MADRE, COMO TÚ, NINGUNA

Creo que cada persona tiene la mejor madre que nos pudo haber tocado.

Por ejemplo yo tengo una mamá amorosa, consentidora, inteligente, fuerte, sobreprotectora, conversadora, generosa, súper trabajadora, de carácter fuerte, emprendedora, empresaria, sociable, íntegra, perseverante. La perfecta compañera de viajes. La que prefiere remedios caseros antes de ir al doctor. La que siempre está conmigo y con la que sé que cuento para todo pese a mi mal carácter. La que jamás ha escatimado en absolutamente nada. La que tiene una gran fortaleza interior. Y que a pesar de todas las adversidades que le ha tocado vivir, mantiene una fe inquebrantable y una sonrisa contagiosa. Ella es mi mejor amiga.

Hasta hace unos diez años, más o menos, me gustaba la idea de tener una mamá que al llegar yo a la casa me esperara con el almuerzo listo y hasta servido (lo lamento mami, reconozco en ello un machismo absurdo e ingenuo). Lo que pasa es que siempre quise a mi mamá en mi casa todo el día. Siempre la quise presente en mi escuela (reuniones de padres y tardes deportivas). Siempre quise a una mamá que haga las cosas que para mí resultaban difíciles como: hablar por mí con personas mayores, matricularme en la universidad o en cuanto curso me he metido, hacer pagos o hacer algún tipo de trámite que cuando tienes menos de veinte aturden a cualquiera (por lo menos a mí me aturdían). Quise una madre que cuando yo esté de mal humor o triste se solidarice y diga que tengo razón en sentirme así (De cierta forma quería su compasión). Anhelaba una mamá que prefiera atender a su familia de tiempo completo que estar realizándose como mujer, ejerciendo su profesión.

Lo que he narrado en el párrafo anterior es lo que egoístamente pensaba. No obstante, el Señor que sabe lo que realmente necesitamos incluso mejor que nosotros mismos; me dio una madre totalmente independiente. Una mujer que desde los quince años tuvo clara su misión en esta vida. Mi mamá al convertirse en madre no abandonó sus propios sueños como el de ser una gran profesional y lo cumplió ¡Lo que me parece recontra admirable! Y si no fuera suficiente, por varios años trabajó en dos lugares para poder darnos lo que a ella le dieron sus padres.

Ahora que recuerdo como pensaba en la adolescencia, reconozco haber sido una egoísta al pensar en querer tener una madre ama de casa sólo para mi comodidad.

Actualmente no puedo estar más orgullosa y agradecida con nuestro Señor por haberme dado una madre que ama su profesión y le saca provecho a más no poder. Una madre que nunca nos ha preparado un desayuno, almuerzo y cena en un solo día, sin embargo siempre ha comprado los mejores insumos para nuestra alimentación. Una madre que nunca me ha comprado una golosina, pero que pone tanta fruta y verduras como le es posible en mis narices. Una madre que siempre se ha preocupado por darnos, a mi hermana y a mí, lo mejor en todo (estudios, salud, alimentos, paseos, cosas materiales, valores, ejemplo y amor). Una madre que no le importa viajar al otro lado del mundo con tal de cuidar a una de sus hijas. Una madre que nos enseñó a hacer las cosas por nosotras mismas, a que si queremos algo tenemos que salir por ello. Una madre que me habla fuerte cuando estoy triste y me desahueva.

Mi mamá es una niña vivaz atrapada en un cuerpo de mujer de sesenta. Pudo haber experimentado la angustia y el dolor, pero jamás estuvo triste una mañana.

¡Qué orgullo ser tu hija!

Ojalá y me pareciese un poquitito a ti madre, sería tan afortunada.

Gracias por convertirme en la mujer que soy y sé que algún día seré una buena mamá porque tengo a la mejor.

Feliz día de las madres mami.