SI ES ORO NO SE OXIDA, SI ES AMOR NO SE ACABA

La historia de Susan y Esteifer es de novela, con final feliz incluido.

Se conocen desde niños porque vivían en la misma calle. Casi casi uno frente al otro. Los papás de Susan no la dejaban salir a jugar con los niños que vivían cerca a su casa, por eso fue hasta la adolescencia que se hicieron amigos. Comenzaron a conversar por el famoso Messenger (principios de los 2000). Cuando ella cumplió dieciséis años aceptó salir con él a escondidas. Siempre a escondidas.

Esteifer le propuso ser enamorados, a lo que Susan respondió con un rotundo sí. Ella estaba fascinada con los ojos color caramelo de él y sus cabellos color miel. A él le gustaba pensar que ella era la chica más atractiva  que conocía. Y francamente lo era. Lo cierto es que conforme pasaban los meses de relación, ellos se enamoraban perdidamente. Bien dicen que a los dieciséis lo que se siente siempre es real.

Los enamorados solían verse los sábados por la tarde. Susan salía de su casa con la excusa que iría a la cabina de internet (en la esquina de su casa). Se podía quedar como máximo dos horas. Ahí era el punto de encuentro. Algunas veces podía engañar a sus papás que se reuniría con unas amigas del colegio para ir a “Happyland” y de esa forma poder ir a caminar por el centro de Trujillo con su enamorado. Pero esta excusa poco funcionaba porque sus padres siempre fueron muy rigurosos con ella en cuanto a horarios y salidas se tratase. Las pocas veces que la dejaron ir a fiestas o algún evento, la recogían poco después de comenzar.

Gracias a que Susan, al igual que el año anterior, se preparaba en una academia para el ingreso a la universidad es que encontraron una manera más de poder verse. La mayoría de colegiales trujillanos iban a academias desde antes del último año de secundaria. Esteifer la recogía a la salida de sus clases y caminaban juntos unas cuadras (antes de llegar al paradero de la OR en la avenida España).

Con el inicio de la universidad, iniciaron también las peleas porque a Susan no la dejaban salir y él no podía llegar a  casa de ella por nada del mundo. La mamá de Susan siempre recalcaba que no consentiría a ningún enamorado de sus hijos en su casa.

Los tortolitos no encontraban excusas para poder verse lo que les llevó a  terminar por  un tiempo en el cual, ambos, conocieron y salieron con otras personas. Al cabo de varios meses decidieron regresar y vivir su amor a plenitud pese a la negativa de los padres de ella. Por el contrario, los padres de Esteifer estimaban mucho a Susan, sabían lo buena chica que era.

Transcurrieron los años, ella terminó la universidad, él abrió una empresa. Los padres de ella seguían sin saber que su única hija mujer tenía una relación de más de ocho años con el  vecino. Ellos escuchaban las bromas que sus hermanos y primos le hacían sobre el vecino de en frente: Esteifer, pero no le daban importancia.

Susan continuó avanzando en su profesión. Él quería casarse con ella y hacer las cosas bien (según su criterio). Ella nunca quiso casarse porque no creía en esa institución religiosa, siempre apostó por la convivencia. Nuevamente discutieron. Él parecía la novia y ella el novio en cuanto a romanticismos y detalles se tratase, tal vez porque ella se crió con dos hermanos varones…

A Esteifer no le parecía bien continuar con una relación de más de una docena de años sin casarse. Le dolió mucho la negativa de ella, pero a Susan nada le haría cambiar de idea. Finalmente, ella le hizo entender que lo importante es el compromiso existente entre ellos y que lo que ella quería era convivir, saber si funcionan como pareja o no, no dilatar más el tiempo. A Esteifer le costó entenderlo, pero era eso o nada.

Susan terminó el  postgrado y los planes de convivencia que tenían eran cada vez más sólidos. Se embarazaron y recién Esteifer pudo llegar a casa de ella; sí, después de  casi quince años de enamorados.

Tanto se opusieron los padres de ella a su compromiso con Esteifer, que él terminó mudándose a casa de Susan. Ironías de la vida…

Con el nacimiento de su primogénito han conformado una hermosa familia. Siguen  disfrutando del amor que han sabido proteger y alimentar en el transcurso de tantos años.

Bien dicen que si es oro no se oxida, si es amor no se acaba.

¡Qué viva el amor entre ellos!