LA RESACA DE TODO LO VIVIDO I

Como dice Mayra: ya no estamos para esos trotes. Los treinta se van sintiendo. El alcohol parece que hace efecto más rápido y permanece más tiempo en nuestra sangre.

El punto es que estoy intoxicada por tanta cebada fermentada de anoche y por los recuerdos de los últimos cinco años… La pasé muy bien, reímos, cantamos, bailamos, eso lo sé porque recuerdo, vagamente, estarme riendo mientras bailaba, pero no recuerdo con quiénes estuve. O sea, estuve con Mayra y Roxana, pero había más gente ¿quiénes serían?

Hoy en la tarde me llamó un chico. No sabía quién rayos era él. Resulta que anoche yo le di mi número, pero si yo nunca doy mi número real a chicos que conozco en bares. Al parecer debe ser bien guapo para que le haya dado mi número, al menos en mi borrachera debe haberme parecido guapo. Su nombre es Emilio. Empezamos a conversar y atando cabos, resulta que este chico es amigo de un amigo de Mayra. Me contó que vive en Los Ángeles hace más de diez años, había llegado a Chimbote hace un par de semanas y se quedaría un par de semanas más.

Ni bien colgué, llamé a Mayra a pedir referencias de este chico. No lo conocía, tampoco. Me dijo que estuvo peor que yo, que ni se acordaba cómo había llegado a su casa. Fuimos a dejarte con Roxana y Juan Carlos, pero ella no recordaba nada… le pedí que llamara a Mario, su amigo, y le preguntara por Emilio. El dolor de cabeza me mataba.

Hace un rato Mayra me llamó y confirmó lo que el tal Emilio me había contado. Era promo del colegio de Mario, estaría sólo un par de semanas más en Chimbote y lo principal: ¡era soltero y sin hijos! Cosa que en estos tiempos va sorprendiendo porque cada vez es más difícil conocer a alguien de treinta y tantos que no tenga hijos. Amiga tienes dos semanas para hacerla linda, me dijo Mayra riéndose. Por qué será que mis amigas siempre andan tratando de ligarme con alguien…bueno la verdad es que sonaba interesante desde todos los puntos: atractivo (cruzo los dedos), sin hijos, vive en el extranjero, pase lo que pase no lo volveré a ver. Si es que el patita llama, genial. Esta noche me voy a dormir con las canciones de Bakanos.

A la mañana siguiente, el susodicho me mandó un whatsapp deseándome un buen inicio de semana. What?!– pensé. Pero le respondí deseándole un buen lunes. Me sorprendió más que en el almuerzo me enviara la foto de su plato de lentejas. Quiere conversar. Obviamente le respondí: se nota que es Lunes… y continuamos conversando hasta la noche. Honestamente, apenas podía responderle lo hacía, era agradable conversar con él. Quedamos en ir a comer helados el martes. En su foto de perfil, un selfie, se le veía muy muy bien, igual estaba un poco nerviosa porque no me acordaba de él la noche en que nos conocimos y peor por el estado de embriaguez en el yo estuve. Que le habré dicho.

Nos encontramos en la heladería. ¡Vaya! sí que es guapo. Un poco flaquito, pero bronceado y alto como me gustan… ¿Y si yo no le gusto? ¡Qué importa! se va en dos semanas y nunca más nos volveremos a ver.

  • Liz pensé que no venías, ya te iba a escribir – tenía el celular en la mano y una sonrisa luminosa.
  • Hola, disculpa tuve que dejar unos documentos en notaría y por eso la demora – nos dimos un beso en la mejilla y entramos a la heladería.

Mientras comíamos helados de frutas, le conté que trabajaba en un Estudio de Abogados y que hace seis meses me habían dejado, prácticamente, plantada en el altar.

  • ¿Cómo así? ¿En el altar vestida de blanco?
  • No, te cuento, fue horrible. Faltando dos días para la ceremonia, él “innombrable” fue a mi casa y me dijo que estaba confundido, que había conocido a alguien, que no estaba seguro de casarse conmigo y no sé qué huevadas más.
  • No te creo.
  • Sí. Yo de masoquista le pregunté: ¿quién es ella? Dime. ¿Qué te gusta de ella? Y sabes lo que me contestó: me gusta su trato, tiene buen trato.
  • Jajajaja ¡qué huevón! de la que te libraste Liz.
  • Pues sí. Después de tres años de enamorados y un año de novios, se acabó.
  • Pudo ser peor y lo sabes.
  • Hace unas semanas me enteré que la tipa está embarazada y ya están viviendo juntos.
  • Jajajaja por eso es que estabas inconsciente el sábado.
  • Jajajaja sin comentarios.
  • Bueno yo también conviví un año con mi ex. Pero aún no teníamos planeado casarnos.
  • ¿Qué pasó?
  • Creo que se acabó el amor o la ilusión, no sé. Poco a poco dejé de quererla y ella a mí, también. Menos mal fue mutuo. Quedamos como amigos aunque ya no hablamos.
  • ¿Y esa es la relación más seria que has tenido?
  • Yo diría que sí, ella es la única con la que he convivido.
  • Tal vez nuestro destino es seguir estando solteros – sonreí aliviada.

<Continuará>

MUJER AL VOLANTE

Me encanta conducir porque me permite hacer varias cosas a la vez y hacerlas bien, modestia aparte. No conduzco tan rápido, pero lo disfruto🙂. Soy responsable al manejar y reniego a mares con los conductores imprudentes. Quisiera aprender más de mecánica y llegar a ser como mi tío Eduardo y Luis que son unos capos; no obstante, con el pasar del tiempo voy aprendiendo a reconocer los sonidos del motor…

Aprendí a conducir en el Vocho rojo de mi papá, lo bautizamos con el nombre de “George” ❤️ (en honor a nuestro beatle favorito). Quien ha manejado un Escarabajo sabe que la palanca de cambios es un poco dura, sobretodo el Retro; además, de las mañas que tiene cada vochito. No dudo en afirmar que después de haber conducido a George por la avenida Los Incas y  César Vallejo (Trujillo)  en hora punta, estoy lista para conducir cualquier tipo de auto en cualquier lugar. Para los que no conocen, les comento que el mercado mayorista se encuentra en plena unión de estas dos avenidas, de modo que hay gran cantidad de ambulantes varias cuadras a la redonda. En hora punta (aunque ya casi todo el día es hora punta en esa zona) los choferes de los diversos micros y combis compiten por ganar pasajeros y por ser los primeros en pasar importándoles un pepino los autos particulares que transitan junto a ellos.

Bueno, regresando al principio, les decía que el conducir me permite hacer varias cosas a la vez, por ejemplo: Voy escuchando música, el volumen puede depender de la canción, de mi estado de ánimo o de la compañía que tenga en ese momento. Voy cantando, aunque muchas personas me califiquen de desentonada y desorejada ¡me fascina cantar! Voy pensando en los pendientes del día. Si estoy acompañada, voy conversando. Voy moviéndome al ritmo de las canciones (con prudencia no se preocupen). A veces grabo la canción que está sonando y al llegar a semáforo en rojo se la envío al grupo de whatsapp de mis amigos (canciones que marcaron épocas, ustedes entienden). En estas últimas semanas voy pensando en un posible post para mi blog… Hubo un tiempo en el cual consideré la idea de dedicarme a ser transportista, el problema era: ¿transportar qué? 😊

Hace algunas noches, mientras conducía a mi casa feliz de la vida después de un productivo día de trabajo sintonicé “La Inolvidable” (para variar un poco). En eso suena el intro entrañable de una canción que no escuchaba hace más de un año. Le di todo el volumen a la radio “Tú fuiste la mejor cosa que tuve y así también lo peor en esta vida”. Bajé la ventana a ver si la brisa se llevaba los recuerdos. Sentí la misma sensación que cuando olí un Trident de Canela después de muchos años y automáticamente me tele transportó al 2003, a mis primeras borracheras en el Tambo. En este caso, esa canción me tele transportó al 2016 y vino a mi mente el Poema 20 de Neruda: Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido…

STOP suficiente con “La Inolvidable”, mejor volví a colocar mi USB con mis fabulosas canciones. Lo que quedaba de trayecto la pasé escuchando “Dura”, no hay pierde con Daddy Yankee. Mi mejor amigo siempre se ha burlado y ha criticado mis canciones, según él ya pasaron de moda… Jimmy te prometo que renové mi lista de canciones, te apuesto que ahora corearás todas y cada una de ellas 🤩.

Abrazos.

Zu