LA RESACA DE TODO LO VIVIDO 2

Habíamos dejado la historia en que Liz se encontraba con Emilio en una Heladería cerca de la Avenida Bolognesi. Era martes. Ellos se habían conocido en una disco el sábado pasado.

– No vayas a pensar que siempre bebo como el sábado, pero la verdad es que no recuerdo de qué hablamos esa noche. Como te dije por teléfono, no me acuerdo de ti.

-Jajaja yo tampoco me acuerdo muy bien, sinceramente. Sólo recuerdo que sonó Persiana Americana y tú estabas bailando solita a un costado de tu mesa. Llamaste mi atención. Me acerqué a sacarte a bailar y me dijiste: esta es mi canción.

-¡No te creo! ¡Qué roche! – sentí el calor en mis mejillas y solté una carcajada.

-¿Esa es tu canción? – Emilio se reía y yo podía ver sus perfectos dientes. ¿Habrá usado brackets? Tiene bonita sonrisa.

-Me gusta mucho Soda Stereo – sonreí y me mordí el labio inferior. Estaba algo avergonzada por los efectos de mi última borrachera.

-A mí también me gusta el Rock en español.

-¿Y hablamos algo más esa noche? – Qué fea borracha. No acordarse qué habló y qué hizo. No vuelvo a tomar así.

-No me acuerdo. Yo también estaba mal esa noche. Creo que bailamos un rato, luego Mario y Víctor se acercaron a saludar a tu amiga Mayra a la mesa donde tú estabas. Me acuerdo que me llamaron para presentármela.

-¿O sea me dejaste bailando sola?

-No, no, imposible. No pude haberte dejado sola. No sé cómo pero recuerdo verte conversar con un chico en esa mesa.

-¿Con quién? – En serio, no vuelvo a tomar de esa manera…

-Quién habrá sido. Estaba en tu mesa y se notaba que eran bien amigos.

-Ahh debe ser Juan Carlos o Jimmy, mis amigos.

-No sé en qué momento te pedí tu número – Emilio tenía su dedo índice derecho en su sien y sonreía con ironía.

-¿Y cómo así te lo di? Porque te juro que yo no le doy así nomás mi número a alguien – Siempre digna, claro.

-Entonces tuve suerte – me miró con unos ojos tiernos y sólo atiné a sonreír y seguir comiendo mi helado.

Esa noche Emilio me contó a qué se dedicaba en Los Ángeles. Era manager en un restaurante y tenía un proyecto con un amigo mexicano de poner un restaurante en Rodeo Drive. Por las series que he visto desde niña, sé que Rodeo Drive queda en Beberly Hills y, obviamente, implica un huevo de plata invertir en esa zona. ¿Me estará tomando el pelo este chico? En fin, se iluminaba al hablar de sus planes. Era su sueño de hace años y según me contó poco a poco se estaba concretando. Me gusta mucho cuando la gente se entusiasma al hablar de sus proyectos. Bien por él. Bueno, recién lo conozco, si será cierto todo lo que me cuenta sólo sé que se ilumina al hablar de aquello.

Al terminar de comer el helado, caminamos por la Avenida Bolognesi. Emilio es bien agradable. Pausado al conversar. Posee una risa contagiante y fresca. Me contó anécdotas de chibolo con sus primos. Esa noche conversamos bastante sentados en una banca en esa avenida. Era una noche fresca de inicios de Diciembre. Él habló más que yo. Me pareció una persona abierta y bastante amigable.

Insistió en acompañarme a mi casa. Por un momento pensé en invitarlo a pasar y tal vez ver alguna película, pero… mi problema es que mucho pienso las cosas ¡Caray!

En el transcurso de esa semana continuamos hablando por whatsapp de lo cotidiano, yo le enviaba memes, él me enviaba audios riéndose. El viernes me llamó.

-Hola Liz ¿qué tal?

-¡Hola! Bien. ¿Y tú?

-Muy bien. Te llamaba para invitarte a mi lugar favorito de Chimbote.

-¿A dónde? Qué intriga… – abrí los ojos lo más que pude.

-Besique.

-Jajaja pensé que sería una propuesta indecente – sonaba a broma, pero no lo era.

-Jajaja maybe … el próximo viernes estoy viajando a Lima y el sábado sale mi vuelo de regreso a L.A y quiero ir a la playa.

-Uy entonces este fin de semana empieza tu despedida.

-Quedé con Mario y otros patas. ¿Te animas?

-¡Ya! Le diré a Roxana y a Mayra.

-Ok. Paso por tu casa a la una y media.

Al contarles a mis amigas las conversaciones con Emilio, se rieron de lo rápido que este chico empezó a gustarme y me trajeron de vuelta a la realidad: “Se suponía que la pasarías bien un rato, sí te acuerdas que vive  en otro país y tal vez no lo vuelves a ver nunca ¿cierto?” dijo Roxana. “Ni te ilusiones porque debe ser igual que Mario, un pendejo de aquellos” dijo Mayra. “Sí, ni que fuese una chibola. Ya está. Van o no ¿mañana?” dije yo.

La verdad es que las dos se negaron a ir. Me costó mucho convencerlas… gracias chicas.

Éramos siete en la Amarok del primo de Emilio, que ese día, por unanimidad, escogimos como “el amigo elegido”. Llegamos a Besique al promediar dos de la tarde. Qué bonita es la playa en esta época del año. Almorzamos en el restaurante “Mustang Ranch”.  Entre risas y mariscos Emilio y yo flirteábamos.

Las canciones que sonaban eran Rock y Reggae de los 90´s. Emilio con su primo fueron a nadar un rato. El resto que nos quedamos estábamos tan a gusto con la música y la cháchara que sin darnos cuenta nos terminamos la caja de cerveza que habíamos pedido al llegar.

Cuando Emilio regresó de nadar tomó un vaso de cerveza y fumó un cigarro. Yo trataba de no quedármele viendo, o mejor dicho, no quedármele viendo con cara de babosa. Al rato, me dijo para ir a caminar por la playa. Por fin, pensé que no me lo diría nunca.

Caminamos por Besique 1, la parte de Besique que es poco transitada y en esas fechas mucho menos. En el camino vimos a una pareja de novios haciendo su sesión de fotos pre-boda. Recordé que hace como siete meses yo hice una sesión de esas en Moro. El mar en esa parte de la playa es más movido, así que caminamos por la orilla con cuidado.

Emilio pensaba que aunque en California las playas son preciosas, con casas y ranchos cerca a la playa; Besique tenía su encanto. Liz pensaba que el verano pasado caminó por esa misma orilla con el hombre que la dejó plantada, casi casi en el altar hace unos meses.

-Y ¿cuándo regresas a Perú?

-Trato de venir cada dos años…

-Mmm ah ya.

-Tú deberías ir a Estados Unidos, si vas anda a California y visítame.

-Puede ser, quisiera conocer San Francisco. Si voy te aviso. Yehh ya tengo un amigo en California – Traté de bromear.

-Te puedo dar posada –  sonrió.

-Te tomo la palabra – sonreí también.

Seguimos caminando, en eso Emilio se detuvo y me cogió de la mano derecha. Tus ojos se ven bien claritos, parecen un par de caramelos. Dijo eso y me cogió de ambas mejillas. No pude evitar reír con ese comentario, él también rió y nos besamos.

Nos recostamos en la arena y nos seguimos besando, despacio y con ganas. Él encima de mí. A buena hora que vine con vestido. Vino a mi mente la cara de mi ex novio. Qué ladilla ese tipo, trata de arruinarme los mejores momentos. Lo odio.

Despojé mentalmente de sus ropas a Emilio. Siento su mano recorrer mis caderas y mis pechos por encima del vestido. Le desabotono la bermuda. Cómo no te he conocido antes, dijo. Me sentí especial. Me miraba con ojos de certeza aunque no creí cierto lo que me decía. Pensé que sería un floro de esos que se dicen cuando quieres tirar. En fin, vivimos el “momento”. Fue grandioso. Cuando terminamos nos quedamos echados unos minutos viendo la puesta del sol.

-Trataré de venir el próximo año – sonaba a una promesa.

-Ojalá puedas – traté de sonar lo más neutra posible.

-Parece que no quisieras que venga – sonó preocupado.

-No es eso, pero entiendo que es difícil por el trabajo. Además están los proyectos que me comentaste.

-Sí, por supuesto. Pero quiero verte – levantó la cabeza y me quedó viendo fijamente a los ojos.

Me puso nerviosa esa reacción. Le di un piquito y le pedí volver al restaurante. De regreso, Emilio me tomó de la mano y sutilmente se la solté. O sea, es un churro y es bastante lindo, pero, honestamente, dudo que nos volvamos a ver. Tal vez conversemos algunas veces por whatsapp, pero eso es todo.

No digo, mi problema es que mucho pienso las cosas.

Cuando regresamos al restaurante Mayra estaba bailando con el primo de Emilio, que era el único sobrio, y Roxana bailaba con Mario. El otro amigo de ellos estaba en la mesa mirando su celular.

Justo cuando llegamos a la mesa donde estaban nuestros amigos, empezó a sonar Persiana Americana. Y dicen que las casualidades no existen…

Miré a Emilio y le dije, con una sonrisa enorme: Mi canción.

Él dijo: nuestra canción – guiñándome el ojo.

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LA RESACA DE TODO LO VIVIDO I

Como dice Mayra: ya no estamos para esos trotes. Los treinta se van sintiendo. El alcohol parece que hace efecto más rápido y permanece más tiempo en nuestra sangre.

El punto es que estoy intoxicada por tanta cebada fermentada de anoche y por los recuerdos de los últimos cinco años… La pasé muy bien, reímos, cantamos, bailamos, eso lo sé porque recuerdo, vagamente, estarme riendo mientras bailaba, pero no recuerdo con quiénes estuve. O sea, estuve con Mayra y Roxana, pero había más gente ¿quiénes serían?

Hoy en la tarde me llamó un chico. No sabía quién rayos era él. Resulta que anoche yo le di mi número, pero si yo nunca doy mi número real a chicos que conozco en bares. Al parecer debe ser bien guapo para que le haya dado mi número, al menos en mi borrachera debe haberme parecido guapo. Su nombre es Emilio. Empezamos a conversar y atando cabos, resulta que este chico es amigo de un amigo de Mayra. Me contó que vive en Los Ángeles hace más de diez años, había llegado a Chimbote hace un par de semanas y se quedaría un par de semanas más.

Ni bien colgué, llamé a Mayra a pedir referencias de este chico. No lo conocía, tampoco. Me dijo que estuvo peor que yo, que ni se acordaba cómo había llegado a su casa. Fuimos a dejarte con Roxana y Juan Carlos, pero ella no recordaba nada… le pedí que llamara a Mario, su amigo, y le preguntara por Emilio. El dolor de cabeza me mataba.

Hace un rato Mayra me llamó y confirmó lo que el tal Emilio me había contado. Era promo del colegio de Mario, estaría sólo un par de semanas más en Chimbote y lo principal: ¡era soltero y sin hijos! Cosa que en estos tiempos va sorprendiendo porque cada vez es más difícil conocer a alguien de treinta y tantos que no tenga hijos. Amiga tienes dos semanas para hacerla linda, me dijo Mayra riéndose. Por qué será que mis amigas siempre andan tratando de ligarme con alguien…bueno la verdad es que sonaba interesante desde todos los puntos: atractivo (cruzo los dedos), sin hijos, vive en el extranjero, pase lo que pase no lo volveré a ver. Si es que el patita llama, genial. Esta noche me voy a dormir con las canciones de Bakanos.

A la mañana siguiente, el susodicho me mandó un whatsapp deseándome un buen inicio de semana. What?!– pensé. Pero le respondí deseándole un buen lunes. Me sorprendió más que en el almuerzo me enviara la foto de su plato de lentejas. Quiere conversar. Obviamente le respondí: se nota que es Lunes… y continuamos conversando hasta la noche. Honestamente, apenas podía responderle lo hacía, era agradable conversar con él. Quedamos en ir a comer helados el martes. En su foto de perfil, un selfie, se le veía muy muy bien, igual estaba un poco nerviosa porque no me acordaba de él la noche en que nos conocimos y peor por el estado de embriaguez en el yo estuve. Que le habré dicho.

Nos encontramos en la heladería. ¡Vaya! sí que es guapo. Un poco flaquito, pero bronceado y alto como me gustan… ¿Y si yo no le gusto? ¡Qué importa! se va en dos semanas y nunca más nos volveremos a ver.

  • Liz pensé que no venías, ya te iba a escribir – tenía el celular en la mano y una sonrisa luminosa.
  • Hola, disculpa tuve que dejar unos documentos en notaría y por eso la demora – nos dimos un beso en la mejilla y entramos a la heladería.

Mientras comíamos helados de frutas, le conté que trabajaba en un Estudio de Abogados y que hace seis meses me habían dejado, prácticamente, plantada en el altar.

  • ¿Cómo así? ¿En el altar vestida de blanco?
  • No, te cuento, fue horrible. Faltando dos días para la ceremonia, él “innombrable” fue a mi casa y me dijo que estaba confundido, que había conocido a alguien, que no estaba seguro de casarse conmigo y no sé qué huevadas más.
  • No te creo.
  • Sí. Yo de masoquista le pregunté: ¿quién es ella? Dime. ¿Qué te gusta de ella? Y sabes lo que me contestó: me gusta su trato, tiene buen trato.
  • Jajajaja ¡qué huevón! de la que te libraste Liz.
  • Pues sí. Después de tres años de enamorados y un año de novios, se acabó.
  • Pudo ser peor y lo sabes.
  • Hace unas semanas me enteré que la tipa está embarazada y ya están viviendo juntos.
  • Jajajaja por eso es que estabas inconsciente el sábado.
  • Jajajaja sin comentarios.
  • Bueno yo también conviví un año con mi ex. Pero aún no teníamos planeado casarnos.
  • ¿Qué pasó?
  • Creo que se acabó el amor o la ilusión, no sé. Poco a poco dejé de quererla y ella a mí, también. Menos mal fue mutuo. Quedamos como amigos aunque ya no hablamos.
  • ¿Y esa es la relación más seria que has tenido?
  • Yo diría que sí, ella es la única con la que he convivido.
  • Tal vez nuestro destino es seguir estando solteros – sonreí aliviada.

<Continuará>