MUJER, TE QUIERO LIBRE

El ocho de Marzo es una fecha para evaluar las condiciones en las que vivimos las mujeres en cada país, en cada ciudad. Para exigir al Estado que garantice y difunda los Derechos de las mujeres, incluidos los derechos sexuales. Para tomar conciencia de la desigualdad de género existente y el incremento de la violencia contra la mujer.

Casualmente, en la última semana, ha sido difundido en todos los medios de comunicación un caso de violencia contra la mujer. La verdad es que, lamentablemente, a diario vemos noticias sobre feminicidios y agresiones a mujeres. Pero el caso al que me quiero remitir es la denuncia interpuesta por una periodista al congresista Lezcano por Acoso Sexual sufrido a través de mensajes de whatsapp. He escuchado a varias personas opinar sobre ello. La mayoría considera que el congresista es un “viejo mañoso” y acosador que está utilizando una coartada muy tonta (decir que los mensajes fueron escritos por un vigilante).

Me llamó la atención escuchar una conversación entre dos típicos peruanos machistas. Decían que la culpable de tal acoso es la periodista: “Cómo se explica que la periodista y el congresista conversen en Febrero (mensajes que se han hecho públicos donde la periodista lo llama “Amigo”) cuando supuestamente los mensajes de whatsapp en donde existe acoso (el congresista le pide que le muestre los pechos) son del mes de Diciembre. Por qué recién denuncia. Ella sabe que él es casado por qué le escribe a esa hora (pasado las doce de la noche). Una mujer que te escribe a esa hora es porque quiere otra cosa”.

Estos dos machistas aseveran, categóricamente, que si este congresista acosó por mensajes a la periodista, entonces ella no debió haber seguido hablándole y respondiendo conversaciones posteriores. Además, se preguntan por qué la periodista no sale a dar la cara en los medios, por qué no hace pública su identidad “el que no la debe, no la teme”. Señores: hacer pública su identidad en una denuncia queda al libre albedrío de cada mujer.

Lo que sé de este caso, es lo que todos los peruanos nos hemos enterado a través de los medios de comunicación. No sé el motivo exacto por el cual la periodista decidió denunciar en Marzo. Pero si algo puedo afirmar, y de alguna manera responder a esos machistas, es que el hecho de que una mujer se sienta ofendida y acosada, y aun así continuar hablando y respondiendo mensajes de un morboso es, en la gran mayoría de los casos, por temor. En esta coyuntura, siendo él: congresista de la República puede joder a esta mujer, así en los mensajes de whtasapp ella lo trate de “amigo”.

Muchas mujeres pasamos situaciones donde existe hostigamiento laboral, configurándose el delito de acoso sexual laboral. Creo yo que las mujeres podemos actuar de dos formas ante estas situaciones:

  1. Poner el pare al chistoso que nos acosa y ubicarlo en una. Dependerá de cada mujer el sacarlo o mantenerlo en su vida, así como el acusar y denunciar (depende de que tan agredida te sientas).
  2. Pasar por alto estas acciones acosadoras hasta que llega un punto donde no se pueda más y estallas: gritas, acusas, te alejas, sacas de tu vida al acosador o denuncias (dependerá de que tan agredida te sientas).

Por supuesto que soy partidaria de la primera opción, no obstante reconozco que si una mujer calla (soportando muchas veces estos actos) es por temor. La mayoría de las veces estos actos vienen de hombres que están, laboralmente, en posiciones arriba de nosotras, y tantas veces necesitamos el trabajo que pasamos por alto los chistes y mensajes en doble sentido, las bromas pesadas, los “halagos”, los acercamientos innecesarios. Tengamos presente que estos actos son formas de violencia contra la mujer.

También reconozco que ese temor es por falta de confianza en nosotras mismas, por vergüenza al qué dirán, a que se burlen tal vez…

Hace algunos años pasé por algo similar. Un abogado de mayor jerarquía que yo en la empresa donde laboraba me fastidiaba con comentarios sobre mi aspecto, tales como: Qué bonita estás hoy. Estás muy guapa. Ese vestido te queda bien…. Yo le daba por su lado hasta que llegó un día que me hartó y le grité, y hasta insulté delante de otros colegas. Sé que eso no estuvo correcto (el insultar). Con eso corté todo tipo de comunicación con esa persona. Al poco tiempo dejé ese trabajo porque el ambiente no me era agradable. Sabía, además, que si le contaba al jefe no serviría de mucho, era la palabra de este colega que llevaba más de diez años trabajando en la empresa, contra la mía que llevaba menos de un año. Asimismo, no había forma de probar el hostigamiento, lo incómoda que me hacía sentir sus “halagos”. No había mensajes ni testigos. Sólo mi palabra.

Ahora, con los años vividos y la experiencia ganada, pienso que si regresara en el tiempo le pondría el pare a ese hombre en la primera oportunidad que me hubiese sentido incómoda y hostigada con sus comentarios sexistas. Creo que me dejo entender que esos comentarios sexistas estaban compuestos no sólo por los “halagos” que me decía sino, también, por la forma en que los decía…

No hay cosa más tediosa que escuchar esos comentarios de parte de una persona que no despierta en ti más que tirria.

Estoy segura que, así como yo, hay varias mujeres que han pasado por algo similar o, tal vez, lo están pasando. Demoré meses en levantar la voz y, bueno, insulté (saqué el “Fua” como se dice…). Me sentí muy bien después de eso. Aunque vuelvo a repetir: no es correcto insultar. No obstante, en mi defensa y en defensa de todas las mujeres, sostengo que en situaciones desesperadas se requieren de medidas desesperadas.

Pienso que en un país tan machista como lo es Perú, las mujeres necesitamos apoyarnos entre nosotras mismas, empoderarnos y convencernos de que la única forma de contraatacar a la violencia contra las mujeres es exigiendo respeto empezando por el respeto a nosotras mismas. A no permitir estas situaciones. A no callar. A dejar de lado la vergüenza y defendernos. No hay más.

Sueño con que un día las leyes de nuestro país sobre igualdad de oportunidades, seguridad en el trabajo y acoso sexual no se queden en letra muerta. Que las mujeres nos sintamos protegidas por la ley, de esta manera no tendremos miedo a denunciar por temor a represalias, por vergüenza…

Tengo la utopía que la protección que recibimos las mujeres por parte del Estado sea como sucede en, por ejemplo, Estados Unidos. Donde existe el siguiente orden en cuanto a la protección y garantía de los derechos:

  1. Los niños.
  2. Las mujeres.
  3. Los adultos mayores.
  4. Las mascotas.
  5. El hombre.

En ese país no se pone en tela de juicio los testimonios de mujeres hostigadas sexualmente. Ojalá y no se quede en utopía.

Un abrazo a todas las mujeres. Tengamos presente que cuando una aprende a valorarse y respetarse a sí misma, deja de tener miedo. Si exigimos valoración y respeto debemos empezar por valorarnos y respetarnos a nosotras mismas. Luchar por nosotras, por nuestra libertad en todos los sentidos.

Aunque nos cueste, no callemos!

Podremos demorarnos, pero no callemos!

Zu

LA RESACA DE TODO LO VIVIDO I

Como dice Mayra: ya no estamos para esos trotes. Los treinta se van sintiendo. El alcohol parece que hace efecto más rápido y permanece más tiempo en nuestra sangre.

El punto es que estoy intoxicada por tanta cebada fermentada de anoche y por los recuerdos de los últimos cinco años… La pasé muy bien, reímos, cantamos, bailamos, eso lo sé porque recuerdo, vagamente, estarme riendo mientras bailaba, pero no recuerdo con quiénes estuve. O sea, estuve con Mayra y Roxana, pero había más gente ¿quiénes serían?

Hoy en la tarde me llamó un chico. No sabía quién rayos era él. Resulta que anoche yo le di mi número, pero si yo nunca doy mi número real a chicos que conozco en bares. Al parecer debe ser bien guapo para que le haya dado mi número, al menos en mi borrachera debe haberme parecido guapo. Su nombre es Emilio. Empezamos a conversar y atando cabos, resulta que este chico es amigo de un amigo de Mayra. Me contó que vive en Los Ángeles hace más de diez años, había llegado a Chimbote hace un par de semanas y se quedaría un par de semanas más.

Ni bien colgué, llamé a Mayra a pedir referencias de este chico. No lo conocía, tampoco. Me dijo que estuvo peor que yo, que ni se acordaba cómo había llegado a su casa. Fuimos a dejarte con Roxana y Juan Carlos, pero ella no recordaba nada… le pedí que llamara a Mario, su amigo, y le preguntara por Emilio. El dolor de cabeza me mataba.

Hace un rato Mayra me llamó y confirmó lo que el tal Emilio me había contado. Era promo del colegio de Mario, estaría sólo un par de semanas más en Chimbote y lo principal: ¡era soltero y sin hijos! Cosa que en estos tiempos va sorprendiendo porque cada vez es más difícil conocer a alguien de treinta y tantos que no tenga hijos. Amiga tienes dos semanas para hacerla linda, me dijo Mayra riéndose. Por qué será que mis amigas siempre andan tratando de ligarme con alguien…bueno la verdad es que sonaba interesante desde todos los puntos: atractivo (cruzo los dedos), sin hijos, vive en el extranjero, pase lo que pase no lo volveré a ver. Si es que el patita llama, genial. Esta noche me voy a dormir con las canciones de Bakanos.

A la mañana siguiente, el susodicho me mandó un whatsapp deseándome un buen inicio de semana. What?!– pensé. Pero le respondí deseándole un buen lunes. Me sorprendió más que en el almuerzo me enviara la foto de su plato de lentejas. Quiere conversar. Obviamente le respondí: se nota que es Lunes… y continuamos conversando hasta la noche. Honestamente, apenas podía responderle lo hacía, era agradable conversar con él. Quedamos en ir a comer helados el martes. En su foto de perfil, un selfie, se le veía muy muy bien, igual estaba un poco nerviosa porque no me acordaba de él la noche en que nos conocimos y peor por el estado de embriaguez en el yo estuve. Que le habré dicho.

Nos encontramos en la heladería. ¡Vaya! sí que es guapo. Un poco flaquito, pero bronceado y alto como me gustan… ¿Y si yo no le gusto? ¡Qué importa! se va en dos semanas y nunca más nos volveremos a ver.

  • Liz pensé que no venías, ya te iba a escribir – tenía el celular en la mano y una sonrisa luminosa.
  • Hola, disculpa tuve que dejar unos documentos en notaría y por eso la demora – nos dimos un beso en la mejilla y entramos a la heladería.

Mientras comíamos helados de frutas, le conté que trabajaba en un Estudio de Abogados y que hace seis meses me habían dejado, prácticamente, plantada en el altar.

  • ¿Cómo así? ¿En el altar vestida de blanco?
  • No, te cuento, fue horrible. Faltando dos días para la ceremonia, él “innombrable” fue a mi casa y me dijo que estaba confundido, que había conocido a alguien, que no estaba seguro de casarse conmigo y no sé qué huevadas más.
  • No te creo.
  • Sí. Yo de masoquista le pregunté: ¿quién es ella? Dime. ¿Qué te gusta de ella? Y sabes lo que me contestó: me gusta su trato, tiene buen trato.
  • Jajajaja ¡qué huevón! de la que te libraste Liz.
  • Pues sí. Después de tres años de enamorados y un año de novios, se acabó.
  • Pudo ser peor y lo sabes.
  • Hace unas semanas me enteré que la tipa está embarazada y ya están viviendo juntos.
  • Jajajaja por eso es que estabas inconsciente el sábado.
  • Jajajaja sin comentarios.
  • Bueno yo también conviví un año con mi ex. Pero aún no teníamos planeado casarnos.
  • ¿Qué pasó?
  • Creo que se acabó el amor o la ilusión, no sé. Poco a poco dejé de quererla y ella a mí, también. Menos mal fue mutuo. Quedamos como amigos aunque ya no hablamos.
  • ¿Y esa es la relación más seria que has tenido?
  • Yo diría que sí, ella es la única con la que he convivido.
  • Tal vez nuestro destino es seguir estando solteros – sonreí aliviada.

<Continuará>

EL DOLOR DE PERDER A UN SER AMADO

Las despedidas son tristes, mucho más cuando sabemos que no volveremos a ver a la persona que se va.

Hace cuatro años, cinco meses y diecisiete días la persona que más amo se enrumbó en un viaje sin retorno. Salió de gira con su guitarra por el universo.

El Señor, en su infinita misericordia, permitió que nos pudiéramos “despedir”. Nos dio a mi familia y a mí varios meses de tribulación para hacernos a la idea de que se acercaba el adiós, pero, honestamente, aunque te prepares toda una vida para la despedida de un ser tan amado cuando llega el momento en que te dicen que físicamente ya no está en este mundo, el dolor que embarga a los que lo amamos y nos quedamos es tan profundo (no encuentro una palabra que pueda describir ese dolor).

¿Qué dolió más la partida en sí o ver cómo una enfermedad va consumiendo a un hombre relativamente joven? Definitivamente lo segundo. El ver cómo una maldita enfermedad va disminuyendo a tu padre te rompe el corazón en millones de pedazos (sólo los que han pasado por algo similar podrán entender la tristeza e impotencia que se siente).

Todos esos meses de aflicción en los hospitales me hicieron comprender que los seres humanos somos alma, espíritu y cuerpo. Al morir, lo que muere es nuestro cuerpo que sólo es una envoltura. El alma se va al cielo (profeso la fe cristiana) y el espíritu se queda en las personas que lo amamos.

Por más que temía y venía venir el desenlace, cuando sucedió me sumergí en un sueño de dos días. Mi amiga Rocío que meses antes también se había despedido de su papá me dijo: conforme pasen los días será peor (al sentirse más la ausencia) y así fue… Cada día el vacío dolía más. Tal como sigue doliendo para su cumpleaños, día del padre, navidad, cuando necesito un abrazo, cuando escucho sus canciones, cuando necesito que me de ánimos. No obstante, Dios es tan bueno conmigo que me permite a menudo encontrarme y conversar con él en mis sueños. Eso, ahora, es una alegría y gran consuelo.

Al final uno debe aprender a vivir con su dolor, pero sin sumergirse en él.

Hace unos días, el papá de una buena amiga partió repentinamente dejando un gran desconcierto y dolor en su familia. No puedo ni imaginar el dolor que de un momento a otro te digan que el ser que más amas ha partido. Debe ser terrible. Como tampoco puedo imaginar el dolor de los viudos. Toda una vida compartida y de pronto cambiar todos tus hábitos, “moldearte a tu nueva vida”. Mi tía que enviudó hace casi cinco años cuenta que fue como si le amputaran un miembro. Ella aún no puede asistir a reuniones donde sabe que habrá parejas…

Cuando mi papá se fue, yo trataba de pasar todo el tiempo posible durmiendo (evadiendo la realidad). Estaba inapetente (comía porque mi abuelita me insistía). Tuve problemas al respirar, me dolía mucho y seguido el corazón, fui al cardiólogo quien me aseguró que estaba sana, después de preguntarme a qué me dedicaba y si había ocurrido algo en mi vida recientemente, me dijo que estaba pasando por  un ataque de ansiedad (no estaba tan sana, mi corazón estaba roto). También me alejé un poco de mis amigos apagando el celular, no tenía ni ganas ni paciencia de socializar.

Les puedo decir que el intenso dolor va disminuyendo con el tiempo, esto no quiere decir que uno se recupere por completo o que olvides a tu ser querido. Eso jamás. Es posible que el dolor vuelva surgir, como ya lo comenté, en fechas especiales. Es muy importante contar con el apoyo de familiares y amigos para salir adelante.

Con frecuencia he escuchado que aceptar y expresar el dolor pueden tener efectos positivos (como cuando lloras y luego te sientes tranquilo), pero sé muy bien que no hay una manera correcta de sobrellevar un duelo y tampoco un tiempo fijo para superarlo,  dependerá de cada uno y de las circunstancias. Cada persona vive su dolor de un modo diferente.

Pienso que en mi posición puedo sugerir como tratar de sobrellevar un duelo. Disculpen si les parece impertinente hacer esta pequeña lista de sugerencias. Es mi testimonio.

Yo, sin proponérmelo y sin planearlo, realicé las siguientes actividades:

-Ejercicios. A los pocos meses del fatídico Setiembre me inscribí en un gimnasio y mejoré mi alimentación. Todos los médicos siempre me han recomendado hacer ejercicios y practicar algún tipo de deporte.

-Dormir todo lo que sea necesario. Felizmente nunca tuve problemas en conciliar el sueño, pero al principio sí tenía problemas en despertar. Conforme pasaron las semanas, los deberes llamaban.

-No aislarse. A los pocos días prendí el celular y volví a comunicarme con mis amigos. Es bueno conversar con personas que te aprecian y quieren verte sonreir.

-Expresar tu dolor. Si necesitas expresar tu dolor, hazlo, de la manera que encuentres. Si prefieres no expresarlo, está bien. Si quieres llorar, adelante. Si no, no pasa nada, tranquilo. Entendí que no siempre es cierto que porque lloras extrañas más al ser amado, así como no es cierto que si no hablas de él o no lloras es porque no lo extrañas.

-Distraerse. No está mal reír un poco. Empecé, nuevamente, a salir con amigos a conversar, al cine, a comer helados, a beber algo.

-Mantener la mente ocupada. La vida sigue. Pa´lante.

-Recordar a tu ser querido. Me gusta mucho hablar de mi papá en presente. Conservo varias cositas entre escritos, ropa, reloj, guitarras, perfumes, libros y fotografías. Y disfruto y agradezco cuando sus amigos y personas que lo aprecian me hablan de él.

-Tomarse unos días libres. Un par de semanas después de lo ocurrido hice un viaje con dos amigas a Huaraz (me ayudó a distraerme un poco).

Lo único cierto es que uno aprende a vivir con el dolor y que la vida sigue.

 

Un abrazo fuerte.

 

Zu.

Yo no quiero catorce de Febrero

Una vez más, el catorce de Febrero, el consumismo flameó su bandera. La parafernalia del amor en su máxima expresión. No es que esté en desacuerdo con ello, o sea, genial para los que tienen negocios y ese día la rompieron (florerías, restaurantes, hoteles, etc.) bien por ellos. De lo que quiero hablar es de la forma en que algunas personas necesitan evidenciar sus relaciones y los detalles que han recibido en San Valentín. Debo empezar reconociendo que alguna vez yo también caí en ello (subí una foto a Facebook con mi “mejor es nada” de ese entonces), pero en mi defensa puedo alegar que la descripción fue corta y nada empalagosa, es más creo que sólo fue un emoji.

Las publicaciones “de amor” que he visto en San Valentín me llevan a meditar sobre las varias parejas que conozco que son felices juntos (eso se nota), que llevan una relación sana, que crecen y se apoyan mutuamente (como tiene que ser), que han formado una familia, hasta han cruzado el charco sólo para pasar esta semana juntos; ellos no publican huachaferías, es más casi ni publican fotos juntos, a lo mucho uno de ellos publicó en sus redes sociales una foto donde se demuestra la complicidad existente entre él y su pareja, pero sin ninguna ostentación de su “amor” (total no necesitan demostrar nada a nadie).

Por otro lado, están aquellas parejas que les gusta “exhibir su felicidad”. Como dice mi primo, un hombre que sin haber estudiado Psicología es muy observador del comportamiento de las personas y de las relaciones interpersonales: en las relaciones de pareja las cosas deben fluir naturalmente sin estar en poses para los demás y que los enamorados deben tener necesariamente gustos a fines. Dice, también, que cuanta más galantería se ve, es más falso el sentimiento. Yo concuerdo con ello, me recuerda  a la máxima de Freud: “Cuanto más perfecto luzca uno por fuera, más demonios tiene adentro”.

No me explico cómo si no tienes una buena relación de pareja puedes publicar “miel” cuando lo que hay es “hiel” o sea por qué aparentar (no se puede ocultar el sol con un dedo), se engañan a ellos mismos, pero en  fin…

Hasta siento un poco de pena porque la mayoría de mis conocidos ya pasaron los treinta años y a esta edad no nos interesa tolerar comportamientos que demuestren poco respeto e indiferencia, al menos a mí no me interesa. Los amores tóxicos que todos, por lo  menos, alguna vez hemos tenido y de los cuales aprendemos qué es lo que es imposible de tolerar, deberían quedarse en los veinte y así al llegar a los treinta años ya estamos curtidos, ya no podemos volver a tropezar con lo mismo.

A los treinta ya conocemos nuestras debilidades y fortalezas, no deberíamos aceptar menos de lo que sabemos que merecemos. Tenemos bien claro qué tipo de pareja queremos, dejamos de lado el aspecto físico y nos fijamos en características internas. Lo que buscamos es complicidad y afinidad, nada de que los polos opuestos se atraen, ese floro dejémoslo para los veinte en donde pasamos por alto muchos detalles que ahora en ningún caso lo haríamos. No podemos ser felices con la apariencia de que lo somos porque sería una especie de traición a nosotros mismos.

Yo no quiero catorce de febrero con rosas, chocolates, una cena romántica y unas fotos perfectas. Yo quiero que el hombre que esté a mi lado me respete todo el año, tenga detalles conmigo en cualquier fecha, que me deje ser yo misma; y por supuesto, que sea él mismo, sin ninguna careta.

¡Abrazos!

Zu

INSOLACIÓN

Debido a que estudiaban en diferentes facultades, sus horarios coincidían poco; además vivían a cuarenta minutos de camino en micro por eso es que cuando se  encontraban, les costaba despedirse… Para el cumpleaños del abuelito de Marcela sus papás viajaron a visitarlo, ella no fue porque estaban próximos a empezar sus exámenes de fin de ciclo. Ese día ella no entró a su clase de Derecho Comercial,  Renato la estaba esperando en el “ovalo”, habían planeado pasar un rato juntos en Huanchaco. No era la primera vez que iban juntos a la playa, pero ese día fue especial porque él le tenía una sorpresa; además, había llevado su guitarra y Marcela era la presidenta y única integrante del club de fans de él 😌.

En el micro Renato tocó y cantó varias canciones, no tenía  vergüenza, era bien extrovertido. La gente los quedaba mirando. Por un momento a Marcela le dieron ganas de pedir colaboración mientras él tocaba, pero ella sí era vergonzosa… Después él, súper tierno, le dedicó  “More than words”, se cogieron de la mano y observaron el camino. Renato le dijo que a pesar que todos los días transitaba por la avenida Mansiche (de camino a la universidad), sentía que ese día era como si estuviera viendo todo por primera vez. ¡Qué cursi! A Marcela también le pareció de lo más meloso, pero estaba igual de templada al punto que comenzó a sorprenderse, también, con todo lo que iba mirando (como si lo estuviera viendo por primera vez) 💏 .

Llegaron a Huanchaco y lo primero que hicieron es ir a casa de Renato a dejar las mochilas. Salieron sólo con la guitarra. A pesar que era inicios de Diciembre, el sol estaba quemando fuerte. Marcela no se colocó bloqueador, no le gustaba ponerse porque le dejaba el cutis muy grasoso y Renato, a pesar que vivía a pocas cuadras de la playa, nunca se protegía la piel, era de tez blanca, en verano solía broncearse para luego volverse a aclarar.

Caminaron de la mano un rato por el muelle, comieron un helado y Renato insistió en ir a caminar por la orilla. Con la carita que puso, Marcela no pudo negarse, así le de la insolación de su vida. Era casi la una de la tarde. Doblaron sus jeans, se sacaron las zapatillas y caminaron un poco por la orilla, se besaron y Renato le dio una sorpresa: había compuesto una canción en acróstico con el nombre de ella “Marcela”, letra y acordes, ¡lo máximo! La cantó en ese momento. Marcela estaba emocionadísima, saltó a él y lo tumbó en la arena, nunca me han dado un regalo así, se besaron buen rato hasta adormitarse abrazados. Cuando vieron la hora ya eran la dos y media de la tarde. Fueron por un ceviche y luego a casa de Renato a recoger la mochila de ella. Se despidieron en el paradero de buses, Marcela fue la última en subir. Parecía que el tiempo juntos en la playa había sido eterno y que su amor era inquebrantable. Ella le hacía adiós con la mano, mientras que él le mandaba besos volados.

En los cuarenta minutos de camino a su casa, Marcela le escribió un mensaje de texto agradeciéndole por la canción que le compuso y por lo maravilloso que lo había pasado, también le dijo que no importaba que se hubiera quemado la cara y los brazos porque lo amaba con todo su corazón. Renato le respondió casi de inmediato: yo te amo más gordita, me encantas, más tarde te llamo.

Horas después, no se imaginan cómo le ardía la cara y los hombros a Marcela, tenía marcadas en la piel las tiritas del polo. Esa noche se colocó rodajas de tomate en la cara y una crema para las quemaduras en los hombros, en el pecho y en la espalda. Cuando se lo contó a Renato por teléfono, él se reía: pero eres tontita amor, por qué no usas protector solar, te voy a regalar una gorra para cuando vengas a Huanchaco ya. Yo sólo me quemé un poco las mejillas.

Al día siguiente, saliendo de clases en la tarde, él fue a verla a su aula. Cuando Marcela lo vio en el balcón parado y fumando, pensó: Renato coge un bonito bronceado, está tostadito, parece un melocotón; en cambio yo estoy roja, parezco un camarón y encima me arden los hombros y la cara.

A los pocos días ambos empezaron a cambiar de piel, se estaban pelando. Los dos trataron de verse más y de estar juntos más tiempo. Marcela lo esperaba en la casa de su amiga que vivía en una pensión al frente de la universidad, o a veces en el “óvalo”. Renato también la esperaba, en la entrada de su facultad o hacía hora con sus patas hasta que ella saliera de clases. Renato le decía a Marcela: felizmente ya falta poquito para salir de vacaciones y estar en la playa más tiempo. Marcela le respondía entre risas: ahora me pondré bloqueador así me deje la cara grasosa.

Además, como vivían lejos, acordaron adelantar un par de cursos en verano para que con esa excusa puedan verse más días a la semana sin que los papás de ella se molestasen porque saliera mucho.

Parece que la insolación que sufrieron juntos hizo más fuerte su amor. ¿O sería el acróstico? Lo cierto es que es bonito cuando te mueres por alguien y ese alguien se muere por ti, sin importar dónde, ni cómo, ni qué edad, ni en qué estación del año se encuentren. Sólo hacen falta las ganas y listo.

 

¡Nos seguimos leyendo!

Zu

ELLA

Ella nació en Pichunchuco, un pueblito en Santiago de Chuco (La Libertad), desde muy pequeña trabajó en el campo. De adolescente, ya en Chimbote, trabajó en una fábrica hasta que se casó a los dieciocho años (algo normal en los años cincuenta). Nunca le gustó depender del dinero que su esposo le daba para los gastos de la casa, pero con dos bebés no podía continuar trabajando en la fábrica.

Su esposo era pescador y a veces en su trabajo demoraban en pagarle. Un día ella no tuvo dinero para comprar un tarro de leche para sus bebés, fue a una bodega a fiar y el dueño se negó rotundamente. Eso fue el detonante para que ella comenzara a ahorrar lo poquito que le sobraba. Ella ya no quería seguir dependiendo de su esposo económicamente, quería sus propios ingresos; además, ya no le alcanzaba el dinero.

Con lo poquito que pudo ir ahorrando, comenzó a comprar abarrotes para venderlos en su casa. Tuvo que decirle a su esposo que el negocio era de su abuelita, que aprovechando la ubicación de su casa (en una esquina) tendría más ventas. Si ella le hubiera contado que ese pequeño negocio era suyo, él no hubiera estado de acuerdo con que su mujer trabajara, pues creía que lo que ganaba era suficiente (creencia común en los años sesenta). Él creyó lo que ella le dijo sin imaginarse que la venta de estos abarrotes se convertiría en una fructífera bodega.

Pocos años después, su esposo tuvo un accidente cuando se encontraba de pesca teniendo que abandonar el trabajo. Con seis hijos pequeños y con un negocio que iba creciendo, ella tomó las riendas de su familia. Tuvo que confesar a su esposo que el negocio era suyo, él se alegró bastante por la iniciativa que su mujer tuvo años atrás y comenzó a trabajar junto a ella. Para entonces ya contaba con varios trabajadores que se ocupaban de los quehaceres del hogar y del negocio. A todos ellos los quería y trataba como si fueran familiares, lamentablemente muchos de ellos se aprovecharon de su generosidad y confianza.

Sus hijos siguieron creciendo de la mano del negocio. Ya no sólo tenían una gran tienda de abarrotes, ahora también eran proveedores de víveres  y distribuidores de cervezas.

Ella era estricta con sus hijos en cuanto a horarios de llegada de las fiestas, pero muy permisiva en todo lo demás.

Con el tiempo, aprovechando la ubicación de su casa, se dedicó a dar pensión a los trabajadores del hospital y comisaría cercanos; además de conservar su bodega.

Ella trabajó muy duro para darle lo mejor a sus seis hijos. Y eso fue, precisamente, lo que les dio: oportunidades, educación, valores, integridad y un buen ejemplo.

Ella es la columna vertebral de mi familia y le agradezco inmensamente que me haya dado una madre tan virtuosa y emprendedora como ella, que haya tratado a mi papá como a un hijo más y que siempre haya un pan para mí en su casa.

Ella es mi mamá Betty, una mujer recontra trabajadora, abnegada y admirable.

TODOS SOMOS MÁS PARECIDOS QUE DIFERENTES

El otro día subí a un micro y oí que un pasajero cantaba y silbaba “I was made for lovin´ you baby” de Kiss, pensé que sería algún joven que después de cantar pediría una propina. Como no me gusta esa canción, no presté mucha atención; sin embargo, escuché que su pronunciación en inglés era muy buena y volteé a verlo. Para mi sorpresa el cantante era un jovencito con Síndrome de Down de unos trece o catorce años. Me llenó el corazón ver y escuchar a este adolescente inmerso en su canción. Qué habilidad para llevar el ritmo y cantar en otro idioma, sobretodo. Me hizo pensar en mi sobrino que también tiene Síndrome de Down y en lo talentosas que son estas personas. Mi sobrino está próximo a cumplir nueve años y le fascina leer cuentos y que se los lean. Es un deleite ver cómo disfruta de su lectura: se ríe, se sorprende, reconoce nuevas palabras y cuando no entiende alguna, continúa leyendo y reconociendo letras y armando palabras. Es mágico verlo  intentarlo (algo tan simple pero extraordinario).

Cuando el joven bajó del micro, bajó acompañado de, al parecer, su abuelito que lo llevaba del hombro amorosamente. Hay que resaltar y aplaudir los talentos de estas personas que son innatos, pero como sucede con todos los seres humanos, estas personas son el resultado de su crianza, amor, paciencia, perseverancia y apoyo de sus padres.

Es una gran alegría que vaya incrementando los ejemplos de emprendimiento de personas con Síndrome de Down y/o su incursión en diferentes artes y deportes. Hace poco, los noticieros daban a conocer a un grupo de muchachos con SDD que había aperturado una pizzería; asimismo, se supo del primer corredor de autos con un cromosoma de más, fabuloso ¿verdad? Ni que decir de los pintores, músicos y hasta modelos de pasarela y comerciales que tienen este síndrome. Llego a la conclusión que no se es más exitoso porque careces de una discapacidad o porque tienes una discapacidad menor, sino porque aprendiste a utilizar tu capacidad al máximo.

A menudo, observo que los padres que luchan por la igualdad (sin prejuicios ni etiquetas) ven a sus hijos como personas únicas, creen en ellos y los crían con amor y reglas (como la mayoría de padres de cualquier persona), con la única diferencia que tienen altas expectativas en enseñar a los demás el modo en que quieren que veamos a sus hijos.  Debemos tratar a estas personas como a cualquier persona: con respeto y aprecio. No los victimicemos. Tratemos a estos niños como cualquier niño con aprendizaje lento, tal es el caso de mi otro sobrino que sus papás con harta paciencia deben reforzar lo que le enseñan en la escuela (a veces valiéndose de profesores particulares), será lento para aprender matemática, comunicación, historia hasta educación física,  pero es muy bueno para las artes plásticas, música, cocina y en aprender la vida de todos los súper héroes 😁.

Mis dos sobrinos, uno con Síndrome de Down y el otro no, son como todas las personas, a algunos nos cuesta aprender más rápido que a otros determinada actividad y eso no nos hace diferentes.

 

“Si pudieras verlos como yo los veo podrías admirar su fortaleza, su pasión por la vida, su esfuerzo diario por alcanzar cosas simples pero increíbles. Verías dos corazones llenos de amor y dos almas llenas de compasión y gratitud por las pequeñas cosas que se vuelven gigantes en sus ojos. Encontrarías inspiración en su alegría, en su simplicidad, y en su pasión por vivir. También aprenderías que ninguna de estas cosas llega como resultado de la discapacidad, sino como el fruto de sus habilidades y el amor y la fe con la que han sido criados” – ELIANA TARDÍO (madre de dos niños con Síndrome de Down)

ENCEBOLLADA

Si algo no puede faltar en mi cocina son las cebollas. Me gusta mucho esta hortaliza, sobretodo en sarsa criolla, ensaladas y como acompañante de conservas de pescado. Debe ser porque las cebollas me remontan a los desayunos domingueros preparados por mi papá, él es un especialista inventando platos y preparándolos. Cocina bien rico. Mi papá es una mamá en la cocina, o mejor dicho, en mi caso, una mamá Betty en la cocina. Si él no fuera veterinario, sería un estupendo cocinero 😄.

Cuando conocí a Gabriel, él sabía cocinar más y mejor que yo; además, sabía varios tips de cocina (aprendidos de su mamá con quien compartía mucho de su tiempo). Uno de los varios tips que me dio fue que al cortar la cebolla primero debía remojarla y conforme vaya cortando debía mantener remojada la otra parte para evitar que la cebolla me encebolle, valga la redundancia. Años después, cada vez que corto una cebolla evoco las recomendaciones de este hijito de mamá  y mantengo remojada la mitad de la cebolla mientras voy cortando la otra.

La verdad Gabriel, te cuento, este tip a veces funciona y a veces no. Seguro que a ti te funciona muy bien porque, como una vez me dijiste: hay que saber escoger las verduras y las frutas depende de la utilidad que les quieras dar en lo que vas a preparar. De esta forma, tú sabes,  anticipadamente, qué cebollas hacen llorar, cuáles pican y cuáles son las que sólo le dan sabor a la comida. Pero a mí Gabriel, pese a que distingo los tipos de cebolla (por colores) casi nunca me funciona este tip. No sé por qué se me hizo costumbre remojar la mitad de la cebolla mientras voy cortando la otra, en fin…

Hace unos días preparé papas sancochadas acompañadas de filete de atún y sarsa. Justo mi hermana entró a la cocina cuando yo estaba cortando las cebollas. Le empecé a contar sobre la reunión en la que había estado y en eso sentí que mi nariz empezaba a tupirse y el olor característicos de la cebolla ingresaba por mis ojos y mis fosas nasales. Cómo es que esto nunca le pasaba a Gabriel…en cuestión de segundos me encebollé a tal punto que no podía seguir cortando. Maldita cebolla si no fueras tan rica. ¿En serio estás llorando? mi hermana soltó una carcajada. Es que me pica mucho, no puedo ver nada. Me envió al baño a lavarme mientras ella se encargaba de la que me había hecho llorar.

En el camino al baño, vinieron a mí las palabras de Mario Benedetti: “Cuando uno llora nunca llora por lo que llora, sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento”. ¿Será? Qué profundo es Benedetti, pero también, qué volátil es el olor de la cebolla.

Cuando me vi en el espejo del baño, todo el lápiz de ojos se me había corrido. Remoja la cebolla para que no te haga llorar….

ALIMENTACIÓN EN MADRES GESTANTES Y LACTANTES

Dicen que el embarazo es contagioso. Yo conozco a varias mujeres; sin exagerar, serán como diez (entre amigas, prima y conocidas) que están dando de lactar y otras que están por dar a luz. Eso, sin contar a mis amigas que tienen hijos de poco más de un añito de vida. Cuando converso con las gestantes y lactantes, es evidente el temor, emoción y felicidad por la nueva etapa que están viviendo 🤩. Son temas recurrentes en nuestras charlas: la forma en que darán a luz (si será parto natural o si lo harán por cesárea), los pre y contras de la cesárea, las molestias que aún tienen, las molestias que ya desaparecieron, el tiempo que darán de lactar, si darán fórmulas o no al recién nacido, qué alimentos deben consumir para el buen desarrollo de sus bebés, quién cuidará de ellos cuando ellas regresen a sus trabajos, etc. Por supuesto que quieren darles, desde ahora, lo mejor a sus bebés en cuanto a cuidados y alimentación se trate.

Por otro lado, les comento que a mí me gusta cuidar mi alimentación y saber los beneficios y los perjuicios de la comida que ingiero. Por fortuna, mi madre es nutricionista y siempre ha estado pendiente de que mi papá, hermana y yo tengamos una alimentación balanceada y que consumamos lo que nuestro organismo requiere y ha requerido en algún momento específico de nuestras vidas (enfermedades, dietas y alguna carencia específica). Debo ser honesta y admitir que a pesar de saber qué es lo que NO debo comer, a veces termino “pecando” ☺️.

Bueno, con tanta demanda de gestantes, consulté con mi mamá y con mis tías (colegas suyas) sobre alcances de una alimentación balanceada para madres gestantes y madres lactantes. Quiero compartir con ustedes las recomendaciones de las expertas en Nutrición. Algún día yo también seguiré estos consejos al pie de la letra 😀.

  1. En esta época de verano se debe consumir gran cantidad de frutas con buen contenido de agua, por ejemplo: mandarinas, naranjas, pepinos, limas, sandías, melones y piñas.
  2. Durante toda la gestación, es básico y fundamental, consumir alimentos ricos en Hierro y Yodo. El Hierro es el componente principal que oxigena la sangre y evita la anemia, lo encontramos en los pescados azules: Caballa, Bonito, Jurel y Anchoveta (principal fuente de Omega 3 que es esencial en la formación del cerebro del bebé), vaso de res, hígado, sangrecita, riñones, lentejita serrana, frejol castilla, habas y cereales andinos: quinua, kiwicha y cañihua. Por otra parte, tenemos al Yodo que es importantísimo para la formación neuronal, para la producción de las hormonas tiroideas, además facilita el desarrollo y maduración del cerebro; se encuentra en los pescados azules, en los mariscos, en las algas marinas y en la sal yodada.
  3. Se debe consumir pescado mínimo tres veces por semana.
  4. Para lograr una mejor absorción de hierro, se recomienda acompañar los alimentos con bebidas ricas en vitamina C (zumos de limón, naranja, kiwi, piña, melón y también combinar estas frutas en zumos).
  5. Esporádicamente se puede comer carnes rojas.
  6. Es recomendable comer a sus horas (desayuno, almuerzo y cena) y tener dos comidas adicionales (diez de la mañana y cuatro de la tarde), de preferencia consumir frutas enteras (NO en jugos o zumos).
  7. Consumir frutas secas, puesto que son beneficiosas pr a su aporte de fibra, grasas insaturadas y minerales, además poseen un alto contenido de ácido fólico.
  8. Consumir verduras de color verde como la espinaca, perejil, brócoli, alcachofa.
  9. Consumir ensaladas de diferentes colores y texturas (mínimo tres colores). Me recomendaron probar la ensalada Arcoíris, así que la preparé acompañada con pollo a la plancha y dos huevos duros (riquísima y muy fácil de preparar – no dudes en prepararla).
  10. Tomar bastante líquido bajo en azúcar, de preferencia consumir agua hervida que agua mineral o de mesa.
  11. Olvídate del café y la comida chatarra.
  12. Se debe optar por preparaciones saludables tales como a la plancha, al vapor, al horno o guisos. No es recomendable comer brasas ni parrillas, aunque  eventualmente podemos consumirlas.

Cabe mencionar que cada caso es particular.  Se debe tomar en cuenta las condiciones de salud y el peso de la madre antes de iniciar el embarazo e ir controlando el peso según avancen las semanas de gestación. En cuanto a los kilos ganados y a sus requerimientos se les indica una dieta personalizada.

Es normal sentirse fatigadas durante la gestación ya que el organismo está utilizando energía extra y también por el incremento del peso, por ello es esencial el reposo, así como el dejarse mimar  por la pareja y demás familiares 👍.

Tengan presente que la lactancia materna es lo mejor que le pueden dar a sus bebés, deben brindarles lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, posteriormente deben darles alimentos complementarios y continuar con la lactancia hasta los dos años.

Por último, decirles que si alguna mujer piensa concebir próximamente o tal vez, como yo, en algunos cuantos años, debemos saber que tenemos que llevar una alimentación balanceada desde ya, de esa forma preparamos nuestro organismo para la concepción 🤩.

Y tú ¿conoces otras recomendaciones de alimentación para madres gestantes y lactantes? ¡Compártenos!

 

¡Alas y buen viento!

 

Zu