MUJER, TE QUIERO LIBRE

El ocho de Marzo es una fecha para evaluar las condiciones en las que vivimos las mujeres en cada país, en cada ciudad. Para exigir al Estado que garantice y difunda los Derechos de las mujeres, incluidos los derechos sexuales. Para tomar conciencia de la desigualdad de género existente y el incremento de la violencia contra la mujer.

Casualmente, en la última semana, ha sido difundido en todos los medios de comunicación un caso de violencia contra la mujer. La verdad es que, lamentablemente, a diario vemos noticias sobre feminicidios y agresiones a mujeres. Pero el caso al que me quiero remitir es la denuncia interpuesta por una periodista al congresista Lezcano por Acoso Sexual sufrido a través de mensajes de whatsapp. He escuchado a varias personas opinar sobre ello. La mayoría considera que el congresista es un “viejo mañoso” y acosador que está utilizando una coartada muy tonta (decir que los mensajes fueron escritos por un vigilante).

Me llamó la atención escuchar una conversación entre dos típicos peruanos machistas. Decían que la culpable de tal acoso es la periodista: “Cómo se explica que la periodista y el congresista conversen en Febrero (mensajes que se han hecho públicos donde la periodista lo llama “Amigo”) cuando supuestamente los mensajes de whatsapp en donde existe acoso (el congresista le pide que le muestre los pechos) son del mes de Diciembre. Por qué recién denuncia. Ella sabe que él es casado por qué le escribe a esa hora (pasado las doce de la noche). Una mujer que te escribe a esa hora es porque quiere otra cosa”.

Estos dos machistas aseveran, categóricamente, que si este congresista acosó por mensajes a la periodista, entonces ella no debió haber seguido hablándole y respondiendo conversaciones posteriores. Además, se preguntan por qué la periodista no sale a dar la cara en los medios, por qué no hace pública su identidad “el que no la debe, no la teme”. Señores: hacer pública su identidad en una denuncia queda al libre albedrío de cada mujer.

Lo que sé de este caso, es lo que todos los peruanos nos hemos enterado a través de los medios de comunicación. No sé el motivo exacto por el cual la periodista decidió denunciar en Marzo. Pero si algo puedo afirmar, y de alguna manera responder a esos machistas, es que el hecho de que una mujer se sienta ofendida y acosada, y aun así continuar hablando y respondiendo mensajes de un morboso es, en la gran mayoría de los casos, por temor. En esta coyuntura, siendo él: congresista de la República puede joder a esta mujer, así en los mensajes de whtasapp ella lo trate de “amigo”.

Muchas mujeres pasamos situaciones donde existe hostigamiento laboral, configurándose el delito de acoso sexual laboral. Creo yo que las mujeres podemos actuar de dos formas ante estas situaciones:

  1. Poner el pare al chistoso que nos acosa y ubicarlo en una. Dependerá de cada mujer el sacarlo o mantenerlo en su vida, así como el acusar y denunciar (depende de que tan agredida te sientas).
  2. Pasar por alto estas acciones acosadoras hasta que llega un punto donde no se pueda más y estallas: gritas, acusas, te alejas, sacas de tu vida al acosador o denuncias (dependerá de que tan agredida te sientas).

Por supuesto que soy partidaria de la primera opción, no obstante reconozco que si una mujer calla (soportando muchas veces estos actos) es por temor. La mayoría de las veces estos actos vienen de hombres que están, laboralmente, en posiciones arriba de nosotras, y tantas veces necesitamos el trabajo que pasamos por alto los chistes y mensajes en doble sentido, las bromas pesadas, los “halagos”, los acercamientos innecesarios. Tengamos presente que estos actos son formas de violencia contra la mujer.

También reconozco que ese temor es por falta de confianza en nosotras mismas, por vergüenza al qué dirán, a que se burlen tal vez…

Hace algunos años pasé por algo similar. Un abogado de mayor jerarquía que yo en la empresa donde laboraba me fastidiaba con comentarios sobre mi aspecto, tales como: Qué bonita estás hoy. Estás muy guapa. Ese vestido te queda bien…. Yo le daba por su lado hasta que llegó un día que me hartó y le grité, y hasta insulté delante de otros colegas. Sé que eso no estuvo correcto (el insultar). Con eso corté todo tipo de comunicación con esa persona. Al poco tiempo dejé ese trabajo porque el ambiente no me era agradable. Sabía, además, que si le contaba al jefe no serviría de mucho, era la palabra de este colega que llevaba más de diez años trabajando en la empresa, contra la mía que llevaba menos de un año. Asimismo, no había forma de probar el hostigamiento, lo incómoda que me hacía sentir sus “halagos”. No había mensajes ni testigos. Sólo mi palabra.

Ahora, con los años vividos y la experiencia ganada, pienso que si regresara en el tiempo le pondría el pare a ese hombre en la primera oportunidad que me hubiese sentido incómoda y hostigada con sus comentarios sexistas. Creo que me dejo entender que esos comentarios sexistas estaban compuestos no sólo por los “halagos” que me decía sino, también, por la forma en que los decía…

No hay cosa más tediosa que escuchar esos comentarios de parte de una persona que no despierta en ti más que tirria.

Estoy segura que, así como yo, hay varias mujeres que han pasado por algo similar o, tal vez, lo están pasando. Demoré meses en levantar la voz y, bueno, insulté (saqué el “Fua” como se dice…). Me sentí muy bien después de eso. Aunque vuelvo a repetir: no es correcto insultar. No obstante, en mi defensa y en defensa de todas las mujeres, sostengo que en situaciones desesperadas se requieren de medidas desesperadas.

Pienso que en un país tan machista como lo es Perú, las mujeres necesitamos apoyarnos entre nosotras mismas, empoderarnos y convencernos de que la única forma de contraatacar a la violencia contra las mujeres es exigiendo respeto empezando por el respeto a nosotras mismas. A no permitir estas situaciones. A no callar. A dejar de lado la vergüenza y defendernos. No hay más.

Sueño con que un día las leyes de nuestro país sobre igualdad de oportunidades, seguridad en el trabajo y acoso sexual no se queden en letra muerta. Que las mujeres nos sintamos protegidas por la ley, de esta manera no tendremos miedo a denunciar por temor a represalias, por vergüenza…

Tengo la utopía que la protección que recibimos las mujeres por parte del Estado sea como sucede en, por ejemplo, Estados Unidos. Donde existe el siguiente orden en cuanto a la protección y garantía de los derechos:

  1. Los niños.
  2. Las mujeres.
  3. Los adultos mayores.
  4. Las mascotas.
  5. El hombre.

En ese país no se pone en tela de juicio los testimonios de mujeres hostigadas sexualmente. Ojalá y no se quede en utopía.

Un abrazo a todas las mujeres. Tengamos presente que cuando una aprende a valorarse y respetarse a sí misma, deja de tener miedo. Si exigimos valoración y respeto debemos empezar por valorarnos y respetarnos a nosotras mismas. Luchar por nosotras, por nuestra libertad en todos los sentidos.

Aunque nos cueste, no callemos!

Podremos demorarnos, pero no callemos!

Zu

A LAS MUJERES

Toda la población queda absorta al ver, a menudo, por noticieros que una mujer más fue degollada, quemada, descuartizada, desfigurada por su pareja… el incremento de estos crímenes son realmente espeluznantes.

Cuando pensamos en violencia contra la mujer lo primero que se nos viene a la mente es la existencia de maltratos por parte de la pareja, no obstante esta violencia no es específica del ámbito sentimental; puede darse en diversos ámbitos como el familiar, educativo, laboral, en la sociedad en su conjunto. La violencia es un problema social generalizado que afecta a millones de mujeres en todo el mundo y se da en todo tipo de culturas, clases sociales, edades y niveles educativos.

En Perú existen los Centros de Emergencia Mujer (CEM) que son servicios públicos y gratuitos que ofrecen una orientación legal, judicial y psicológica para la víctima. Sin embargo, ¿qué hay con el victimario? en los casos que no se llegue a concretar la denuncia, éste continúa tranquilo rompiendo vidas por el mundo. Y en el mejor de los casos, si es condenado, será privado de su libertad y se le dará tratamiento especializado (según  leyes peruanas). En otras legislaciones se le ordena al condenado recibir tratamiento psicológico y/o terapias conductuales.

Creo, firmemente, que  para combatir la violencia contra la mujer se  debería poner énfasis en la educación que los niños reciben en las escuelas, pero sobre todo en sus casas. Sabemos que los niños son unas esponjitas que aprenden rápidamente el ejemplo que ven a su alrededor; sabemos, también, que en nuestra sociedad son las madres o mejor dicho las mujeres (tías, abuelas, nanas, niñeras) las que, en la mayoría de familias, se hacen cargo del cuidado de los pequeños. Así que, mujeres no es suficiente con darles a nuestros hijos los mejores estudios, los mejores juguetes, las mejores vacaciones; lo primordial es cuidar el ejemplo que les damos: respetarlos  y respetarnos a nosotras mismas no dejándonos intimidar por nuestras parejas o por otras personas, no discutiendo ni gritando delante de ellos, no podemos permitir que nos violenten de cualquier forma. Nuestros hijos deben ver que en nuestra relación de pareja y en nuestra interacción con las demás personas existe respeto.

No olvidemos que violencia no es sólo física; no obstante, éste tipo de violencia es la que más se combate por sus notables consecuencias, lastimosamente esta violencia física comienza con violencia verbal pudiendo tomar mucho tiempo en recuperarse (dependerá de la predisposición con la que cuente cada una para salir del hoyo y del respaldo familiar que se tenga).

La violencia verbal es una forma de agresión que muchas veces pasa desapercibida pues no deja huellas visibles pudiendo ser confundida con un simple conflicto de pareja; se concreta a través de amenazas, humillaciones, manipulaciones, chantajes, exigencias de obediencia o sumisión, celos, desprecios, bromas sexistas, insultos, etc. Es sumamente preocupante que las mujeres, muchas veces, no nos damos cuenta que estamos siendo víctimas de violencia verbal, creemos que las manipulaciones, bromas sexistas y celos (formas de violencia verbal más usuales) son comportamientos normales  que se dan en todas las relaciones, acostumbrándonos a ellas; lo cual refuerza el perfil del agresor: irritable,  controlador, celoso, manipulador y explosivo. Este tipo de violencia por parte de la pareja es la que psicológicamente repercute más en una, pero también existe la violencia verbal por parte de otros miembros familiares, de los jefes y de distintas personas cercanas a la mujer.

Como ya lo hemos dicho en párrafos precedentes, los niños aprenden del ejemplo que les damos. Todos los agresores que vemos en los noticieros y los miles que andan en la clandestinidad tienen el inicio de su perversión en su niñez. Así que, por favor mujeres sepamos criar a nuestros hijos, que el respeto sea lo primordial; tratemos a los demás como nos gustaría ser tratadas.

Si tú siendo su madre te vas a reír cuando tu niño comienza a decir lisuras y groserías (que probablemente escuchó en casa) o te causa gracia que al llegar a la adolescencia “salga” con dos o más chicas a la vez, o permites que el papá  celebre su “picardía”, este jovencito creerá que está bien y que es correcto estar con dos o más mujeres. De la misma forma pasará si permitimos que nuestra pareja nos levante la voz o, peor aún, nos falte el respeto con insultos, groserías, bromas pesadas, etc delante de nuestros hijos, al transcurrir el tiempo estos niños y niñas creerán que es correcto que el esposo falte el respeto de esa forma a su esposa, ahí es donde se vuelve a repetir la escena, ese niño convertido en hombre vuelve a violentar a su mujer; y la niña convertida en mujer permite esta violencia.

Trabajemos en la autoestima de nuestros hijos  para que no sean víctimas como, tal vez, lo hemos sido nosotras en algún momento de nuestras vidas. Informémonos sobre los aspectos cruciales de la violencia, así podremos identificar situaciones de riesgo y evitarlas.  Debemos desechar la idea de que los chistes sexistas, celos o jalones del brazo (por nombrar algunas acciones) son “acciones inofensivas”, está comprobado que una vez que aceptamos esta situación comienza un proceso de “normalización de la situación”, es decir, pensamos que no fue tan malo y nos acostumbramos a las agresiones. Cambiemos el chip de “mejor me callo para no causar problemas” o “mejor no digo nada para no seguir discutiendo”, si pensamos diferente es importantísimo expresarnos con firmeza, respeto y claridad.

No debemos aceptar la violencia bajo ninguna circunstancia, si no lo haces por ti hazlo por tus hijos para que cuando él sea grande no repita estas agresiones con otra mujer y para que cuando ella sea grande no permita que nadie la violente.

Un fuerte abrazo para cada una.

Zu