INSOLACIÓN

Debido a que estudiaban en diferentes facultades, sus horarios coincidían poco; además vivían a cuarenta minutos de camino en micro por eso es que cuando se  encontraban, les costaba despedirse… Para el cumpleaños del abuelito de Marcela sus papás viajaron a visitarlo, ella no fue porque estaban próximos a empezar sus exámenes de fin de ciclo. Ese día ella no entró a su clase de Derecho Comercial,  Renato la estaba esperando en el “ovalo”, habían planeado pasar un rato juntos en Huanchaco. No era la primera vez que iban juntos a la playa, pero ese día fue especial porque él le tenía una sorpresa; además, había llevado su guitarra y Marcela era la presidenta y única integrante del club de fans de él 😌.

En el micro Renato tocó y cantó varias canciones, no tenía  vergüenza, era bien extrovertido. La gente los quedaba mirando. Por un momento a Marcela le dieron ganas de pedir colaboración mientras él tocaba, pero ella sí era vergonzosa… Después él, súper tierno, le dedicó  “More than words”, se cogieron de la mano y observaron el camino. Renato le dijo que a pesar que todos los días transitaba por la avenida Mansiche (de camino a la universidad), sentía que ese día era como si estuviera viendo todo por primera vez. ¡Qué cursi! A Marcela también le pareció de lo más meloso, pero estaba igual de templada al punto que comenzó a sorprenderse, también, con todo lo que iba mirando (como si lo estuviera viendo por primera vez) 💏 .

Llegaron a Huanchaco y lo primero que hicieron es ir a casa de Renato a dejar las mochilas. Salieron sólo con la guitarra. A pesar que era inicios de Diciembre, el sol estaba quemando fuerte. Marcela no se colocó bloqueador, no le gustaba ponerse porque le dejaba el cutis muy grasoso y Renato, a pesar que vivía a pocas cuadras de la playa, nunca se protegía la piel, era de tez blanca, en verano solía broncearse para luego volverse a aclarar.

Caminaron de la mano un rato por el muelle, comieron un helado y Renato insistió en ir a caminar por la orilla. Con la carita que puso, Marcela no pudo negarse, así le de la insolación de su vida. Era casi la una de la tarde. Doblaron sus jeans, se sacaron las zapatillas y caminaron un poco por la orilla, se besaron y Renato le dio una sorpresa: había compuesto una canción en acróstico con el nombre de ella “Marcela”, letra y acordes, ¡lo máximo! La cantó en ese momento. Marcela estaba emocionadísima, saltó a él y lo tumbó en la arena, nunca me han dado un regalo así, se besaron buen rato hasta adormitarse abrazados. Cuando vieron la hora ya eran la dos y media de la tarde. Fueron por un ceviche y luego a casa de Renato a recoger la mochila de ella. Se despidieron en el paradero de buses, Marcela fue la última en subir. Parecía que el tiempo juntos en la playa había sido eterno y que su amor era inquebrantable. Ella le hacía adiós con la mano, mientras que él le mandaba besos volados.

En los cuarenta minutos de camino a su casa, Marcela le escribió un mensaje de texto agradeciéndole por la canción que le compuso y por lo maravilloso que lo había pasado, también le dijo que no importaba que se hubiera quemado la cara y los brazos porque lo amaba con todo su corazón. Renato le respondió casi de inmediato: yo te amo más gordita, me encantas, más tarde te llamo.

Horas después, no se imaginan cómo le ardía la cara y los hombros a Marcela, tenía marcadas en la piel las tiritas del polo. Esa noche se colocó rodajas de tomate en la cara y una crema para las quemaduras en los hombros, en el pecho y en la espalda. Cuando se lo contó a Renato por teléfono, él se reía: pero eres tontita amor, por qué no usas protector solar, te voy a regalar una gorra para cuando vengas a Huanchaco ya. Yo sólo me quemé un poco las mejillas.

Al día siguiente, saliendo de clases en la tarde, él fue a verla a su aula. Cuando Marcela lo vio en el balcón parado y fumando, pensó: Renato coge un bonito bronceado, está tostadito, parece un melocotón; en cambio yo estoy roja, parezco un camarón y encima me arden los hombros y la cara.

A los pocos días ambos empezaron a cambiar de piel, se estaban pelando. Los dos trataron de verse más y de estar juntos más tiempo. Marcela lo esperaba en la casa de su amiga que vivía en una pensión al frente de la universidad, o a veces en el “óvalo”. Renato también la esperaba, en la entrada de su facultad o hacía hora con sus patas hasta que ella saliera de clases. Renato le decía a Marcela: felizmente ya falta poquito para salir de vacaciones y estar en la playa más tiempo. Marcela le respondía entre risas: ahora me pondré bloqueador así me deje la cara grasosa.

Además, como vivían lejos, acordaron adelantar un par de cursos en verano para que con esa excusa puedan verse más días a la semana sin que los papás de ella se molestasen porque saliera mucho.

Parece que la insolación que sufrieron juntos hizo más fuerte su amor. ¿O sería el acróstico? Lo cierto es que es bonito cuando te mueres por alguien y ese alguien se muere por ti, sin importar dónde, ni cómo, ni qué edad, ni en qué estación del año se encuentren. Sólo hacen falta las ganas y listo.

 

¡Nos seguimos leyendo!

Zu