó a tener tres meses y medio me engañaron que se iba de vacaciones a Huaraz con mi tío que trabajaba en esa ciudad. Al poco tiempo me dijeron que una chica dueña de un hotel con un jardín inmenso se había enamorado de Rances y que le daría una buena vida… hasta hoy me pregunto cómo pude creer esa historia a mis doce años “que se iba de vacaciones”. Pobre bebé espero que le haya ido bien en la vida. Mi tío dijo que Rances era muy feliz en su nueva casa, y a mí se me hacen agüita los ojos al pensar en la ingenuidad de los doce años.

El segundo novio fue un Alaskan Malamute llamado Salmo. Con él también tuvo siete cachorros. Pese a que ambos eran Alaskan, los cachorros de la primera camada fueron más bonitos. Como sea, yo quería quedarme con todos. Y me quedé con Jessie. Su historia es muy triste: Mi hermana lo llevó a Trujillo para dárselo a un amigo y lo tuvo en casa de mi prima junto con su hermano mayor (de la primera camada) un día en el almuerzo el pequeño se acercó al plato del mayor y éste lo atacó sacándole el ojo. ¡Fue horrible! Lo llevaron a la veterinaria más cercana, pero pusieron mal el ojo en su órbita. En la noche lo trajo a Chimbote para que mi papá lo revisara. Le reacomodó el ojo en su órbita, pero, desgraciadamente, había pasado horas y el tejido se había necrozado… Jessie quedó tuerto antes de cumplir dos meses. Se quedó conmigo ese bebé. Su desarrollo era normal, jugaba con su otro hermano de la misma edad, pero yo tenía debilidad por él, por lo que había sufrido, a veces se chocaba con las paredes… Ambos cachorros comían y crecían igual, pero el cuerpo de Jessie era diferente. No tenía una forma saludable a diferencia de su hermanito (cuyo nombre no recuerdo, creo que era Axel) al que se le notaba sus curvas y músculos (como cualquier cachorro saludable). Jessie era recto como una vaquita. Ambos estaban recibiendo sus vacunas, pero a Jessie, antes de culminar con todo su rol le dio Corona Virus. En tres días mi chiquito se fue. La escena más convulsionante fue cuando, mientras mi papá le estaba colocando sus medicinas a través del suero y el cachorro hizo un paro (no sé si cardiaco o respiratorio) su madre comenzó a aullar (porque ella no ladraba). Aullaba a nuestro costado como si le reclamara a mi papá, como si le pidiera una explicación. Cuando él nos dijo que Jessie había muerto. Grecia lloró mientras aullaba, y nosotros lloramos con ella.

Mi perra nunca se enfermó de nada. Salvo aquella vez que no sé qué comió en la calle que se intoxicó. Tenía la cara hinchada y no podía respirar, corría como loca pidiendo ayuda ¡pobrecita! Por fortuna mi papá llegó a tiempo a ponerle Atropina.

Como decía en el párrafo anterior, Grecia nunca se enfermó de nada, hasta que una noche que regresamos a la casa, la vimos echada en la vereda de enfrente. Fue sumamente raro que nos vea llegar y no corra a recibirnos. La llamamos y nos veía sin levantarse. Mi papá fue a ver qué le pasaba. Grecia no podía levantarse. Pesaba cerca de cuarenta y cinco kilos (tal vez más). Con dificultad mi papá la ayudó a reincorporarse. Caminaba quejándose. Le dolía el lado izquierdo del abdomen. Le encontraron tumoraciones. Al hacerle la cirugía el cáncer estaba generalizado. No había nada qué se podía hacer más que hacerla descansar.

No recuerdo en qué ciudad se encontraba mi hermana, creo que no pudo despedirse de Grecia. Mis papás esperaron que yo regresara de Trujillo para despedirme de ella. Cuando la vi ya estaba con las pupilas dilatadas, no se quejaba, miraba al infinito, su cuerpo estaba intacto salvo por la gran cicatriz abdominal.

Fue un sábado por la noche. Mi papá le pidió a un colega que realizara la eutanasia.

Grecia tuvo once vacunas anuales, dos partos, catorce hijos, cuarenta y dos cuyes asesinados, un gato muerto, una intoxicación, una cirugía, una eutanasia y una familia humana que se quedó con un gran vacío cuando ella se fue.

 

 

Zu.